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Notas de Opinión

Más sobre el problema numero uno del país

El país está muy mal como para proponer soluciones a medias. Aquí el bisturí debe ir a fondo para terminar definitivamente con la gangrena de la miseria

Columna publicada originalmente en The Post Argentina

Voy a ser directo para que, desde el principio, quede claro lo que quiero transmitir. Y para hacerlo no tengo mejor herramienta que transcribir un párrafo de la obra que quizás haya sido -al mismo tiempo- el más importante tratado de filosofía social y de sociología política de la historia humana y la obra menos referida y consultada por el mainstream de los think tanks, de los analistas y de los filósofos políticos actuales.

Me refiero a la monumental obra de Alexis de Tocqueville, La Democracia en América, que en 1835 fue un milagro de la literatura sociopolítica y un arresto de clarividencia sobre lo que sería el mundo a partir de allí.

Dice Tocqueville en el Tomo 1 de la obra: “En Europa estamos habituados a mirar como un gran peligro social la inquietud del espíritu, el deseo inmoderado de riqueza, el amor extremado a la independencia.

Pero son precisamente todas estas cosas las que les garantizan a las repúblicas norteamericanas un largo y pacífico porvenir.

Sin estas inquietas pasiones, la población se concentraría en determinados lugares y no se tardaría en experimentar -como sucede entre nosotros- necesidades difíciles de satisfacer. […]

A menudo los americanos llaman “laudable industria” a lo que nosotros llamamos “amor al lucro” y ven con cierta pusilanimidad lo que nosotros consideramos como moderación de los deseos.

En Francia la sencillez de los gustos, la tranquilidad de las costumbres, el espíritu de familia y el amor al lugar de nacimiento se consideran como positivas garantías de la tranquilidad y la felicidad del Estado; pero en América nada parece tan perjudicial a la sociedad como las referidas virtudes […]

¡Feliz país el del Nuevo Mundo en donde los vicios del hombre son casi tan útiles a la sociedad como sus virtudes!”

Traslademos esta mirada a América Latina en general y a la Argentina en particular. Nuestra matriz cultural viene indudablemente de la Europa continental a la que se refería Tocqueville. No solo eso: nuestra herencia es la de la hispanidad católica, inquisidora, prohibitiva, chata, culposa, estratificada, organicista, piramidal.

Tocqueville describe las diferencias entre los Estados Unidos y su Francia natal, que, aún en Europa, tenía respecto de la España católica, indudables ventajas en cuanto a la apertura mental y a la aceptación de algunas libertades del espíritu. No obstante, Tocqueville anotaba las distancias que los Estados Unidos tomaban de aquellas costumbres quedadas y pusilánimes cuando de tener una concepción de vida frente a la riqueza material se trataba.

Naturalmente esas tradiciones migraron a la América española con la conquista. Es más, España y en particular el catolicismo español, se proponían aislar a las nuevas tierras de los peligros que acechaban a la mismísima Madre Patria en Europa.

La rebelión contra el statu quo debía ser barrida de la faz de la Tierra; nadie podría desafiar el orden jerárquico ni mucho menos aspirar a abrirse paso en la vida por sí mismo. Eso era un anatema.

Esta leche es la que nuestra cultura ha mamado. Por si aquellas costumbres apocadas y temerosas (aunque pretendieran esconderse bajo el justificativo de que el real prestigio social debe provenir no del dinero ni de la riqueza sino de la grandeza espiritual y de la reputación intelectual) no fueran suficientes nos cayó encima de la cabeza la peor versión del catolicismo “antigüista”, atrasado, estratificador, unanimista, corporativo y jerárquico.

Hoy en día, en la Argentina, aún los partidos democráticos y de los que no puede dudarse de sus buenas intenciones y de su pasado democrático -como, típicamente, es la Unión Cívica Radical, por ejemplo- puede notarse ese intríngulis irresuelto en una guerra interior entre sus convicciones democráticamente constitucionales y sus aspiraciones de frenar -de algun modo- lo que Tocqueville llamaba el “deseo inmoderado de riqueza”.

Dicen que la búsqueda exclusiva del bienestar material -más allá del que ya sería suficiente para vivir bien- es una actitud nociva para la sociedad y que, si bien, en principio, no son partidarios de poner obstáculos para el crecimiento individual y para el ascenso social, no deben estimularse esas conductas, sino, al contrario, hacer lo posible para transmitir que lo socialmente elevado es la moderación.

De nuevo, citando a Tocqueville: nada es más perjudicial para el bienestar social e incluso para la estabilidad política y la paz social que la propensión a ese pensamiento.

La moderación puede ser una virtud personal, individual. Pero no puede convertirse en la brújula cultural del país porque de ser así la Argentina no saldría de una medianía gris. En este sentido, la moderación hacia la riqeza se parece mucho a la solidaridad: no puede ser impuesta como una regla moral del Estado.

Estimular (ejerciendo una fuerte influencia sobre la media cultural del país) un tipo de orden jurídico y social que ponga cortapisas (legales o provenientes del “concepto social” [cuya presión es a veces más fuerte que la que proviene de la ley]) a los bríos de los que tienen un “deseo inmoderado de riqueza”, rompe uno de los motores más formidables que la humanidad ha conocido para avanzar, mejorar la condición social de todos, generar paz, tranquilidad y eliminar o reducir drásticamente la pobreza.

Hemos dedicado las últimas columnas que escribimos en este lugar a los orígenes del pobrismo en la Argentina y a los daños palpables (tenemos 50% de pobres y 60% de pobreza entre los chicos de menos de 14 años) que ha producido.

Pero al lado de ese sinsentido extremo -que una parte cada vez más consistente de la sociedad afortunadamente condena- existe un producto socialmente más extendido, como una cultura adquirida, que ve con recelo la búsqueda indisimulada de riqueza.

Todo el mundo se ataja y dice que, más allá de sus convicciones personales en cuanto a lo que debería entenderse por una vida “ideal”, no estimularían una legislación que les prohíba a las personas hacerse ricas, muy ricas o directamente opulentas. Pero lo ven mal. Son muchos los que lo ven mal. Es una especie de “sí, pero”: “de ninguna manera estableceremos prohibiciones o límites (mientras la riqueza sea producida lícitamente) para que las personas tengan un supuesto techo hasta donde podrían crecer… pero veríamos mejor que la gente no persiga la riqueza desmedidamente y que se autolimite a una vida austera”.

Pues bien, esta postura, que no es la del pobrismo, desde ya, pero que le cuesta admitir que una persona o que muchas personas pongan todas las energías de su vida en tener más riqueza es precisamente la que configura un lastre, un ancla para la Argentina y que, desde luego, las fuerzas del pobrismo explotan políticamente a su favor.

Mientras esta estupidez no sea removida de la conciencia social argentina, el país será, cuando mucho, un país mediocre, como si funcionara con un motor que ratea.

Fíjense, entonces, la dimensión que tiene el problema que enfrenta el país: no solo hay que terminar con el extremismo del pobrismo católico, fascista, peronista, de cruz y espada, sino luego ir por una capa cultural más profunda y aceptada por una gran mayoría (incluso por muchas franjas sociales que repugnan el pobrismo peronista) según la cual perseguir la riqueza material está mal.

Mucho de este choque cultural se ve en los subsuelos de Juntos por el Cambio. Hay allí una guerra sorda entre los que se animarían a desatar todos los amarres a los que hoy está sujeta la creatividad individual argentina y los que siguen creyendo que sería conveniente mantener algunos de esos amarres porque, después de todo, no son tan malos.

El país está muy mal como para proponer soluciones a medias. Aquí el bisturí debe ir a fondo para terminar definitivamente con la gangrena de la miseria. Si no desatamos las manos de los que desembozadamente quieren volverse ricos, si los señalamos con el dedo moral de la acusación social o si -tanto peor- les seguimos prohibiendo trabajar directamente por la vía de la ley, la Argentina (y mucho más los pobres) jamás saldrá de su condena a la miseria.

Notas de Opinión

La mala costumbre de JxC de convertir ventajas en disgustos

La principal oposición enfrenta un problema típicamente peronista: tiene muchos líderes en competencia, dispuestos a pelear hasta el final por el premio mayor. El oficialismo, al revés, sufre una hipotonía muscular frecuente en el no peronismo: de allí que, a falta de nada mejor, su único autoproclamado candidato sea Alberto

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

¿Cuándo fue la última vez que la oposición no peronista estuvo mayoritariamente unida durante todo el tiempo en que el peronismo ejerció el gobierno nacional, contó con varios candidatos con chances ciertas de reemplazar a aquel en la presidencia, y una regla de juego consensuada y ya probada para intentar resolver las disputas entre ellos?

¡Correcto!: eso no había pasado nunca antes en nuestro país. No fue el caso durante la década menemista, y menos todavía durante la más extensa década kirchnerista. Para no irse más atrás en el tiempo.

Ahora sí. Juntos por el Cambio tiene muchos, podría decirse incluso que demasiados, líderes con capacidad de ganar la próxima elección presidencial. El asunto es que, por esas cosas raras de la vida, o simplemente por falta de costumbre, no sabe cómo impedir que esa ventaja parezca una desgracia, y le juegue en contra.

¿Cuándo fue, en cambio, la última vez que el peronismo careció de una figura pública que se salvara aunque más no fuera por los pelos de la desconfianza colectiva, y quedó sumido en una interna feroz estando en el poder, porque ni el presidente tenía la autoridad para unir a todas las facciones del movimiento y darle alguna orientación mínimamente comprensible, ni ningún otro sector o actor era capaz de mediar entre ellas?

¡Correcto también!: fue en 1975. Desde entonces, siempre el peronismo funcionó como una fenomenal máquina de generación de liderazgos políticos, y tendió a encolumnarse más o menos pacíficamente detrás de ellos. Aunque lo hizo, valga la aclaración, en ocasiones con reglas de juego e incentivos disfuncionales para la buena salud de la democracia, y a veces también de la economía productiva, no dejó de ofrecer un “piso de gobernabilidad” y una capacidad envidiable de adaptación a los cambios de ciclo político, capacidades hoy olvidadas, y más necesarias que nunca.

No puede decirse que haya otro candidato mejor, simplemente porque no hay ninguno más. Nadie se ha animado hasta aquí a siquiera anunciar su aspiración al respecto: Juan Manzur dicen que pretende hacerlo en algún momento, pero dado que tiene un récord aún más decepcionante que el del actual mandatario en los sondeos de opinión, y su desempeño en el gabinete nacional es menos que gris, se entiende esté más cerca de volverse a Tucumán que de lanzarse efectivamente a la conquista de la presidencia.

Varios candidatos en la oferta de Juntos por el Cambio

Pero volvamos a Juntos por el Cambio, porque es allí donde la situación es más paradójica. Debería festejar, saltar en una pata, por tener como tiene cuatro o cinco figuras que, no es que hagan suspirar a las multitudes, pero al menos suenan verosímiles cuando anuncian que aspirarán a reemplazar a Alberto.

Sin embargo, esa situación, en vez de ser evidencia de una capacidad meritoria, envidiable, se ha vuelto un gran dolor de cabeza para la coalición triunfante en las últimas legislativas. Es algo que evidentemente no saben cómo manejar y hasta parece avergonzarlos.

Tan es así que se la pasan pidiendo disculpas y prometiendo que no van a hablar siquiera de candidaturas, hasta muy cerca de las próximas PASO. Cuando es evidente que les va a resultar imposible, y además sería ridículo que intentaran, cumplir semejante promesa: la relativa paridad de fuerzas y fluidez de la competencia en el frente interno y sobre todo el vacío de ofertas y perspectivas en el frente externo, fruto de la impotencia oficial, inevitablemente alientan a la sociedad a enfocar su atención en lo que allí suceda, le dan una centralidad enorme a las disputas internas del cambiemismo, las adelantan y hacen que no haya forma de evitar que eso siga siendo así.

Cuando de todos modos los dirigentes de JxC insisten en prometer que por ahora “ni hablar de candidaturas”, dan aliento encima las críticas antipolíticas que los identifican como “juntos por un cargo”, la tontería mayúscula de que necesitamos líderes que “se ocupen de la gente y no de sus carreras políticas”, como si en algún lugar de la tierra hubiera habido alguna vez una democracia cuyo combustible principal no haya sido la competencia por el poder.

Lo que sí le convendría a Juntos por el Cambio es darse algunos mecanismos para ordenar lo mejor posible esa competencia. Porque de otro modo esperar hasta las PASO de 2023 con tantos aspirantes anotados para la carrera, y rezar para que en el ínterin no se acumulen las discordias y el descrédito, o en esa votación no termine fraccionándose el voto entre demasiadas opciones, con lo que no se resolvería la cuestión del liderazgo y seguiría imperando un faccionalismo u “horizontalidad” incompatible con el buen gobierno, es tomar demasiados riesgos.

Y esos mecanismos ordenadores están a su alcance: reducir la incertidumbre sobre el programa de gobierno es uno, y es fundamental, está en línea con la expectativa de la sociedad de que no le quieran vender más buzones, le expliquen con la mayor claridad y detalle posibles las complejidades y costos que va a tener romper con el statu quo; aclarar anticipadamente las reglas de la competencia y fijarlas de modo de combatir la dispersión de la oferta es otro, y se desprende de algo que se puso en práctica en la elección pasada, promover candidaturas cruzadas, en contra del patriotismo partidista, y una representación acotada de las minorías, para combatir la fragmentación.

Son tareas como estas las que pueden permitirle completar el proceso de institucionalización que emprendió al reformar su Mesa Nacional, y las que harán la diferencia entre una coalición sólida, con liderazgo, programa y reglas, o una tribu improvisada, que tal vez pueda ganar, pero no podría gobernar mucho mejor de cómo lo hizo en el pasado. Esto sí debería ser motivo de seria preocupación en sus filas, no que algún descolgado les diga que se pelean por los cargos. Ante lo cual nada mejor que ensayar la típica respuesta peronista, que los peronistas hace tiempo no pueden usar: “como los gatos, nos estamos reproduciendo”.

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Economía General

Sin el apoyo de EE.UU., ¿Argentina está a tiempo de un giro cristinista?

La reunión entre Santiago Cafiero y Antony Blinken no fue lo exitosa que el Gobierno esperaba. Con un complejo frente internacional, la renegociación de la deuda pasa a un segundo plano para las potencias. Sin embargo, en caso de que las negociaciones con el FMI no prosperen, ¿qué alternativas le quedan a nuestro país a esta altura?

Artículo publicado originalmente en Border Periodismo

Más de dos años después de asumir el gobierno de Alberto Fernández, la cuestión de la deuda sigue sin resolverse. Tras sellar un acuerdo con los acreedores privados en que el exministro de Macri Hernán Lacunza calificó como «razonable y ecuánime», aún queda por arreglar la reestructuración con el principal acreedor de la Argentina: el Fondo Monetario Internacional.

Para hacerse cargo del problema, Fernández eligió a Martín Guzmán, discípulo de Joseph Stiglitz, y apostó a los buenos vínculos de Gustavo Beliz (secretario de Asuntos Estratégicos) y Jorge Argüello (Embajador argentino en EEUU) con representantes norteamericanos. Este medio se puso en contacto con fuentes oficiales para saber si existe una estrategia alternativa en caso de que no se consiga cerrar un acuerdo con el FMI. La respuesta fue escueta: «Simplemente, se está en estado de negociación. No hay nada que decir de momento. Se trabaja. Nada más que agregar«. En tanto, desde Cancillería se limitaron a responder con el protocolar comunicado emitido tras la infructuosa reunión entre Santiago Cafiero y Antony Belkins.

¿Es normal que todavía no se haya llegado a reestructurar la deuda? En una entrevista con #BORDER, Bernabé Malacalza, docente de la maestría en Estudios Internacionales de la Universidad Tocuato Di Tella, relativizó la demora y explicó qué pasaría si el gobierno del Frente de Todos y el organismo de crédito no llegaran a un acuerdo al final del día. «Técnicamente, no sería default, sino ‘fall into arrears’. Tras el ‘arrears’, se abre una nueva negociación«. A su vez, el investigador agregó que «la historia del FMI dice que «del ‘arrears’ se sale» y «no suelen prologarse demasiado». Asimismo, advierte que en la última década solo se registran «short-term arrears», es decir, acuerdos con «changüís» de hasta 180 días.

En tanto, el investigador del CONICET recordó que, en caso de que la Argentina entrara en «fall into arrears», se sumaría al lote de 20 países que todos los años se atrasan en los pagos. Incluso, Malacalza menciona el problema de la deuda argentina para Estados Unidos como «una preocupación a diez años que permanecería bajo la atenta mirada del ala técnica» (la más reacia a firmar «cualquier cosa») del Departamento del Tesoro de aquel país.

Accionario mayoritario del Fondo, y único país con poder de veto, Estados Unidos ocupa un lugar central en la mesa de decisiones del organismo de crédito. En ese sentido, la gira de Alberto Fernández a Rusia y a China, prevista para la primera semana de febrero, puede ser leída como una búsqueda de apoyo del Gobierno argentino de otros países que son rivales de EEUU. Sin embargo, el doctor en Ciencias Sociales estima que, en lo que respecta a su rol en el Fondo, «tanto Rusia como China, tienen posturas bastante coincidentes con los Estados Unidos» en cuestiones financieras.

Entonces, ¿se trata de ver la película y no la foto? A medias: por empezar, la próxima semana la Argentina debería desembolsar U$S 731 millones para cancelar el próximo vencimiento del 28 de enero (sin contar los intereses). Según los cálculos de algunos economistas, las reservas netas del BCRA rondarían los U$S 2000 millones. Además, en marzo, la Argentina tendría que cancelar otros U$S 2900 millones, un número que excede la liquidez con la que contaría el Central.

Es por eso que la urgencia de un «Plan B» se impone. Pero ,¿existe tal cosa? Alejandro Bercovich, economista y conductor del programa «Pasaron cosas» (Radio con Vos), recuerda que, en caso de que la administración Fernández espere que su gira a Rusia y China de febrero se traduzca en un desembolso de dinero, o en un guiño por parte de ambas potencias, se estaría incurriendo en un error. «La diplomacia china tiene tiempos que se miden en décadas y no en semanas como los nuestros. Sería impensable que Alberto se vuelva de los Juegos Olímpicos de Invierno (NdeR: asistirá a su inauguración en Pekin) con un contenedor de plata para pagar el vencimiento de marzo». Y añadió: «Si está buscando un posible apoyo, se lo está buscando muy improvisadamente«.

A su vez, el periodista pone el complejo escenario internacional como telón de fondo de la intentona de Fernández: «Sería impensable que Putin, en medio de los aprestos del enfrentamiento bélico con la OTAN, le preste una atención más que superficial a la situación Argentina, por más buena relación que pueda haber».

En esa línea, el director del documental «Fondo», ve más viable la irrupción de una eventual alianza regional, a partir de la elección de gobiernos de izquierda en Bolivia, Chile y Perú, que funcione como dique de contención contra el FMI, que la aparición un repentino apoyo de Xi Jinping y Vladimir Putin a nuestro país: «En las nuevas circunstancias, si el Fondo si no refinancia esta deuda con Argentina, la empujaría una profundización de la crisis que afectaría a todos esos países vecinos, que no solo podrían reaccionar por simpatía política, si no porque se vean afectados sus intereses, especialmente los de Brasil, donde hay históricamente una rivalidad con EEUU mucho más seria que la que pueda levantar cualquier desde Argentina«. En esa línea, recuerda que cuando China «amagó» con poner dinero para formar un fondo monetario paralelo cuando en 2006 se lanzó el grupo BRICS (NdeR: la asociación económico-comercial formada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), Estados Unidos «redobló su confrontación» contra sus países miembros, a través de las denuncias contra Dilma Rousseff que derivaron en su destitución y el juicio a Lula, sucesos que, según Bercovich, estuvieron «entremezclados» con intereses estadounidenses.

Pagadora serial desde los tiempos de Néstor Kirchner, la vicepresidenta se encuentra en la incómoda situación de tener que hacer un arreglo a costa del impopular ajuste que exige el FMI para firmar el acuerdo. En ese marco, la expresidenta se maneja con ambigua habilidad, aunque algo quedó claro: el apoyo irrestricto a Guzmán, que era explícito hasta hace pocos meses, ya no es tal.

Encerrada en su propia narrativa, CFK llegó a decir públicamente que la Argentina debería pagarle al FMI con dinero fugado en paraísos fiscales. Incluso, se animó a pedirle al organismo que ayude al país a recuperar ese capital por su responsabilidad en la entrega de un préstamo que iba contra su propio convenio constitutivo. Este acto puede leerse como un reflejo de la desorientación de la titular del Senado en la resolución de este problema heredado de la gestión Macri.

En una alusión un poco más directa sobre el tema, Fernández de Kirchner resaltó en su última misiva que su gobierno le pagó al Fondo en 2021los U$S 5.160 millones . Y cerró su comunicado con una fina ironía: «La ‘pandemia macrista’ nos quita las divisas que tanto necesitamos como país porque al FMI hay que pagarle completa y exclusivamente en dólares… porque por más que le insistimos no nos acepta pesos».

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Notas de Opinión

Así trabajaba José Luis Cabezas

El ex director de la revista Noticias recuerda el estilo y la pasión del gran fotógrafo, a 25 años de su asesinato

Columna publicada originalmente en Perfil

José Luis Cabezas fue uno de los mejores fotógrafos que pasaron por la revista Noticias y por editorial Perfil. Era tanta la ductilidad que le imprimía a su cámara, y tanta su creatividad, que cada producción suya servía para ilustrar más de una nota. Quienes estuvieron del otro lado de su lente, lo saben bien.

En julio de 1996 debía ilustrar una entrevista realizada a Ernesto Sabato. El escritor no quería saber nada con ir al estudio fotográfico de la revista para posar. José Luis le dijo que se conformaba con sacarle unas fotos en alguna plaza. Quedaron en verse una tarde en Plaza Lavalle.

Sabato llegó dos horas después de lo previsto y con poco tiempo que perder. Cuando vio que Cabezas lo esperaba con un telón de fondo en el que se había pintado un sol y una playa de estilo naif, estuvo a punto de dar media vuelta e irse. Nunca supimos cómo lo convenció de posar sentado sobre un banquito, delante de ese fondo insólito y en medio de una plaza convulsionada por la presencia del célebre escritor.

A Nequi Galotti, la esposa de Bartolomé Mitre, el fallecido director del diario La Nación, la vistió con un deshabillé sexy y la convenció de subirse a una pila de cajones rotos. A Jorge Lanata lo fotografió sentado en cuclillas arriba de su escritorio. A Mario Firmenich lo hizo sonreír, que nunca fue poco, y cuando el ex guerrillero le dijo que su hobby era la carpintería, logró fotografiarlo con un serrucho cortando madera.

A Graciela Fernández Meijide la disfrazó, literalmente, de una maleva con look gardeliano y, tras cartón, de una dama patricia neoclásica. Roberto Devorik, además de ser reconocido como el amigo argentino de la princesa Diana, es un diseñador refinado y exquisito. No salía de su asombro cuando José Luis lo llevó hasta una estación de trenes abandonada para fotografiarlo en una habitación semidestruida.

El recurso de los trenes lo usó también para fotografiar, en 1995, a la fórmula presidencial Octavio Bordón-Carlos “Chacho” Álvarez. Lo sorprendente era ver a los políticos trepar de vagón en vagón siguiendo mansamente las instrucciones del fotógrafo. Álvarez, todo transpirado, le dijo a Bordón por lo bajo: “Viéndolo trabajar a él, uno no se puede negar a nada”. José Luis lo escuchó y le respondió: “Es que yo soy yo, no mi sueldo”.

En septiembre de 1995 viajó a Canadá para una entrevista con Mario Bunge. El filósofo contaría luego que entablaron una relación especial y que le causaba simpatía que lo llamara “Patrón” cada vez que le indicaba alguna pose determinada. También recordó que el fotógrafo le decía que se sentía un afortunado: “Hago lo que me gusta y además me pagan”.

Y haciendo eso que sabía y le gustaba fotografió también a Raúl Alfonsín, María Kodama, Enrique Nosiglia, Ramón Hernández, Oscar Andreani, Eleonora Cassano, Mario Pergolini, Luis Moreno Ocampo, Menem Junior, Cecilia Roth, Eduardo Duhalde, Gerardo Sofovich, Esther Goris, Miguel Ángel Solá, Les Luthiers y Mirtha Legrand, entre muchísimos protagonistas más de la actualidad.

Un día, tras la renuncia de Domingo Cavallo en julio de 1996, llegamos juntos a las nuevas oficinas del ex ministro de Economía para realizarle una entrevista. Cuando nos hicieron pasar para que lo esperáramos unos minutos, vimos la desolación de una habitación vacía recién pintada de blanco y con un matafuego en el piso como única decoración.

“Estamos en problemas, José Luis —le dije—, no sé cómo te las vas a arreglar para sacar una buena foto de esto.” “Está perfecto —me respondió—, vos no te hagas problemas.” Así fue, colocó el matafuego petiso y rojo en una de las esquinas de la habitación y le dijo a Cavallo que se parara en la otra. Ahí lo fotografió.

Tuvo razón: no había otra imagen que reflejara mejor la soledad política de aquel hombre, recién echado del Gobierno y pronto a enfrentarse a los incendios judiciales que lo esperaban en Tribunales.

Ése era José Luis. Inquieto, creativo, optimista. Un buen tipo. Un hombre común, simple, que amaba a su familia y soñaba un futuro compartido con su esposa Cristina y su hija Candela, y con sus otros dos hijos de un primer matrimonio, Juan y María.

También era un gran fotógrafo, que había comenzado trabajando en una plaza y que en 1989 ingresó como reportero en Noticias, donde demostró la diferencia que hay entre hacer de fotógrafo y amar la fotografía.

Había nacido en Wilde, provincia de Buenos Aires, el 28 de noviembre de 1961.

Y lo extrañamos tanto.

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