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Notas de Opinión

El video, los espías, una denuncia teledirigida y la paranoia total

Hay miedos y sospechas entre los exfuncionarios de María Eugenia Vidal. ¿Si ese encuentro del 2017 fue grabado con audio, ¿hay más tapes de ese estilo? ¿A quiénes involucrarían y en qué temas?

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

El 28 de diciembre, día en el que se votó en la Legislatura Bonaerense la nueva ley sobre las renovadas reelecciones de los intendentes. Fue un día largo para el poder político provincial. Y nacional.

También se aprobó el Presupuesto 2022 para la Provincia. Pero toda clase política distrital, y nacional, empezaba a entrar en shock por otra historia. Ese mismo día habían difundido el video en el que se veía y oía a funcionarios de la gestión de María Eugenia Vidal, más otros dirigentes del mismo, en una reunión en un salón del Banco Provincia, sede microcentro porteño, intentando consensuar cómo conseguir pruebas para alimentar una denuncia contra el sindicalista de la UOCRA seccional La Plata, Juan Pablo “Pata” Medina.

La grabación mostraba que alrededor de la misma mesa había tres espías de relevancia en esos años. La filmación desató polémica porque quien lidera la charla es el entonces ministro de Trabajo bonaerense, Marcelo Villegas, al que se le escucha decir que si fuera por él usaría una “Gestapo” para embestir contra los sindicatos.

La frase continúa de inmediato aclarando que existen leyes que cumplir y en democracia sobre el mundo laboral. La alusión a la “Gestapo”, intolerable y muy desafortunada, fue la mecha que prendió la pólvora de una trama que se masificó y aún continúa y lo hará por varias semanas más.

Pero es una imagen de la que intentó sacar beneficios la propia vice, Cristina Fernández, y se transformó en un tema del que habló el propio Presidente. Para el relato K, la filmación de esa reunión es la prueba definitiva de que durante la gestión Macri existió “una mesa judicial” dedicada a perseguir y encarcelar opositores de la que participan también espías de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).

El oficialismo radicalizado insiste con la importancia de ese video. La versión del Gobierno es que esas pruebas se encontraron por sorpresa en un disco rígido que parecía no servir más. La interventora del organismo, Cristina Caamaño, presentó en un juzgado de La Plata, al mando del excamporista y funcionario K, Ernesto Kreplak, una denuncia contra quienes aparecen en el film, pero a la que se sumó la ex gobernadora Vidal.

El video, las acusaciones, viraron directo hacia ella. Era un día especial por la votación en la Legislatura; la hoy diputada por la Capital Federal, Vidal, terminó imputada como jefa de una asociación ilícita que persiguió opositores. La exmandataria no cree en casualidades.

Conocía que existían imágenes como las de ese video, pero intenta descubrir quién lo filtró, por qué, para qué, entre otras preguntas que comparte con sus allegados. Para Vidal, que la acusen de perseguir al “Pata Medina” no es problema: ella lo describía como un mafioso cuando era gobernadora.

Sospechas y dudas que preocupan a exfuncionarios bonaerenses de Cambiemos

La inclusión en la reunión de tres autoridades de la AFI tendrían explicación, pero esos personajes son los que provocan ahora que entre el ex funcionariado de Cambiemos haya total paranoia. Miedo. Sospechas. ¿Si ese encuentro del 2017 fue grabado con audio, ¿hay más tapes de ese estilo? ¿A quiénes involucrarían y en qué temas?

Buena parte de la más relevante dirigencia del PRO está muda: surfeaban denuncias de espionaje ilegal en su gestión, algo que la Justicia acaba de determinar que no fue una trama organizada por las máximas autoridades del Gobierno, pero sí que espías propios, llamados “cuentapropistas”, lideraron por su cuenta persecuciones de Inteligencia para ganar dinero con la información obtenida de modo ilegal.

El video del salón del Grupo Bapro es ahora una bomba que utilizan los K para insistir con el supuesto plan de espionaje ilegal del Gobierno de Macri, que tuvo el objetivo de encarcelar opositores. Y al mismo tiempo, entre la dirigencia de Juntos por el Cambio hay dudas y broncas que empiezan a trascender.

Más allá de que el encuentro grabado, y su contexto, debe ser dilucidado por la Justicia para determinar si se cometieron delitos al respecto, el ala cercana a Vidal del PRO empieza a sembrar sospechas: ¿Por qué se grabó en la gestión de Cambiemos ese video de tan singular estilo del las grabaciones del espionaje? ¿Pudo la AFI de Macri cometer esa tropelía y no borrar el registro del hecho? La paranoia, como se dijo antes, es total en JxC. Todos dudan de todo.

¿Pudo algún espía “cuentapropista” haberse transformado en un traidor a su grupo y entregó el material a la nueva AFI? El rencor, el traidor, son parte de la trama del espionaje hace siglos. Pero hay otro tipo de interrogantes que generan fantasías del boicot interno que daña políticamente, por ahora, a Vidal.

Por ejemplo: el presidente del Grupo Bapro en la fecha en la que se realizó ese encuentro era Jorge Macri. Es adversario de Vidal. Las cámaras que filmaron la reunión de la polémica son marca Axis Communications, una empresa que tiene vínculos con Jorge Macri.

Fuentes del entorno de Jorge Macri desmintieron de modo total esa versión conspirativa. Indican que todo pasó en un salón del Banco Provincia en la Capital Federal, territorio administrativo que está bajo control de Juan Curuchet.

“Todos desconfían de todos”, agregan las fuentes. E insisten: “Ella (Por Vidal) tiene que dar cuentas de lo que pasó, Ella y Federico Salvai (el exministro de Gobierno de esa gestión).

Más dudas: si la grabación nació por el espionaje, ¿cómo hizo el agente de Inteligencia encargado de esta misión para conseguir el video de la reunión? Las cámaras que enfocaban a la mesa eran grabadoras oficiales del Bapro. ¿Un empleado infiel del banco las entregó al espía?

Las dudas se replican en la oposición, pero las intrigas se generan más por conocer la verdad del origen de la filmación, que sobre como ejercer una defensa jurídica en la acusación que imputó a Vidal y a los presentes en la reunión filmada sobre la existencia de un plan de persecución estatal para encarcelar sindicalistas como “Pata” Medina, con ayuda de los servicios secretos de información.

Y una última sospecha más: ¿por qué una sala del Bapro tenía cámaras para filmar lo que pasaba allí dentro, y tal vez con poder captar audio?

Las cámaras de seguridad enfocaban a la mesa. ¿No deberían instalarse para prevenir o registrar otras acciones?

El mundo de los espías parece mezclarse de nuevo con el poder político. Parece. Y parece lo contrario.

Cosas que pasan cuando esa profesión, que bien ejercida es trascendental para la República. Y mal ejercida, llena de dudas, barro, sospechas y paranoias, transformando la certeza en una cuestión moldeable, cambiante de acuerdo al interlocutor.

Pero los hechos son los hechos.

Deben, pueden, dilucidarse.

Notas de Opinión

El gobierno es un desbande sin líderes ni herederos

Mientras los movimientos sociales oficialistas buscan darle oxígeno al Presidente en sus ambiciones de continuidad, Cristina no tiene un candidato fuerte que la suceda. Nadie parece escapar de la mancha maldita del fracaso del gobierno que ella entronizó

Columna de opinión publicada originalmente en Infobae

Cuando una persona dice una cosa y luego exactamente lo contrario genera en primera instancia confusión. Cuando esa secuencia se reitera con distintos temas la persona deja de ser confiable. Y si la pauta camaleónica se vuelve la costumbre, llega un momento en que no se le cree nada de lo que dice. Eso le pasa al Presidente y en este doblez permanente no tiene nada que ver Cristina Kirchner y sus mil asedios.

Quizás nada ejemplifica mejor esa estafa de la palabra presidencial que el escándalo de Olivos donde el doble standard fue además una traición a la sociedad ante la cual el Presidente no muestra arrepentimiento y actúa como si haber mentido sobre la cuarentena mientras le ordenaba encierro al país, fuera cualquier trámite judicial. Cuando el Presidente dice que hace uso de sus derechos como cualquier ciudadano omite su ofensa como máxima autoridad y su obligación de ejemplaridad. Es cierto, esas no son categorías judiciales, sino morales y políticas.

La gran paradoja es que Alberto Fernández perdió la oportunidad de ser la alternativa a Cristina. Después de tanta humillación, sus primeros trazos de firmeza oponiéndose a los designios de ella no fueron acompañados por la construcción de poder interno y mucho menos por el favor popular. La encuesta de Poliarquía dio cuenta de la desastrosa imagen de su gestión. Lo que podría haberle aportado la rebeldía o la independencia lo borra día a día su propia inconstancia en medio de enormes problemas. Una muestra de ello es haber anunciado retenciones contra todo lo dicho y acordado con su propio equipo.

En cualquier estructura normal de poder, si luego de una afirmación tan categórica sale un ministro a desmentir al Presidente, ese ministro se tiene que ir. En este caso, el ministro de Agricultura tenía razón y la desmentida al primer mandatario fue más una ayuda que un desafío. Ni los propios pueden estar seguros de que el Presidente sostendrá las posiciones que él mismo los alienta a defender.

En ese contexto, sin embargo, sí puede afirmarse, que en la figura del Ministro de Economía Martín Guzmán, el Presidente ha delegado la sustentabilidad que a él mismo le falta. Algunos lo miran como el sostén de su gobierno, y no faltan atrevidos que se animan a postularlo como candidato luego de haber cruzado el desierto de lapidaciones K y que no lograran echarlo. Haber puesto bajo su órbita al cristinista secretario de comercio Roberto Feletti, es también una indicación de su avance interno, pero sobre todo del desembarco en un área en la que se juega la cuestión más delicada: la inflación. En una administración normal a Feletti lo hubieran echado por inepto hace ya meses, pero en un gobierno que defiende controles de precios aunque nunca hayan dado resultados, muchos deben verlo como un héroe de la resistencia.

La que de verdad no resiste es la gente. Y lo demuestran los preocupantes indicadores de baja en el consumo -incluso de alimentos- que ya enfrían la economía a un mínimo 1 o 2% de crecimiento para fin de año según estimaciones privadas. En este contexto, los socios voraces de la coalición de gobierno lejos de rescatarse, piden plata y más plata, como si ya no importara saber que eso causará más inflación. Como si el 70% con el que puede cerrar el año no importara. Es que asoma el año electoral y cunde la desesperación, de la misma manera en que cunde el desbande. Y ese es el otro dato.

Hoy el gobierno no sólo está fracturado sino que en ambos lados de la fractura campea la debilidad. El acto del Presidente para el que tomó lista el jefe de Gabinete Juan Manzur apenas tuvo a un gobernador y a 11 de los 21 ministros. Los que arriesgaron presencia tampoco se llevaron el discurso de relanzamiento que les prometieron.

Del lado de La Cámpora, aunque busquen la diferenciación, y acusen al gobierno de todas las maneras posibles, no podrán despegarse del fracaso. Cristina es la madre de la criatura. Ella está llegando a tiempos judiciales de definiciones que hubiera querido evitar. En su mayor debilidad interna, sin haber podido derribar a la Corte ni condicionar a la justicia con sus reformas se asoman malas noticias. La acusación del fiscal Diego Luciani en el juicio por la llamada causa madre de corrupción en la obra pública tendría acusación antes de la feria de invierno. Esa causa en la que se la juzga como jefa de una asociación ilícita que defraudó al estado por 46 mil millones de pesos mediante el otorgamiento de unos 50 contratos irregulares al amigo presidencial Lázaro Báez, podría tener sentencia antes de que termine el año. Es ese juicio en el que ella advirtió al tribunal que ya la había juzgado la historia.

Pero la historia a veces juega con ironías. A este probable derrotero de la causa Vialidad, se sumarán casi seguras decisiones adversas en al menos dos juicios que la vicepresidenta quiso evitar.

Es curioso: a Cristina se le viene la noche en lo judicial sin que Alberto pueda ser el depositario del cambio en el péndulo del poder. Y el año y medio que resta es un valle de lágrimas. A él lo sostienen, parte del sindicalismo, los movimientos sociales oficialistas y mantener entre algodones el acuerdo con el Fondo como ancla frágil, muy frágil.

En esta foto de grietas internas, no parece haber ganadores de la pelea sino triunfos pírricos, de cara a una sociedad que la está pasando mal, muy mal. Que alguien encuentre un heredero en esta malaria. Mientras los movimientos sociales oficialistas buscan darle oxígeno al Presidente en sus ambiciones de continuidad, sólo basta ver las encuestas para entender el vuelo corto de esa pretensión. Al mismo tiempo, Cristina no tiene un candidato fuerte que la suceda. Nadie parece escapar de la mancha maldita del fracaso del gobierno que ella entronizó y del que no puede ni siquiera irse con un portazo, porque necesita fueros y cajas.

La verdad es que nunca existió una idea común. Sólo recuperar el poder. Alberto Fernández, no se sabe quién es y a ella se le cayeron las máscaras. Él dice a cada quien lo que quiere escuchar pero sus contradicciones consigo mismo devastaron su credibilidad. Encima, por momentos, el Presidente parece al menos, desenfocado.

Las respuestas que no tiene el Presidente vienen contundentes por otro lado. El censo con el número de habitantes revela que en los últimos 12 años Argentina directamente no creció y que el PBI per cápita de unos 10.500 dólares demuestra lo que ya sabemos, que somos más pobres. Más de una década, no ganada. 47.327.407 millones de sueños, a los que se les ha negado un destino

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Notas de Opinión

Sin líderes consensuados, una crisis como las de 1989 o 2001 es más probable

Un descontrol total de la economía, dicen los expertos, es todavía improbable. Pero como nuestros partidos carecen de líderes que los unifiquen y orienten, la incertidumbre política agrava la incertidumbre económica

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Tanto el oficialismo como la oposición se abrazan a una expectativa: cuando lleguen las PASO van a poder relegitimar sus liderazgos, y podrán entonces superar la actual fragmentación y dispersión. Hasta entonces, no queda otra que soportar el chubasco de la crisis con lo que hay: coaliciones y partidos muy divididos, que no tienen forma de dirimir sus internas. Así, las estiran y enredan, y a lo único que pueden aspirar es a evitar rupturas de efectos irreversibles.

Las PASO, las primarias abiertas simultáneas y obligatorias, aparecen en esta descripción como la llave para resolver los problemas que hoy enfrentan las fuerzas políticas. Tanto el de sus divisiones, como el decisivo de la creciente falta de confianza de la sociedad. Pero más allá de que eventualmente esa votación pueda ofrecer una salida, lo cierto es que, de momento y hasta que ella se concrete, agrava esos problemas, pues prolonga inconvenientemente los tiempos para dirimir la cuestión.

La crisis exige flexibilidad y rapidez de respuesta, y el sistema de internas vigente desde 2009 les impide a los partidos proveérselas. La comparación con lo que ellos hicieron en las dos crisis más graves de la etapa democrática, las de 1989 y 2001, sirve para echar luz sobre el problema.

En los años ochenta aún teníamos partidos capaces de defender su rol y atender sus desafíos. Gracias a lo cual, aunque la crisis económica escapó por completo de control del gobierno de Alfonsín, el sistema logró generar rápidamente un recambio, y nuestra democracia se mantuvo a flote.

¿Qué fue lo que hicieron los partidos entonces? Simple: adelantaron primero sus internas y luego también las elecciones generales.

El PJ eligió su candidato en julio de 1988, un año y medio antes de la fecha inicialmente prevista para las presidenciales. Como se recordará, Carlos Menem derrotó en esa ocasión a Antonio Cafiero, en una competencia ejemplar que legitimó un nuevo liderazgo entre los peronistas, gracias al voto masivo y directo de sus afiliados. Fue en gran medida gracias a esas internas que el peronismo lograría mantenerse unido durante los tres años de feroz inestabilidad económica que siguieron.

A raíz de esa elección, además, el radicalismo entonces en el poder estuvo obligado a acelerar también su proceso se selección de candidatos. Y Alfonsín fue el primero en comprenderlo. Así que le levantó la mano al aspirante que tenía más chances, Eduardo Angeloz, con quien no se llevaba muy bien que digamos, pero eso no lo detuvo: necesitaba cerrar las disputas intestinas en su partido cuanto antes, porque si ellas se prolongaban, debilitarían aún más a su gobierno.

En suma, los principales partidos argentinos y sus líderes actuaron con responsabilidad y se mostraron flexibles y atentos a lo que mandaba la coyuntura que enfrentaban. Que exigía de ellos respuestas rápidas e innovadoras.

Adelantar la selección de candidatos fue la mejor forma que encontraron, tanto el oficialismo como la oposición de entonces, para evitar que la incertidumbre política que por sí misma generaba la sucesión presidencial, se agravara y alimentara aún más la ya desatada carrera de los precios, el dólar y la fuga de la moneda.

Si ambas fuerzas hubieran podido además cooperar mínimamente entre sí, hasta hubieran podido evitar la hiperinflación. Para tanto no les dio, pero al menos lograron procesar la alternancia y evitar que el desacalabro económico se estirara en el tiempo, deslegitimara al sistema en general y se llevara puestas las jóvenes instituciones republicanas.

Un poco más de una década después estos mismos partidos se enfrentarían, mucho más débiles, a una nueva catástrofe económica: el derrumbe de la Convertibilidad. Las divisiones en el PJ y la UCR contribuyeron y mucho a agravar esa crisis. Y explican en gran medida tanto la caída de De la Rúa como la sucesión de cinco presidentes en los días finales de 2001.

Los radicales esta vez no tuvieron forma de resolver sus disputas internas, y eso los condujo a sufrir dos profundos cismas y atravesar una larga y profunda crisis, de la que todavía están recuperándose. Pero al menos los peronistas lograron evitar sus propias internas, recurriendo a una solución ad hoc: que cada sector presentara su candidato a la elección general de 2003, con lo cual Eduardo Duhalde, en colaboración con Alfonsín, lograría mantener a flote el gobierno de emergencia el tiempo suficiente para que se estabilizara la economía y se generaran las condiciones para la recuperación. La década de expansión que siguió se forjó en esos cruciales meses de 2002 gracias, de nuevo, a la flexibilidad y rapidez con que se encararon los problemas de liderazgo en los partidos.

Hoy, ninguna de las principales fuerzas en pugna puede hacer algo así. Debido a un sistema demasiado rígido, inadecuado para enfrentar las situaciones de crisis, y que tiende por lo tanto más bien a agravarlas.

Nos referimos, claro, a las PASO, inventadas hace más de una década por Néstor Kirchner precisamente para complicar la posible sucesión del liderazgo en el PJ, y que de muy poco han servido hasta aquí. Pero en medio de una crisis de gobernabilidad económica, que cada vez se parece más a la de fines de los ochenta, puede que terminen mostrando que no solo son bastante inútiles y caras, sino que pueden ser incluso muy dañinas.

Y es que el sistema es demasiado rígido: obliga a todos los partidos y alianzas a dirimir sus candidaturas con una misma regla, en una sola fecha, y la establece muy cerca de los comicios generales. Cuando los partidos y frentes están alineados detrás de un liderazgo que controla los principales resortes de poder, sirven de poco. Básicamente para dificultar aún más la competencia: a las PASO se presentan listas únicas, ya digitadas desde el comando de las fuerzas políticas, subordinando o excluyendo a los disidentes. Es lo que sucedió entre 2011 y 2019.

Cuando los partidos y frentes están desunidos, pero no se elige gobierno y no hay crisis aguda, pueden ser medianamente útiles, aunque siguen siendo muy caras y engorrosas, como se observó en el caso de JxC en 2021. Pero si se llega a dar que están desunidos y encima hay crisis, el sistema es no solo inútil, sino nocivo: impide a las fuerzas políticas reaccionar anticipadamente ante el debilitamiento de la autoridad y la confianza pública, y obstaculiza la búsqueda de mecanismos más flexibles y mejor adaptados a las circunstancias. Es lo que está pasando en estos momentos.

El dato que mejor pinta el escenario resultante es que las internas de los partidos y alianzas se estiran y complican cada vez más, y lo único que atinan a hacer los protagonistas de tanto enredo es esperar a las PASO: “Ya lo vamos a resolver, cuando legue el momento de votar, dentro de un año y unos meses”. No suena eso a una respuesta muy razonable, dadas las urgencias que vive la sociedad, así que ella castiga a los dirigentes por estar “solo atentos a sus problemas e ignorar los de la gente”.

Es cierto que muchos de estos dirigentes son propensos al error, y por sí mismos se meten en más problemas. No se trata de disculparlos. Pero tal vez no sean peores que los de fines de los ochenta o comienzos de los dos mil, ni tampoco sea cierto que “solo les interesan sus internas”. Sucede que no logran sacárselas de encima, como sus antecesores hicieron en las situaciones de crisis con que tuvieron que lidiar, porque chocan con un límite estructural y muy difícil de remover: reglas de juego muy rígidas y muy lentas.

¿Hay alguna solución para este cuadro de bloqueo de un sistema de partidos que tendría que estar acomodándose mucho más rápido a la coyuntura que enfrenta? ¿Podrían una parte del oficialismo y de la oposición cooperar para flexibilizar esas reglas de juego? Deberían participar porciones importantes del FdeT y JxC, y trabajar contra reloj, porque mientras más se profundice la crisis de esos dos espacios, más difícil va a ser llegar a cualquier acuerdo. Pero por varios motivos es improbable que siquiera lo intenten.

Una reforma de las PASO exigiría la mayoría especial de ambas cámaras, porque se trata de una cuestión electoral. Reunir hoy 129 votos en Diputados y 37 en el Senado es casi imposible.

Además, expectativas cruzadas en el oficialismo y la oposición conspiran contra la búsqueda de una solucion de este tipo. En el Ejecutivo aún piensan que “lo peor ya quedó atrás”, así que mientras más tiempo pase, mejor. Creen que van a tener más chances de que la economía remonte, y remonte también la imagen de los integrantes del Gobierno, si hacen todo lo contrario de lo que hicieron Alfonsín, Menem y Duhalde: así que se sientan a esperar. Una vana esperanza, porque lo más probable es que lo peor aún nos esté esperando. Pero como se suele decir, quienes no tienen nada, aún tienen esperanza.

Además, pesa en contra de un eventual adelantamiento de las PASO la experiencia de 2019, cuando un resultado muy malo en esa votación para las listas oficiales debilitó la capacidad del Ejecutivo de controlar la economía en los meses que le quedaban de mandato, y sepultó sus chances para las elecciones generales. En las actuales circunstancias, por más que eventualmente las PASO servirían para dirimir la batalla entre Alberto y Cristina, seguro los resultados debilitarían a ambos, así que ninguno de los dos, ni sus seguidores, tienen mayor incentivo para apurar el trago.

En la oposición, en particular en JxC, mientras tanto, hay cada vez menos chance de llegar a acuerdos, en particular sobre la selección de candidatos. La estrategia de Macri parece ser la contraria: impulsa, incluso, romper acuerdos legislativos que se habían alcanzado, por ejemplo, sobre la ley de alquileres, contra todos los esfuerzos del resto de los aliados por mostrarse construyendo consensos programáticos.

Y, como si les faltaran, se siguen sumando aspirantes a la presidencia. Que repiten “nos vemos en las PASO”, como si fuera la solución mágica para todos los problemas. Una esperanza también vana, porque al ritmo que vamos cada vez es más difícil saber en qué condiciones nos van a encontrar las benditas PASO, y crecen las posibilidades de que, para cuando ellas lleguen, ya sea demasiado tarde para unos cuantos que hoy tienen, además de esperanzas, posibilidades, ideas y alguna capacidad de liderazgo.

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Notas de Opinión

Finanzas personales: estafa o incumplimiento contractual

Cuando vale la confianza. Inversiones en pozo y criptomonedas

Nota publicada originalmente en Infobae

En tiempos de crisis muchos inversores se ven inmersos en situaciones complejas. Ladrillos para los más conservadores, criptoactivos para los más osados, fueron opciones de inversión muy recurridas en los últimos tiempos. Ambos casos, sujetos a los avatares de fortuna y -muy especialmente- a la diligencia o negligencia empresaria, pueden frustrar un plan o sueño, personal o familiar.

En el primer caso, muchos de los que apoyaron a las constructoras para el desarrollo de emprendimientos inmobiliarios bajo la modalidad “de pozo”, no ven cumplidas las entregas pactadas, ni en tiempo ni en forma. De esa manera, las dilaciones, frustraciones y disgustos se acumulan, y la demora para acceder a la vivienda propia puede, muchas veces, provocar un descalabro en las finanzas familiares, así como en la relación entre sus miembros: la frustración del sueño.

En tiempos en que muchos -algunos experimentados y otros no tanto- se han volcado al desarrollo inmobiliario como actividad comercial, hay que señalar que no son todos (constructoras o desarrolladoras) la misma cosa. Por más obvio que parezca, es importante resaltar que construir no es solo apilar ladrillos y materiales.

Indudablemente, aquellas desarrolladoras que supieron forjar un buen nombre y reconocimiento en el mercado, interesadas en conservarlos inyectan parte del capital recaudado durante las épocas doradas del sector, y de tal firma se imponen cumplir en tiempo y forma las entregas pactadas en sus obras, honorando la trayectoria y marca.

Muchas otras pretenden ampararse en situaciones de crisis -que por cierto existen-, amparándose en circunstancias de índole comercial, contractual o de abastecimiento que demoran entregas y el fin de las obras.

Algunos de estos casos llegan a conocimiento de abogados, que en ocasiones pueden demostrar la existencia de desvíos de fondos realizados fraudulentamente para exhibir un balance o estado de situación patrimonial a los inversores, que no es el real. O sea, no siempre se trata de aislados incumplimientos o demoras, ni son meras dilaciones contractuales, sino que puede existir una cuestión de índole penal, que a veces se conforma de entramados societarios complejos, facturas apócrifas, falsas declaraciones en calidad o especie de las cosas, que, por no haberse tomado la conciencia debida, puede provocar una sanción severa para sus responsables.

Indudablemente, cualquier empresa atraviesa desavenencias en estos tiempos de crisis, pero este ha sido el escudo de muchos, que deliberada y premeditadamente recogieron dineros para el desarrollo de uno o varios emprendimientos que acaban perjudicando, en su propio provecho.

La cuestión penal aparece cuando mediante ese ardid o engaño, alguien se compromete a entregar un producto determinado, en fechas ciertas, sabiendo que no va a poder cumplir, ya sea en las características de la cosa o en el tiempo.

Sabido es que construir un buen nombre puede llevar toda una vida o varias generaciones, y en poco tiempo algunos pueden arruinarlo para siempre; siendo irremontable cuando se estafó en la confianza.

Estrategias deshonestas

Vivimos un contexto en el cual algunos prometen obras faraónicas, otros -por ejemplo- garantizan rentabilidades extraordinarias por participación en mercados ligados a criptomonedas, asunto por demás popular en estos tiempos. Oímos a diario sobre promesas de rentabilidad y hasta de garantías de retorno de inversión en un mercado altamente volátil e imprevisible.

Las denuncias sobre fraude en la administración y disposición de criptomonedas han acrecentado sustancialmente en los últimos tiempos, y todo indica que seguirá ocurriendo, en tanto se sigan promocionando esas actividades comerciales de forma masiva, abierta y empleando las mejores técnicas de marketing para captar “clientes”.

Estos, atraídos por el mensaje encantador (muchas veces engañoso o falso) de sujetos populares o bien considerados socialmente que obran con llamativa temeridad -cuanto menos-, terminan siendo víctimas que en pos de no perder su patrimonio deben acudir a una investigación penal profunda, sofisticada y muchas veces costosa, para determinar la existencia del delito y aspirar a recuperar sus dineros o resarcir sus derechos.

Indudablemente las conductas delictivas marcarán por siempre a las empresas y personas cuando se trate de marcas familiares, en tiempos en que un incumplimiento grave se hace viral, y -sin ninguna duda- la buena publicidad o la mala reputación quedarán para siempre.

Nota en colaboración con Federico Cabuli

Columna publicada originalmente en Infobae

 

 

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