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Notas de Opinión

Causas contra Cristina Kirchner: así funciona el “Plan de impunidad K”

No está escrito, pero sí planeado y rediseñado de acuerdo a la coyuntura, pero con una táctica y una estrategia definidas: el objetivo final es lograr que los Kirchner sean desligados de los diversos juicios o causas de corrupción

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Uno de los acuerdos a los que llegaron Cristina Fernández y Alberto Fernández, cuando ella decidió que lo apoyaría y postularía como su candidato a Presidente, fue que en caso de ganar las elecciones del 2019 ambos se comprometían a usar el poder para “limpiar” los muchos problemas judiciales que acechaban y aun acechan, en menor medida, a la familia K.

Así lo confirmaron fuentes inobjetables del oficialismo.

Existe un “Plan Impunidad K”, no escrito, pero sí planeado hace poco más de dos años, rediseñado de acuerdo a la coyuntura, pero con una táctica y una estrategia definidas: el objetivo final es lograr que los Kirchner, la vice Fernández y sus dos hijos, sean desligados de los diversos juicios o causas de corrupción que se tramitan en los tribunales federales, en las que son o eran acusados de graves delitos vinculados a su estadía en el poder durante 2003-2015.

Son investigaciones que se entremezclan con sus negocios privados: su patrimonio mientras ocupaban la Casa Rosada creció en un porcentaje exponencial, pero de detalle difícil de precisar, debido a contradicciones en sus declaraciones juradas, o bienes o cotizaciones que investigadores judiciales, o periodísticos, detectaron como contradictorias. Eso, como mínimo.

El sobreseimiento de la familia Kirchner en los casos “Hotesur” y “Los Sauces”, resuelto el viernes 26 de noviembre pasado por dos jueces del tribunal oral federal N 5, y una tercera en disidencia, fue un quiebre en la dinámica que dejó al descubierto que este plan inconfesable para la Casa Rosada existía. Existe. Y existirá hasta que el Frente de Todos pierda el poder.

Estos movimientos “subterráneos”, casi sincronizados y, además, puestos efectivamente en funcionamiento, fueron tan bruscos, que la propia Justicia está investigando si desde el Estado se cometieron delitos en esta nueva reorganización de organismos de control para crear el “Plan Impunidad K”.

El expediente que pesquisa esta trama fue iniciado por un dictamen del fiscal Carlos Stornelli, y la instrucción está a cargo de la jueza María Eugenia Capuchetti.

Cómo funciona el plan de impunidad K

El esquema organizado sobre la novedosa era K en la Justicia, tiene varios protagonistas, que se convirtieron en actores cruciales para mantener los canales administrativos del Gobierno que sirvieran para instrumentar medidas que evitaron la publicidad de los actos públicos.

A los “instrumentadores del “Plan de Impunidad K” se le sumaron otras acciones, vinculadas al Poder Legislativo y, por supuesto, al Judicial. El “Plan de Impunidad K” fue impulsado abiertamente en declaraciones de funcionarios nacionales, abogados con acceso a la Casa Rosada, empresarios; y hasta por decretos o resoluciones dictadas con ese único fin. Lo mismo que nuevas leyes, o con proyectos legislativos ultra K.

El objetivo del “Plan de Impunidad” es claro y sencillo, como un arroyo de campo: que los Kirchner, en especial la vice, evite ser juzgada en los tribunales de Comodoro Py, para lo cual debe dilatar o lograr suspender procesos complwjos y avalados por varias instancias jurídicas. Pasó.

Conviene ir por partes para desglosar el “Plan”, que no fue espontáneo. Fue organizado. Sus diferentes etapas no se enumeran en orden cronológico. Forman parte de un todo, como se verá.

Antes de asumir la Presidencia de la Nación, Alberto Fernández sorprendió a quienes conocen su pasado en la gestión pública cuando aceptó que el cargo crucial de Procurador General del Tesoro (PGT), el jefe de todos los abogados del Estado y al que le llega información detallada de infinidad de causas judiciales fuera Carlos Zannini. Se trata del principal ideólogo, junto a su jefa Cristina Fernández, de los diferentes tipo de asedios y copamientos al Poder Judicial durante sus anteriores administraciones en la Casa Rosada K. Alberto Fernández lo consideraba un “adversario” cuando fue jefe de Gabinete de los K. En el 2019 lo elogió cuando anunció que sería su nuevo PGN.

La Casa Rosada reformuló la misión de la Oficina Anticorrupción (OA). Pasó a ser un organismo dependiente de la Presidencia. Fernández designó allí a un ex fiscal militante de la agrupación oficialista Justicia Legítima: Félix Crous. Cumplió con su deber político. En una orden sin precedentes, la OA se retiró como querellante de la gran mayoría de los juicios de corrupción que antes impulsaba. El argumento fue mencionar problemas presupuestarios y de falta de empleados para cumplir ese papel, básico, de ese organismo, ya transformado en otro. La OA ayudó así a la vice en varias causas que antes la inquietaban.

En la Unidad de Información Financiera (UIF), querellante en varios juicios contra ex capitostes K, es un ente que reúne documentación de inteligencia de los bancos sobre posibles delitos financieros complejos. Quedó a cargo de otros incondicionales del Frente de Todos: Carlos Cruz, alineado con el Presidente; y su vice, Manuela Quebedo, afín a la vice y La Cámpora. La UIF era querellante en varios causas contra el kirchnerismo. Dos de sus abogados tuvieron un rol relevante en el juicio de “La Ruta del Dinero K”: pidieron penas severas para el ex socio de los Kirchner, Lázaro Báez, y adhirieron a la tesis de éste último cometió lavado de dinero con un origen precedente a ese delito: el cobro ilegal de contratos millonarios de obra pública nacional. Esos dos abogados terminaron de la UIF. ¿Demasiado rebelde? Cruz y Quevedo presentaron su dimisión tras denuncias internas, y de dirigentes externos, que señalaron que el organismo contradecía a su función: dejó durmiendo en cajones a los reportes de operaciones sospechosas (ROS) que emiten los bancos ante transferencias que, se sospechano podrían explicar. Cruz sigue en su puesto, aunque renunciado, y asediado por cuestionamientos de sus subordinados. En el juicio de Hotesur-Los Sauces, la supuesta querella de la UIF ayudó a la defensa K para lograr su sobreseimiento sin juicio oral. La querella impulsa la investigación, pero en este caso,

La vice, en un gesto de desautorización impresionante desde el punto de vista política, pero irregular desde el normativo, frenó el inicio de las audiencias para que se vote o se rechace la designación de Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación (PGN, es decir, el jefe de todos los fiscales. La Constitución Nacional ordena que sea el Presidente el que elija a un postulante a la PGN. A la vice no le gusta Rafecas, impulsor del caso Ciccone, entre ptros. Ella incumplió con cualquier tipo de plazo establecido para que al menos el candidato a la PGN lidere las audiencias públicas donde se pueden presentar apoyos e impugnaciones que él responde antes de que sea enviado su pliego p del Senado. El expediente Rafecas no se movió nada, nunca. El país no tiene Procurador General de la Nación. Su lugar lo ocupa el adjunto,

En el 2020, el primer año pandemial, y en el que todo el país fue sumido por un decreto presidencial que ordenó a la gran mayoría de la sociedad a cumplir un largo Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), el Senado impulsó una Ley de Reforma de la Justicia, que generó grandes debates con voceros gubernamentales desacreditando al Poder Judicial. Se propuso reformular fueros, unificar otros, crear nuevas Cámaras de Casación en las provincias. La energía del oficialismo para que esa ley se aprobara fue brutal. Logró una media sanción pero se trabó en Diputados.

El propio presidente hizo declaraciones en contra de causas judiciales en trámite, algo que debería haber evitado según instruye la Constitución Nacional. Afirmó que la gestión Macri había creado una “mesa judicial” para inventar causas para meter presos a ex funcionarios K y se alineó con el discurso de su vice: ella era inocente de todas las acusaciones en su contra, víctima de un complot entre sectores de la política, los tribunales y los medios. Ese proceso pasó a ser llamado con un nombre que se “popularizó”: Lawfare. Es una teoría y no un delito tipificado en el código penal.

Siempre en plena cuarentena, con el Congreso trabajando con restricciones, se sancionó otra ley sobre la Justicia: se modificó el sistema jubilarorio de jueces y fiscales, argumentando que sus haberes tras dejar el trabajo eran “de privilegio”. El kirchnerismo logró imponer clásulas que permiten a los magistrados y miembros del Ministerio Público Fiscal mantener su viejo régimen jubilatorio, siempre y cuando inicien los trámites de retiro en la ANSES. La oposición denunció que la Ley se sancionó para que muchos de los jueces y fiscales decidan jubilarse cobrando los antiguos haberes, por lo que el plan del Gobierno era genersr una legislación que provoque vacancias en los tribunales para designar allí a “gente propia”.

La embestida contra la Justicia fue casi el único tema del que se ocupó el Senado y la dirigencia ultra K en un particular 39. Otro de los movimientos legislativos más escandalosos en este sentido generó que el oficialismo legislativo que camaristas que votaron en contra de los deseos de Cristina en causas por corrupción en su contra, como Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, de la Cámara Federal, sean considerados mal designados en esos puestos por el Consejo de la Magistratura. A ellos se sumó uno de los jueces que integran el tribunal oral federal que debe juzgar a Cristina Fernández en la megacausa de corrupción conocida como “Los Cuadernos de las Coimas”. Germán Castelli sigue en su puesto. La Corte Suprema emitió una acordada que estipula que tanto Bertuzzi como Bruglia deben seguir en sus cargos pero hasta que el Consejo de la Magistratura realice los concursos para reemplazarlos por quienes sea elegidos por la Casa Rosada para esa función.

Desde el Congreso, se inició también un asedio contra el Procursdor General de la Nación adjunto, Eduardo Casal, al que se acusó de varias irregularidades para que deje su puesto. Los K iniciaron ataques con declaraciones críticas, a las que sumaron denuncias en los tribunales contra diversos investigadores de la corrupción de la gestión K, como el asedio contra el fiscal del Caso Cuadernos, Carlos Stornelli. También se señalo desde el poder a periodistas o empresarios de medios.
El Presidente designó como interventora de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) a Cristina Caamaño, actual titular de la agrupación judicial que milita para el kirchnerismo, Justicia Legítima. La AFI se ocupó de presentar denuncias en los tribunales contra opositores o adversarios del Gobierno.

La vice Fernández se aseguró que los principales cargos del Ministerio de Justicia sean ocupados por funcionarios de su absoluta confianza. El viceministro es quien fue subjefe de la SIDE K, Juan Martin Mena. De conexiones con varios miembros del Poder Judicial. La vice se enfrentó desde el inicio del Gobierno con la primera titular de ese organismo, Marcela Losardo, la mejor amiga del Presidente, su socio en un estudio jurídico, ex compañera de facultad de él. Tras largos meses de críticas veladas, y no tanto, que trascendían desde el entorno de la vice contra la ministra, a la que se acusaba de no haber impulsado con suficiente enegía el proyecto de reforma judicial en el Congreso, finalmente el Jefe de Estado aceptó su renuncia. Fue un golpe para un sector del Gabinete: el Presidente dejaba ir a su vieja amiga de la Facultad por orden de la vice.

El ministro de Justicia que la reemplazo es Juan Martin Soria. No tiene contactos con los tribunales. Ni siquiera se reunió de modo oficial y diplomático con la Corte Suprema de Justicia. Fue, eso sí, uno de los legisladores que más críticas brutales emitía desde el Congreso contra un sector de la Justicia, y también contra la Corte en particular. El otro diputado que formó parte del “Plan de Impunidad K” fue Rodolfo Tailhade, un denunciador serial de opositores y magistrados y fiscales a quienes consideraba “enemigos” del Gobierno. Tuvo una notable efectividad: ninguno de los expedientes que se generaron por sus escritos llegaron a avanzar de modo serio, con pruebas concretas o testigos sustanciosos.

Acecho a la Corte Suprema: desde los inicios de la gestión del Frente de Todos, desde el Presidente a su vice, pasando por una infinidad de voceros calificados del oficialismo, y hasta de un ex cortesano como Raúl Zaffaroni, o de juristas afines al kirchnerismo, se intentó desacreditar a los actuales jueces, en especial a Carlos Rozenkrstz y Horacio Rosatti, además de que se presentaron y planearon nuevos proyectos para cambiar la Corte: desde triplicar el número de sus integrantes a quince, otros proyectos de esa envergadura.

La reformulación de programa de protección de testigos: muchos de los “arrepentidos”, imputados en múltiples causas a las que aportaron válidas y muy perturbadores testimonios, habían decidido quedar bajo la protección del programa de protección de testigos en la gestión Macri. Muchos de ellos eran ex funcionarios K. Con la vuelta de sus jefes al poder, los “arrepentidos” bajo custodia del Ministerio de Justicia recibieron denuncias injustificadas en su contra, como Alejandro Vandenbroele, del caso Ciccone; o directamente se filtraron fotos de sus nuevos hogares bajo identidad falsa, uno de los tantos infortunios que sufrió el ex remisero Oscar Centeno, autor de los Cuadernos de las Coimas; otros fueron amenazados por teléfonos que solo conocían funcionarios del Estado, tal como informó el ex contador de la familia Kirchner, Víctor Manzanares. Quien sigue sin amedrentarse ante ataques de los K, e incluso presentó escritos para favorecer las condiciones de los “protegidos” por el Estado en casos de corrupción es la ex esposa de Vandenbroele, la ciudadana Laura Muñoz, quien se animó a denunciar en sede judicial al ex vice luego condenado por robarse la imprenta de billetes Ciccone.

La Comisión “Beraldi”: Ante la insistencia del sector más “cristinista” del Frente de Todos, el presidente decidió crear una comisión de expertos en Derecho que analizarí el funcionamiento de la Corte Suprema para entregarle una conclusión con propuestas no vinculantes. Aunque la comisión estaba integrada por juristas de renombre, la inclusión del abogado de la vice, el doctor Carlos Beraldi, de activa participación en la comisión que terminó siendo bautizada de modo irónico con su apellido, se desvirtuó y sus informes no se utilizaron.

Desde que los K volvieron al poder, salieron de la cárcel 21 detenidos vinculados a causas de corrupción de las administraciones Kirchner, entre ellos empresarios como Cristóbal López.

La presentación de infinidad de nulidades, recusaciones y quejas efectuadas por los abogados de los Kirchner, en varias instancias incluida la Corte Suprema, lo que ralentizó lo ralentizo los juicios en su contra.

El “Plan de Impunidad K” quedó patente en los últimas semanas

La vice logró que caiga el caso Dólar Futuro, después de dar un fuerte discurso ante las autoridades de la Cámara de Casación.

El 7 de octubre pasado, en un hecho sin precedentes por el rol institucional de los protagonistas y falta de sustento jurídico el Tribunal Oral Federal 8 sobreseyó a Cristina, y al resto de los procesados en el caso Memorando Irán. Es la denuncia original de Alberto Nisman. La instrucción creció, fue elevada a juicio oral y en esa instsncia fue sobreseída, también después de hacer un descargo ante los magistrados.

El viernes 26 pasado, los jueces Daniel Obligado y Adriàn Grünberg, del Tribunal Oral Federal 5, votaron en mayoría y en contra de la disidencia de su colega Adriana Pallioti, que los Kirchner, parientes, smigos y empresarios del poder merecían un sobreseimiento del proceso oral y público. Sobreseídos, entonces.

El fiscal del juicio, Diego Velasco, rechazó los planteos de la defensa de Cristina pero quedó en soledad.

Ahora, el fiscal del juicio apelará ante la Cámara de Casación para intentar que la familia Kirchner pueda ser absuelta o condenada tras el desarrollo de un juicio oral y público, tal como dictan las normas. Demasiados beneficiados similares para los Kirchner en Comodoro Py.

El “Plan de Impunidad K” existe. Ya es explícito. Pornográfico. Brutal. Y avanza, con relativo éxito. Por ahora.

Los caminos de los expedientes de corrupción kirchnerista, como el resto de los que se investigan en tribunales, suelen rumbear por caminos impensados, tomar rumbos no planeados ni deseados, son de resolución lenta sinuosos. Es decir, nada está terminado por ahora en las causas contra la vice y su familia.

Notas de Opinión

El enemigo está adentro, el adversario está afuera

Entre el Tercer Gobierno Radical de Macri y el Gobierno de La Doctora que preside Alberto.

Columna de opinión publicada originalmente en JorgeAsisDigital.com

1.- Otálora y El Meme

Paralizados en virtud de un espejismo.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es una ilusoria muestra de onanismo colectivo. Mantiene entrampada a la sociedad desde hace tres años. Mientras tanto, los profesionales se desgastan recíprocamente en un torneo monótono de culpas. Entre defensores del Tercer Gobierno Radical, que presidió Mauricio Macri, El Ángel Exterminador. Y el hereditario Gobierno de La Doctora, que preside Alberto Fernández, Otálora. Es quien no resuelve el dilema y se limita, con su ministro Guzmán, El Meme, a la franela interminable. Al extremo de sospecharse, con fundamentos sólidos, que es una sucesión de actings donde nadie quiere acordar nada.

2.- Ni acuerdo ni default. Pedal

No existe ningún acuerdo serio ni light. Pero tampoco se va a llegar al default. Se aguarda la salvación del “stand still”. O “quedarse quieto”. Hacer la plancha en el freezer, y continuar la faena sensual del mono mientras todo se deteriora más. Argentina no puede ajustar una tuerca. Suficiente con el ajuste natural de la inflación. Si se ajustan dos puntos del déficit, el destino de chicana no es Venezuela. Es Haití. Pero con 300 mil millones fuera de circulación. Con decenas de miles de argentinos dispuestos a hacer coro en Qatar.

Lo previsible, con acuerdo o lo más probable sin, es que la versión patológica del peronismo va a perder las elecciones.

En 15 meses, la sociedad paralizada se entrega a otra contienda electoral. Se acepta que el TGR se estrelló en las PASO de agosto de 2019. Sobran motivos para advertir que el opaco gobierno de La Doctora y Alberto se estrella en agosto de 2023. Ante semejante certeza, mejor continuar con las idas y venidas del Meme. El llamado a la ronda de consultas inútiles con opositores que se cancelan en el último minuto. A consumir centímetros de columnas y segundos televisivos y radiales en acentuar la falta del “plan sólido y sustentable”.

Pero Alberto mantiene legitimado su pretexto. Los comunicadores fáciles se postulan para absolver. No hay acuerdo por “culpa de La Doctora, que es quien manda”. Con admirable perversidad, el presidente tiene reservado el rol de víctima. Es abnegado y quiere cumplir, pero La Doctora representa el dique de contención popular a las intenciones pragmáticas. Se justifica la incapacidad para encarar negociaciones reales. Se reconoce la habilidad para permitir el paso del tiempo. Con los desplazamientos hacia Washington y el lanzamiento de fuegos artificiales hacia Rusia y China.

3.- Las migas de la panera

“El enemigo está adentro, el adversario está afuera”.

Título desechado para la última novela, en gestación, del titular del Portal. Los enemigos se concentran en el interior de ambas coaliciones Juntos y Todos .Enemigos que conviven mientras estudian las alternativas para enfrentar a los adversarios. Pero lo apasionante de la cuestión debe resolverse dentro.

Mientras el acuerdo con el Fondo sea hablar del acuerdo con el Fondo. Una de las tres rocas que se arrastran. Por la astucia para pedalear, Alberto plantea entre la nada el delirio de reelegirse. Aunque no haya resuelto un solo problema y mantenga asegurado el escudo de la culpabilidad.

El gobierno es desastroso por las intromisiones de La Doctora, que supo equivocarse desde la gloria de un tuit. Pero La Doctora tampoco tuvo continuidad en el acierto de elegir a Axel Kicillof, El Gótico. Aspiraba a ser elegido en 2023. Pero hoy El Gótico hace méritos para mantenerse en Buenos Aires y marcar límites al Meme.

Tampoco La Doctora acepta que apuntó mal con La (Agencia de Colocaciones) Cámpora. Organización de circuito cerrado conducida por precipitados cuarentones que se comen hasta “las migas de la panera”. Como decía el legendario Lorenzo Miguel, sobre alguien que no viene al caso.

La Agencia es relativamente juvenil y cuenta con un solo candidato fuerte. Es La Doctora. Cabalga sobre el jubileo del populismo que en América Latina amaga con el tango “Por la vuelta”. Perú, Bolivia, Chile. Y si los brasileños no alcanzan a valorar a João Doria, en 2022 Lula triunfa en Brasil. Entonces va a costar que La Doctora no sea candidata en 2023. Con Lula de 77 años y con Biden, El Abuelo Dulce, en Estados Unidos, con 80.

4.- El veto. Atributos

La Doctora tiene un veto en Estados Unidos. Cucarda que no tiene Lula. Precisamente el veto incierto, en un contexto distinto, puede resultar redituable. Cuando el Departamento de Estado, pese al fervor de los geopolíticos de rebaño, es tan adicto a las chingadas memorables. La huida de Afganistán. El manejo autoritario e inconsulto de la OTAN en Ucrania. O la fragilidad del sistema democrático que padeció el asalto de las bandas que conservan un poder demencial. Y se referencian en la brutalidad de Donald Trump, The Fire Dog.

Pero desde la Agencia se registran esbozos de dejar fluir también a De Pedro, El Wado. Es el ministro presentable que cayó en desgracia con el circulito que domina el jardín de Olivos. No resuelven una pero conservan la capacidad de obstrucción. Con desbordes orales en un auditorio colmado de diputados. Donde el gran lenguaraz dijo: ”Wado, un ex ministro, hoy es una planta”.

Primero la obstrucción fue para El Wado. Pero de inmediato fue para el Premier Jorge Manzur, El Menemcito. Abandonó Tucumán para rescatar a su amigo Alberto cuando estaba en el fondo del pozo, y por indicación de La Doctora. En vez de optar por el reconocimiento prefirió el boicot. Anularlo como si fuera el enemigo interior. Y cancelarlo. Manzur representa una oferta peronista opuesta a la mercadería peronista que propone La Doctora. Es pro occidental, con agenda propia. Con influencia en el peronismo de cochería de los sindicatos, entre las minigobernaciones y gobernaciones.

Comparte Manzur parte de su producto ideológico con Sergio Massa, el Conductor del Frente Renovador. Cuando mejor se prepara para ser el presidente ejemplar, más se aleja Massa del mérito de conseguirlo. Se ponderan los atributos de Massa, pero arrastra el karma de la falta de credibilidad. El pecado de combinar, en simultáneo, la inteligencia con la astucia. Es el tercer candidato que respalda la Agencia. En este orden. Doctora, Massa, Wado.

Pero la coalición Todos contiene también a alguien que prepara la revancha. Es el ideal para un periodo sobrecargado de rencores. Es Daniel Scioli, el Líder de la Línea Aire y Sol. El único que pudo crecer desde la diplomacia, con fe y esperanzas.

Y abrazó a Bolsonaro, Lula, Fernando Henrique. Distribuyó juego entre empresarios de todos los rubros.

5.- Final con exterminaciones

Al cierre se consigna que por la vigencia del Ángel Exterminador se exterminó a demasiados compañeros de ruta. Algunos se reciclan, después de varios años. Como Ricardo López Murphy, El Gato Bulldog. O se reciclaron muy pronto. Emilio Monzó, El Diseñador, y Octavio Frigerio, El Tapirito. Otros exterminados no asoman con ningún sesgo de recuperación. Francisco De Narváez, El Caudillo Popular; Gabriela Michetti, La Novicia Rebelde; Marcos Peña, El Pibe de Oro.

La exterminada reciente es la señora María Eugenia Vidal, La Desangelada. La descuidaron para entregarla envuelta en papel ilustración y con un moño rojo. Si La Chica de Flores de Girondo no reacciona pronto puede convertirse en una conjugación injusta del verbo ser. Tercera persona del singular del pretérito indefinido. Durante la hegemonía del Ángel, resiste uno, aún fuerte, para exterminarlo. Habrá que darle un poco de tiempo. Es calvo. Atiende 24 por 24 el Maxi Kiosco del Artificio Autónomo. Lo apodan, sin mala fe, Geniol.

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Notas de Opinión

El ego de la reina arrasa todo a su paso

Cada vez que la arquitecta egipcia se va veinte días a su “lugar en el mundo” y se llama a silencio, el jefe del Estado se entusiasma y hace planes como si detentara realmente el poder. Y cada vez que ella retorna a la calle Juncal no puede evitar patearle los soldaditos

Columna publicada originalmente en La Nación

En Isla Negra las arenas estaban permanentemente húmedas durante aquel otoño de 1994 y el océano Pacífico batía de manera inclemente esa costa gris y cansada. Así lo apunta en sus excepcionales memorias literarias Juan Cruz Ruíz, que en aquel año fungía como director global de Alfaguara y que llevaba de visita a la legendaria residencia de Pablo Neruda a dos grandes estrellas narrativas de su propia editorial: la chilena Marcela Serrano y el español Arturo Pérez-Reverte. En esa visita a los dominios del gran poeta, los acompañaba también Carlos Ossa, director de Santillana en Chile y chaperón de Serrano. Luego de examinar la abigarrada finca del autor de Los versos del capitán, el grupo decidió almorzar en el único restaurante de la zona, un local más bien modesto, con manteles de hule, servilletas de papel y un menú limitado. Marcela Serrano le preguntó al camarero por un plato de pescados frescos y de pronto pegó un grito de escándalo: “¡Carlos, no hay limones!”. Ossa, que quería consentir a su prima donna en todo, se quedó mudo. “¡No hay limones!”, insistió ella, en plan reproche, como si el editor fuera un mayordomo y el gran culpable de esa falta fundamental. Y entonces Pérez-Reverte lanzó una carcajada, y alguien dejó caer la frase decisiva: “Los escritores desayunan egos revueltos”. Hasta Marcela terminó riendo de la ocurrencia.

Este articulista ha lidiado durante décadas con el sumo narcisismo de algunos escritores, y sabe que suele ser más patético aun que la intensa vanidad de ciertos políticos. En la oposición muchos desayunan egos revueltos y así nos va, pero nada se compara con el culto y la adoración hacia sí misma que, a la manera de los sobrenaturales caudillos latinoamericanos, practica e impone ante su grey la monarca de la calle Juncal. Algunas de sus decisiones, rodeadas de secretismo y tomadas sin consultar a nadie, no responden únicamente a proteger su capital simbólico, que por lo demás funciona como una mera extensión de su personalidad, ni tampoco a su impostada identidad ideológica, sino a la irresistible pulsión por ocupar siempre el centro (ser la novia en la boda y el niño en el bautismo) y sabotear la estrategia de su propio gobierno y dislocar el sistema. Cristina Kirchner, asumiéndose como un mito viviente e inmune a las objeciones (un aspirante a autócrata carece de autocrítica) juega desaprensivamente al bowling con todo el arco político y derriba incluso los bolos de su mismísima escuadra.

La Pasionaria del Calafate regresó de su aristocrático descanso en el sur y cortó de raíz las conversaciones con la oposición; no solo dejó pedaleando en el aire al principal interlocutor del Presidente –Gerardo Morales–, sino que le ordenó al ministro de Interior que viajara a Jujuy y confortara públicamente a Milagro Sala, archienemiga del gobernador, y también invitó a varios lenguaraces a que salieran a denigrarlo por los medios: había que dinamitar todos los puentes. Alberto Fernández se quedó así sin su primera foto de la semana –el acompañamiento a regañadientes de los principales opositores y, sobre todo, del flamante titular de la Unión Cívica Radical–, y después asistió impotente a la operación mediante la cual su jefa borroneaba y le quitaba protagonismo a la segunda imagen: aquella en la que Santiago Cafiero departía amigablemente con el secretario del Estado Antony Blinken. Esa postal tan buscada por Balcarce 50 podía, en realidad, caerles muy mal a los susceptibles duques de la reina, mosqueados y predispuestos a entender que con ello su gobierno giraba a la derecha, le hacía el juego a la partidocracia vendepatria y gorila, y confraternizaba con el imperialismo norteamericano. El imperialismo ruso, en cambio, les parece más que interesante y los métodos y prerrogativas de su temible zar les resultan simpáticos y aspiracionales, y ojalá se zampen ahora de un bocado a Ucrania: se lo tienen bien merecido. Esta vez nuestra zarina utilizó una epístola para recordarle al “pueblo peronista” que el culpable de todos los males de la Tierra seguía siendo Mauricio Macri y para sugerir que el Fondo se empaca ciega y aviesamente contra el proyecto de los emancipadores. Un digestivo, suministrado ese día clave, para que su tropa procese mejor la “defección” de su canciller y los intentos del cuarto gobierno kirchnerista, que como Penélope teje de día y desteje de noche. Su boicot al jefe del Estado no se detuvo allí; su largo brazo frenó reproches presidenciales a Luana Volnovich –la revolucionaria de los tórridos mares del Caribe– y el eventual desplazamiento de su tierno novio, que además es un buen partido –al menos gana un salario jugoso gestionando la miseria de los jubilados–, castigo que pretendía ejecutar Alberto Fernández para atenuar un poco el bochorno y fortalecer su autoridad. Tampoco pudo ser.

Cuando ya había limado suficientemente la figura presidencial, Cristina Kirchner avanzó con asuntos personales; ordenó al viceministro de Justicia, uno de sus hombres de confianza, que apoyara una marcha golpista contra la Corte Suprema y aceptó gustosa la adhesión de notorios gangsters del sindicalismo, conocidos por sus extorsiones y sus abultadas fortunas. Progresismo y mafia es un tema apetitoso para futuros ensayistas, puesto que se trata de un fenómeno vincular de gran auge en nuestro país. Más tarde, ella habilitó que importaran remesas de Pfizer para vacunas pediátricas: parece que el demoníaco laboratorio multinacional ya no exige en canje los glaciares ni media Patagonia, algo que sin embargo consiguió para sí mismo el popular terrateniente Lázaro Báez. Después propició una campaña feroz contra la ministra de Educación porteña por atreverse a sugerir que muchos chicos pobres habían desertado para siempre de las aulas durante la cuarentena eterna, y logró que sus militantes se rasgaran las vestiduras y la acusaran de “estigmatizante”; militaron las escuelas cerradas, abandonaron así a los pibes más humildes a la calle y al negocio narco, y ahora mandan al Inadi y a psicopatear perejiles por las redes. Dominan a la perfección el género de la comedia patética.

Finalmente, la doctora le pidió al servicial senador Parrilli que anunciara una nueva versión de Fútbol para Todes, no solo porque cuando no hay pan al menos debe haber circo y porque se necesita proselitismo de manera urgente, sino también porque es imperioso recrear de cualquiera manera el perfume de la “era dorada”. Es central para la gran dama defender el mito de su última presidencia, que como todo el mundo sabe fue un paraíso terrenal. Necesita ser reivindicada por esa gestión lastimosa y crear un relato indiscutible. Pero los números no cierran y la memoria no es tan corta.

Cada vez que la arquitecta egipcia se va veinte días a su “lugar en el mundo” y se llama a silencio, el jefe del Estado se entusiasma y hace planes como si detentara realmente el poder. Y cada vez que ella retorna a la calle Juncal no puede evitar patearle los soldaditos. Lo hace como correctivo táctico, pero el ademán contiene también algo de impulso ególatra: yo soy la única que tiene la razón y la única que manda. La base de la praxis populista es el narcisismo de su líder carismático. Entre eso y el trastorno narcisista que describe la psiquiatría hay un paso muy breve. La doctora desayuna egos revueltos. Y la sociedad argentina, agotada de tanta incoherencia, sin cash ni expectativas (como pedía Néstor), y con el dólar incendiando las noticias, ya tiene los egos al plato.

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Notas de Opinión

El talentoso Dr. Stiglitz

Las ideas controversiales del ganador del Premio Nobel de Economía en 2001 y sus viejas disputas con los organismos de crédito ahora tienen como “conejillo de indias” a la Argentina.

*Columna publicada originalmente en Infobae.

Recibir el Premio Nobel de Economía es un honor inmenso que pocos economistas académicos pueden exhibir. La mayoría de los economistas que han sido premiados con el Nobel suelen conservar sus trabajos en la academia y proseguir con las investigaciones por las que fueron honrados. Algunos pocos aprovechan este título honorífico para extender “bulas macroeconómicas” a gobiernos populistas y a difundir ideas que poco tienen que ver con los campos académicos por los cuales fueron distinguidos. Ese es, sin duda, el caso del Dr. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía (2001).

La influencia intelectual del Dr. Stiglitz sería irrelevante para todos los argentinos de a pie si no fuese porque sus ideas controversiales, sus reflejos anti-sistémicos y sus viejas disputas con los organismos de crédito internacional ahora tienen como “conejillo de indias” a la propia Argentina. Es sabido que el Dr. Stiglitz fue el mentor intelectual en la Universidad de Columbia del Ministro de Economía argentino, Martín Guzmán. Su influencia intelectual es tan grande que sus teorías y pensamientos se mimetizan a lo largo de sus escritos, algunos en co-autoría.

Las andanzas del talentoso Dr. Stiglitz tienen muchos años y son bien conocidas en el mundo de la academia pero poco conocidas para el público en general.

Desde su puesto de Economista Jefe del Banco Mundial entre 1997 y 2000 el Dr. Stiglitz comenzó a darle un giro político a su perfil para convertirse en un feroz crítico de los organismos de crédito internacional, en particular del FMI y del Banco Mundial, y de la arquitectura financiera internacional.

Puesto en términos simples, su punto es que los países con crisis fiscales y externas deben salir del laberinto por arriba: con más expansión del gasto. Aclaración: no estamos hablando de un ciclo recesivo sino de una crisis. Traducido: significa que si un país atraviesa una crisis externa o fiscal debe acudir al FMI para pedir financiamiento para gastar más en lugar de aplicar esos recursos para financiar una corrección de los desequilibrios que lo llevaron a la crisis en primer lugar. De esa forma, la economía se expandiría y se saldría de la crisis “de manera virtuosa”. Las ideas del Dr. Stiglitz -que Guzmán repite como un mantra- son música para los oídos de cualquier gobierno que enfrenta una crisis e intenta sortear los ajustes.

La prescripción de política económica del Dr. Stiglitz es tan irreverente y políticamente correcta como desopilante y descabellada. Si no fuese un Premio Nobel de Economía el que lo postula, hubiese despertado algunas tiernas sonrisas antes de pasar a otro tema.

En el año 2002, el por entonces Economista Jefe del FMI, Kenneth Rogoff, escribió una carta abierta al Dr. Stiglitz indignado por varias de sus afirmaciones en un libro crítico de las políticas y los economistas del FMI y el Banco Mundial, a los que Stiglitz había dirigido entre 1997 y 2000 como Economista Jefe.

Las frases de la carta de Rogoff cobran sentido para interpretar e interpelar la política económica que viene aplicando el Ministro Guzmán en sus más de dos años de gestión: “Nosotros, los terrícolas, hemos descubierto que cuando un país en apuros fiscales trata de escapar imprimiendo más dinero, la inflación aumenta, a menudo sin control”. Le habla a Stiglitz en 2002 aunque bien podría estar hablándole a Guzmán 20 años después.

Las ideas y la prédica del Dr. Stiglitz llegan hoy hasta nuestras orillas. En una reciente nota en la revista Project Syndicate, Stiglitz intenta argumentar cómo y por qué Argentina está viviendo un verdadero “milagro económico” de recuperación y por qué el FMI no debería interponerse en su camino. En su artículo argumenta que este “milagro” se debe a las políticas expansivas aplicadas por el gobierno de Alberto Fernández a las cuales adjudica el rebote que siguió a la cuarentena más larga del planeta.

La gente inteligente miente inteligentemente. Por eso Stiglitz omite mencionar que la inflación trepó llegó al 50% el año pasado y que está en ascenso, que el país se ha quedado sin reservas y que se ha visto obligado a restringir sus importaciones para evitar una gran devaluación, a pesar de los USD 17.000 millones extra que recibió por la suba de precios de exportación y los DEGs del FMI, que la brecha cambiaria supera el 100%, que el riesgo país subió a más de 1.800 puntos básicos y que el Estado Nacional se ha quedado sin financiamiento voluntario, a excepción de los inversores institucionales domésticos que están cautivos.

En gran medida, este estado de cosas se explica por el desbarajuste fiscal que ha generado Alberto Fernández y su Ministro Guzmán en dos años de gobierno. No fue la pandemia ni la cuarentena las que desequilibraron las cuentas públicas de manera permanente. Fueron la expansión de las políticas de gasto, los congelamientos tarifarios y el déficit de las empresas públicas que crece sin pausa, además de una multitud de leyes que ampliaron transferencias y subsidios sin control.

Dice Rogoff a Stiglitz en 2002: “Las leyes de la economía pueden ser diferentes en tu parte del cuadrante gamma, pero aquí encontramos que cuando un gobierno casi en bancarrota no logra restringir de manera creíble el perfil temporal de sus déficits fiscales, las cosas generalmente empeoran en lugar de mejorar.”

El Dr. Stiglitz también se cuida de advertir que el gobierno financió parte de sus políticas con los “colchones” macroeconómicos que se habían gestado con enorme sacrificio en los 4 años previos: fiscal, monetario, cambiario y tarifario. Usó y abusó de todos hasta agotarlos por completo.

Ahora el Gobierno se ha quedado sin recursos para seguir financiando su política de expansionismo fiscal. Las políticas del Gobierno están llevándonos a un ajuste inevitable y eventualmente a una crisis, con o sin acuerdo con el FMI. Esto es un dato. Por eso el gobierno precisa encontrar un chivo expiatorio a quien culpar del ajuste inevitable. Sus candidatos son el FMI y la oposición.

Si hay acuerdo con el FMI, el gobierno dirá que por culpa de “las recetas del Fondo” (esas que Stiglitz critica) el país deberá sufrir un duro ajuste. Si no hay acuerdo, el Gobierno buscará culpar del ajuste al “golpe de mercado” y a la terquedad del FMI que no acepta las excéntricas teorías del talentoso Dr. Stiglitz. Es win-win para el relato kirchnerista pero una tragedia para los argentinos.

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