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Salud

Ibuprofeno y paracetamol: diferencias y cuándo tomar cada uno

Son dos de los analgésicos más usados para aliviar alguna molestia, dolor o cuando tenemos fiebre, pero ¿qué diferencias hay entre ambos?

Es habitual que cuando sentimos malestar, dolor de cabeza, muscular o el comienzo de síntomas gripales, usemos medicamentos para aliviarlos, siendo el ibuprofeno y el paracetamol los más habituales.

Ambos se utilizan como analgésicos, pero a menudo se toma uno u otro sin tener el suficiente conocimiento sobre cuál es el más adecuado según la afección. El ibuprofeno tiene un perfil más antiinflamatorio y el otro uno más antipirético, pero la adecuación de uno u otro va a depender de algunos factores.

Ibuprofeno

Se puede usar en niños, adolescentes y adultos en función de la dosis. Por su actividad antipirética, antiinflamatoria y analgésica, tiene indicaciones aprobadas en ficha técnica muy variadas, desde el tratamiento de procesos reumáticos agudos o crónicos, lesiones de tejidos blandos, tratamiento de procesos dolorosos de intensidad leve y moderada como dolor dental, post operatorio, dolores musculares (como contracturas) o de espalda (lumbalgias), cefalea y dismenorrea primaria, así como el tratamiento sintomático de la fiebre.

Se debe utilizar de manera correcta, empleando la dosis eficaz más baja durante el menor tiempo posible para controlar los síntomas. En adultos y adolescentes a partir de 12 años (o mayores de 40 Kg de peso) se pueden usar tomas de 400 mg cada 6-8 horas, no llegando a tomar más de 1200 mg al cabo de 24 horas. Esto puede tener variaciones en determinadas circunstancias, por ejemplo, en mayores de 65 años cabe la posibilidad de que se necesite una reducción de la dosis habitual, debido al uso de otros tratamientos o por la presencia de otros problemas de salud.

De manera general, usado en dosis menores a 1200 mg/día y en tratamientos cortos es una opción efectiva y segura que puede ser indicada por un farmacéutico, debiendo reconducir las dosis elevadas y prolongadas en el tiempo que no estén realizadas bajo prescripción médica.

Se ha sugerido que el empleo de las formulaciones de sales de ibuprofeno presentan una rápida absorción o características para acelerar la absorción, proporcionando una mejor analgesia que el estándar, en dolor agudo.

Paracetamol

También se puede usar en niños, adolescentes y adultos en función de la dosis. Está indicado para el tratamiento sintomático del dolor de intensidad moderada. Se puede emplear en adultos y adolescentes (mayores de 16 años o con un peso superior a 50 kg, en el caso de las presentaciones de 1 g. que no precisen prescripción médica). Se puede tomar cada 6-8 horas, según necesidad, no excediendo la cantidad de 3 g cada 24 horas.

Como precaución, evitar la administración de dosis altas durante periodos prolongados de tiempo ya que se incrementa el riesgo de daño hepático, debido a que entre sus efectos adversos destaca la hepatotoxicidad. Tener precaución en personas que presenten otros problemas de salud o usen otros medicamentos ya que esto puede disminuir la biodisponibilidad y que la dosis usada no esté siendo eficaz.

Si el dolor se mantiene durante más de 5 días, la fiebre durante más de 3 días o bien el dolor o la fiebre empeoran o aparecen otros síntomas, se deberá evaluar la situación clínica.

Fuente: Normon

Salud

Algunas de las frutas y verduras con más agua

Formas saludables de hidratarte más allá de beber agua

Gran parte de la hidratación del cuerpo se debe a los alimentos que tomamos. Las frutas y verduras son las que más nos hidratan, siendo algunas de ellas casi en su totalidad agua. Estas son algunas de las que mayor porcentaje tienen:

Calabaza: la cruda es, casi en su totalidad, agua: 89,4 gramos por cada 100 gramos del producto comestible.

Lechuga: es una gran fuente de agua: 95,2 gramos por cada 100 gramos del alimento.

Sandía: se deshace en nuestra boca porque 94,6 gramos de 100 gramos del producto es agua.

Rábano: es un vegetal que, entre otras cosas, es una rica fuente de hidratación: 94,8 gramos de agua por 100 gramos de porción.

Calabacín: se trata de una verdura muy hidratante, concretamente 94,6 gramos por cada 100 gramos.

Acelga: un vegetal de hoja lleno de agua para hidratar el organismo. Las crudas tienen 94,4 gramos de agua por cada 100 gramos.

Tomate: los maduros aportan 90,4 gramos de agua por cada 100 gramos de producto comestible.

Apio: cuenta con 94,4 gramos de agua por cada 100 gramos.

Endibia: aportan mucha cantidad de agua, concretamente 93,8 gramos por cada 100 gramos

Espárrago: por cada 100 gramos, 92,8 gramos es agua.

Pepino: 100 gramos contienen 95,7 gramos de agua.

Coliflor: tiene 92,5 gramos de agua por cada 100 gramos de producto.

Melón: es una fuente rica en agua: 92,4 gramos de agua por cada 100 gramos de esta fruta.

Berenjena: un vegetal muy típico en verano que aporta 92,2 gramos de agua por cada 100 gramos.

Fresa: por cada 100 gramos, 89,6 gramos es agua.

Rúcula: por cada 100 gramos, 91,7 gramos es agua.

Mandarina: por cada 100 gramos, 88,2 gramos es agua.

Repollo morado: por cada 100 gramos, 92,3 gramos es agua.

Fuente: ABC Bienestar

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Salud

Los alimentos que más rechazan bebés y niños y qué hacer para que coman de todo

Cómo generar un hábito de alimentación saludable

Aunque a la hora de introducir la alimentación complementaria hay bebés que aceptan cualquier comida, por lo general suele ser más habitual que muestren una resistencia a frutas y verduras, e incluso se sumen otros alimentos conforme crece.

Los tres alimentos que más rechazo provocan en bebés y niños, según su edad:

De seis a 12 meses

Tanto las frutas como las verduras son alimentos bajos en calorías, lo que puede identificarse en el paladar del bebé como un alimento que no les va a aportar energía. Esto hace que inconscientemente lo rechacen para poder favorecer el consumo de otros más calóricos, como pan, pasta o arroz.

Sin embargo, como padres debemos entender que las frutas y las verduras son alimentos que deben estar diariamente porque les aportan fibra, vitaminas y minerales esenciales para su desarrollo.

Entre dos y tres años

Pasado el periodo de la alimentación complementaria, aparece otro momento crítico en la alimentación. Es la etapa de neofobia, donde rechaza probar nuevos alimentos e incluso deja de comer otros que ya tenía perfectamente introducidos en la dieta.

Es un comportamiento habitual, totalmente normal e innato. Aunque prácticamente cualquier alimento puede ser rechazado sin razón alguna, los más habituales vuelven a ser de nuevo las frutas y las verduras de color verde, indica el portal Bebés y más.

De pequeños evitamos inconscientemente comer alimentos nuevos que pudieran suponer un riesgo para nosotros por ser venenosos, lo cual es frecuente entre los de origen vegetal por ser ciertamente amargos. Este amargor, típico de venenos y tóxicos, nos hace rechazarlos sin razón. Pero además de este rechazo innato a ciertos alimentos, estas son otras dos posibles causas detrás de la neofobia:

Los propios gustos del niño: durante los primeros están constantemente expuestos a nuevos sabores de alimentos, olores, texturas… Ante toda esta oferta, es normal que muchos les resulten extraños o poco apetecibles.

Haber experimentado sensaciones negativas con un alimento: como haber sufrido un atragantamiento, tener intolerancia o alergia no diagnosticada o haberse encontrado mal tras la ingesta.

A partir de tres años

Es más frecuente que salga de su núcleo familiar y comience a comer fuera de casa (comedor escolar, casas de familiares, eventos sociales…). Esto contribuye a que su paladar se vaya estimulando y empiecen a notar las diferencias entre las recetas y técnicas de cocina habituales en su casa, y lo que hay fuera. De ahí que haya quienes parezcan comer mejor en casa de la abuela o en el colegio, que en su propia casa o viceversa.

Los alimentos más rechazados en esta etapa siguen siendo las frutas y las verduras, a las que también se empieza a sumar el pescado. Igualmente, hay que recordar que se encuentra en una fase de descubrimiento absoluto de nuevos sabores, lo que hace que puedan rechazar sin razón los que devoraban siendo bebés, o bien comenzar a aceptar de pronto otros alimentos que antes odiaban.

En el extremo opuesto de los alimentos más rechazados se encontrarían aquellos que más aceptación tienen en prácticamente todas las etapas de la alimentación. Estos combinan su sabor dulce con un aporte de calorías medio-alto, como por ejemplo el arroz, la pasta, el huevo, las papas y las grasas saludables. Son muy agradables al paladar y les aportan mucha energía. Esto hace que los elija de forma innata, pues sabe que le aportarán nutrientes y energía suficiente para seguir creciendo.

Ante el rechazo a ciertos alimentos y predilección por otros, los padres podemos caer en el error de dejar de ofrecerle aquellos  que le cuesta más trabajo comer y decantarnos por los que prefiere. Pero es fundamental que su dieta sea completa, variada y equilibrada desde que son bebés, pues cada grupo de alimentos tiene unas propiedades determinadas y beneficios.

¿Qué podemos hacer para conseguir que coman de todo sin presiones?

En los bebés de seis a 12 meses, esta etapa de introducción a la alimentación complementaria, lo importante es que los alimentos actúen como estímulo o experiencia más que como fuente principal de nutrientes, porque la leche materna sigue siendo su principal fuente de energía.

Igualmente, hay una serie de pautas que podemos llevar a cabo para favorecer el momento de la comida:

– Hacer que la hora de comer y el ambiente sean agradables.

– Dejar que sea el bebé quien decida cuánto quiere comer.

– Exponerlo a los alimentos en su formato entero para que se familiarice con ellos. Si nunca le hemos presentado un brócoli, es menos probable que se lo coma años después, porque le generará rechazo.

– Entender que pueden llegar a necesitar una exposición de hasta 15 veces un mismo alimento hasta que lo aceptan.

– No forzarle a comer nada: es una etapa de descubrimiento y el objetivo no es que se coman todo, sino que lo prueben, jueguen, se relacionen de forma segura y se diviertan comiendo.

En los bebés de entre dos y tres años, las mismas pautas anteriormente mencionadas servirían también para este grupo. Debemos hacer de la comida un momento placentero, positivo y agradable, y ofrecerle todos los alimentos de forma natural y respetuosa para que de a poco  los vaya incorporando a su dieta.

Por otro lado (y aunque puede resultar un tanto frustrante) no debemos enfadarnos ni irritarnos si no come y entender que la neofobia muchas veces no atiende a razones específicas, siendo una etapa que irá pasando.

A partir de tres años, ya en la primera infancia, son muchos los hábitos que podemos adoptar para que acaben comiendo de todo a lo largo de su vida y teniendo una relación sana y positiva con la comida.

Así, a todos los consejos anteriormente mencionados, se suman también:

– Predicar con el ejemplo: con que nos vean comiendo alimentos saludables es más que suficiente para generar un efecto positivo en su ingesta.

– No restringir el acceso a determinados alimentos: prohibir uno solo generará más ganas de comerlo.

– Involucrarles en los menús preguntando lo que quieren comer y dejando que cocinen o formen parte de la preparación de los mismos.

– No usar sus alimentos favoritos como recompensa, ni otros como castigo.

– No forzarlo a comer ningún alimento. A veces, basta con esperar un tiempo y volvérselo a ofrecer para que lo acepte, pero otras veces será cuestión de ingenio y creatividad en la cocina. Así, por ejemplo, en lugar de ofrecerles una ensalada y un pollo a la plancha, probemos a hacerles un wok de espaguetis integrales con verduras, una pizza casera con verduras y pollo… Tenemos que encontrar el equilibrio entre lo rico, lo saludable y lo divertido.

Fuente: Bebés y más

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Salud

Qué tener en cuenta a la hora de elegir anteojos de sol

Cómo deben ser para que protejan tu visión

Además de un accesorio para completar tu look, los anteojos de sol cumplen un papel fundamental en el cuidado de tu visión y es por ello que es importante elegir el adecuado. Estas son algunas de las preguntas más frecuentes a la hora de comprarlo.

¿Debo ir a un médico previamente o puedo comprar cualquier tipo de anteojo?

Lo correcto es realizar primero un examen visual para que un médico oftalmólogo determine si corresponde llevar corrección óptica en el anteojo de sol o no.

¿De qué material deben estar hechos?

Tanto los lentes de sol como los recetados pueden ser de dos tipos: orgánicos (acrílicos) y minerales (vidrio). Actualmente, debido a la evolución en la industria, no existen diferencias significativas de calidad entre ellos. Debemos considerar que los orgánicos se rayan con más facilidad pero es más difícil que se rompan y con los minerales sucede a la inversa. En graduaciones altas, el orgánico resulta más liviano que el mineral.

¿Cómo elegir la forma del cristal adecuada?

Depende de si lleva o no corrección óptica. Si no la lleva, es decir, si es neutro, podemos elegir los rectos o aquellos de forma envolvente. Estos últimos deben ser evitados si el anteojo lleva aumento, ya que al curvarse, el material genera un efecto de distorsión óptica que genera incomodidad, mareos e intolerancia al anteojo.

¿Cómo elegir el tono del lente?

Debería ser oscuro, sobre todo si lo vamos a usar en la playa. Por lo tanto es importante que detenga las ¾ partes de la luz solar visible. Una prueba es colocárselo y pararse a 60 cms de un espejo: si es lo suficientemente oscuro, no deberíamos poder ver nuestros ojos. Tenemos que tener en cuenta que aquellos con vidrios de colores (rosados, violetas, celestes) no cumplen esta función.

¿Y con respecto a los filtros UVB y UVA?

Debería poder filtrar el 99% de los UVB y UVA. Ningún cristal puede ofrecer un 100% de protección, por lo tanto, hay que evitar aquellos que lo prometan o que exhiban leyendas poco específicas como “protegen de los UV perjudiciales”.

¿Qué complicaciones puede traerme usar unos comprados en un quiosco o en la calle?

Dado que los materiales no son de calidad, la distorsión que generan en la imagen puede generar síntomas como náuseas y mareos, cansancio visual y cambios en la percepción de los objetos. Es importante destacar que todos ceden al dejar de usarlo.

Sin embargo, los problemas más importantes son los derivados de la escasez o ausencia de un filtro UV adecuado: con el tiempo, el daño acumulado por la radiación UV favorece la aparición de catarata a edades tempranas y maculopatía, que pueden afectar significativamente la capacidad visual del paciente y no siempre son pasibles de un tratamiento exitoso.

Fuente: Hospital alemán

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