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Policiales

Crece la tensión en La Matanza: gases lacrimógenos en el pedido de justicia por el crimen del kiosquero

En un desesperado pedido de seguridad, los vecinos marcharon hasta la comisaría, ubicada a trescientos metros del kiosco de Roberto, y resultaron reprimidos por un inmenso operativo policial

Crece la indignación en La Matanza por el crimen del kiosquero de Ramos Mejía, Roberto Sabo, asesinado el domingo en un intento de robo. Esta noche vecinos se movilizaron hasta la comisaría, ubicada a 300 metros del hecho, en pedido de justicia, pero fueron reprimidos con gases lacrimógenos.

“Exigimos Seguridad y Justicia por otra muerte más de un vecino”, rezaba el flyer que se viralizó por WhatsApp para la convocatoria de hoy a marchar desde Alvarado y Avenida de Mayo. Las pancartas contrastan con la publicidad de Fernando Espinoza, el intendente del partido, que anuncia la incorporación de 700 nuevos oficiales de Gendarmería.

La concentración estaba pactada a las 19 horas, y los manifestantes comenzaron a llegar apenas minutos antes. Al grito de “Roberto, presente. Ahora y siempre”, caminaron hasta la delegación policial, que había sido vallada y era custodiada por un cordón policial.

La tensión fue in crescendo cuando ambas partes subieron el tono. Los manifestantes no cedieron y los oficiales se organizaron en un doble cordón. La situación se descontroló cuando instantes más tarde comenzaron a volar piedras y botellas de vidrio, a lo que la policía respondió con gases lacrimógenos.

Familiares de víctimas de otros crímenes se encontraron pidiendo por lo mismo, en el mismo lugar. Tal fue el caso de los allegados de Zaira Rodríguez (asesinada en 2018) y de María Rosa Daglio (asesinada el marzo pasado).

Testimonios de los vecinos dan cuenta de lo difícil que se vuelve vivir en una zona desprotegida: “Estamos a la buena de Dios, estamos encerrados y con miedo. Es terrible lo que ha cambiado: la inseguridad, los robos, los motochorros, es una zona liberada”, y otra trabajadora del barrio agregó: “No se puede vivir así. Cuando mi hija sale con las amigas le pido que me avise y ella me dice que tiene que sacar el teléfono, le pido que se esconda para avisarme. Esto es un desastre”.

Paula, ex esposa de la víctima, dio declaraciones a los medios y reveló que el ministro de Seguridad provincial, Sergio Berni, fue hasta su casa: “Lo único que le pedí fue seguridad y, si el día de mañana mis hijos quieren atender el negocio, que me den seguridad”. Mientras tanto, de Espinoza no hay rastro.

Así se enteraban que Roberto, conocido y querido por todos los que pasaban por su negocio, había sido asesinado mientras trabajaba.

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