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Notas de Opinión

Un Gobierno dominado por el miedo, las contradicciones y sin plan para el día después

De cara al 14 de noviembre, las diferencias en el Frente de Todos son para saber por cuánto se perderá la elección. Quién podría encabezar el pedido de un amplio acuerdo, la opción de la oposición de “asistir al velorio” y el discurso errático con precios y el FMI.

Columna publicada originalmente en Clarín

En diciembre está puesta, hoy, la suma de todos los miedos. Primero fue el 14 de noviembre, luego el “día después”, y ahora es el último mes del año. Siempre le desvela al Gobierno que a fin de año el vaso se derrame. En el Ejecutivo saben que la elección está perdida: la única diferencia interna es por cuánto pierde.

Antes, el núcleo cercano al Presidente intentaba transmitir una impostada tranquilidad. Ahora, en privado, hasta eso se perdió: “No sé cómo seguimos -le dice un ministro a Clarín– Esto es un día a día”.

“No hay proyecto político que se sustente con estos niveles de pobreza -agrega el funcionario-. La oposición tampoco tiene un plan de salida de esta situación”, se excusa.

El cada vez mas pequeño grupo de funcionarios cercanos a Alberto Fernández se divide entre quienes creen que el Presidente es el único capaz de convocar a un acuerdo, y quienes temen que la oposición solo se limite a asistir al velorio.

El Gobierno ya lleva un tiempo trabajando en la elaboración de cinco puntos básicos para una mesa común. El problema es saber quien tiene el poder necesario para presentarlos. Alberto está errático y cambiante; Cristina replegada y desconfiada; La Cámpora, de capa caída; Axel pasó de Niño de Oro a jugar en el banco; el PJ está dibujado, y los gobernadores…¿Qué gobernadores? Nadie da garantías de nada.

En río revuelto, este columnista escuchó en los últimos días las hipótesis más delirantes: “¿Sabés que podría hacer Alberto si quiere joderla a Cristina? Renunciar antes del 10 de diciembre, o sea, antes de terminar la primera mitad del mandato. Si hiciera eso, la a vicepresidente estaría obligada por ley a asumir, y le tocarían dos años de este panorama horrible”.

Si el calendario avanzara un poco, debería convocarse a una Asamblea Legislativa. Quienes enuncian la hipótesis “Asamblea Legislativa” lo hacen con culpa, a media voz y mirando a los costados. Y todos coinciden en una obviedad: dos años es mucho tiempo para continuar con el plan “vamos viendo”.

Contradicciones

Las contradicciones son cada vez mas públicas y evidentes. Un repaso cronológico del congelamiento de precios puede darnos una idea:

-El Presidente aseguró a periodistas en un off the record que de ningún modo de iba a avanzar en un congelamiento sin el acuerdo de los empresarios, lo que se publicó en la tapa de los diarios.

-El lunes siguiente el secretario de Comercio Roberto Feletti impuso su propia lista de 1.432 productos en el freezer.

-Todo se armó tan a las apuradas que en la lista figuraban productos discontinuados.

-Intendentes y militantes “controlaron” precios el fin de semana pasado.

-Yolanda Durán, presidente de la Cámara de Supermercados chinos, preocupada por el “amedrentamiento” se reunió con Débora Giorgi, segunda de Feletti. Giorgi le aseguró a Durán que los súper chinos no forman parte del plan de congelamiento. Pero la resolución 1050 abarca a todos en la cadena de comercialización. ¿No están incluidos pero los controlan?

-Feletti acusó “al dueño de un supermercado que también tiene un diario” (Francisco de Narváez) de hacerle operaciones en contra. De Narváez solo tiene Wall Mart, vendió El Cronista a Vila, Manzano y Hoschbaum.

-El 3 de octubre el Presidente dijo que el acuerdo con el Fondo “estaba cerrado”.

-En el estadio de Morón, durante el acto por el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, dijo: “Si no cerramos todavía con el Fondo es porque no nos vamos a arrodillar”. ¿Estaba arrodillado y se levanto?

Notas de Opinión

Pronósticos que difícilmente precipiten decisiones

Las proyecciones no sirven para saber lo que va a pasar, sino para saber qué piensan hacer los dirigentes que las reciben; el FMI espera menor crecimiento del que estimaba, porque estima que el PBI crecerá menos de lo esperado

Columna publicada originalmente en La Nación

¿Qué hicieron Joe Biden, Xi Jinping y Emmanuel Macron, y sus ministros de economía, cuando recibieron la edición de enero de 2022 del Panorama económico mundial, documento en el que el FMI dio a conocer sus pronósticos referidos al PBI de 2022 y 2023 de los países miembros? Nada.

Los pronósticos no sirven para saber lo que va a pasar, sino para saber qué piensan hacer los dirigentes que los reciben. En este caso particular, como digo, nada; porque los números dados a conocer no son suficientemente malos como para precipitar decisiones.

Por aplicación de una de las leyes de los grandes números, según la cual el pronóstico referido a un agregado está sujeto a menor error, porque algunos pronósticos de sus componentes pifian por exceso, y otros por defecto, sólo le presto atención al referido al Mundo. En particular, no le presto ninguna atención al que el Fondo hizo sobre la Argentina.

Un párrafo referido a la historia. En 2020 el PBI mundial cayó 3,1% y en 2021 aumentó 5,9%, de manera que el nivel de 2021 se ubicó 2,6% por encima del de 2019. En otros términos, el impacto del Covid sobre el PBI tuvo la forma de una “V”, no de una “L”.

El FMI pronostica ahora que en 2022 el PBI mundial crecerá 4,4% y, en 2023, 3,8%. Lo del año próximo no amerita mayor análisis; sí importa que el Fondo corrigió para abajo su pronóstico referido al año que acaba de comenzar. Porque en octubre de 2021 había pronosticado un crecimiento de 4,9%, de manera que corrigió el pronóstico nada menos que medio punto porcentual. Que, referido al PBI mundial, es una pelota.

No hay un villano en esta corrección descendente, como cuando en la Argentina se dice que la tasa de inflación estaría bajando si no fuera por el precio de las pañoletas o el de la carnaza cuadrada. El FMI espera menor crecimiento del que estimaba, porque estima que el PBI crecerá menos de lo esperado, tanto en los países desarrollados como en los en vías de desarrollo. Aunque, tal como era de esperar, la corrección hacia abajo no fue igual en todos los países, resultando mayor en… Estados Unidos.

Estos números no dicen que no hay problema, dicen que en la evolución esperada del PBI, no está hoy la principal preocupación de los dirigentes. Quienes, en el plano económico, probablemente le presten más atención a la tasa de inflación, y fuera de la economía, al conflicto entre Estados Unidos y Rusia, a propósito de Ucrania.

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Notas de Opinión

La mala costumbre de JxC de convertir ventajas en disgustos

La principal oposición enfrenta un problema típicamente peronista: tiene muchos líderes en competencia, dispuestos a pelear hasta el final por el premio mayor. El oficialismo, al revés, sufre una hipotonía muscular frecuente en el no peronismo: de allí que, a falta de nada mejor, su único autoproclamado candidato sea Alberto

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

¿Cuándo fue la última vez que la oposición no peronista estuvo mayoritariamente unida durante todo el tiempo en que el peronismo ejerció el gobierno nacional, contó con varios candidatos con chances ciertas de reemplazar a aquel en la presidencia, y una regla de juego consensuada y ya probada para intentar resolver las disputas entre ellos?

¡Correcto!: eso no había pasado nunca antes en nuestro país. No fue el caso durante la década menemista, y menos todavía durante la más extensa década kirchnerista. Para no irse más atrás en el tiempo.

Ahora sí. Juntos por el Cambio tiene muchos, podría decirse incluso que demasiados, líderes con capacidad de ganar la próxima elección presidencial. El asunto es que, por esas cosas raras de la vida, o simplemente por falta de costumbre, no sabe cómo impedir que esa ventaja parezca una desgracia, y le juegue en contra.

¿Cuándo fue, en cambio, la última vez que el peronismo careció de una figura pública que se salvara aunque más no fuera por los pelos de la desconfianza colectiva, y quedó sumido en una interna feroz estando en el poder, porque ni el presidente tenía la autoridad para unir a todas las facciones del movimiento y darle alguna orientación mínimamente comprensible, ni ningún otro sector o actor era capaz de mediar entre ellas?

¡Correcto también!: fue en 1975. Desde entonces, siempre el peronismo funcionó como una fenomenal máquina de generación de liderazgos políticos, y tendió a encolumnarse más o menos pacíficamente detrás de ellos. Aunque lo hizo, valga la aclaración, en ocasiones con reglas de juego e incentivos disfuncionales para la buena salud de la democracia, y a veces también de la economía productiva, no dejó de ofrecer un “piso de gobernabilidad” y una capacidad envidiable de adaptación a los cambios de ciclo político, capacidades hoy olvidadas, y más necesarias que nunca.

No puede decirse que haya otro candidato mejor, simplemente porque no hay ninguno más. Nadie se ha animado hasta aquí a siquiera anunciar su aspiración al respecto: Juan Manzur dicen que pretende hacerlo en algún momento, pero dado que tiene un récord aún más decepcionante que el del actual mandatario en los sondeos de opinión, y su desempeño en el gabinete nacional es menos que gris, se entiende esté más cerca de volverse a Tucumán que de lanzarse efectivamente a la conquista de la presidencia.

Varios candidatos en la oferta de Juntos por el Cambio

Pero volvamos a Juntos por el Cambio, porque es allí donde la situación es más paradójica. Debería festejar, saltar en una pata, por tener como tiene cuatro o cinco figuras que, no es que hagan suspirar a las multitudes, pero al menos suenan verosímiles cuando anuncian que aspirarán a reemplazar a Alberto.

Sin embargo, esa situación, en vez de ser evidencia de una capacidad meritoria, envidiable, se ha vuelto un gran dolor de cabeza para la coalición triunfante en las últimas legislativas. Es algo que evidentemente no saben cómo manejar y hasta parece avergonzarlos.

Tan es así que se la pasan pidiendo disculpas y prometiendo que no van a hablar siquiera de candidaturas, hasta muy cerca de las próximas PASO. Cuando es evidente que les va a resultar imposible, y además sería ridículo que intentaran, cumplir semejante promesa: la relativa paridad de fuerzas y fluidez de la competencia en el frente interno y sobre todo el vacío de ofertas y perspectivas en el frente externo, fruto de la impotencia oficial, inevitablemente alientan a la sociedad a enfocar su atención en lo que allí suceda, le dan una centralidad enorme a las disputas internas del cambiemismo, las adelantan y hacen que no haya forma de evitar que eso siga siendo así.

Cuando de todos modos los dirigentes de JxC insisten en prometer que por ahora “ni hablar de candidaturas”, dan aliento encima las críticas antipolíticas que los identifican como “juntos por un cargo”, la tontería mayúscula de que necesitamos líderes que “se ocupen de la gente y no de sus carreras políticas”, como si en algún lugar de la tierra hubiera habido alguna vez una democracia cuyo combustible principal no haya sido la competencia por el poder.

Lo que sí le convendría a Juntos por el Cambio es darse algunos mecanismos para ordenar lo mejor posible esa competencia. Porque de otro modo esperar hasta las PASO de 2023 con tantos aspirantes anotados para la carrera, y rezar para que en el ínterin no se acumulen las discordias y el descrédito, o en esa votación no termine fraccionándose el voto entre demasiadas opciones, con lo que no se resolvería la cuestión del liderazgo y seguiría imperando un faccionalismo u “horizontalidad” incompatible con el buen gobierno, es tomar demasiados riesgos.

Y esos mecanismos ordenadores están a su alcance: reducir la incertidumbre sobre el programa de gobierno es uno, y es fundamental, está en línea con la expectativa de la sociedad de que no le quieran vender más buzones, le expliquen con la mayor claridad y detalle posibles las complejidades y costos que va a tener romper con el statu quo; aclarar anticipadamente las reglas de la competencia y fijarlas de modo de combatir la dispersión de la oferta es otro, y se desprende de algo que se puso en práctica en la elección pasada, promover candidaturas cruzadas, en contra del patriotismo partidista, y una representación acotada de las minorías, para combatir la fragmentación.

Son tareas como estas las que pueden permitirle completar el proceso de institucionalización que emprendió al reformar su Mesa Nacional, y las que harán la diferencia entre una coalición sólida, con liderazgo, programa y reglas, o una tribu improvisada, que tal vez pueda ganar, pero no podría gobernar mucho mejor de cómo lo hizo en el pasado. Esto sí debería ser motivo de seria preocupación en sus filas, no que algún descolgado les diga que se pelean por los cargos. Ante lo cual nada mejor que ensayar la típica respuesta peronista, que los peronistas hace tiempo no pueden usar: “como los gatos, nos estamos reproduciendo”.

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Economía General

Sin el apoyo de EE.UU., ¿Argentina está a tiempo de un giro cristinista?

La reunión entre Santiago Cafiero y Antony Blinken no fue lo exitosa que el Gobierno esperaba. Con un complejo frente internacional, la renegociación de la deuda pasa a un segundo plano para las potencias. Sin embargo, en caso de que las negociaciones con el FMI no prosperen, ¿qué alternativas le quedan a nuestro país a esta altura?

Artículo publicado originalmente en Border Periodismo

Más de dos años después de asumir el gobierno de Alberto Fernández, la cuestión de la deuda sigue sin resolverse. Tras sellar un acuerdo con los acreedores privados en que el exministro de Macri Hernán Lacunza calificó como «razonable y ecuánime», aún queda por arreglar la reestructuración con el principal acreedor de la Argentina: el Fondo Monetario Internacional.

Para hacerse cargo del problema, Fernández eligió a Martín Guzmán, discípulo de Joseph Stiglitz, y apostó a los buenos vínculos de Gustavo Beliz (secretario de Asuntos Estratégicos) y Jorge Argüello (Embajador argentino en EEUU) con representantes norteamericanos. Este medio se puso en contacto con fuentes oficiales para saber si existe una estrategia alternativa en caso de que no se consiga cerrar un acuerdo con el FMI. La respuesta fue escueta: «Simplemente, se está en estado de negociación. No hay nada que decir de momento. Se trabaja. Nada más que agregar«. En tanto, desde Cancillería se limitaron a responder con el protocolar comunicado emitido tras la infructuosa reunión entre Santiago Cafiero y Antony Belkins.

¿Es normal que todavía no se haya llegado a reestructurar la deuda? En una entrevista con #BORDER, Bernabé Malacalza, docente de la maestría en Estudios Internacionales de la Universidad Tocuato Di Tella, relativizó la demora y explicó qué pasaría si el gobierno del Frente de Todos y el organismo de crédito no llegaran a un acuerdo al final del día. «Técnicamente, no sería default, sino ‘fall into arrears’. Tras el ‘arrears’, se abre una nueva negociación«. A su vez, el investigador agregó que «la historia del FMI dice que «del ‘arrears’ se sale» y «no suelen prologarse demasiado». Asimismo, advierte que en la última década solo se registran «short-term arrears», es decir, acuerdos con «changüís» de hasta 180 días.

En tanto, el investigador del CONICET recordó que, en caso de que la Argentina entrara en «fall into arrears», se sumaría al lote de 20 países que todos los años se atrasan en los pagos. Incluso, Malacalza menciona el problema de la deuda argentina para Estados Unidos como «una preocupación a diez años que permanecería bajo la atenta mirada del ala técnica» (la más reacia a firmar «cualquier cosa») del Departamento del Tesoro de aquel país.

Accionario mayoritario del Fondo, y único país con poder de veto, Estados Unidos ocupa un lugar central en la mesa de decisiones del organismo de crédito. En ese sentido, la gira de Alberto Fernández a Rusia y a China, prevista para la primera semana de febrero, puede ser leída como una búsqueda de apoyo del Gobierno argentino de otros países que son rivales de EEUU. Sin embargo, el doctor en Ciencias Sociales estima que, en lo que respecta a su rol en el Fondo, «tanto Rusia como China, tienen posturas bastante coincidentes con los Estados Unidos» en cuestiones financieras.

Entonces, ¿se trata de ver la película y no la foto? A medias: por empezar, la próxima semana la Argentina debería desembolsar U$S 731 millones para cancelar el próximo vencimiento del 28 de enero (sin contar los intereses). Según los cálculos de algunos economistas, las reservas netas del BCRA rondarían los U$S 2000 millones. Además, en marzo, la Argentina tendría que cancelar otros U$S 2900 millones, un número que excede la liquidez con la que contaría el Central.

Es por eso que la urgencia de un «Plan B» se impone. Pero ,¿existe tal cosa? Alejandro Bercovich, economista y conductor del programa «Pasaron cosas» (Radio con Vos), recuerda que, en caso de que la administración Fernández espere que su gira a Rusia y China de febrero se traduzca en un desembolso de dinero, o en un guiño por parte de ambas potencias, se estaría incurriendo en un error. «La diplomacia china tiene tiempos que se miden en décadas y no en semanas como los nuestros. Sería impensable que Alberto se vuelva de los Juegos Olímpicos de Invierno (NdeR: asistirá a su inauguración en Pekin) con un contenedor de plata para pagar el vencimiento de marzo». Y añadió: «Si está buscando un posible apoyo, se lo está buscando muy improvisadamente«.

A su vez, el periodista pone el complejo escenario internacional como telón de fondo de la intentona de Fernández: «Sería impensable que Putin, en medio de los aprestos del enfrentamiento bélico con la OTAN, le preste una atención más que superficial a la situación Argentina, por más buena relación que pueda haber».

En esa línea, el director del documental «Fondo», ve más viable la irrupción de una eventual alianza regional, a partir de la elección de gobiernos de izquierda en Bolivia, Chile y Perú, que funcione como dique de contención contra el FMI, que la aparición un repentino apoyo de Xi Jinping y Vladimir Putin a nuestro país: «En las nuevas circunstancias, si el Fondo si no refinancia esta deuda con Argentina, la empujaría una profundización de la crisis que afectaría a todos esos países vecinos, que no solo podrían reaccionar por simpatía política, si no porque se vean afectados sus intereses, especialmente los de Brasil, donde hay históricamente una rivalidad con EEUU mucho más seria que la que pueda levantar cualquier desde Argentina«. En esa línea, recuerda que cuando China «amagó» con poner dinero para formar un fondo monetario paralelo cuando en 2006 se lanzó el grupo BRICS (NdeR: la asociación económico-comercial formada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), Estados Unidos «redobló su confrontación» contra sus países miembros, a través de las denuncias contra Dilma Rousseff que derivaron en su destitución y el juicio a Lula, sucesos que, según Bercovich, estuvieron «entremezclados» con intereses estadounidenses.

Pagadora serial desde los tiempos de Néstor Kirchner, la vicepresidenta se encuentra en la incómoda situación de tener que hacer un arreglo a costa del impopular ajuste que exige el FMI para firmar el acuerdo. En ese marco, la expresidenta se maneja con ambigua habilidad, aunque algo quedó claro: el apoyo irrestricto a Guzmán, que era explícito hasta hace pocos meses, ya no es tal.

Encerrada en su propia narrativa, CFK llegó a decir públicamente que la Argentina debería pagarle al FMI con dinero fugado en paraísos fiscales. Incluso, se animó a pedirle al organismo que ayude al país a recuperar ese capital por su responsabilidad en la entrega de un préstamo que iba contra su propio convenio constitutivo. Este acto puede leerse como un reflejo de la desorientación de la titular del Senado en la resolución de este problema heredado de la gestión Macri.

En una alusión un poco más directa sobre el tema, Fernández de Kirchner resaltó en su última misiva que su gobierno le pagó al Fondo en 2021los U$S 5.160 millones . Y cerró su comunicado con una fina ironía: «La ‘pandemia macrista’ nos quita las divisas que tanto necesitamos como país porque al FMI hay que pagarle completa y exclusivamente en dólares… porque por más que le insistimos no nos acepta pesos».

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