Seguinos en nuestras redes

Notas de Opinión

La vieja caja que abren los Pandora Papers

Mientras las investigaciones derivadas del escándalo siguen generando noticias en todo el mundo, la pregunta que sigue sin responderse es cuál es el futuro de los paraísos fiscales, en medio de la ola de cibertransparencia que sacude la idea de privacidad

Columna publicada originalmente en TN

Para empezar a pensar hacia dónde vamos, conviene revisar de dónde venimos. Si bien los académicos siguen discutiendo dónde y cuándo nacieron los paraísos fiscales, parece que Suiza es el origen más verosímil de este fenómeno clave del capitalismo financiero globalizado. Todo comenzó a mediados del siglo XIX, cuando los grandes bancos suizos buscaron -y encontraron- su diferenciación de mercado respecto de sus competidores europeos con cuarteles generales en las principales ciudades de negocios del continente. Aunque la economía suiza no ofrecía una masa de oportunidades de inversión suficiente como para absorber los abultados ahorros de la aristocracia y la pujante burguesía decimonónica de las potencias de Europa, la banca suiza creó un nicho de servicios que hoy se conoce como “Wealth Management”.

La intensa competencia interna entre los bancos privados de los diferentes cantones suizos -algunos con siglos de reputación acumulada- multiplicaron la oferta de beneficios y mimos para atraer a las grandes fortunas europeas. Una de las herramientas de seducción que cautivó a los ahorristas premium del viejo continente fue la fama de Suiza como sede mundial del turismo de alta gama, con servicios de hotelería, gastronomía, spa y wellness en general, sumada a la oferta educativa y cultural de calidad internacional. Ese combo alentaba a los inversores de entonces a planear “escapadas” de negocios y placer a las confortables ciudades suizas, que incluso rankearon alto como destino último y acogedor de muchos millonarios europeos que decidían retirarse con los ahorros de toda su vida a un paraíso de contemplación, bienestar y seguridad financiera a toda prueba.

Pero más allá del turismo financiero, los beneficios bancarios que ofrecía de manera creciente la banca suiza eran contantes y sonantes. Uno de los más atractivos era la agresiva reducción impositiva sobre la riqueza respecto de la carga fiscal que imponían otros países vecinos. Ese alivio impositivo privilegiado para los extranjeros que radicaran sus fortunas en Suiza aumentaba por la puja entre los cantones para atraer clientes acaudalados, con excepciones tributarias distintivas de cada región.

La historia de los paraísos fiscales

La guerra franco-prusiana de 1870 le sumó otro atractivo a la alternativa bancaria suiza, que se convirtió en un refugio de emergencia para los capitales amenazados por la contienda. Además del saqueo y la destrucción propia de un enfrentamiento bélico a gran escala, la riqueza de los magnates franceses y alemanes se veía afectada por un clásico de cualquier guerra: la suba y creación de nuevos impuestos. Esta tendencia impositiva se consolidó a comienzos del siglo XX, cuando Francia pateó el tablero del viejo capitalismo con la creación de un fuerte impuesto a la herencia, que espantó a los clanes más pudientes de la nación.

Ni lerda ni perezosa, la banca suiza aprovechó la situación activando una campaña publicitaria dirigida a los pobres ricos franceses, que se acogieron a los ingeniosos mecanismos diseñados por los banqueros suizos para esquivar la avanzada fiscal del Estado francés. Así nacieron las cuentas bancarias dobles, para que cualquiera de sus titulares pudiera retirar los fondos sin necesidad de la firma del otro, lo cual en caso de una herencia podía servir para eludir el gravamen correspondiente.

También se generalizaron las cuentas anónimas o cifradas, entre otros mecanismos para garantizar privacidad a los ahorristas, a espaldas de cualquier Estado con intenciones impositivas. Siguiendo el ejemplo suizo, varios países europeos comenzaron a ofrecer sus servicios de “protección” financiera de las fortunas monitoreadas por los modernos estados en pleno crecimiento. Incluso hubo una dura confrontación diplomática entre Francia y Suiza, por la soberanía financiera y fiscal en disputa.

La Primera Guerra Mundial marcó un nuevo capítulo en la historia de los paraísos fiscales. La nueva fase del capitalismo difundió en occidente las reglas de juego de las corporaciones modernas. Como un truco para atraer negocios privados y fondos a las raquíticas arcas estatales, los distritos norteamericanos de Delaware y New Jersey pusieron de moda el sistema de inscripción simplificada de compañías, sin muchas preguntas ni regulaciones ni requisitos burocráticos para empezar a operar.

Gran Bretaña aportó por esos años su granito de arena, con la legalización de un mecanismo que, bien entrado el siglo XX, se extendería a sus colonias remanentes en costas paradisíacas. Se trata de la residencia virtual de empresas, que formalmente se radican en Londres casi sin pagar impuestos, pero que operan realmente en cualquier lugar del mundo, con la inmunidad fiscal y jurídica correspondiente. Eso sumado a la legislación suiza lanzada durante la crisis de los años ‘30, para proteger con secreto absoluto a los depositantes perseguidos por la Justicia de cualquier país, terminó de cerrar el opaco circuito VIP de las finanzas internacionales. Luxemburgo, otra marca registrada del blindaje patrimonial, introdujo el concepto de “holding de empresas”, que le aportó mayor volumen y sofisticación a la trama protectora de los negocios internacionales del período de entreguerras.

A mediados del siglo XX, la city londinense se consolidó como la capital mundial de las finanzas offshore, reforzando mediante normativas del Banco de Inglaterra la operatoria segura de firmas de todo el planeta que elegían la banca británica como sede legal de sus negocios internacionales. Los grandes bancos norteamericanos no quisieron quedarse afuera del boom del llamado Euromarket, y se integraron al circuito, como jugadores de peso creciente. La necesidad de controlar los flujos de dólares que demandaba la Guerra Fría en varios puntos calientes del tablero mundial fomentó todavía más la aparición y desarrollo de refugios fiscales en hasta entonces ignotos rincones de la Tierra.

De Asia al Caribe

Así se hicieron grandes, a partir de los años ‘60, los diminutos paraísos fiscales del Asia-Pacífico y del Caribe. Las oportunidades financieras generadas por la Guerra de Vietnam alimentaron la reputación de centros bancarios como Singapur, que unas décadas más tarde se posicionaron al tope del ranking de refugios corporativos globales. Otro caso testigo clave para entender la evolución de estos centros financieros es el de las Islas Caimán, uno de los territorios británicos de ultramar que más capitales ha captado en su historia.

Desde sus orígenes, los isleños tuvieron que mirar hacia afuera buscando oportunidades de empleo, a falta de grandes plantaciones para trabajar. Precursores del “sector servicios”, los habitantes de las Caimán lucraban rescatando los tesoros y asistiendo a la tripulación de los barcos pirata que surcaban el Caribe. Esa cultura arraigada se replicó en la era moderna, cuando la región precisó de más servicios bancarios confiables. La relación geopolítica con la Corona Británica le ha dado a las Caimán una especie de sello de garantía para los depositantes de todo el mundo y la fluída vinculación financiera con la banca neoyorquina completó el menú: el rol de refugio para los negocios norteamericanos que huyeron o fueron expulsados de La Habana por la revolución castrista consolidó ese vínculo.

Cuando comenzaron las presiones regulatorias en torno a la operatoria en paraísos fiscales, Caimán reaccionó con una mezcla que, hoy por hoy, es la clave de la supervivencia exitosa de cualquiera de estos refugios financieros globales. Por un lado, defender la discreción del negocio de sus clientes sigue siendo una condición fundamental. No obstante, cooperar con organismos internacionales de transparencia también se volvió casi obligatorio para estos centros, para que las firmas radicadas en ellos no paguen el precio de ser sospechosas a la hora de obtener contratos o acceder a negocios de escala global.

Con la desintegración del bloque soviético y el auge globalizador de la economía, los paraísos financieros proliferaron como nunca en la historia. Pero la intensificación del terrorismo y el impacto de las crisis financieras globales del siglo XXI aumentaron las presiones regulatorias sobre estos refugios bancarios.

La revolución digital facilitó las transacciones, pero también abrió la ventana a eventos de transparencia disruptivos cada vez más frecuentes, como los Panamá Papers, los Paradise Papers y los Pandora Papers. Más allá de las teorías conspirativas que intentan explicar el origen de estas filtraciones a la prensa, hay un detalle sugestivo que arrojan los registros de Pandora: aunque el negocio de la música aparece ampliamente escrachado, solo han surgido nombres de la vieja guardia artística. Faltan los nuevos ricos de la era Spotify. ¿Acaso son menos ambiciosos y más pagadores de impuestos que sus antecesores? ¿O quizá ya nació un nuevo circuito de resguardo fiscal sin fronteras, acaso asociado al auge de las criptofinanzas? Esta historia recién comienza.

Notas de Opinión

Un tour de 6 días por el país de locos

Entre el sobreseimiento a Cristina sin juicio y los funcionarios que se desmienten unos a otros, la Argentina difícil de entender se vuelve imposible

Columna publicada originalmente en Clarín

Breve semblanza de la Argentina en 6 días. El viernes a última hora sobreseyeron a Cristina Kirchner y sus hijos sin hacerles juicio. El sábado Cristina publicó una carta sobre las negociaciones con el FMI y la “lapicera” de Alberto Fernández. Ni una palabra de su sobreseimiento escandaloso.

El lawfare que la vicepresidenta levantó como armadura judicial se ha vuelto lawfriend, con jueces amigos que estiran la ley hasta acomodarla al molde de la imputada. La ley para Cristina es plastilina. Una ley delivery sólo para ella.

Ningún otro argentino con procesamiento firme tiene el beneficio de ser sobreseído antes de ser juzgado, salvo los que van en su mismo bote de acusados: Máximo, Florencia, Cristóbal López, Lázaro Báez, Parrilli, Zannini, Mena y siguen las firmas.

A ella la salvan un grupo de jueces militantes que militan la impunidad, aunque emiten sus fallos siempre el último día hábil a última hora, para que el fin de semana diluya el desatino jurídico y el lunes sea otro día.

El domingo, La Cámpora inauguró una unidad básica y la llamó “Compañero Amado”, en homenaje a Boudou. Conmovido, el ex vice condenado por corrupción susurró: “La Patria es el otre”.

Y sacó pecho: “La historia nos muestra que cada vez que hubo un acuerdo con el FMI nos fue muy mal”. El ministro Guzmán preparaba las rondas de reuniones con el FMI que arrancan este sábado en Washington.

El lunes empezó en Bahía Blanca un juicio contra cinco fleteros que apretaban a chacareros para obligarlos a contratarlos a ellos.

“Les vamos a prender fuego los camiones”, los amenazaban. ¿Quién salió a apoyar a los extorsionadores? Pablo Moyano. “¡Fuerza compañeros!”, los arengó en un video.

Mientras ocurría eso, la vocera presidencial decía que el plan sin cuotas para los viajes al exterior no se modificaría. Aníbal Fernández acababa de decir que habría que modificarlo.

Como Aníbal es un ministro de Seguridad opinando de turismo, habría que ver qué opina Matías Lammens -ministro de Turismo- sobre los crímenes narco en Rosario: el martes hubo 5 asesinatos en 24 horas.

Lammens está en una feria en Madrid con un ojo en su sillón del Ministerio que La Cámpora y el Instituto Patria quieren para ellos. Hay facturas internas: Leandro Santoro sacó en la Ciudad diez puntos menos que Lammens en 2019.

El lunes, el ministro de Salud de la Provincia decía que habría un pase sanitario para ir al trabajo y la ministra Vizzotti lo desmentía.

Al rato se conocía que un crucero procedente de África amarró en Buenos Aires con un caso de coronavirus mientras la variante Ómicron -casualmente, también de África- alarma al mundo. El martes, los casos eran dos.

Todo mientras los argentinos que están en Uruguay no pueden volver en auto por Gualeguaychú ni Colón pero sí por Concordia. ¿Si cruzan más lejos se va el riesgo de contagio?

En simultáneo se difundía el resultado de pruebas a alumnos de 3° y 6° grado que muestran que el rendimiento de los chicos argentinos sigue en caída libre.

El Gobierno lo explicó a la velocidad del rayo: tiene la culpa Macri.

El miércoles el club Villa Dálmine dejó libres a 16 jugadores tras las sospechas de perder un partido a propósito con Barracas Central, el equipo del presidente de la AFA.

El secretario de Comercio admitía que el congelamiento de precios no bajó la inflación, como él creía, y el Banco Central sigue perdiendo reservas para contener al dólar… que sube igual.

Hay semanas en que la Argentina difícil de entender se vuelve imposible.

Continuar leyendo

Notas de Opinión

En Argentina al desastre económico y el drama social se suma la tragedia educativa

La periodista y conductora reflexionó sobre los resultados del país en la prueba de la Unesco, donde quedó anteúltimo a nivel sudamericano

Editorial de Cristina Pérez en “Confesiones en la noche” (Radio Mitre)

 

Tuvalu es una pequeña nación archipiélago formada por nueve islas en el Pacifico Sur que pertenece al Commonwealth Británico. En estas horas se conoció una impactante fotografía de su ministro de Justicia que con el agua hasta la cadera dio una conferencia de prensa en la que también el mástil con la bandera y el atril con el micrófono estaban medio sumergidos, en medio del mar y dijo: “Nos estamos hundiendo”. Su dramática advertencia se relaciona con la suba del nivel del mar por el cambio climático que puede borrar a su nación de la faz de la tierra.

Con toda franqueza y sin complacencia porque la complacencia no sirve, dejenme decir que si no hacemos algo pronto, la metáfora bien le vale o mejor dicho, tristemente vale para nuestro país. “Nos estamos hundiendo”.

No se puede decir otra cosa si tomamos la prueba educativa realizada por la Unesco donde Argentina obtuvo el peor resultado de su historia. El llamado Estudio Regional Comparativo y Explicativo fue realizado en 2019, es decir que ni siquiera incluye el efecto del cierre de escuelas y la suspensión de clases presenciales durante la pandemia que en algunos distritos alcanzó un interminable año y medio.

No se saben aún y será muy difícil cuantificar la real magnitud de los devastadores efectos de dejar por todo ese tiempo a los chicos sin educación. No sólo en términos de aprendizaje sino de socialización y de deserción escolar. Pero como indica esta prueba los problemas vienen de mucho antes.

Hoy hubo cruces entre funcionarios de la administración anterior con los de la actual. En materia de educación no hay inocentes. La sociedad toda fracasa si no logra educar a las nuevas generaciones.

Hoy en el país, casi la mitad de los chicos no termina la educación obligatoria. Y estos datos tampoco incluyen la pandemia.

Antes del COVID, los chicos ya perdían por paros 3 meses de clases durante la primaria según el Observatorio Argentino por la Educación.

Hemos atestiguado un movimiento sin precedentes por la educación motorizado mayormente por padres y por chicos para el retorno de las clases presenciales. Para las familias fue más que una disrupción, fue una bomba en la organización de la vida cotidiana con efectos psicológicos de todo tipo en los chicos que van desde depresión a regresiones madurativas por mencionar algunos.

El ERCE, estas son las siglas de la prueba de la Unesco, evaluó el desempeño en Lengua, Matemáticas y Ciencias Sociales de estudiantes de 3° y 6° grado de 16 países de América Latina y el Caribe, y muestra que la Argentina está por debajo del promedio regional en cuatro de las cinco evaluaciones.

En 2006 se había hecho por primera vez esta evaluación en el país y entonces, Argentina estaba por encima del promedio en todos los puntos evaluados. En 2013, había caído en todos sus resultados, excepto en la prueba de lectura para los alumnos de 6to, en donde obtuvo la misma calificación. En esos años hubo períodos de prosperidad económica pero no avance educativo. ¿Qué dice eso de nosotros?

Por todo esto. Porque la decadencia es sostenida en el tiempo es que son inaceptables los cruces de acusaciones. No se puede cambiar la trayectoria decadente en materia educativa durante un periodo presidencial. Se requieren reales políticos de estado, compromiso de todos los sectores y una adecuación del sistema educativo para el llamado mundo del conocimiento que permita convertirlo en una plataforma real para conseguir un trabajo.

El secundario completo, ese al que la mitad de los chicos que empieza la escuela no llega, es ya insuficiente. La situación estructural de las escuelas, la falta de inversión, el obstruccionismo en muchos casos de los propios sindicatos docentes, son algunos de los puntos que podrían mencionarse no sin la sensación de que se repite lo de siempre, lo que nunca cambia.

El problema es que algo sí cambió. Argentina ya no es ese país que se vanagloriaba de tener una población con educación más elevada que en la región. Ahora está peor. Y sin educación, hasta una mejora económica se pone en duda si no se cuenta con la fuerza laboral capaz de concretarla.

Al desastre económico y al drama social se suma la tragedia educativa que convierte en parias del futuro a los chicos y jóvenes que no se reciben o que egresan sin aprender. Y hay dos caras para una realidad con talla de catástrofe. Vemos partir a los jóvenes argentinos que lograron formarse porque no encuentran oportunidades de futuro en nuestro país mientras los que se quedan terminan siendo excluidos del mundo del conocimiento.

Cuántas veces escuchamos decir que el conocimiento es el capital de las naciones. El conocimiento es la gran revolución posible, la que deriva en desarrollo individual y colectivo, la que sostiene la esperanza para que no sea una vana ensoñación. Es el problema más urgente. Va a la par de la nutrición porque la desnutricion intelectual tampoco se recupera. En el saber están las chances para un futuro mejor. El chico que suma pobreza y falta de educación está condenado en su presente y en su futuro.

No evaluar, no calificar, no ver, son las reacciones de un sistema negador pero tambien los síntomas del enfermizo desprecio al mérito de las personas que en definitiva es una rotunda negación de la capacidad humana de superación.

No podemos perder más tiempo. “Nos estamos hundiendo”, dijo el ministro de Justicia de Tuvalu en un desesperado mensaje para que el mundo tome conciencia.

¿Qué hace falta para comprender que ya no hay tiempo?

Continuar leyendo

Notas de Opinión

Argentina, indefensa ante una hipótesis de conflicto que cobra más vida

Ya pasaron más de diez días de las elecciones presidenciales en Chile cuyos resultados no tuvieron en Argentina la relevancia que deberían haber tenido. El análisis lógico arroja que en segunda vuelta se enfrentarán dos modelos de país antagónicos como los que proponen José Antonio Kast, un hombre ultraconservador que profundizará el modelo económico actual de Chile y Gabriel Boric, progresista que busca terminar con la economía vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet y reemplazarla por una en el que el estado sea un jugador crucial. Sin embargo, hay otro aspecto pasado por alto y que debería inquietar al país en su conjunto.

Kast es el favorito a ganar el ballotage y ha expresado en reiteradas ocasiones su rechazo a los acuerdos territoriales firmados entre Chile y Argentina, los cuales considera un “robo” por parte de Buenos Aires. En medio de la campaña electoral se conoció el reconocimiento de la ONU a Argentina de los nuevos límites de la plataforma continental, en detrimento de las exigencias de Chile, a lo que Kast no tuvo reparos en expresar su rechazo.


Las históricas diferencias territoriales con el país trasandino, dejándonos incluso al borde de la guerra en 1978, han transformado esto en una hipótesis de conflicto con Chile ampliamente subestimada por los sucesivos gobiernos argentinos. El hecho de que muchos de los diferendos territoriales fueran solucionados durante el siglo 20 llevó a, erróneamente, creer que un conflicto armado por las disputas territoriales sea muy poco probable, cierto, pero no imposible y esto debería haber sido razón suficiente para prepararse para dicho eventual escenario.

Esto, sumado a un desarme de las Fuerzas Armadas cuyo rol en fue reducido al mínimo tras la última dictadura, ha transformado la falta de preparación para dicha hipótesis de conflicto en un problema aún más grande.

Al analizar un conflicto en función de la probabilidad, entre 0% y 100%, las respuestas son infinitas y si el número es bajo puede contribuir a correr el foco hacía otros temas. Sin embargo, si se lo estudia desde la posibilidad las respuestas pasan a ser “Sí” o “No”, y el hecho de que la respuesta sea afirmativa debería interpelar a las autoridades para actuar en consecuencia. El hecho de que todavía existan conflictos abiertos como la plataforma continental y la zona de Hielos Continentales hace que persista la hipótesis de conflicto con el país trasandino por el que Argentina debería ocuparse.

Incertidumbre en el largo plazo de la política exterior argentina

Para peor, tanto el Gobierno de Sebastián Piñera como el candidato Kast han instalado el tema en agenda y prometen avanzar sobre este asunto. Hoy en día la única herramienta que tiene Argentina para defender los territorios que considera suyos es la vía diplomática, ya que, en un hipotético caso en el que aumentaran las tensiones entre ambos países, el país posee nulas capacidades para defender su territorio. Esto es un problema grave porque la diplomacia solo funciona cuando hay voluntad de ambas partes y cuando los beneficios de hacerlo de esta forma son mayores que proceder de formas más duras, o sea, el poder militar de uno disuade al otro de avanzar con medidas de este tipo.

En 1978, cuando casi se va a la guerra con Chile, Argentina pudo amenazar con responder militarmente ya que tenía el poderío para hacerlo. Hoy ya no y las cartas han cambiado. Quien tiene el poderío militar es Chile y es quien fácilmente puede hacer valer sus intereses. Si decidieran patrullar los terrenos en disputa por aire, tierra y mar, en una muestra de ejercicio de soberanía, podría hacerlo ya que de este lado de la cordillera prácticamente no hay capacidad de respuesta.

Chile invierte hace años en sus fuerzas armadas atento a sus hipótesis de conflictos, su proyección hacia la Antártida y porque el poderío militar es también una herramienta diplomática. “Si quieres la paz, prepárate para la guerra” escribió el escritor romano Flavio Vegecio Renato y en Chile lo saben muy bien. Desafortunadamente en Argentina no. El hecho de ver los conflictos en clave de probabilidad y no de posibilidad (sí o no), desestima cualquier intento de reforzar un ejército para que este listo para cuando esa posibilidad (siempre existente) se vuelva cada vez más probable.

Pese a que los resultados arrojaron una ajustada victoria a favor de Kast por casi dos puntos (27,91% a 25,83%), algunas encuestas ya lo ubican como ganador a raíz de los apoyos que recibió de partidos relegados de la segunda vuelta. Esto indudablemente es una mala noticia para el Gobierno, quien ya se expresó en contra del candidato, a raíz de las similitudes ideológicas que tiene con Boric, pero también puede serlo para el país en general. Esto no implica que el nuevo Gobierno intente actuar de forma hostil, de hecho es algo altamente improbable, pero desnudará la penosa situación en la que se encuentran las Fuerzas Armadas. Hoy cualquier país con exigencias territoriales puede violar nuestra soberanía sin que se le oponga resistencia alguna.

Es tiempo de encarar una reforma de las Fuerzas Armadas que las ponga a la altura del contexto internacional y geopolítico en el que está inmerso.

Continuar leyendo

TE PUEDE INTERESAR