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Notas de Opinión

Aníbal o Feletti, el Gobierno no registra el cambio del viento

La amenaza a Nik o el congelamiento de precios muestran la desconexión de la gestión Fernández con la demanda social

Columna publicada originalmente en Clarín

La política en la Argentina está llena de episodios en los que sus protagonistas pierden el registro de lo que demanda la sociedad. En 1989, Raúl Alfonsín designó ministro de Economía a Juan Carlos Pugliese, un respetado dirigente radical que intentó resolver la crisis con medidas voluntaristas.

El resultado fue desastroso, se aceleró un proceso de hiperinflación y el economista debió renunciar antes de los dos meses. Se fue con una frase que se convirtió en toda una lección sobre el poder.

“Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Pugliese hablaba de los mercados, pero pronto se comprobó que aquel Gobierno no registraba el rumbo que estaba tomando la sociedad.

El país que no aprende de sus muchas desgracias parece estar otra vez transitando ese universo de desencuentro entre gobernantes y ciudadanos. Basta citar dos de las últimas decisiones con las que Alberto Fernández intenta hacer pie después de la contundente derrota en las PASO. El escándalo por la amenaza al dibujante Nik es solo la confirmación de lo que podía suceder al nombrar a Aníbal Fernández como ministro de Seguridad. El hábil declarante y polemista temido de hace algunos años resulta hoy un provocador torpe de las redes sociales que enterró al Gobierno en un laberinto político sin salida cuando falta apenas un mes para las elecciones.

Aníbal, como otros dirigentes kirchneristas, no terminan de sintonizar el mensaje que una parte mayoritaria de la sociedad le envió al Gobierno el 12 de septiembre. Hay frecuencias del abuso en el poder que ya no se toleran. Ni las amenazas, ni las provocaciones, ni las ironías al filo de la navaja.

El voto de hace un mes le dijo basta a todos esos excesos. Pero no lo entendieron ninguno de los Fernández. El que lo pronunció (Aníbal), el que lo designó (Alberto) y la que lo promovió (Cristina). Los tres están compartiendo y pagando ese costo.

El mismo fenómeno de funcionarios desorientados atraviesa la economía. El reemplazo en la Secretaría de Comercio de la vehemente pero inoperante Paula Español es otro economista que ya fue parte del pasado kirchnerista. Roberto Feletti había sido viceministro de Amado Boudou en el gobierno de Cristina y venía atacando sin descanso al ministro Martín Guzmán desde una radio militante. Con esos antecedentes, su primera medida importante no podía sorprender. Dispuso un congelamiento de precios para frenar la inflación que en septiembre volvió a subir (3,5%) y que este año va a superar la barrera del 50%. Nafta para apagar el incendio.

Feletti va a utilizar un sistema, el congelamiento, que ya fracasó con Perón en 1973, con Isabel dos años después, y que siguió fracasando cada vez que otro gobierno lo intentó. Ahora se aplicará sobre 1.247 productos, aunque más de la mitad (670) ya estaban en un esquema de precios cuidados que tampoco logró ningún resultado. Un día antes de lanzarlo, el Presidente se había reunido en Casa Rosada con ocho empresarios de primera línea. Y la recomendación que escuchó fue que no insistiera con herramientas perimidas como los cepos al comercio exterior o los precios máximos. Varios de ellos cruzaron mensajes de WhatsApp, 24 horas después, al sorprenderse con la noticia indeseada a través de las pantallas de sus teléfonos. “Nos tomaron de boludos”, fue la reflexión más compartida.

El jueves, Axel Kicillof y la candidata, Victoria Tolosa Paz, quedaron abrumados por una tormenta de viento y tierra que los sorprendió en un acto de campaña en Ezeiza. El pronóstico anunciaba el temporal, pero los dirigentes del oficialismo, no lo habían registrado. Puede ser una alegoría del 14 de noviembre si el Presidente, y la mayoría de sus ministros, siguen sin descifrar las señales de un país con las expectativas rotas.

Notas de Opinión

El “Plan retirada” de Cristina está en marcha

Es directamente proporcional a la resolución de sus causas judiciales. Nada dice de la Justicia en su última carta. Para la Vicepresidenta el lawfare terminó. Ella sobreseída y Mauricio Macri procesado

Columna publicada originalmente en El Cronista

Ulises aferrado al mástil de su barco, se amarró de pies y manos para poder oír el canto de las sirenas, sin sucumbir ante él. La mitología griega cuenta que cualquier hombre o mujer que lo escuchase entregaba su vida. Sin embargo, las sirenas callaron frente al engaño de Ulises. Pero el silencio también forma parte del canto y frente al silencio no hay escapatoria.

Cristina Fernández de Kirchner no puede aferrarse a un mástil, a ninguna idea dogmática en relación con el Fondo Monetario Internacional. Para mantener su capital simbólico requiere flexibilidad en el posicionamiento. Eso lo evidenció en su carta. En ella recordó su protagonismo y el de Néstor Kirchner en lo que ella denominó “la reestructuración más exitosa de deuda soberana de la que se tenga memoria”, al tiempo que le advirtió a Alberto Fernández que no olvide las palabras que él mismo había pronunciado en un discurso el 9 de Julio. Allí, el Presidente afirmó “nunca esperen de mi que firme algo que arruine la vida del pueblo argentino, antes me voy a mi casa”.

Un eventual acuerdo con el FMI implica costos políticos y sociales que CFK no está dispuesta a pagar. Por eso necesita flexibilidad. Al mismo tiempo que recuerda que la fuerza política que integra ha sido “pagadora serial de deudas contraídas por otros” le dice al Jefe de Estado, al Congreso y a la oposición que serán ellos los responsables de los costos del eventual acuerdo.

El “Plan retirada” de Cristina ya está en marcha. Es directamente proporcional a la resolución de sus causas judiciales. Nada dice de la Justicia en su última carta. Para la Vicepresidenta el lawfare terminó. Ella sobreseída y Mauricio Macri procesado.

Cuando asumió como Vicepresidenta, tenía cinco pedidos de prisión preventiva, contaba con siete causas elevadas a juicio oral, todas ellas por corrupción. Ya logró tres sobreseimientos, sin ir siquiera a juicio oral y público.

En un tuit de inédita gravedad institucional, el ministro de Justicia Martin Soria afirmó: “Hotesur, Dólar Futuro, Qunita, Memorándum. Cuando no hay una mesa judicial con funcionarios apretando jueces, los hechos y las pruebas pesan más que las tapas de Clarín o La Nación”. Lo hizo horas después del ataque intimidatorio con bombas molotov al grupo Clarín.

Sin embargo, quien está hoy detrás del seguimiento y resolución de las causas de Cristina y sus hijos es Carlos Zannini, actual procurador del Tesoro y ex Secretario de Legal y Técnica durante toda la gestión kirchnerista.

En paralelo, Máximo Kirchner también ha logrado parcialmente su objetivo: dotar a La Cámpora de mayor volumen político. A nivel parlamentario lo consiguió con el armado de listas en esta última legislativa. Para el caso de los ejecutivos provinciales depende del acuerdo que se alcance en relación con las relecciones de los intendentes.

El costo político y social de su plan de retirada aún no lo conocemos. Puede darse en un marco de tensiones simbólicas o en uno de quiebre institucional. Cristina es indescifrable.

La Vicepresidenta conducirá el Senado pero, por primera vez, sin quórum propio. A pesar del regreso a la presencialidad, aún no permite el acceso al recinto de asesores o periodistas.

La sesión del próximo 9 de diciembre promete ser épica. Jurarán los nuevos legisladores pero no estarán habilitados para votar hasta el día 10. Todo puede pasar.

Un viejo senador repite una frase muy oportuna: “¿Viste que aquí los pisos están lustrados? Es para que los que vayan muy rápido se patinen”.

Los partidos políticos suelen trabajar sobre dos objetivos: la conquista del mundo exterior y la disputa interna. Hoy en la Argentina lo segundo parece imponerse. Un riesgo inaceptable en un país que se desmorona.

En las democracias se garantiza que el Presidente que se impone por mayoría tiene la legitimidad y el poder. Cristina rompió esa lógica con su anómala fórmula presidencial. Hoy nos dice por carta “la lapicera no la tiene Cristina, siempre la tuvo, la tiene y la tendrá el Presidente de la Nación”. Ya es tarde, rápidamente detectamos el truco. Habla en tercera persona de sí misma, y finaliza su texto diciendo “que Dios y la Patria los ilumine a todos y todas”. Hasta de eso se excluye.

Ella ya se considera una iluminada, por eso cree que las sombras caerán sobre los otros. Para Cristina todos son responsables de la debacle presente y futura… menos ella. A no dejarse engañar por el canto de las sirenas.

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Notas de Opinión

Un tour de 6 días por el país de locos

Entre el sobreseimiento a Cristina sin juicio y los funcionarios que se desmienten unos a otros, la Argentina difícil de entender se vuelve imposible

Columna publicada originalmente en Clarín

Breve semblanza de la Argentina en 6 días. El viernes a última hora sobreseyeron a Cristina Kirchner y sus hijos sin hacerles juicio. El sábado Cristina publicó una carta sobre las negociaciones con el FMI y la “lapicera” de Alberto Fernández. Ni una palabra de su sobreseimiento escandaloso.

El lawfare que la vicepresidenta levantó como armadura judicial se ha vuelto lawfriend, con jueces amigos que estiran la ley hasta acomodarla al molde de la imputada. La ley para Cristina es plastilina. Una ley delivery sólo para ella.

Ningún otro argentino con procesamiento firme tiene el beneficio de ser sobreseído antes de ser juzgado, salvo los que van en su mismo bote de acusados: Máximo, Florencia, Cristóbal López, Lázaro Báez, Parrilli, Zannini, Mena y siguen las firmas.

A ella la salvan un grupo de jueces militantes que militan la impunidad, aunque emiten sus fallos siempre el último día hábil a última hora, para que el fin de semana diluya el desatino jurídico y el lunes sea otro día.

El domingo, La Cámpora inauguró una unidad básica y la llamó “Compañero Amado”, en homenaje a Boudou. Conmovido, el ex vice condenado por corrupción susurró: “La Patria es el otre”.

Y sacó pecho: “La historia nos muestra que cada vez que hubo un acuerdo con el FMI nos fue muy mal”. El ministro Guzmán preparaba las rondas de reuniones con el FMI que arrancan este sábado en Washington.

El lunes empezó en Bahía Blanca un juicio contra cinco fleteros que apretaban a chacareros para obligarlos a contratarlos a ellos.

“Les vamos a prender fuego los camiones”, los amenazaban. ¿Quién salió a apoyar a los extorsionadores? Pablo Moyano. “¡Fuerza compañeros!”, los arengó en un video.

Mientras ocurría eso, la vocera presidencial decía que el plan sin cuotas para los viajes al exterior no se modificaría. Aníbal Fernández acababa de decir que habría que modificarlo.

Como Aníbal es un ministro de Seguridad opinando de turismo, habría que ver qué opina Matías Lammens -ministro de Turismo- sobre los crímenes narco en Rosario: el martes hubo 5 asesinatos en 24 horas.

Lammens está en una feria en Madrid con un ojo en su sillón del Ministerio que La Cámpora y el Instituto Patria quieren para ellos. Hay facturas internas: Leandro Santoro sacó en la Ciudad diez puntos menos que Lammens en 2019.

El lunes, el ministro de Salud de la Provincia decía que habría un pase sanitario para ir al trabajo y la ministra Vizzotti lo desmentía.

Al rato se conocía que un crucero procedente de África amarró en Buenos Aires con un caso de coronavirus mientras la variante Ómicron -casualmente, también de África- alarma al mundo. El martes, los casos eran dos.

Todo mientras los argentinos que están en Uruguay no pueden volver en auto por Gualeguaychú ni Colón pero sí por Concordia. ¿Si cruzan más lejos se va el riesgo de contagio?

En simultáneo se difundía el resultado de pruebas a alumnos de 3° y 6° grado que muestran que el rendimiento de los chicos argentinos sigue en caída libre.

El Gobierno lo explicó a la velocidad del rayo: tiene la culpa Macri.

El miércoles el club Villa Dálmine dejó libres a 16 jugadores tras las sospechas de perder un partido a propósito con Barracas Central, el equipo del presidente de la AFA.

El secretario de Comercio admitía que el congelamiento de precios no bajó la inflación, como él creía, y el Banco Central sigue perdiendo reservas para contener al dólar… que sube igual.

Hay semanas en que la Argentina difícil de entender se vuelve imposible.

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Notas de Opinión

En Argentina al desastre económico y el drama social se suma la tragedia educativa

La periodista y conductora reflexionó sobre los resultados del país en la prueba de la Unesco, donde quedó anteúltimo a nivel sudamericano

Editorial de Cristina Pérez en “Confesiones en la noche” (Radio Mitre)

 

Tuvalu es una pequeña nación archipiélago formada por nueve islas en el Pacifico Sur que pertenece al Commonwealth Británico. En estas horas se conoció una impactante fotografía de su ministro de Justicia que con el agua hasta la cadera dio una conferencia de prensa en la que también el mástil con la bandera y el atril con el micrófono estaban medio sumergidos, en medio del mar y dijo: “Nos estamos hundiendo”. Su dramática advertencia se relaciona con la suba del nivel del mar por el cambio climático que puede borrar a su nación de la faz de la tierra.

Con toda franqueza y sin complacencia porque la complacencia no sirve, dejenme decir que si no hacemos algo pronto, la metáfora bien le vale o mejor dicho, tristemente vale para nuestro país. “Nos estamos hundiendo”.

No se puede decir otra cosa si tomamos la prueba educativa realizada por la Unesco donde Argentina obtuvo el peor resultado de su historia. El llamado Estudio Regional Comparativo y Explicativo fue realizado en 2019, es decir que ni siquiera incluye el efecto del cierre de escuelas y la suspensión de clases presenciales durante la pandemia que en algunos distritos alcanzó un interminable año y medio.

No se saben aún y será muy difícil cuantificar la real magnitud de los devastadores efectos de dejar por todo ese tiempo a los chicos sin educación. No sólo en términos de aprendizaje sino de socialización y de deserción escolar. Pero como indica esta prueba los problemas vienen de mucho antes.

Hoy hubo cruces entre funcionarios de la administración anterior con los de la actual. En materia de educación no hay inocentes. La sociedad toda fracasa si no logra educar a las nuevas generaciones.

Hoy en el país, casi la mitad de los chicos no termina la educación obligatoria. Y estos datos tampoco incluyen la pandemia.

Antes del COVID, los chicos ya perdían por paros 3 meses de clases durante la primaria según el Observatorio Argentino por la Educación.

Hemos atestiguado un movimiento sin precedentes por la educación motorizado mayormente por padres y por chicos para el retorno de las clases presenciales. Para las familias fue más que una disrupción, fue una bomba en la organización de la vida cotidiana con efectos psicológicos de todo tipo en los chicos que van desde depresión a regresiones madurativas por mencionar algunos.

El ERCE, estas son las siglas de la prueba de la Unesco, evaluó el desempeño en Lengua, Matemáticas y Ciencias Sociales de estudiantes de 3° y 6° grado de 16 países de América Latina y el Caribe, y muestra que la Argentina está por debajo del promedio regional en cuatro de las cinco evaluaciones.

En 2006 se había hecho por primera vez esta evaluación en el país y entonces, Argentina estaba por encima del promedio en todos los puntos evaluados. En 2013, había caído en todos sus resultados, excepto en la prueba de lectura para los alumnos de 6to, en donde obtuvo la misma calificación. En esos años hubo períodos de prosperidad económica pero no avance educativo. ¿Qué dice eso de nosotros?

Por todo esto. Porque la decadencia es sostenida en el tiempo es que son inaceptables los cruces de acusaciones. No se puede cambiar la trayectoria decadente en materia educativa durante un periodo presidencial. Se requieren reales políticos de estado, compromiso de todos los sectores y una adecuación del sistema educativo para el llamado mundo del conocimiento que permita convertirlo en una plataforma real para conseguir un trabajo.

El secundario completo, ese al que la mitad de los chicos que empieza la escuela no llega, es ya insuficiente. La situación estructural de las escuelas, la falta de inversión, el obstruccionismo en muchos casos de los propios sindicatos docentes, son algunos de los puntos que podrían mencionarse no sin la sensación de que se repite lo de siempre, lo que nunca cambia.

El problema es que algo sí cambió. Argentina ya no es ese país que se vanagloriaba de tener una población con educación más elevada que en la región. Ahora está peor. Y sin educación, hasta una mejora económica se pone en duda si no se cuenta con la fuerza laboral capaz de concretarla.

Al desastre económico y al drama social se suma la tragedia educativa que convierte en parias del futuro a los chicos y jóvenes que no se reciben o que egresan sin aprender. Y hay dos caras para una realidad con talla de catástrofe. Vemos partir a los jóvenes argentinos que lograron formarse porque no encuentran oportunidades de futuro en nuestro país mientras los que se quedan terminan siendo excluidos del mundo del conocimiento.

Cuántas veces escuchamos decir que el conocimiento es el capital de las naciones. El conocimiento es la gran revolución posible, la que deriva en desarrollo individual y colectivo, la que sostiene la esperanza para que no sea una vana ensoñación. Es el problema más urgente. Va a la par de la nutrición porque la desnutricion intelectual tampoco se recupera. En el saber están las chances para un futuro mejor. El chico que suma pobreza y falta de educación está condenado en su presente y en su futuro.

No evaluar, no calificar, no ver, son las reacciones de un sistema negador pero tambien los síntomas del enfermizo desprecio al mérito de las personas que en definitiva es una rotunda negación de la capacidad humana de superación.

No podemos perder más tiempo. “Nos estamos hundiendo”, dijo el ministro de Justicia de Tuvalu en un desesperado mensaje para que el mundo tome conciencia.

¿Qué hace falta para comprender que ya no hay tiempo?

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