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Salud

Errores que cometés en el gimnasio cuando querés perder peso

Cinco cuestiones que pueden boicotear tu objetivo

A la hora de ir al gimnasio con el objetivo de adelgazar, puede que cometamos algunos errores que nos jugarán en contra. Estos son algunos de los más comunes que debemos evitar si queremos bajar unos kilos.

Mal entrenamiento: es normal que cuando empezamos en el gym nos equivocamos con determinados ejercicios que no va con nosotros y que no hacemos con la frecuencia suficiente para poder perder peso. Para ello, lo ideal es preguntar a un entrenador, quien nos dará la pauta para saber qué debemos hacer en cada momento, además de la disciplina adecuada y las veces indicadas cada semana.

Vamos cuando queremos: no podemos ir cuando queramos, es decir, una vez por semana, una vez al mes, y pretender bajar de peso. El ejercicio es algo continuado y progresivo, de manera que debemos establecer una rutina guiada para que dé resultados. No hace falta ir a diario y durante horas.

Querer adelgazar al inicio: esto también es progresivo y veremos los resultados en un tiempo. Pero hay que ser constantes y no desistir si observamos que no adelgazamos al momento. Los milagros no existen.

Comemos mal: sirve de poco ir si luego vamos a casa y comemos una hamburguesa, al día siguiente una pizza y platos precocinados. Hacer ejercicio, adelgazar y mantener el peso ha de estar en consonancia con un estilo de vida saludable.

Centrarnos únicamente en un tipo de ejercicio: hay quien se centra solo en entrenar los abdominales para reducir peso, pero esto no es siempre lo más favorable. Debe haber una combinación de ejercicios distintos.

Fuente: Ok diario

Salud

Lo que hay que saber sobre el trastorno dismórfico corporal

Cómo afecta a quien lo padece, síntomas y formas de tratarlo

El trastorno dismórfico corporal o TDC es un trastorno complejo, con muchas variables, que aparece como una obsesión por esconder alguna parte del cuerpo de una manera obsesiva y compulsiva. Se describe como una preocupación excesiva por algún defecto físico o imperfección prácticamente imperceptible o sin importancia para los demás.

Esta excesiva preocupación y distorsión de la percepción de la propia imagen lleva a buscar y comprobar los supuestos defectos para tratar de corregirlos u ocultarlos ante los demás, ya sea con prendas de vestir, exceso de maquillaje, cirugía estética, etc. Esta suele estar distorsionada o sobredimensionada y conlleva sentimientos de vergüenza, desasosiego, pensamientos recurrentes de tipo obsesivo, angustia y baja autoestima, pudiendo afectar seriamente al estado de ánimo, las relaciones sociales y la vida cotidiana.

Los casos de TDC están aumentando considerablemente en los últimos años debido a un contexto social que fomenta, cada día más, el culto al cuerpo, la perfección física o la imagen modélica. Estas exigencias extremas ceñidas a unos cánones de belleza imposibles e irreales puede hacer que veamos la diversidad corporal como un ‘defecto’, ya que no encaja en lo que se espera como normativo. Y, por ende, si no encaja en esos cánones, se nos lanza el mensaje de que no es un cuerpo ‘válido’.

Todo ello genera muchas consecuencias en la salud física y mental: frustración, autoexigencia, necesidad de control, afectación del autoestima, siendo este última a su vez también otro posible factor de vulnerabilidad.

Otra posible razón se basa en “las violencias que una persona haya sufrido o sufra respecto a su propia imagen o cuerpo, dañando seriamente su percepción en un futuro, sobre todo en edades como la adolescencia.

Los síntomas principales del TDC:

– Preocupación y pensamientos negativos y obsesivos por el aspecto físico.

– Miedo o dificultades en la percepción.

– Comportamientos compulsivos como aseo excesivo, camuflarse bajo el maquillaje o cubriéndose con ropa para ocultar esa supuesta imperfección, práctica recurrente de cirugía plástica, revisión constante en el espejo, hurgarse la piel, comparación constante con los demás.

– Baja autoestima.

– Sentimientos de vergüenza, ansiedad, depresión y enfado.

– Destinan un mínimo de una hora al día en la percepción de sus ‘defectos’ y aumentar incluso hasta las ocho horas diarias.

Cómo se trata el trastorno:

– Intentá no comprobar constantemente delante del espejo o haciéndote fotos. La mirada puesta en vos de forma obsesiva aumentará tu ansiedad y distorsionará la percepción de tu imagen, perdiendo la objetividad.

– Limitá tus compras y la búsqueda de accesorios para ocultar partes de tu cuerpo o tratar de mejorarlos, ya que se puede convertir en algo compulsivo que retroalimente la distorsión.

– Limitá el uso de redes sociales que puedan estar influyendo en que te compares constantemente con otros y con cánones de belleza idealizados y poco realistas.

– Evitá los filtros y aplicaciones que se usan para perfeccionar la imagen.

– Valorá otros aspectos de tu personalidad y de tu vida que quizá estás dejando pasar desapercibidos, como son tus cualidades personales, hobbies e inquietudes.

– Acudí a un profesional especializado que pueda guiarnos y dotarnos de herramientas con el fin de poder transitar ese malestar de forma acompañada, y poder adquirir otras formas de enfrentar la situación de forma más adaptativa y saludable.

En muchas ocasiones, dicho enfoque o terapia irá dirigida a reducir la intensidad y frecuencia de las preocupaciones, modificar esa visión irreal sobre el supuesto defecto, y la disminución de los comportamientos que pueden acompañarla.

Fuente: Cosmopolitan

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Salud

Trucos para mejorar tus pizzas caseras

Tres consejos para mejorar aún más este plato

Si te gusta disfrutar de una buena pizza casera, podés mejorar aún más el resultado final con algunas recomendaciones del chef calabrés Pino Prestanizzi, quien aportó algunos tips en su canal de YouTube.

El truco para la masa perfecta en tres minutos

La masa debe contar con los siguientes ingredientes: 500 gramos de harina tipo 00, 350 centilitros de agua, 10 gramos de levadura (una cucharada), 20 gramos de sal y un buen chorro de aceite de oliva virgen. Mezclá la levadura con la harina, añadí la mitad del agua, mezcla, la pizca de sal, seguí mezclando, incorporá el chorro de aceite y el agua que queda y ponete a amasar con esas manos hasta que quede una bola que no se te pegue a ellas. El secreto es dejarla tapada y cubierta con un trapo durante dos horas para que leve, sin que le entre ni una pizca de aire.

Temperatura idónea del horno

No tendrás la suerte de tener horno de leña, pero el tuyo eléctrico también sirve. Es importante aceitar bien la bandeja sin miedo e ir repartiendo la masa con la forma de la bandeja dando suaves golpes con las yemas de los dedos.

El horno debería estar encendido a 300 grados idealmente, o en su defecto, a la temperatura máxima posible, con lo que tardará un poco más en hacerse. Añadí orégano, albahaca, aceite y sal a la salsa de tomate e incorporala a la masa y metela en el horno, al principio sin ningún ingrediente más, durante unos minutos -depende mucho de la potencia del horno, entre cinco y diez minutos es lo habitual-.

El momento perfecto para echar el queso y el orégano

Incorporá el orégano a la salsa de tomate, y si querés añadir orégano fresco por encima, hacelo unos minutos antes de sacar la pizza del horno. Sacala a la mitad del horneado para añadir el queso a tu gusto -esto permitirá que este no se queme-. Lo clásico es mozzarella, también podés añadir pimiento, champiñones, alcaparras, cebolla… lo que desees.

Fuente: Computer hoy

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Salud

Cuatro formas de comer más verduras

Si te cuesta comer estos alimentos, probá estos trucos express

Si te cuesta incluir más vegetales en tu dieta diaria, a pesar de que sabés que son muy saludables, tomá nota de algunos tips para aumentar su consumo, sin que esto suponga invertir mucho tiempo en la cocina.

1. Olvidate de cortar

Una parte importante del tiempo que invertimos en cocinar la dedicamos a cortar las verduras que usaremos para nuestros platos. Por lo tanto, una buena forma de ahorrar tiempo es evitar ese paso. Para eso lo mejor es recurrir a verduras pequeñas o ya cortadas, como por ejemplo usar espinacas y zanahorias baby o tomates cherry, tres ejemplos de verduras que están listas para el consumo. Algunas de ellas son opciones perfectas para tomar tal cual como snack rápido o para usarlas en diferentes platos sin necesidad de procesarlos.

También podés recurrir a las verduras cortadas que venden en el súper, como los champiñones ya limpios y laminados o las diferentes opciones que encontrarás en las heladeras, eso sí, esta última alternativa te supone una inversión mayor que comprar la verdura entera y cortarla en casa.

2. Dale una oportunidad a las verduras congeladas y en conserva

Las congeladas y enlatadas son igual de nutritivas que las frescas y te ahorran algunos pasos a la hora de cocinar. Tener en el congelador cebolla en cuadritos, lista para tus sofritos, y otros mix de verduras congeladas ya limpias y troceadas.

Lo mismo ocurre con las verduras en conserva, que te facilitan el trabajo. Es importante mirar los ingredientes y cerciorarse de que se trata de una conserva de calidad, que no lleve un exceso de sal ni ingredientes poco saludables. Los congelados y las conservas son opciones para tener siempre a mano, ya que duran en perfecto estado muchísimo tiempo, son económicas y versátiles.

3. Incluí verduras en tus snacks

Por mucho que te esfuerces, es posible que haya días que te resulte imposible pararte a elaborar una comida equilibrada, con la mitad del plato compuesta por verduras. Por eso, una buena opción para seguir comiendo verduras durante el día, es aprovechar los snacks. El hummus con crudités es una opción de aperitivo, igual que unos tomates cherry con bolitas de mozzarella, por ejemplo.

4. Dale un toque diferente a tus verduras con aliños originales

No nos engañemos, unas verduras cocidas así tal cual no resultan nada atractivas. En muchos casos necesitás darles un toquecito especial con salsas o aliños que no tenés tiempo de preparar y al final la cosa termina en que te olvidás de ellas y comés algún ultraprocesado.

Si no te da tiempo a prepararla en casa, buscá una salsa comercial con buenos ingredientes (un aceite de oliva aromatizado o un pesto de calidad, por ejemplo) y usala para darle ese toquecito especial que necesitan tus platos de verduras.

Fuente: Mia revista

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