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Salud

Cómo debe ser la respiración para combatir la ansiedad

Algunas técnicas que pueden ser útiles

La respiración puede ayudarte a estar más tranquilo, pero no todos lo hacemos tan bien como pensamos o deberíamos. Hay que respirar por la nariz y no debes acelerarte. Una frecuencia respiratoria normal y saludable, en reposo, ronda en torno a las 12 y 18 respiraciones por minuto.

La cuestión se complica cuando tenés la nariz taponada o hacés ejercicio aeróbico al aire libre. Entonces, cuesta respirar, resulta más habitual despistarse y captar el aire por la boca. Y ahí pueden surgir los problemas. Si respirás con la boca abierta por la calle y hace frío, al aire no le da tiempo a humidificarse y calentarse de forma adecuada, por lo que las mucosas pueden enfriarse y aumenta la probabilidad de resfriarse.

Si padecés sobrepeso,  esta condición aumenta el riesgo de que sufras un trastorno respiratorio nocturno, como el síndrome de apnea-hipopnea, lo que perjudica la calidad del sueño. Este problema hace que dejemos de respirar durante determinados momentos y que, en general, captemos un menor volumen de aire, por lo que no tendremos un sueño reparador y sufriremos somnolencia por la mañana. Cuando el peso baja, el síndrome mejora, llegando incluso a curarse.

También el bajo peso puede ser un problema. Los músculos encargados de la respiración, junto con el corazón, son los únicos que no descansan ni un momento y respirar consume entre el 2% y 3% del total de la energía usada por el organismo en el día, por lo que es necesario tener un aporte de calorías adecuado para que la respiración no se vea afectada.

Consejos y técnicas para el control de la respiración

Técnicas de relajación: ciertas técnicas incluyen el entrenamiento respiratorio. Entre ellas, se encuentran la meditación consciente —conocida como mindfulness—, el yoga y taichí. Pueden tener un efecto beneficioso para tu salud porque ayudan al control del estrés y la respiración.

Además, podés realizar otros ejercicios sencillos para hacer en cualquier lugar, como las distintas técnicas de relajación en casa. Los expertos recomiendan:

– Empezar a tomar conciencia de tus movimientos de entrada y salida del aire.

– Prestar especial atención a los momentos en los que te sientas especialmente estresado y notar cómo se comporta tu respiración: por ejemplo, si tenés problemas para tomar el aire, hacés bocanadas grandes a través de la boca o si tu ritmo respiratorio se acelera o pierde su ritmo natural y se ha convertido en irregular.

– Apuntar, tomar conciencia y aprender a cambiar este comportamiento por otra respiración más pausada y calmada.

Adoptá una buena postura para una correcta respiración: nos cuesta mantener una postura saludable. Cualquiera que haya probado a mejorar su llamada higiene corporal dinámica conoce que una mejor postura favorece la respiración profunda. Pero a veces el problema reside en interiorizar qué posición resulta saludable y, en general, todos tenemos una postura buena que nos permite respirar con calidad.

Prestá atención a tu diafragma, ese músculo alojado entre el pecho y el abdomen, porque desempeña un papel principal. Hay que asegurarse de que no lo oprimimos para que pueda llevar a cabo su tarea con total libertad. Mantené tu espalda erguida, elevada, tus hombros bajos y encajados de manera natural en las clavículas. Esta posición implica colocarlos ligeramente hacia detrás (pero con naturalidad, sin exagerar) y distendidos, sin tensiones. Tu mentón debería alzarse de forma suave. Y relajá mandíbula y cuello.

Por su parte, los suspiros pueden esconder información sobre la calidad de nuestra respiración. Un ejemplo está en quien practica esta respiración profunda a todas horas o en quien bosteza todo el tiempo (en el fondo, otro tipo de inhalación). En uno y otro caso, estos comportamientos pueden esconder un problema para obtener aire suficiente. Y acabamos exhaustos porque nos estaremos hiperventilando; es decir, captamos bocanadas a un ritmo mayor del que los expertos consideran saludable. Y aunque la respiración excesiva constituye una respuesta natural en episodios de estrés o ansiedad el consejo consiste en tratar de controlar el ritmo de entrada y salida del aire.

Para quienes suspirar puede llegar a convertirse en un comportamiento repetido incluso durante los momentos del día en los que no tenemos motivos para estar ansiosos, hay remedio: aprender a aguantar el aire dentro de forma consciente, por ejemplo, siete segundos, porque este gesto ayuda a reducir el ritmo respiratorio. Pero si los problemas persisten, habrá que realizar una visita al médico.

Cuando estamos nerviosos, la respiración (al igual que el ritmo cardiaco) se acelera y nos hiperventilamos. Esto implica que captamos mayor volumen de oxígeno durante la inhalación, pero también liberamos una enorme cantidad de dióxido de carbono (CO2).

Así solo acabarás aumentando tu sensación de estrés y puede que derive en un ataque de ansiedad. Por eso, se aconseja captar aire de forma lenta, suave y controlada. Y si te hace falta, o sufrís una crisis de ansiedad, podés colocar una bolsa de plástico en la nariz y la boca para recuperar el dióxido que estás liberando, ello favorece recuperar el ritmo de respiración normal. No hay que meter la cabeza dentro de la bolsa, sino solo colocarla en las vías respiratorias.

Fuente: Consumer

Salud

Delta Plus, la última variante del coronavirus: síntomas y efecto de las vacunas

Detectada por primera vez en el Reino Unido, esta nueva mutación del virus ya llegó a los Estados Unidos

Oficialmente se lo conoce como AY.4.2, pero de manera coloquial se la ha dado a llamar Delta Plus, un nuevo subtipo del virus del coronavirus, que en el Reino Unido representa ya el 6% de los casos que se han secuenciado genéticamente. El hecho preocupa particularmente por el aumento en el número de casos.

Los CDC (Centros para el Control de Enfermedades, según sus siglas en inglés), han confirmado que este subtipo ya se ha detectado en los Estados Unidos, aunque aún no hay cifras concretas acerca de cuántos casos se han encontrado, ni dónde exactamente.

La Organización Mundial de la Salud advirtió en junio que tiene una mutación adicional a la que presenta la delta original y podría tener un impacto en la capacidad de los anticuerpos para acabar con el virus.

Además, según un estudio publicado en una revista científica alemana, ambas variantes tienen mayor eficacia a la hora de infectar las células pulmonares.

Sin embargo, por el momento las vacunas siguen teniendo eficacia respecto a una infección más grave, hospitalización o fallecimiento. Lo que no quiere decir que las personas no puedan ser infectadas y tener una cierta sintomatología.

¿Cuáles son los síntomas?

Provoca distintos a las versiones anteriores del virus, según ha advertido Tim Spector, profesor de epidemiología genética de la Universidad King’s College London. Produce más mucosidad y dolor de garganta, pero menos tos y pérdida de olfato, según dice el experto.

El epidemiólogo subraya que la tos es más infrecuente entre los infectados con la nueva variante respecto a las anteriores.

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Salud

Síntomas de la alergia al sol

Efectos en la piel de la exposición prolongada al sol

Una consecuencia de la exposición prolongada al sol es la llamada “alergia al sol”, que no es una única patología, sino que es un grupo de afectaciones cutáneas que se desencadenan o agravan por la radiación ultravioleta. Existen diferentes tipos de cuadros clínicos dentro de este término. Forman parte, en realidad, de las llamadas fotodermatosis idiopáticas.

Dermatosis actínica crónica: suele ser muy común en varones de edad avanzada. Se inicia en forma de prurito en cara, cuello y dorso de las manos y puede ir empeorando hacia una lesión eccematosa con placas. Comienza en las zonas expuestas al sol, pero puede ir afectando a otras zonas que estaban cubiertas.

Erupción polimorfa lumínica: es la más común. La podemos identificar por el picor, el enrojecimiento y pequeñas ampollas que suele aparecer a las pocas horas en los antebrazos, mejillas y sobre todo en la zona del escote. Si sos mujer y de piel clara, tendrás más probabilidades de padecerla, aunque solamente la sufren entre el 10% y el 20% de la población.

Urticaria solar: es menos frecuente que la anterior. Las lesiones típicas se manifiestan en forma de urticaria pero no necesariamente en las zonas que han estado expuestas. Se inicia a los 10-15 minutos de la exposición solar y desaparece o se resuelve en 1 o 2 horas sin dejar cicatriz.

Dermatitis solar: es una enfermedad crónica de la piel además de darse también en los labios y zona de los ojos. Puede darse en forma de pequeño sarpullido o enrojecimiento. En este caso, la predisposición genética es un factor importante, sobre todo en las personas asiáticas y amerindias.

El tratamiento dependerá del tipo de “alergia” al sol que tengamos. Para casos leves, simplemente podremos solucionarlo evitándolo durante unos días hasta ver que los síntomas y signos de la piel desaparecen.

Si no, debemos consultar con un médico, que nos podrá recomendar algún medicamento como cremas con corticoides de venta libre o de receta. Si la reacción de la piel fuera grave, el médico podría recetar un ciclo corto de pastillas de corticosteroides.

Fuente: 65 y más

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Salud

Qué verduras se pueden congelar, cuáles no y cómo hacerlo correctamente

Todo lo que tenés que saber para su correcta conservación

Para freezar las verduras, es importante saber cómo hacerlo correctamente y con cuáles podés hacerlo y cuáles no se recomienda congelar.

El primer paso es tan sencillo como importante. Tenés que asegurarte de que queden bien limpias para luego cortarlas en partes pequeñas que te permitan guardarlas en un tupper o una bolsa en el freezer. Si tiene mucha tierra, usá un bowl lleno de agua y dejala dentro de él unos minutos para que la suciedad se desprenda sin necesidad de gastar tanta agua.

Una vez ya las tengas lavadas y cortadas, llega el momento de blanquearlas: tenés que hervirlas en una olla de 1 a 3 minutos y luego escurrirlas y sumergirlas en agua fría. Tras unos minutos en los que el contraste de temperatura haya hecho efecto, secaelas con un poco de papel de cocina. En el caso de las de hoja verde, podés agregarle unas gotas de jugo de limón, que ayudarán a conservar su color

El último paso es primordial para conservarlas correctamente en el freezer. Una vez que estén secas, decidí qué metodo usarás : un tupper, una bolsa con cierre al vacío (la mejor opción porque no tiene nada de oxígeno, que es lo que oxida los vegetales) o una bolsa normal (no es la opción más recomendable, ya que no aprovecha bien la distribución del freezer y conserva mucho aire en su interior).

Si optás por meterlas en un tupper o en frasco, dejá siempre un margen de un par de centímetros de hueco entre la verdura y el cierre, ya que los vegetales aumentan su tamaño al congelarse. Si seguís los anteriores pasos, conseguirás mantenerlas en el mejor estado posible y hacerlas inmunes al paso del tiempo.

¿Qué verduras se pueden congelar?

S pueden congelar todas, pero, obviamente, no todas resisten las bajas temperaturas de la misma manera. A algunas les cambia mucho la textura, así que tenés que tener en cuenta este punto dependiendo de cómo las cocinarás en el futuro. Por ejemplo, no es recomendable congelar aquellas que pretendés comer crudas, ya que el sabor y la textura serían muy distintos.

A continuación, las se pueden congelar sin ningún tipo de problemas.

Hojas verdes. Suelen tolerar bastante bien el paso por el freezer, aunque no es recomendable comerlas crudas después de descongelarlas, ya que quedan algo húmedas (mejor si las cocinás como relleno). Esto sucede al freezar acelga y espinacas, por ejemplo. Pueden durar hasta un año, aunque tenés que blanquearlas primero.

Berenjenas y zucchinis. Ambos deben de ser congelados siguiendo el proceso de blanqueado. Pueden durar hasta un año sin problema.

Zanahoria, zapallito, puerro… y todas aquellas verduras típicas para hacer sopa. Lo ideal es que sean blanqueadas y luego freezadas. Lo bueno es que si vas a hacer una sopa con ellas en el futuro, podés usarlas sin descongelar.

Las que que se pueden freezar crudas:

Hay varias que pueden ser congeladas sin necesidad de blanquearlas previamente.

Brócoli y coliflor. Tan sólo tenés que lavarlos bien previamente y secarlos. De ser posible, cortalos en pequeños trozos antes de freezarlos. El brócoli puede aguantar hasta un año y el coliflor, unos seis meses.

Perejil. Lavar, cortar y guardar en pequeñas bolsitas en el freezer. Fácil y sencillo. En el freezer puede durar hasta unos seis meses.

Cebolla y ajo. Podés freezarlos enteros o cortados. La intensidad de su olor baja con el paso del tiempo en el freezer. Aguantan hasta el medio año sin ningún tipo de problemas.

Jengibre. Tan solo tendrás que cortarlo en rodajas y guardarlo en el freezer. Podés optar por quitarle la piel y que cuando lo descongeles, lo uses directamente en la receta que estés preparando.

Legumbres. Garbanzos, lentejas, porotos, arvejas: todos pueden ser freezados crudos, pero es indispensable dejarlos en remojo en agua unas horas antes. Cuando las retires, dejalas descongelarse dentro del mismo agua en la que las cocerás. También podés guardarlos cocidos, si así lo preferís. En el freezer resistirán bien por unos tres meses.

Choclo. Podés guardarlos con los granos sueltos o en el choclo en sí. Simplemente asegurate de lavarlo bien antes de meterlo en el freezer.

Qué verduras no se deben congelar

Verdura frita. El paso por el freezer provoca que pierda su crocancia y su textura, por lo que luego no será agradable para comer.

Pepinos. Una de las verduras que más agua contiene y, por tanto, peor queda tras su paso por el freezer (los sacarás con una textura pastosa). Igualmente, si decidís hacerlo, podrás salvarlos para un licuado.

Palta. Tras estar congeladas, se vuelven más blandas, por lo que su uso queda solo para guacamoles o salsas. Igualmente, si decidís congelarlas, rocialas con unas gotas de limón, que evitarán que se oxiden.

Tomates frescos. Si bien es cierto que podrían llegar a ser aprovechados para determinados guisos y/o salsas, lo cierto es que freezarlo es una mala idea, ya que pierde su textura y su sabor. Sí es recomendable freezarlo ya cocinado dentro de otra preparación (como una salsa de tomate, por ejemplo).

Papas crudas. En caso de que las quieras congelar, hacelo en forma de puré o blanqueadas, ya que de otra manera, al sacarlas, quedarán blandas.

Nunca vuelvas a freezar las verduras que ya sacaste del freezer, ya que perderán muchas propiedades y es posible que se echen a perder. La mayoría de las sobras se pueden congelar. Sin embargo, es mejor congelar solo los alimentos que no hayan estado en el plato de alguien para reducir el riesgo de bacterias y gérmenes. Descongelalas antes de recalentarlas, y cubrilas con papel de aluminio mientras estén en el horno.

Los expertos recomiendan desechar cualquier cosa que no se haya usado después de nueve meses y, en algunos alimentos, el tiempo es incluso más corto. En cuando a qué usar, el plástico sólido generalmente se congela bien, al igual que en la silicona. Podés usar bolsas reutilizables para reducir el desperdicio o usar cajas de cartón viejas de delivery. Si preferís comprar un tupper nuevo, buscá el sello de apto para freezer (un copo de nieve) en la parte inferior del tupper.

¿Es necesario que la comida esté fría antes de congelarse? No es necesario que esté helada, pero debe haberse enfriado a temperatura ambiente. Los alimentos calientes suben la temperatura del aire del congelador, lo que podría afectar al resto de alimentos congelados. También significará que la comida se congela en diferentes áreas en diferentes momentos, lo que podría afectar a la textura.

Fuente: Cleanipedia

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