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Salud

Tres técnicas para dejar de posponer lo que tenés que hacer

Para los procrastinadores, estos trucos pueden ser de ayuda

Si sos de los que tenés que hacer algo pero te da pereza hacerlo y terminás postergando eternamente la obligación, algunas técnicas pueden serte de ayuda.

En el hecho de postergar una tarea, también denominado procrastinar, encontramos dos “vertientes”: la activa y la pasiva. La primera se refiere a cuando se posterga algo de manera inconsciente, por ejemplo volcando la atención en muchas otras tareas antes de la que realmente se debe realizar. La segunda habla de cuando a propósito se retrasa, ya sea porque sentimos que necesitamos más energía, o vamos a hacerlo mejor en otro momento.

Dentro de la procrastinación entran en juego dos factores: la autoestima y el perfeccionismo. La baja autoestima es uno de los motivos más comunes por los que se puede tener tendencia a postergar tareas de manera pasiva. Si una persona se siente poco suficiente para realizar algo, entonces de manera inconsciente evitará hacerlo. Por otro lado, el perfeccionismo juega un papel importante: “Si no voy a poder hacer esto perfecto, mejor no lo hago”.

Puede plantearse el dilema de si es un problema de gestión del tiempo, o de gestión de las emociones. Puede ser de ambas, pues cuando hablamos de esta cuestión, sabemos que su origen puede tener varias causas. Entonces, puede que para algunos el dilatar las responsabilidades nazca de la incapacidad de gestionar algunas emociones, que nos frenan por ello, y para otros sea un simple problema de tiempo: se pierde de manera aleatoria y no se destina a lo que se debe.

Es importante analizar hasta qué punto nos afecta: si vemos que incurre en el día a día de manera pronunciada, lo mejor es buscar ayuda profesional. En el caso de que identifiquemos el patrón, pero no sea tan acentuado, hay algunos trucos:

– Una buena planificación: es importante identificar los “patrones” de procrastinación que tenemos: cuándo solemos hacerlo, con qué tareas, qué nos aburre más y cuánto tiempo solemos postergar la obligación.

– La barrera del primer minuto: si vencemos el primer minuto de una actividad (es decir, damos el paso de comenzarla), ya hemos hecho un gran avance. Una vez pasado ese minuto, hemos roto la barrera principal que nos impedía realizar la actividad.

– Tener una recompensa: darnos pequeños regalos a nosotros mismos (una actividad, una comida, algo que nos guste mucho) a cambio de hacer aquello que tanta pereza nos da puede ser clave para hacerlo de una vez por todas.

Fuente: ABC Bienestar

Salud

¿Te da dolor de cabeza después de comer? Estas son las posibles causas

Lo que comés puede ser uno de los motivos de una de las dolencias más comunes

El dolor de cabeza es una de las dolencias más comunes. Lo hay de distintos tipos y grados de intensidad, desde un leve dolor, que puede ser fruto de un esfuerzo físico o mental, hasta una invalidante migraña difícil de soportar. Además, hay quienes sufren cefaleas después de la ingesta de alimentos.

Si experimentás dolor tras las comidas es importante conocer las causas. Si se repite con frecuencia, acudí al médico para obtener un diagnóstico y comenzar un tratamiento. Estos pueden ser los motivos.

Alergia o intolerancia alimentarias

No son la misma dolencia, pero ambas tienen en común la aparición de una reacción adversa del organismo ante la ingesta de determinadas sustancias contenidas. En la alergia, el sistema inmune libera anticuerpos e histaminas para hacer frente a la sustancia que considera extraña. La intolerancia se produce por las carencias o deficiencias en el sistema enzimático, que hacen que el organismo no pueda asimilar correctamente determinadas sustancias. Así, aparecen reacciones cutáneas, molestias digestivas y dificultades respiratorias. Además, puede aparecer un dolor de cabeza repentino.

Si después de comer sufrís cefaleas, identificá qué alimentos has ingerido y averiguá si se repite siempre que consumís esa comida en concreto: lácteos, cereales con gluten, chocolate.

Hipertensión

Se considera una enfermedad ‘silenciosa’ porque sus síntomas son difíciles de identificar. Hace referencia a la presión con la que la sangre circula por los vasos sanguíneos, ejerciendo una determinada fuerza contra sus paredes. Los alimentos con alto contenido en sal provocan un aumento de la tensión arterial, aunque la aparición de hipertensión puede deberse a otras causas.

Diabetes

Mantener los niveles adecuados de glucosa en sangre es básico para el buen estado de salud general. Cuando esos niveles son excesivamente bajos (hipoglucemia) o altos (hiperglucemia), los mareos y los dolores de cabeza después de comer pueden ser manifestaciones habituales de ese desajuste de la glucosa en sangre.

Alimentos ricos en tiramina

No hay alimentos ‘buenos’ y ‘malos’, porque los efectos que provocan en cada persona dependen de múltiples factores (estado de salud general, actividad física, el conjunto de la dieta). Aun así, aquellos que contienen tiramina podrían considerarse posibles desencadenantes de cefaleas y migrañas.

La tiramina es un aminoácido que influye en la dilatación de los vasos sanguíneos y que puede desencadenar dolores de cabeza tras su ingesta. Está presente de manera natural en algunos alimentos como: quesos, carnes ahumadas o procesadas, alimentos en conserva, encurtidos, alimentos fermentados (chucrut), salsas como la de soja y algunas frutas, como la banana o palta cuando están muy maduras. También en determinados frutos secos como las nueces o los maníes, entre otros.

Conservantes y potenciadores del sabor

En ocasiones, no es un alimento en sí mismo el que puede provocar dolor sino los ingredientes con los que ha sido tratado para su conservación. La excesiva presencia de nitritos y nitratos, así como del glutamato monosódico, podría estar detrás del malestar tras comer algunos embutidos, productos ultra procesados, platos precocinados, sopas de sobre o algunas salsas que se venden ya preparadas.

Alteraciones en la masticación

Los dolores también pueden tener su origen en algún trastorno de la articulación temporomandibular (ATM), la que conecta la mandíbula con la base del cráneo. Sin darnos cuenta, realizar mal el movimiento que implica morder y masticar podría acabar provocando cefaleas, especialmente si el dolor se concentra en la zona de las sienes.

Deshidratación

Las migrañas pueden estar relacionadas con la insuficiente ingesta de líquidos, bien sea directamente o a través de verduras y frutas. Cuando hay una carencia de agua en el cerebro, suelen aparecer dolores.

Esto mismo sucede debido al consumo excesivo de bebidas alcohólicas, ya que favorecen la deshidratación del organismo, de ahí los dolores de cabeza típicos de la resaca, una situación que se produce unas horas después de su consumo.

Reflujo gástrico

La acidez de estómago y el reflujo que se produce cuando los ácidos estomacales regresan al esófago en el proceso de la digestión es un problema de salud que, si se repite con frecuencia, requiere consulta médica. Aunque sus síntomas son principalmente digestivos, hay quienes experimentan dolores de cabeza más o menos intensos cuando sufren estas patologías.

Dieta desequilibrada

A veces no depende de un alimento concreto sino de los malos hábitos nutricionales. Una dieta desequilibrada, que no aporte la proporción adecuada de carbohidratos y, con ellos, la suficiente cantidad de energía que el organismo necesita, puede estar detrás de las cefaleas. Cuidado con las dietas que eliminan totalmente los hidratos de carbono.

Fuente: Un cómo

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Salud

Consejos para que la convivencia no desgaste la pareja

Qué hacer para que esto no perjudique la relación

No solo circunstancias extraordinarias ponen a prueba el equilibrio de muchas parejas. En muchos casos, los problemas más habituales de la convivencia se intensifican al pasar mucho tiempo juntos e incluso algunos parejas piensan poner fin a su relación. Si en alguna ocasión te lo has planteado o crees que podés estar en crisis, tomá nota de los siguientes consejos.

Normalmente surgen muchos conflictos fruto de una realidad que no es igual a la expectativa idealizada de la vida en común. En una pareja, además, se unen dos formas de ver la vida, costumbres y educaciones distintas. La convivencia (si es muy intensa, más) hace aflorar cómo somos en realidad. Al convivir es imposible mostrar solo nuestra mejor cara, sino que las personalidades se desnudan al completo, y a veces hay aspectos del otro que se ignoraban y que no nos agradan.

Problemas más frecuentes de la convivencia

Tareas del hogar: uno de los problemas más frecuentes de la convivencia prolongada es que uno de los dos siente que lleva más carga que el otro en las tareas de la casa o el cuidado de los hijos. En general sucede porque uno se crea una expectativa (piensa que el otro miembro de la pareja se ofrecerá a ayudar, hará más…) y, si el otro no lo hace, aparecen la decepción y el enfado.

No pasar tiempo solos: la rutina y las obligaciones nos comen, y muchas parejas no pasan a diario tiempo solos. Hay que buscar un momento al día para estar juntos, sin nadie más (aunque sea quedar a la hora del café, comer, dar un paseo diario de una hora…) y poder mantener la relación sin injerencias del exterior.

Falta de intimidad o espacio propio: sentirse agobiado, ahogado por la relación. Es esencial tener aficiones y gustos propios y, aunque sea en el mismo piso, cada uno debe poder hacer lo que le guste, ver sus programas de televisión favoritos o estar realizando actividades diferentes en habitaciones distintas.

Desacuerdo en decisiones importantes: un cambio de trabajo, comprar o no una casa, el desempleo de uno de los miembros y, sobre todo, los hijos… Las discrepancias en cómo resolver estos problemas generan mucha tensión. Más grave es tener diferencias en los valores fundamentales.

Consejos para que la convivencia funcione

Hacerse cargo de las circunstancias: hay veces en las que estamos en una situación de crisis. Se puede haber tenido un trastorno de estrés postraumático o desarrollado un trauma si ha perdido a un ser querido o se ha quedado sin trabajo, por ejemplo. Cuando estamos atravesando malos momentos, hay que estar ahí como un equipo, demostrando comprensión y paciencia.

Concederse una oportunidad: si los complicados equilibrios de una pareja se han roto durante una convivencia prolongada, antes de optar por separarse, dejar las emociones a un lado y darse un tiempo para intentar recuperar la normalidad y ver si se consigue restablecer el cariño. Una pareja no es un sistema o sociedad aislados, sino que está en relación con el entorno.

Equilibrar espacios: cuando se está en pareja, se oscila entre el deseo de contacto y el de tener un espacio propio, por lo que una de las claves consiste en encontrar momentos para ambas cosas. Cada uno tiene que poner en común qué es lo que le agobia, qué es lo que quiere y poderlo pedir. Hay que tener en cuenta que el otro no es como yo y que, además, cuando está en pareja es “un otro distinto”.

Agradecer lo que se tiene: abrazarnos antes de irnos a dormir puede ser un pequeño ritual de bienestar. A veces perdemos de vista lo valioso que es tener a alguien al lado que nos agarre de la mano y nos ayude.

Darse una tregua: si estás en plena crisis, se recomienda no tomar ninguna decisión importante tanto en ese periodo como inmediatamente después. Reflexioná en conjunto sobre lo que está ocurriendo. A no ser que haya violencia –porque se trataría de otro escenario–, se recomienda esperar y trabajarlo. Saber posponer la resolución de conflictos en un síntoma de madurez.

Llegar a acuerdos: dos personas no encajan a la perfección, por lo que para mantener una pareja hay que estar dispuesto a trabajar y hacer esfuerzos para pactar. En caso de choque, poner los problemas encima de la mesa, ser flexible y colocarse en el lugar del otro.

Comunicación: que sea muy abierta y sincera, no con silencios castigadores que el otro no entiende o con lenguaje indirecto. Explicar lo que a uno le pasa de buenas maneras. Se puede hacer lista de todo lo que necesita del otro: “que me escuches”, “que no me hables de ese tema porque me duele”, “que me digas las cosas con más tacto”, “que cuando te escribo no tardes horas en responder…”.

Abordar los problemas a tiempo: un pequeño problema de pareja, si no se soluciona desde el principio, con el tiempo puede agrandarse y acabar en divorcio. A terapia de pareja a veces acuden personas cuya relación ya está muerta, pero no hay que esperar hasta ese punto.

Fuente: Eroski consumer

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Salud

Algunos factores que dañan tu cabello

Cuando la belleza no es compatible con la salud de tu pelo

Tener una cabellera radiante, con volumen, el color perfecto, que se moldee con el peinado que elijamos y que huela y se vea bien, sin duda no es cosa fácil. Para eso recurrimos a un sin fin de tratamientos y productos que por una u otra razón nos conducirán en determinado momento a su deterioro.

Un cabello en mal estado es el resultado de una combinación de malos tratos. El daño va de la raíz a las puntas y es un proceso que empieza con el desgaste de la cutícula, pasando por la exposición total de la corteza cabelluda, hasta desembocar en un quiebre del pelo o puntas abiertas. Pero, ¿cuáles son los grandes causantes del daño?

El sol: diariamente exponemos el cabello a los rayos ultravioleta transmitidos por el sol. Cuando vamos de viaje a alguna playa, el daño se hace más grande, ya que los rayos son más potentes y dañan la cutícula, produciendo mechones más claros, así como resequedad. Lo ideal es que pases el menor tiempo posible bajo los rayos solares o uses un sombrero que cubra bien tu cabellera para que no sufras las consecuencias.

Los productos químicos: cuando usamos tinturas, permanentes o algún tratamiento de alisado, estamos colaborando con el maltrato. Ya que la estructura del pelo se ve completamente modificada, cambiando la forma original del cuero cabelludo, lo cual daña la cutícula.

Si no te gusta la forma de tu cabello, optá por un corte o un peinado que te favorezca. Si querés teñirlo acudí con los profesionales para que te apliquen los mejores productos y tratamientos.

El desgaste diario: aunque el cabello puede ser muy resistente, factores como el cepillado y los peinados muy elaborados lo dañan inevitablemente. También puede maltratarse si lo cepillamos cuando está mojado o muy enredado. El pelo se puede dañar por el uso frecuente de calor, si usás secadora, plancha o tenazas. Colocate antes un aceite protector y evitá usar estos utensilios con mucha frecuencia.

Fuente: Toque de mujer

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