Seguinos en nuestras redes

Salud

Cómo controlar los pensamientos negativos que sufren las personas con TOC

Doce consejos para mejorar la calidad de vida

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) genera gran cantidad de pensamientos negativos y repetitivos cada día. Quienes lo padecen suelen sentirse culpables cuando toman consciencia del problema que tienen, aunque pidan ayuda profesional.

Está considerado como una enfermedad crónica por la Organización Mundial de la Salud (OMS), siendo una de las más discapacitantes que existen. Se suele manifestar por primera vez en la infancia o la adolescencia. Es muy raro que aparezca en un adulto, a no ser que ya se hubiese manifestado en el pasado de forma más sutil.

La principal manifestación es la existencia de pensamientos negativos recurrentes que, en algunos casos, nos llevan a conductas irracionales. Hay maneras de tratarla con profesionales de la psicología y en ocasiones, también se complementará con tratamiento farmacológico, siendo lo ideal que ambos aspectos vayan coordinados.

El primer aspecto a tener en cuenta es que hay formas de evitar pensamientos negativos y que estos, si aparecen, no ganen terreno. Estas son algunas pautas para que puedas mejorar tu calidad de vida.

1. Recordá que solo son pensamientos

No tienen por qué generar tu realidad si no lo permitís. No te definen ni te convierten en peor persona, de manera que te convendrá no identificarte con lo que pase por tu cabeza en esos momentos. Relativizar lo que significan los pensamientos es importante, aunque haya que buscar soluciones prácticas. En consecuencia, ante este tipo de situaciones, te convendrá no perder la calma y desapegarte en la medida de lo posible de los pensamientos negativos.

2. No combatas los pensamientos obsesivos

A veces se habla de como controlar los pensamientos negativos pero, más bien, se trataría de no combatirlos. Si uno aparece, como principio general es recomendable que no lo combatas. En la inmensa mayoría de las ocasiones, igual que viene, se va. Se gasta mucha energía en combatir los pensamientos negativos para nada y eso genera una frustración evidente.

3. Controlá solo las reacciones que generan los pensamientos, no estos

No intentes eliminar pensamientos negativos, asumí que existen y tratá de controlar las reacciones negativas que generan. Es habitual que tengan menos incidencia cuando las consecuencias negativas son menores. Por lo tanto, te convendrá centrarte únicamente en aquellas cosas que podés cambiar. Por ejemplo, si te levaste las manos correctamente y te sentís sucio, no intentes lavarlas una segunda vez. Esta es la forma de que los pensamientos no dominen tu vida.

4. Tratá de entender tus pensamientos

No nos referimos a que intentes racionalizarlo, pero sí te servirá saber por qué se originan y cuál es el objetivo de estos. Si sabes qué es lo que desean conseguir, te resultará más fácil entender cuál es su mecánica.

Los pensamientos negativos tienen como objetivo final limitar la consecución de tus objetivos. Por lo tanto, siempre aparecerán formas de limitarte y tenés que estar al tanto para evitar caer en la misma situación.

5. Usá técnicas de relajación

Son una opción cuando estás muy nervioso porque no has sido capaz de alejar pensamientos negativos. Lo que podés hacer es respirar profundamente a través del abdomen o imaginar un lugar tranquilo para rebajar tu nerviosismo.

En consecuencia, si cultivás estas técnicas de relajación podrás reducir la sintomatología negativa. Existen varias opciones que mejorarán tu calidad de vida, siempre que las uses con la suficiente frecuencia y constancia.

6. Rompé el círculo vicioso del TOC

Es entender cómo funciona el mecanismo y sus consecuencias. Se generan varios pensamientos repetitivos que, posteriormente, se somatizan e inciden en la vida diaria. Para solucionar el problema, la comprensión te ayudará pero, en algunos casos, necesitarás ayuda profesional especializada. En función de cada caso, tendrás que decantarte por tratamiento psicológico o farmacológico.

7. Reducí el estrés

Determinados niveles de estrés son perjudiciales para la salud. Es fundamental para ganar en bienestar y, para ello, hay que iniciar las acciones necesarias para mejorar tu día a día. El tratamiento de un TOC es a medio largo plazo y, por lo tanto, a partir de un determinado punto es conveniente pedir ayuda profesional.

8. No intentes razonar con tus pensamientos negativos

Es uno de los principales errores porque es inútil. Un pensamiento negativo y repetitivo no suele ser racional, de manera que intentar vencerlo por esa vía no es inteligente. Cuando tenés un grado bajo de TOC, lo mejor es hacer tu vida y dejar que pasen los pensamientos, siempre que no te impidan tu vida cotidiana. Tené en cuenta que en algunos momentos estos pensamientos se repiten.

9. Evitá autoflagelarte por no controlar la situación

Las personas con TOC suelen tener un problema de autoestima porque se sienten culpables por los pensamientos que aparecen de forma más o menos recurrente. La mejora de tu estado dependerá fundamentalmente de vos. No sos el responsable de padecerlo y, si estás poniendo las herramientas para mejorar, vas por buen camino. Si no podés eliminar pensamientos negativos, no los persigas. La mayoría tienen una mayor incidencia según la temporada y, en momentos buenos, apenas aparecen.

10. Apostá por alejar pensamientos negativos de forma natural

En vez de intentar combatirlos, intentá hacer tu vida normal para que estos pensamientos vayan desapareciendo o dejando paso a otros más positivos. Somos conscientes de que, a veces, esto no será posible por el grado del problema. De todas formas, es importante que tomes como referencia esta realidad para no hacer más grande la situación.

11. Viví el momento

Las personas con TOC suelen combinar periodos de relativa tranquilidad con otros en los que los pensamientos negativos les perturban. Lo mejor es que disfrutes de los momentos positivos sin anticipar experiencias negativas que, de cualquier forma, tendrás que pasar.

12. Recordá los avances que has conseguido

Las personas que siguen un tratamiento de TOC durante un tiempo suelen experimentar algún tipo de avance y, en muchos casos, tienen una vida normal. En la inmensa mayoría de los casos, la combinación de tratamiento psicológico y farmacológico mejora la calidad de vida. Por lo tanto, una manera de retroalimentar esta sensación positiva es ser consciente de los resultados que estás consiguiendo.

Fuente: Hernández Psicólogos

Salud

Cómo prevenir la alergia primaveral

Cómo disfrutar de esta estación sin sufrir por el polen

Para muchos la primavera es sinónimo de alergia. Los síntomas asociados son muy variados ya que afectan a diferentes partes como ojos llorosos, narices goteantes y picores de garganta.

Una alergia es una respuesta inmunológica o defensiva frente a una sustancia que, por norma general, no provoca ningún tipo de reacción en la mayoría de las personas. El origen de una alergia no está pues en el elemento que la produce, sino en el individuo que la padece.

Las concentraciones de polen en el ambiente dependen en gran medida de las condiciones climatológicas de la región en la que nos encontremos, especialmente de las lluvias que se hayan registrado. Cuanto menos llueva, más intensas serán las alergias, ya que la atmósfera no ha podido limpiarse. Aunque la lluvia puede resultar un arma de doble filo ya que, aunque limpia la atmósfera, también puede favorecer la floración.

Los principales síntomas son: conjuntivitis, picor en nariz, garganta y paladar, congestión nasal y estornudos, dificultad para respirar, tos y pitidos. Existen dos métodos que permiten tratar la alergia al polen: la inmunoterapia, más conocida como vacuna de la alergia. Consiste en la administración -por vía subcutánea o sublingual- del elemento que provoca la alergia en dosis cada vez más elevadas, hasta un máximo preestablecido por el alergólogo. Este proceso puede durar entre 3 a 5 años y es el único tratamiento capaz de mejorarla e incluso lograr que desaparezca.

Por otra parte, los antihistamínicos son medicamentos que permiten aliviar los síntomas Estos fármacos bloquean la acción de la histamina, una sustancia química que genera el cuerpo que provoca síntomas propios de la alergia. Antes de someterte a cualquiera de estos tratamientos debes consultar con un médico o farmacéutico, no te automediques.

Además, existen unas medidas para prevenir o aliviar los síntomas:

– Mantené cerradas las ventanas y puertas de tu casa para evitar que entre el polen.

– Evitá salir a la calle entre las 5 y las 10 de la mañana y entre las 7 de la tarde y las 10 de la noche ya que son las horas de mayor polinización. Además de los días de viento. O chequeá los niveles de polinización.

– Si viajás en coche, cerrá las ventanillas.

– No seques la ropa al aire libre ya que el polen puede impregnarse en ella.

– Usá lentes de sol y una mascarilla que te cubra nariz y boca si vas a permanecer largos periodos de tiempo afuera.

– No cortes el césped o te sientes encima de él.

Fuente: Normon

Continuar leyendo

Salud

¿Te da dolor de cabeza después de comer? Estas son las posibles causas

Lo que comés puede ser uno de los motivos de una de las dolencias más comunes

El dolor de cabeza es una de las dolencias más comunes. Lo hay de distintos tipos y grados de intensidad, desde un leve dolor, que puede ser fruto de un esfuerzo físico o mental, hasta una invalidante migraña difícil de soportar. Además, hay quienes sufren cefaleas después de la ingesta de alimentos.

Si experimentás dolor tras las comidas es importante conocer las causas. Si se repite con frecuencia, acudí al médico para obtener un diagnóstico y comenzar un tratamiento. Estos pueden ser los motivos.

Alergia o intolerancia alimentarias

No son la misma dolencia, pero ambas tienen en común la aparición de una reacción adversa del organismo ante la ingesta de determinadas sustancias contenidas. En la alergia, el sistema inmune libera anticuerpos e histaminas para hacer frente a la sustancia que considera extraña. La intolerancia se produce por las carencias o deficiencias en el sistema enzimático, que hacen que el organismo no pueda asimilar correctamente determinadas sustancias. Así, aparecen reacciones cutáneas, molestias digestivas y dificultades respiratorias. Además, puede aparecer un dolor de cabeza repentino.

Si después de comer sufrís cefaleas, identificá qué alimentos has ingerido y averiguá si se repite siempre que consumís esa comida en concreto: lácteos, cereales con gluten, chocolate.

Hipertensión

Se considera una enfermedad ‘silenciosa’ porque sus síntomas son difíciles de identificar. Hace referencia a la presión con la que la sangre circula por los vasos sanguíneos, ejerciendo una determinada fuerza contra sus paredes. Los alimentos con alto contenido en sal provocan un aumento de la tensión arterial, aunque la aparición de hipertensión puede deberse a otras causas.

Diabetes

Mantener los niveles adecuados de glucosa en sangre es básico para el buen estado de salud general. Cuando esos niveles son excesivamente bajos (hipoglucemia) o altos (hiperglucemia), los mareos y los dolores de cabeza después de comer pueden ser manifestaciones habituales de ese desajuste de la glucosa en sangre.

Alimentos ricos en tiramina

No hay alimentos ‘buenos’ y ‘malos’, porque los efectos que provocan en cada persona dependen de múltiples factores (estado de salud general, actividad física, el conjunto de la dieta). Aun así, aquellos que contienen tiramina podrían considerarse posibles desencadenantes de cefaleas y migrañas.

La tiramina es un aminoácido que influye en la dilatación de los vasos sanguíneos y que puede desencadenar dolores de cabeza tras su ingesta. Está presente de manera natural en algunos alimentos como: quesos, carnes ahumadas o procesadas, alimentos en conserva, encurtidos, alimentos fermentados (chucrut), salsas como la de soja y algunas frutas, como la banana o palta cuando están muy maduras. También en determinados frutos secos como las nueces o los maníes, entre otros.

Conservantes y potenciadores del sabor

En ocasiones, no es un alimento en sí mismo el que puede provocar dolor sino los ingredientes con los que ha sido tratado para su conservación. La excesiva presencia de nitritos y nitratos, así como del glutamato monosódico, podría estar detrás del malestar tras comer algunos embutidos, productos ultra procesados, platos precocinados, sopas de sobre o algunas salsas que se venden ya preparadas.

Alteraciones en la masticación

Los dolores también pueden tener su origen en algún trastorno de la articulación temporomandibular (ATM), la que conecta la mandíbula con la base del cráneo. Sin darnos cuenta, realizar mal el movimiento que implica morder y masticar podría acabar provocando cefaleas, especialmente si el dolor se concentra en la zona de las sienes.

Deshidratación

Las migrañas pueden estar relacionadas con la insuficiente ingesta de líquidos, bien sea directamente o a través de verduras y frutas. Cuando hay una carencia de agua en el cerebro, suelen aparecer dolores.

Esto mismo sucede debido al consumo excesivo de bebidas alcohólicas, ya que favorecen la deshidratación del organismo, de ahí los dolores de cabeza típicos de la resaca, una situación que se produce unas horas después de su consumo.

Reflujo gástrico

La acidez de estómago y el reflujo que se produce cuando los ácidos estomacales regresan al esófago en el proceso de la digestión es un problema de salud que, si se repite con frecuencia, requiere consulta médica. Aunque sus síntomas son principalmente digestivos, hay quienes experimentan dolores de cabeza más o menos intensos cuando sufren estas patologías.

Dieta desequilibrada

A veces no depende de un alimento concreto sino de los malos hábitos nutricionales. Una dieta desequilibrada, que no aporte la proporción adecuada de carbohidratos y, con ellos, la suficiente cantidad de energía que el organismo necesita, puede estar detrás de las cefaleas. Cuidado con las dietas que eliminan totalmente los hidratos de carbono.

Fuente: Un cómo

Continuar leyendo

Salud

Consejos para que la convivencia no desgaste la pareja

Qué hacer para que esto no perjudique la relación

No solo circunstancias extraordinarias ponen a prueba el equilibrio de muchas parejas. En muchos casos, los problemas más habituales de la convivencia se intensifican al pasar mucho tiempo juntos e incluso algunos parejas piensan poner fin a su relación. Si en alguna ocasión te lo has planteado o crees que podés estar en crisis, tomá nota de los siguientes consejos.

Normalmente surgen muchos conflictos fruto de una realidad que no es igual a la expectativa idealizada de la vida en común. En una pareja, además, se unen dos formas de ver la vida, costumbres y educaciones distintas. La convivencia (si es muy intensa, más) hace aflorar cómo somos en realidad. Al convivir es imposible mostrar solo nuestra mejor cara, sino que las personalidades se desnudan al completo, y a veces hay aspectos del otro que se ignoraban y que no nos agradan.

Problemas más frecuentes de la convivencia

Tareas del hogar: uno de los problemas más frecuentes de la convivencia prolongada es que uno de los dos siente que lleva más carga que el otro en las tareas de la casa o el cuidado de los hijos. En general sucede porque uno se crea una expectativa (piensa que el otro miembro de la pareja se ofrecerá a ayudar, hará más…) y, si el otro no lo hace, aparecen la decepción y el enfado.

No pasar tiempo solos: la rutina y las obligaciones nos comen, y muchas parejas no pasan a diario tiempo solos. Hay que buscar un momento al día para estar juntos, sin nadie más (aunque sea quedar a la hora del café, comer, dar un paseo diario de una hora…) y poder mantener la relación sin injerencias del exterior.

Falta de intimidad o espacio propio: sentirse agobiado, ahogado por la relación. Es esencial tener aficiones y gustos propios y, aunque sea en el mismo piso, cada uno debe poder hacer lo que le guste, ver sus programas de televisión favoritos o estar realizando actividades diferentes en habitaciones distintas.

Desacuerdo en decisiones importantes: un cambio de trabajo, comprar o no una casa, el desempleo de uno de los miembros y, sobre todo, los hijos… Las discrepancias en cómo resolver estos problemas generan mucha tensión. Más grave es tener diferencias en los valores fundamentales.

Consejos para que la convivencia funcione

Hacerse cargo de las circunstancias: hay veces en las que estamos en una situación de crisis. Se puede haber tenido un trastorno de estrés postraumático o desarrollado un trauma si ha perdido a un ser querido o se ha quedado sin trabajo, por ejemplo. Cuando estamos atravesando malos momentos, hay que estar ahí como un equipo, demostrando comprensión y paciencia.

Concederse una oportunidad: si los complicados equilibrios de una pareja se han roto durante una convivencia prolongada, antes de optar por separarse, dejar las emociones a un lado y darse un tiempo para intentar recuperar la normalidad y ver si se consigue restablecer el cariño. Una pareja no es un sistema o sociedad aislados, sino que está en relación con el entorno.

Equilibrar espacios: cuando se está en pareja, se oscila entre el deseo de contacto y el de tener un espacio propio, por lo que una de las claves consiste en encontrar momentos para ambas cosas. Cada uno tiene que poner en común qué es lo que le agobia, qué es lo que quiere y poderlo pedir. Hay que tener en cuenta que el otro no es como yo y que, además, cuando está en pareja es “un otro distinto”.

Agradecer lo que se tiene: abrazarnos antes de irnos a dormir puede ser un pequeño ritual de bienestar. A veces perdemos de vista lo valioso que es tener a alguien al lado que nos agarre de la mano y nos ayude.

Darse una tregua: si estás en plena crisis, se recomienda no tomar ninguna decisión importante tanto en ese periodo como inmediatamente después. Reflexioná en conjunto sobre lo que está ocurriendo. A no ser que haya violencia –porque se trataría de otro escenario–, se recomienda esperar y trabajarlo. Saber posponer la resolución de conflictos en un síntoma de madurez.

Llegar a acuerdos: dos personas no encajan a la perfección, por lo que para mantener una pareja hay que estar dispuesto a trabajar y hacer esfuerzos para pactar. En caso de choque, poner los problemas encima de la mesa, ser flexible y colocarse en el lugar del otro.

Comunicación: que sea muy abierta y sincera, no con silencios castigadores que el otro no entiende o con lenguaje indirecto. Explicar lo que a uno le pasa de buenas maneras. Se puede hacer lista de todo lo que necesita del otro: “que me escuches”, “que no me hables de ese tema porque me duele”, “que me digas las cosas con más tacto”, “que cuando te escribo no tardes horas en responder…”.

Abordar los problemas a tiempo: un pequeño problema de pareja, si no se soluciona desde el principio, con el tiempo puede agrandarse y acabar en divorcio. A terapia de pareja a veces acuden personas cuya relación ya está muerta, pero no hay que esperar hasta ese punto.

Fuente: Eroski consumer

Continuar leyendo

TE PUEDE INTERESAR