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Notas de Opinión

Afganistán: una retirada más costosa de lo planeado

Lo que era una retirada terminó siendo una huida con el caos apoderándose de Kabul tras el arribo con antelación de los talibán

En una sociedad tan agrietada como la estadounidense, en pocas cosas coincidían tanto republicanos y demócratas como con ponerle fin a la “endless war” (guerra sin fin) que era la Guerra de Afganistán. Desde el anuncio en octubre de 2001 del por entonces presidente George W. Bush del envío de tropas a dicho país -como respuesta a los atentados del 11 de septiembre- Estados Unidos mantuvo presencia militar por 20 años ininterrumpidos.

La retirada de tropas de Afganistán era un pedido casi unánime de una sociedad norteamericana cansada de que los gobiernos gastaran cientos de miles de millones de dólares de sus impuestos en un conflicto con el que ya no se identificaban (Al Qaeda había sido desmembrada años atrás y Bin Laden asesinado en una misión de los Marines). La medida había sido iniciada por el expresidente Donald Trump, quien mantuvo rondas de negociaciones con los talibán, y ejecutada en estos meses por su sucesor en el poder, Joe Biden; una muestra de la coincidencia que había en la mayor parte del arco político por salir definitivamente de Afganistán.

Sin embargo, aunque hubiera consenso fronteras adentro, la retirada del país musulmán irremediablemente iba a tener costos para Estados Unidos por lo que su tarea consistiría en hacerlo de la forma más “elegante” posible a fin de maquillar los precios que pagarían.

De primeras, la superpotencia militar que es Estados Unidos tendría que asumir la derrota en su guerra contra los talibán tras más de 20 años de invasión. Esto también plantearía dudas sobre su papel de “policía mundial” al ser incapaz de garantizar el orden en un país donde se había neutralizado al enemigo y se lo había recluido a un puñado de poblados rurales en las regiones más alejadas del país donde ni el Gobierno afgano ni el ejército norteamericano pudieron adentrarse.

A su vez, la salida estadounidense rememoraría las imágenes de la Guerra de Vietnam y su retirada tras más de 20 años de enfrentamientos que terminaron con la victoria de Vietnam del Norte, afectando la imagen del poderío norteamericano y la moral de veteranos y quienes continúan en servicio ante el sentimiento de “haber luchado por nada”.

Todos estos eran costos que se calcularon que deberían asumir desde que comenzó a materializarse la idea de salir de Afganistán. Sin embargo, los hechos ocurridos en las últimas semanas demuestran que hubo una subestimación de la presencia norteamericana en aquel país y con ello surgieron una catarata de costos inesperados por los que ahora Washington está pagando un precio elevadísimo, cuyo techo todavía está por verse, por el retiro de tropas.

Al momento de materializar la salida de Afganistán, en la Casa Blanca confiaban en que tras 20 años de presencia en el territorio en el que habían entrenado a las fuerzas afganas junto con las norteamericanas y con equipamiento de última generación, podrían ser ellos mismos quienes mantengan sin grandes modificaciones el status quo alcanzado en aquel país tras la arribada de Estados Unidos. De haber ocurrido, los costos del suceso hubieran sido controlados, sin embargo, sucedió todo lo opuesto: en la medida en que las tropas se retiraban, los talibán avanzaban y dominaban ciudades alrededor del país casi sin resistencia, al punto que en cuestión de semanas entraron en Kabul, algo que ningún asesor de Biden hubiese calculado.

Lo que era una retirada terminó siendo una huida con un caos apoderándose de la capital afgana en el que tuvieron que trabajar a contrarreloj para sacar a sus ciudadanos del país, ante el temor de la presencia talibán en la ciudad.

El hecho de que el grupo ya controle casi todo el territorio afgano, algo que no se pensaba en un primer momento, lleva a que nuevas variables continúen apareciendo y hagan aún más costoso el retiro de tropas. En primer lugar, se libera el terreno para que China y Rusia vean allí la oportunidad para aumentar su influencia y reemplazar el vacío que deja Estados Unidos. Mientras Estados Unidos se va, estos países se quedan y ya estuvieron en contacto con las nuevas autoridades afganas para estrechar lazos diplomáticos.

Otra de las cuestiones radica en que todos los avances logrados por Washington en estos 20 años vuelvan a foja cero en cuestión de meses. Es que ningún especialista en la región puede asegurar que los talibán no vuelvan a transformar a Afganistán en un santuario para que grupos terroristas radiquen sus bases de operaciones tal como lo hizo Al Qaeda al mando de Bin Laden en su momento. Incluso, es este grupo -hoy desmembrado- sobre el que se teme que pueda resurgir en los próximos años transformándose en una amenaza para la seguridad de Washington.

Por último, el tipo de régimen que establezcan los talibán también influirá en el costo que pagará los Estados Unidos: pese a que afirmaron en reiteradas ocasiones que no se reinstalará el régimen estricto basado en la ley islámica, ya en los primeros días en el poder han demostrado con su accionar que poco o nada cambiará del Gobierno talibán de los noventa. En este sentido, la mujer debe volver a vestirse cubierta de pies a cabeza, en medios estatales ya se les ha prohibido ingresar a trabajar para que se queden recluidas en sus casas y hasta han reprimido con balas de plomo manifestaciones de afganos en contra del flamante régimen.

Todo esto impactará de lleno en el Gobierno de Biden y en el costo que paga el país por su salida de Afganistán, más aún si se tiene en cuenta que en reiteradas ocasiones el mandatario demócrata manifestó que los Derechos Humanos estaban en el centro de su política exterior, algo que no se tuvo en cuenta al momento de retirar las tropas.

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