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Notas de Opinión

La defensa de los derechos de las mujeres termina en la frontera del país

En una semana, la ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad tildó de “machista y misógino” a Fernando Iglesias por un tuit, y luego se fotografió sonriente y puño en alto con el flamante presidente de Perú, antiabortista, acérrimo opositor al matrimonio igualitario y con sobradas actitudes que podrían tildarse de machistas

No hay dudas de que por un rato el tema del momento dejó de ser la trastabillada campaña de vacunación con Sputnik V, que pasó a ser reemplazada por las polémicas y recurrentes visitas a la Quinta de Olivos durante los momentos más complicados de la pandemia, cuando regían las restricciones a la circulación más duras.

Hasta el momento desde el Gobierno hubo justificaciones vagas, en un intento de dar rápidamente vuelta la hoja sobre una polémica que puede hacer mucho daño a la imagen del Frente de Todos como en su momento lo fue el vacunatorio VIP. El Jefe de Gabinete lo minimizó al manifestar: “Todas las entradas y el personal es de trabajo”. Sin embargo, los nombres continuaron apareciendo y ya las excusas no iban a ser suficientes.

Fue entonces que encontraron en las declaraciones “subidas de tono” del diputado de Juntos por el Cambio Fernando Iglesias, quien calificó muchas de las visitas como “sexuales”, la razón perfecta para deslegitimar todo el escándalo. Al denunciarse una actitud machista y misógina por parte del legislador, en el tema se involucró la ministra de Diversidad y Géneros, Elizabeth Gómez Alcorta, quien acusó a Iglesias de “agredir a las mujeres” y de tener una “actitud cobarde y violenta”.


Más tarde, en una entrevista con C5N, continuó con más declaraciones: “Me parece que es patético, triste, que atrasa varias décadas”. Para luego agregar que se trata de “una derecha muy misógina”.

Es evidente que a la funcionaria le preocupa más que los comentarios provengan de alguien de “derecha” que el propio contenido misógino del comentario. Todas estas declaraciones que realizó la ministra fueron mientras se encontraba en aislamiento por haber formado parte de la comitiva oficial que viajó a Perú para estar presente en la asunción del presidente, Pedro Castillo.

A nivel país se entiende que la populosa comitiva que viajó a Lima responda al interés del Gobierno de encontrar en Perú un aliado en una región que le es contraria a la Cancillería. Alberto Fernández fue de los primeros mandatarios en felicitar a Castillo, incluso cuando no había confirmación oficial, y en este viaje ya mantuvo conversaciones con su par peruano quien lo invitó a extender su viaje un día más para participar del aniversario de los 200 años de la independencia. Un gesto de sintonía entre ambos países.

Lo que no se entiende es que en aquella comitiva formara parte Gómez Alcorta. Es un error que por creer que Castillo se autodenomine de izquierda “marxista leninista” comparte agenda con la ministra y que esto pueda capitalizarse para fortalecer los lazos entre ambos países. De hecho, el presidente peruano está en las antípodas de la funcionaria.

Castillo es abiertamente machista, misógino y homofóbico. En una entrevista a un medio peruano días antes del Ballotage fue tajante en su postura sobre estos temas: “¿El matrimonio igualitario para personas del mismo sexo? Peor todavía (tampoco estaba a favor de la eutanasia). Primero la familia. Estas dos instituciones, que son la familia y la escuela, deben ir de la mano”.

Sobre la interrupción voluntaria del embarazo: “Para nada legalizaría el aborto […] personalmente no estoy de acuerdo”. Demás está decir que también se opone la identidad de género y siempre fundamentándose en pasajes de la biblia.

Toda esta postura ultraconservadora también se refleja en su gabinete: solo dos mujeres forman parte de él. Se trata de la vicepresidente, Dina Boluarte, y Anahí Durand, titular de Desarrollo Social.

Esto pareció no importarle a Gómez Alcorta que aceptó formar parte de la comitiva que viajó a Perú e incluso se mostró feliz de fotografiarse con una persona que, si fuera un político argentino de la oposición, no tendría reparos en repudiarlo.


Claro está que sobre Castillo no es recomendable expresar críticas sobre su postura ultraconservadora, ya que sería generarse un conflicto diplomático cuando las relaciones exteriores no suelen estar atravesadas por los intereses del ministerio de Diversidad y Género.

No obstante, los gestos de repudio a Castillo pueden demostrarse con la decisión de no viajar o de no fotografiarse, actos suficientes para no dejar a la vista la doble vara con la que se manejó en la última semana.

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