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Notas de Opinión

Con intereses en juego, en el Gobierno guardan cautela sobre las protestas en Cuba

Casa Rosada se vuelve a enfrentar a una situación dicotómica: apoyar al régimen cubano en línea con Venezuela y México o a los manifestantes que cuentan con el reconocimiento de Estados Unidos y Brasil

En Cuba se viven horas complicadas con el segundo día de manifestaciones de un sector importante de la población contra la dictadura castrista. Al grito de “libertad” y “patria y vida” miles de cubanos se manifiestan en varias ciudades del país contra el actual sistema que impera allí hace más de 60 años y que por estas fechas atraviesa severos problemas económicos y sanitarios agravados por la pandemia del coronavirus.

Ante este escenario, el Gobierno argentino mantiene la cautela y aún no se ha expresado sobre la situación en el país caribeño atentos a querer realizar una correcta lectura de los acontecimientos antes de emitir un comunicado, según sostienen desde el Palacio de San Martín.

En esta línea se expresó ayer por la noche, el canciller, Felipe Solá: “No tenemos una posición tomada todavía.Nuestra posición es conocer los hechos de cerca y en segundo lugar mirar el tema de los derechos humanos para el que no tenemos una vara diferentes según la simpatía con un país o con otro”, afirmó en diálogo con C5N.

Lo cierto es que el Casa Rosada se vuelve a enfrentar a una situación dicotómica ya que si las manifestaciones y los hechos de violencia por parte del castrismo persisten no podrá mirar para un costado y deberá expresarse ya sea en favor del Gobierno cubano o en apoyo a las manifestaciones. Independientemente de la “suavidad” con la que pueda elaborarse el comunicado, entre líneas quedará explicitó cuál es la posición en Argentina sobre este suceso.

En esta situación el país continuará poniendo su credibilidad internacional en juego luego de anteriores polémicas posiciones sobre conflictos en otros países de la región: semanas atrás, Argentina se abstuvo de condenar en la OEA el arresto de los presos políticos nicaragüenses por parte del gobierno de Daniel Ortega. En ese mismo foro, tampoco condenó las elecciones fraudulentas en Venezuela ni reconoció el informe de la ONU que evidencia las violaciones a los Derechos Humanos cometidos por el régimen de Nicolás Maduro.

El Canciller Solá aseguró que “no es un tema geopolítico” en un intento de minimizar la situación y no tener que jugar ninguna carta de forma temprana, pero sucede que es todo lo contrario: Cuba es un tema geopolítico por el cual varios países y organismos internacionales ya han comenzado a expresarse sobre la situación. Estados Unidos, por medio de un comunicado firmado por su presidente, Joe Biden, apoyó las protestas: “Apoyamos al pueblo cubano y su clamor por la libertad”, reza una parte del mismo.

En esta misma línea se expresó el mandatario brasilero, Jair Bolsonaro: “(Los manfiestantes) fueron a pedir libertad y recibieron balas de goma, golpes y prisión”. Luis Almagro, Secretario General de la OEA expresó en sus redes sociales su postura: “Reconocemos el legítimo reclamo de la sociedad cubana por medicinas, alimentos y libertades fundamentales. Condenamos al régimen dictatorial cubano por llamar a civiles a reprimir y a la confrontación contra quienes ejercen sus derechos de protesta”.

A su vez, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos manifestó su preocupación por el “uso de la fuerza, detenciones, agresiones a manifestantes y periodistas, además de cortes de la señal de Internet”.

En la vereda de enfrente, el régimen cubano también recibió apoyos que, a su vez, fundamentan la premisa de que sí es un tema geopolítico. El dictador venezolano, Nicolás Maduro no hizo públicas sus declaraciones pero su par de Cuba, Miguel Díaz-Canel, manifestó que se había comunicado con el para ofrecerle “su apoyo y solidaridad”.

El presidente mexicano, Manuel López Obrador, sostuvo en su conferencia matutina: “Un llamado reiterado a que no intervengan gobiernos o grupos de intereses creados en la situación interna de Cuba. Que se respete la autodeterminación del pueblo cubano“. A la vez, criticó que haya habido “un despliegue informativo inusual” de las protestas cubanas promovido “por quienes no están de acuerdos con las políticas del Gobierno de Cuba”. Por último, aseveró que si se quiere ayudar a Cuba “lo primero que se debería hacer es suspender el bloqueo económico“.

En este contexto, la cancillería argentina aún mantiene el silencio aunque se espera que de expresarse lo hará de igual forma que México, país con el que actúa en conjunto sobre su posicionamiento al respecto de las crisis políticas que se viven en Venezuela y Nicaragua. En adición, sería un giro geopolítico impensado que el país actuara en la misma linea que Brasil o Estados Unidos en un tema tan sensible.

Para fundamentar esta hipótesis hay que recordar la estrecha relación que tiene la vicepresidente, Cristina Kirchner, con el régimen de La Habana: es sabida su intervención para la designación del embajador argentino en Cuba, Luis Ilarregui; a la vez que la isla sirvió como refugio para su hija, Florencia Kirchner, que atravesó problemas de salud mientras la Justicia avanzaba sobre su rol en las causas de corrupción de su madre.

Otro factor a tener en cuenta es el interés de Argentina por adquirir las vacunas fabricadas por Cuba Soberana 02 y Abdala. Aún si todo lo mencionado recientemente no existiera, sería raro que el país se exprese en contra de un país con el que tiene intereses, en este caso, sanitarios. Semanas atrás la ministra de Salud, Carla Vizzotti, y la asesora presidencial, Cecilia Nicolini, habían viajado a la isla para avanzar con un acuerdo por las vacunas y evidenciar el proceso productivo de las mismas en una clara muestra de los estrechos vínculos que hay entre ambos Gobiernos.

Mientras transcurre el segundo día de protestas, el Centro de Denuncias FDP registró 57 personas desaparecidas aunque se calcula que serían más sin identificar. Fuentes diplomáticas informaron a Infobae que, luego de una consulta entre el Canciller y el embajador Ilarregui, se optó por la “no injerencia de Argentina en los asuntos internos de Cuba”. El Gobierno toma posición sin expresarla.

Notas de Opinión

Juntos y Todos con problemas parecidos, y Argentina en el callejón

Llegó el momento en que los bloques políticos en pugna tienen que esforzarse e innovar si quieren evitar su predecible fracaso. Ante todo, deben lidiar con internas intrincadas, que sólo podrán superar si se dan nuevas reglas de juego

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Pasadas las elecciones nos enfrentamos a las preguntas realmente importantes: ¿puede el gobierno de Alberto Fernández llegar medianamente entero a 2023?, ¿sería bueno o malo que lo logre? Es decir, ¿es mejor evitar que en estos dos años haya un descalabro mayor, aún si eso supone patear para adelante los problemas y acumular más y más inconsistencias, o que el nuevo gobierno se inicie con la difícil tarea de tener que sacar un montón de mugre de debajo de la alfombra y repartir los costos asociados?, ¿seguirá el peronismo unido en las próximas elecciones y en lo que venga a continuación?, ¿seguirá siendo parte del problema, un obstáculo para el cambio, o puede, al menos una porción del mismo, volverse parte de la solución?, y, finalmente, ¿el próximo gobierno tendrá más chances de mejorar la situación del país que los últimos tres, o seguiremos empantanados, “en el callejón”, por mucho más tiempo?

“Argentina en el callejón” es justamente el título bajo el que el genial historiador Tulio Halperín Donghi reunió sus trabajos sobre los problemas que enfrentó el país para encontrar un rumbo entre los años treinta y sesenta del siglo pasado, por la dificultad para fijar un principio de legitimidad compartido entre conservadores y radicales, y entre peronistas y antiperonistas, entre otras razones.

La economía podía crecer, podía generar empleo y un nivel envidiable de inclusión social, pero los problemas de legitimidad del régimen político e inestabilidad o ausencia de reglas de juego no hacían más que agravarse. Es bien sabido cómo terminó esa historia.

El cuadro que hoy enfrentamos es, en verdad, bastante distinto. Nuestra economía y nuestra sociedad están mucho peor: la primera no crece hace más de una década, es incapaz de generar inversiones y empleo, y la segunda no deja de romper marcas en términos de desigualdad, falta de miras y postración.

Pero nuestro sistema político es, en cambio, mucho más sólido y legítimo. Cuenta con fuerzas más o menos organizadas, que se sabe más o menos qué representan, son capaces de disputarse el poder siguiendo reglas de juego comúnmente aceptadas, alternándose civilizadamente en el ejercicio del gobierno.

El problema, podría decirse, es que pese a todo esto, y en forma sí semejante a lo que sucedía en aquel entonces, esta competencia se da entre dos bloques o polos que son capaces de bloquearse y derrotarse mutuamente, alternándose en el mando, pero no logran imponer un rumbo y sostenerlo. ¿Se puede salir de este “empate catastrófico”? (expresión oportunamente pergeñada por otro estudioso de mediados del siglo pasado, Torcuato Di Tella).

Hay quienes piensan que una elección que vuelque de forma masiva y duradera el favor de la sociedad hacia un lado o el otro va a ser la solución. Y están esperando hace años que eso suceda. Otros intentan pensar alguna vía para redefinir los términos de la competencia, para reordenarla, y que uno de los dos bloques en pugna se recomponga y consolide, como sostén de un duradero proceso de cambio.

En cualquier caso, la discusión pone el foco en los mismos problemas: cómo se pueden consolidar y en la medida de lo posible ampliar las capacidades de representación y por tanto de ejercicio del liderazgo y el gobierno de los actores en pugna, Juntos de un lado, Todos del otro.

No causalmente, en el oficialismo y en la oposición, pasada la elección, llegó en simultáneo la hora de “institucionalizarse”, y sus dirigentes se apresuran a mostrarse activos e innovadores al respecto en estos días. Si fuera cierto que la intención es lo que vale, alcanzaría con eso para ser optimistas.

Como sea, Alberto Fernández hizo bien en adelantar que en 2023 su frente va a tratar de imitar a quienes los habían derrotado en las urnas, entre otras cosas, porque usaron bien las PASO, después de años de que estas funcionaran apenas como carísimas encuestas preelectorales. Fue un modo indirecto de aceptar lo que todavía el oficialismo no ha aceptado, que perdió, que 2 de cada 3 argentinos lo rechazan.

El FdeT necesita darse reglas para intentar sobrevivir al 2023, y no sólo por el trastazo electoral que sufrió, por quedar a merced del dedazo de la señora, sino porque desde el vamos necesitaba de un horizonte temporal más amplio que el de este mandato presidencial: ¿qué clase de reconciliación entre los peronistas ofrece, si ella sólo se sostiene en la mentira flagrante de la “amistad y confianza inquebrantable entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner” y en la también incierta posibilidad de que “la unidad alcance para ganar”, aunque se hagan mil macanas?

Hay quienes piensan que una elección que vuelque de forma masiva y duradera el favor de la sociedad hacia un lado o el otro va a ser la solución. Y están esperando hace años que eso suceda. Otros intentan pensar alguna vía para redefinir los términos de la competencia, para reordenarla, y que uno de los dos bloques en pugna se recomponga y consolide, como sostén de un duradero proceso de cambio.

En cualquier caso, la discusión pone el foco en los mismos problemas: cómo se pueden consolidar y en la medida de lo posible ampliar las capacidades de representación y por tanto de ejercicio del liderazgo y el gobierno de los actores en pugna, Juntos de un lado, Todos del otro.

No causalmente, en el oficialismo y en la oposición, pasada la elección, llegó en simultáneo la hora de “institucionalizarse”, y sus dirigentes se apresuran a mostrarse activos e innovadores al respecto en estos días. Si fuera cierto que la intención es lo que vale, alcanzaría con eso para ser optimistas.

Como sea, Alberto Fernández hizo bien en adelantar que en 2023 su frente va a tratar de imitar a quienes los habían derrotado en las urnas, entre otras cosas, porque usaron bien las PASO, después de años de que estas funcionaran apenas como carísimas encuestas preelectorales. Fue un modo indirecto de aceptar lo que todavía el oficialismo no ha aceptado, que perdió, que 2 de cada 3 argentinos lo rechazan.

El FdeT necesita darse reglas para intentar sobrevivir al 2023, y no sólo por el trastazo electoral que sufrió, por quedar a merced del dedazo de la señora, sino porque desde el vamos necesitaba de un horizonte temporal más amplio que el de este mandato presidencial: ¿qué clase de reconciliación entre los peronistas ofrece, si ella sólo se sostiene en la mentira flagrante de la “amistad y confianza inquebrantable entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner” y en la también incierta posibilidad de que “la unidad alcance para ganar”, aunque se hagan mil macanas?

En Juntos las cosas son a la vez parecidas y diferentes. Diferentes, porque no tiene tantos riesgos de perder como de ganar y las disidencias programáticas no son tan fuertes como en el peronismo, y probablemente sean también menores de lo que fueron entre los cambiemitas de 2015. Y similares porque los riesgos de ganar están asociados a una complejidad interna creciente, a la fragmentación de los liderazgos, la ausencia de reglas de juego para resolver sus diferencias, y a la enorme dificultad para, en ese marco, lidiar más o menos bien con la enorme cantidad de problemas que tendría que administrar un presidente proveniente del sector en 2023.

JxC no tuvo, mientras ejerció el gobierno, ni un órgano de conducción, ni un ámbito siquiera de consulta, un espacio para conversar periódicamente, nada. Hoy tiene una mesa nacional, compuesta de forma azarosa por agregación y cooptación. Con el lógico resultado de que allí no se puede votar: nadie sabe exactamente qué representa cada uno, ni los demás, así que o se decide por consenso o no se decide nada.

Pudo lidiar en estas condiciones con unas PASO competitivas para la elección legislativa y eso tiene mucho mérito. Pero es muy difícil que algo así funcione para una PASO presidenciales, a las que se encamina de movida, agreguemos, con seis o siete candidatos repartidos entre las dos fuerzas principales, que están en consecuencia muy divididas internamente sobre cómo encarar el asunto. Y es por completo imposible que una coalición sin reglas, en las condiciones mencionadas, pueda encarar un nuevo gobierno, y hacerlo mejor de lo que lo hizo entre 2015 y 2019. Más todavía, que pretenda, para mejorar sus chances de éxito, incorporar más aliados, sumar más bulto al malón.

El resultado electoral de este año le ofrece una doble ventaja para intentar resolver este entuerto: primero, porque la victoria unifica, y la perspectiva de nuevas victorias unifica más todavía, nadie quiere perderse la fiesta así que la disposición a preservar la unidad se incrementa; y segundo, porque se evitó el triunfalismo que hubiera seguido a una victoria aplastante, con la lógica consecuencia de disuasión a sus líderes de hacer esfuerzos, porque “se gana con lo puesto”.

Todos no tiene por qué desesperar, puede aún mantener el barco a flote y hay tiempo para que cada cual vea cómo sigue en adelante su historia; y Juntos no debe cantar victoria antes de tiempo, tiene un arduo camino por delante si no quiere ser un nuevo eslabón en la ya larga cadena de frustraciones. Así pensado, el resultado no podía ser mejor. Habrá que ver, en los próximo dos años, si unos y otros encuentran la forma de hacer el trabajo que los votantes les encargaron. Los resultados electorales evitaron la desesperación y el triunfalismo.

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Notas de Opinión

Costos y límites de la política de la ambigüedad

La Argentina irrelevante: el mundo no perderá su tiempo tratando de entender los jeroglíficos que aquí improvisan políticos de cabotaje

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

A pesar del contundente triunfo opositor, los mercados siguen castigando sin piedad a los activos argentinos. El riesgo país alcanza récords, mientras la creciente incertidumbre sobre lo que puede llegar a ocurrir dentro y fuera del FDT mantiene en vilo al conjunto de la sociedad. Sin embargo, no conmueve a una comunidad de inversores para la que la Argentina es mala palabra y lo seguirá siendo por mucho tiempo, al menos hasta que pueda demostrar un cambio drástico de comportamiento (superávits gemelos a lo largo de varios años) y un apego genuino y duradero a las reglas del juego del sistema financiero, incluido el FMI. Como consecuencia de la falta de precisión sobre los lineamientos económicos y los equipos de gestión de un eventual gobierno en el futuro, las dudas abarcan también a la oposición. Fundamentalmente, nadie sabe si Alberto Fernández estará en condiciones y tendrá la voluntad y el coraje de ejercer la presidencia sin la tutela, la influencia, la presión y el acoso de su compañera de fórmula. ¿Qué significa el silencio de Cristina? ¿Cuánto tiempo durará? ¿Pondrá otra vez en juego la estabilidad de su gobierno con otra de sus arteras misivas?

Las tensiones internas entre los renacidos “albertistas” y los perennes “cristinistas” han venido escalando a tal punto que el propio Kulfas salió a desmentir al hasta ahora poderoso secretario de Comercio, Roberto Feletti, respecto de un tópico particularmente sensible para el universo K: las sacrosantas retenciones, en este caso a las exportaciones de carne. Sin embargo, la cuestión más polémica es el eventual acuerdo con el FMI: corren las agujas del reloj y, con la sangría permanente de reservas del Banco Central y un vencimiento imposible de pagar en marzo próximo, el gobierno argentino necesita de manera urgente poner fin a esta negociación innecesariamente dilatada. ¿Por qué Guzmán prefirió estirar tanto este proceso, cuando las condiciones para el país eran extremadamente favorables durante el pico de la pandemia, en el tercer trimestre del año pasado? “Típica maniobra kirchnerista: cuando Néstor veía que en una negociación la contraparte estaba dispuesta a un acuerdo, siempre pedía algo más”, afirma un exfuncionario. No siempre lo conseguía: es más, en alguna oportunidad pagó un precio muy caro por su inflexibilidad. Por ejemplo, antes de la brutal derrota de la 125 hubo varios intentos de acercar las partes que daban la sensación de que podían prosperar. Intermediarios hábiles como Julio De Vido o el propio Alberto Fernández fueron responsables de esos esfuerzos. Su fracaso no estuvo relacionado con la rigidez de los grupos de autoconvocados que a la vera de las rutas limitaban el margen de acción de los integrantes de la Mesa de Enlace, sino por la renuencia de Kirchner a ceder y ser consecuentemente percibido como débil.

Tal vez ahora Alberto Fernández se lamente de tanta procrastinación: negocia desde la debilidad, si no desde la desesperación. ¿Fue Cristina la que vetó aquellos supuestos avances logrados con el Fondo? Si no directa, fue al menos la responsable indirecta: el “affaire Basualdo” puso de manifiesto su negativa a corregir el déficit fiscal mediante una recomposición tarifaria (esa curiosa costumbre K de subsidiar a quienes no los votan). Y la carta del 15 de septiembre ratificó su peculiar concepción de la economía política: capitalismo es sinónimo de consumo y debe estimularse con un déficit mayor financiado con emisión monetaria. ¿Quiere la vicepresidenta un acuerdo ahora, aunque implique una corrección más severa de las tarifas y una nueva política cambiaria? El Presidente dice que apoya el paquete que prometió enviar al Congreso a comienzos de diciembre para que los nuevos representantes lo discutan. Probablemente rechace esas condicionalidades, pero tema aún más las consecuencias de un eventual default con un organismo financiero internacional perteneciente al sistema de las Naciones Unidas. Vale la pena recordar que ella vincula los casos de corrupción de su gobierno a la acción de lobbies extranjeros vinculados a los holdouts, meros especuladores privados. Aunque eso sea solo una fantasía, su miedo debería escalar, pues al incumplir con el Fondo estaría afectando el interés de los contribuyentes de los principales países del mundo. Lección para ella y para el resto de “la casta”: gobernar implica a menudo optar entre dos alternativas consideradas malas, eligiendo el mal menor.

¿Quiere un acuerdo serio y sustentable o solamente salir del paso para evitar un descalabro mayor y dejarle al próximo gobierno la responsabilidad de presentar un programa integral y consistente? Muchos consideran esa opción subóptima la más probable. Pues el Fondo, cansado de lidiar con un gobierno que perdió credibilidad y abusó de su paciencia, que cuestionó reglas establecidas desde siempre y pidió lo imposible, puede facilitar un acuerdo que no le cree riesgos a futuro en el sentido de que pueda generar antecedentes que otros países puedan solicitar. “¿Quién querría ser visto como un paria?”, afirma un avezado inversor de Wall Street. “Ser comparado con la Argentina es algo que ningún país serio va a querer”.

A finales de los años 80, Peter Evans analizó con brillantez la cuestión de los “Estados depredadores” que en contextos poscoloniales, sobre todo en África y América Latina, solían obstaculizar la implantación de modelos desarrollistas. Más recientemente, Daron Acemoglu y James A. Robinson dedicaron un capítulo completo del libro Por qué fracasan los países (Why Nations Fail) a la Argentina. Allí estudian cómo ciertas elites se especializan en extraer los recursos a los sectores más productivos de la economía en vez de generar incentivos para que se multiplique la riqueza. Lo que expresó el voto popular reciente es que más allá de las disidencias y de su amplio espectro ideológico, y sin importar si tiende a radicalizarse o a optar por el pragmatismo, el FDT continúa siendo la expresión más acabada del concepto de coalición depredadora y explica, en buena medida, por qué nuestro país lleva un estancamiento de una década durante la cual no ha logrado crecer y, peor aún, por qué perdió el tren del desarrollo desde, al menos, aquel lejano 1975 en que se produjo el Rodrigazo.

Los debates respecto de si el Gobierno encararía hacia la radicalización o hacia el pragmatismo en caso de un resultado negativo en las elecciones parecen haber omitido que históricamente el peronismo optó por la vía ambigua, tal vez con algunas pocas excepciones, como durante el menemismo a partir de 1991. Esto tomó particular fuerza en el período que Perón debió estar en el exilio, cuando el propio general incitaba a la “juventud maravillosa” a inclinarse hacia la violencia al tiempo que promovía entre el sindicalismo y entre algunos sectores más políticos aplicar estrategias menos confrontativas e incluso negociar con los militares. Así, inició una cultura que continúa hasta nuestros días: en el marco de un movimiento extremadamente heterogéneo, la mejor opción es producir múltiples mensajes que puedan satisfacer a sus diferentes segmentos. Esta política de la ambigüedad en casi todas las esferas, incluida la política exterior, con una coexistencia de actores y elementos ideológicos tan opuestos y hasta contradictorios en un mismo espacio, se tolera a nivel doméstico, pero resulta imposible de explicar fronteras afuera de la Argentina. Eso, sin contar que somos un país demasiado irrelevante para que el mundo pierda su tiempo tratando de comprender los jeroglíficos que improvisan políticos de cabotaje demasiado acostumbrados a mirarse al espejo.

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Entrevistas Nexofin

Entrevista a Antonella Punzino: sus inicios en el periodismo, análisis político y comunicación con perspectiva de género

En diálogo con Nexofin, la comunicadora recuerda sus comienzos, el arribo desde Mendoza, comenta sobre su actualidad en el Canal de la Ciudad y FiloNews y opina sobre la última contienda legislativa

Antonella Punzino construye a paso firme su carrera en la comunicación. Nació en la provincia de Mendoza y, a comienzos del 2019, luego de cinco años de experiencia en los medios de la zona cuyana, decidió seguir su crecimiento profesional en la Ciudad de Buenos Aires.

Su objetivo, según explicó a NEXOFIN, es aprovechar al máximo las oportunidades que se presentan.  Cursó la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Cuyo.

“Por suerte en Mendoza siempre pude dedicarme a la comunicación porque empecé a trabajar a la par del cursado de la carrera a los 20 años”, comentó Punzino a NEXOFIN.

Ha trabajado en varios medios como la TV Pública, Diario con Vos, TVE, GreenCoom, Diario UNO y distintos espacios del Grupo América. En la actualidad se destaca como redactora en el medio de comunicación multiplataforma FiloNews.

Desde octubre de 2021 se incorporó al Canal de la Ciudad. Se la puede seguir en el programa Hoy nos toca con Daniel Santa Cruz (lunes a viernes de 22 a 23) donde brindan información general.

Al detallar sobre su rol en el medio ubicado en la zona del Abasto, la joven comunicadora explica: “Este es un programa de análisis político por lo cual es nuevo para mí y eso es un desafío: seguir de cerca e interiorizarme todos los días con la agenda política”.

En diálogo con Nexofin, la comunicadora recuerda sus comienzos, el arribo desde Mendoza, comenta sobre su actualidad en el Canal de la Ciudad y FiloNews, y opina sobre la última contienda legislativa.

Nexofin (N): Arranquemos desde el principio en Mendoza, ¿en qué momento decidiste que te ibas a dedicar al periodismo?

Antonella Punzino (AP): Desde los 8 años jaja. Tengo cassettes donde me grababa y jugaba que tenía mi propio programa de radio, entrevistaba a mi familia y no los dejaba hablar.

Después, cuando tuve que decirme no habían más opciones, siempre pensé: “No puedo trabajar de algo toda mi vida y que no me apasione”, así que fui por Comunicación Social.

N: ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos por fuera del medio?

Por suerte en Mendoza siempre pude dedicarme a la comunicación porque empecé a trabajar a la par del cursado de la carrera a los 20 años.

Cuando llegué a Buenos Aires en el 2019, a pesar de tener varios años de experiencia en Mendoza fue como un “empezar de cero” y acá sí tuve otros trabajos como moza de un restó hasta que me pude acomodar, con una amiga vendíamos aceites y vinos, nos la rebuscábamos hasta poder acomodarnos.

N: Durante tu etapa de formación en la Universidad Nacional de Cuyo, ¿quiénes fueron tus maestros y referentes?

No quiero olvidarme de ningunx, pero tuve grandes educadores que nos transmitían siempre la pasión y la vocación de la comunicación, sea en el periodismo o no, uno de ellos fue Jorge Sosa, personalidad muy reconocida en Mendoza con una enorme trayectoria y una forma de ver la vida a través de la poesía que hacía de sus clases magistrales.

También, uno de los primeros que me llamó la atención y no pude parar de seguirlo fue Lalo Mir en radio y después con los especiales de “Encuentro en Estudio”.

Amo la música y su forma de entrevistar y empatizar con esos “ídolos” que yo tenía, me motivó a decir: “Esto quiero hacer”. El gran Juan Albetro Badía otro gran periodista que tuvimos y al que también seguía en esa época.

N: En octubre te incorporaste al Canal de la Ciudad en el programa Hoy Nos Toca (con Daniel Santa Cruz), ¿cuál es tu mayor desafío a la hora de salir al aire?

Primero que nada el formato de HNT es un desafío para mí porque yo venía más del formato noticiero o coberturas culturales en televisión, aunque mi mayor experiencia está en radio y gráfica.

Este es un programa de análisis político por lo cual es nuevo para mí y eso es un desafío: seguir de cerca e interiorizarme todos los días con la agenda política.

Igualmente mi rol es el de darle una mirada social a las diferentes problemáticas y temáticas que suceden a la par. En resumen: lo tomo todo como un desafío y aprendizaje.

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N: También hoy estás en FiloNews, ¿cómo te organizas con la rutina?

Actualmente trabajo de domingos a domingos, en la semana en el canal y los fines de semana y feriados cubro el breaking news de Filo. Durante la semana hago mis propias notas que llevan un poco más de tiempo.

El resto lo voy mechando, soy una persona disciplinada y organizada y eso me permite tener una vida aparte de lo laboral, aunque a veces se desdibuje un poco, pero trato de hacerme mis tiempos.

N: ¿Qué aspectos faltan en la comunicación con perspectiva de género?

Aunque el debate pareciera que tiene un espacio, falta muchísimo. El periodismo, la comunicación y los medios deben aggiornarse a los cambios (necesarios).

Que ya se hable de un debate y exista una discusión (sana) al respecto es un gran paso, pero dista mucho del ideal.

Capacitaciones con perspectiva de género es lo fundamental y necesario para que no consumamos la violencia machista y mediática.

Es un proceso y también respeto eso, nadie nació deconstruidx, pero hacernos conscientes de que existe es lo que necesitamos las mujeres y disidencias para poder ocupar esos espacios que hoy no se acceden solo por cuestión de género.

N: En la actualidad política, ¿a quiénes destacas entre tus colegas mujeres del medio?

Todo es político en mí entender porque denota cómo te parás para con la vida y lo que querés comunicar.

Hace unos años cuando nació Filo, me sorprendió ver a mujeres hablando de temas que siempre lo hacían los varones, poniendo en palabras lo que nos sucede, afecta e interpela. Por eso puedo decirte que el equipo de género de FiloNews me ha enseñado y enseña muchísimo.

Por fuera destaco mucho el laburo de Marina Abiuso, la editora de género de TN, Maru Duffard y Luciana Geuna, Diana Maffía. Hay muchas que no estoy nombrando.

Hoy nos toca con la conducción de Daniel Santa Cruz, acompañado por Antonella Punzino y Leandro Dario

N: Siguiendo la línea electoral, ¿las campañas han perdido interés en la población?

Sí, en mi opinión las campañas de este año estuvieron centradas en las chicanas y ofensas personales entre candidatos.

Estuvieron anémicas de propuestas concretas para la gente que necesita de una fuerza política que de verdad se encargue de los problemas que afectan todos los días como: inflación, pobreza, vivienda, seguridad, educación.

Aparte, sentí que no estaba defino a quiénes les hablaban, directamente con el electorado joven no saben cómo hacerlo discursivamente.

Hacer un baile de Tik Tok o sumarse a un challenge como propuesta para los jóvenes creo que es subestimar sus capacidades e inteligencia, siendo que hoy son los jóvenes los que le ponen el cuerpo y llevan adelante causas como medioambiente, derechos humanos y conciencia social.

Están comprometidos, ya no va más eso de “los jóvenes no les interesa o saben nada”.

N:¿Quiénes aprovecharon la última contienda legislativa?

Respecto a los jóvenes creo que ninguna fuerza logró cautivar y aprovechar ese grupo, no lograron comunicarse.

Hubo mucha capitalización del enojo y la indignación, y eso fue un atractivo para las personas que están cansadas, por eso puede haber sido una sorpresa los números de los libertarios, que igualmente es un fenómeno que avanza y se está desarrollando paralelamente en el mundo (ejemplo de hoy con Chile).

N: Vamos con un pequeño ping-pong, ¿con qué periodista te gustaría trabajar?

No tengo hoy un favorito, siento que en cada lugar al que llego/estoy aprendo muchísimo de diferentes colegas y eso me enriquece y me hace crecer.

N: ¿Una aplicación que nunca usarías?

No sé si “nunca”, pero me generan mucho cringe las de citas, siento que es un catálogo de personas, muy obvio todo jaja.

N: ¿Qué lugar en el mundo te gustaría visitar?

Italia, es un viaje pendiente, tengo familiares allá que quiero conocer/visitar.

N: ¿Frase motivacional?

El universo está a mi favor.

N: Para cerrar en un concepto, ¿Antonella Punzino es…?

Enérgica y perseverante.

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