Copa América 2021

Así se juega una final: las claves de Argentina campeón de América

Santiago Caruso

Jefe de Redacción - Nexogol (@Santiago_Caruso)

La Selección Argentina cortó 28 años de sequía con una actuación magistral en el Estadio Maracaná. Una estructura sólida y sin fisuras que le permitió ganar el título a Lionel Messi

lunes 12 de julio de 2021 - 1:03 pm

“Tarda en llegar, y al final, al final hay recompensa”, dice la frase de Gustavo Cerati en la canción Zona de Promesas y bien podría estar emparentada a la realidad que atraviesa la Selección Argentina. Después de 28 años y con 6 finales perdidas en el camino, el país volvió a celebrar un título a nivel mayor de la mano de Lionel Messi. Contra Brasil en el Maracaná, condimentos que lo hacen todavía más único.

A la hora de repasar los momentos claves que tuvo la gran definición es imposible no remontarse a la previa, cuando Lionel Scaloni confirmó la alineación titular. El entrenador, que en ese instante dejó más en claro que nunca que le sobran agallas: sacó a Guido Rodríguez, quien había sido el equilibro del equipo, arriesgó al comprometido físicamente Cristian Romero -actuó infiltrado- y apostó de entrada por Ángel Di María, que desniveló como alternativa en los segundos tiempos. El parado inicial, en la apreciación de los nombres, era netamente ofensivo.

El dominio inmediato de cada arranque, ese que llevó a la Argentina a establecer diferencias en el resultado en forma temprana durante los partidos anteriores, estuvo lejos. El rival y el contexto obligaron a otra cosa, había que jugar con el cuchillo entre los dientes. Y esa resultó la propuesta del local, un encuentro con intensidad y de pierna fuerte. A los 3 minutos Fred vio la amarilla de un generoso Esteban Ostojich por una dura plancha sobre la tibia de Gonzalo Montiel.

Más allá de algunos intentos, la prioridad fue mantener el orden para no quedar mal parado ante el poderío ofensivo de ambos conjuntos. Sin embargo -fiel a su costumbre- el combinado albiceleste logró dar el primer golpe antes del entretiempo: última línea brasileña adelantada, pase quirúrgico de más de 30 metros obra de Rodrigo De Paul entre Thiago Silva y Renan Lodi, pique de Di María a espaldas del lateral de Atlético Madrid, y cucharita de zurda por encima de la desesperada salida de Ederson.

Golazo soñado para el hombre que por lesión no pudo completar ninguna de las cuatro finales pasadas que estiraron la agonía del seleccionado nacional. A partir del 1-0, el plan continuó a la perfección. No conceder espacios, presionar de manera coordinada y dar batalla en cada rincón del campo de juego; tratar de darle un destino seguro a la pelota una vez recuperada la posesión. Equipo compacto. Además de las características combativas Argentina nunca abandonó sus intenciones de jugar y siempre tuvo como premisa salir por abajo desde el fondo.

Cuando Neymar Jr. aceleró, llegaron las amonestaciones de Leandro Paredes a los 33′ de la etapa inicial y de Giovani Lo Celso a los 6′ del complemento. Frente a la chance de quedar desprotegido por un desequilibrio individual, los jugadores cortaron con falta. La tarjeta no fue problema, en definitiva en el banco esperaba otro compañero capacitado para ocupar el lugar de uno en caso de ser necesario. Ese fue otro de los valores que pareció inculcar Scaloni a partir de su permanente recambio: todos están a la altura y tendrán sus posibilidades.

De Paul y Montiel, los dos mejores jugadores del compromiso, merecen un párrafo a parte. El mediocampista, flamante refuerzo de Atlético Madrid, hizo el partido de su vida: no paró de correr ni con el pitazo final, realizó cada acción con un grado de inteligencia soberbio y entregó una asistencia milimétrica; el famoso corrió, metió y jugó. El defensor de River Plate clausuró el carril derecho ante monstruos de la talla de Richarlison, Everton, Vinicius y Neymar y mostró el nivel de sus grandes citas con la camiseta de La Banda. Con el detalle de que tuvo la pierna derecha ensangrentada, lo que le agregó una épica mayor.

La segunda línea en cuanto a rendimientos la integraron un impasable Nicolás Otamendi, el siempre firme Romero y la muralla Emiliano Martínez, que atajó dos pelotas claves. Un concentrado Paredes y un decisivo Di María también aportaron lo suyo. Marcos Acuña y Lautaro Martínez lo propio con un desgaste indispensable. Lo Celso sin el brillo de otras veces pero con el compromiso necesario para una instancia terminante. Los ingresos de Rodríguez, Nicolás González, Exequiel Palacios, Germán Pezzella y Nicolás Tagliafico que sirvieron para darle aire y piernas frescas al equipo. Los nombres cambiaron, la estructura continuó sólida y sin fisuras.

Y Lionel Messi, que jugó con el tobillo dolorido por la patada que recibió contra Colombia, pero que se vistió de guía futbolístico y espiritual. Aún mostrando su costado más humano: nervioso y errático en los minutos decisivos. Él llevó al equipo hasta la final y el resto le pagó con el título que el fútbol le debía hacía mucho tiempo. El protagonista de los festejos, todos querían abrazarlo. Al fin y al cabo fue su Copa, mejor jugador, máximo goleador (4 tantos) y máximo asistidor (5 pases-gol). Después de cinco definiciones, se le dio la estrella más deseada.

Con vistas al futuro el panorama es alentador. Argentina afrontará el desenlace de las Eliminatorias rumbo al Mundial de Qatar 2022 con la obtención de la Copa América bajo el brazo, un plantel consolidado y un equipo armado. Deberá seguir creciendo, de eso se trata esto. Pero así se juega una final, ojalá no sea la última.

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