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Notas de Opinión

Pregunta a la oposición: ¿no necesitan un nuevo “relato”?

La realidad pide a gritos que Juntos por el Cambio desarrolle un relato alrededor de la pregunta clave: qué aprendió del fracaso de la gestión de Cambiemos. Hoy, el electorado no ve alternativa para el mediano plazo

Columna publicada originalmente en TN

“Dato mata relato”. Es un giro muy argentino y que, queda claro, se aplica a la política que nos quiere vender que somos los campeones de la cuarentena, los héroes de la vacunación, los paladines de los derechos humanos, los genios del bienestar social, que los chicos en la escuela agravan la pandemia y que las exportaciones de carne son malas para los argentinos y tantos otros “relatos” incomprobables.

Relato es en la Argentina una mala palabra

Es injusto que “relato” sea casi un insulto, porque no es otra cosa que una disciplina del marketing moderno y no sólo de la comunicación política: relato es la forma de contar una historia, de hacerla más atractiva, convincente, presentarla desde sus mejores costados. Relato no es un sustituto de la verdad. Es “la mejor verdad” y la mejor forma de instalar un concepto que puede ser complejo y difícil de explicar.

Pero el hecho de que el kirchnerismo tenga tanta gimnasia en construir relatos muchas veces alejados sideralmente de la realidad no significa que la oposición no lo precise ni que jamás lo hubiese tenido.

Un ejemplo de relato de la que hoy es oposición es cómo fue construyendo Mauricio Macri su camino a la presidencia a la que llegó en 2015: “es un empresario, te podrá caer mal, pero de gestión y economía, la tiene clara”. Más o menos ese fue el “relato” oculto que llevó al poder a Macri, basándose en su éxito como presidente de Boca Juniors, primero, y después como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

En 2015, el electorado entendió que un empresario, como Macri, era necesario para corregir los desbarajustes económicos que estaba dejando el kirchnerismo después de tres mandatos. El problema es que ese relato se agotó con el fracaso económico del mandato de Mauricio Macri. Ahora, estamos a tres meses de una nueva elección, y a la que hoy es oposición de Juntos por el Cambio le falta un nuevo relato.

La oposición, enfrascada en sus internas

Los medios describen que la oposición “se está matando” y que no tienen la más mínima coordinación ni se toman el tiempo para elaborar un relato más allá de quiénes serían los candidatos en las próximas elecciones y en 2023.

Por más que sean elecciones legislativas las que tocan ahora, y, aunque pierda, el gobierno seguirá dos años más, tendría la oposición que pensar que el relato tiene que construirse mucho antes. A Macri, su “relato” le permitió ir escalando posiciones aun en elecciones legislativas, como en las que votaremos en septiembre y noviembre.

El problema de ese relato es que no se puede simplemente refrescar aquel que decía que “Macri es empresario, y el problema económico lo va a resolver de taquito”. Porque Macri incumplió ese relato. El nuevo relato tiene que ser creíble. Ya no se sostendría más el “porque venimos del empresariado sabemos qué hay que hacer”. Tampoco el “ahora sí sabemos” sin dar pistas ni aceptar debatir públicamente aciertos y errores de su propia experiencia de gobierno.

¿Por qué es tan urgente la necesidad de que la oposición encuentre un nuevo relato?: es que con más de 84.000 muertos por COVID, en la peor pandemia en un siglo, todas las encuestas están mostrando que el problema económico sigue siendo la principal preocupación de los argentinos -y por lejos.

Es una anomalía a nivel mundial. También es una anomalía que, sin importar su cercanía política, todos los encuestadores están mostrando a una opinión pública ultra pesimista: menos del 20 por ciento de los argentinos cree que la economía del país mejorará en el mediano plazo. La mayoría cree que estaremos peor, el resto, igual. Igual de mal.

Esta triste realidad está pidiendo a gritos a la oposición que fue gobierno hasta hace un año y medio que desarrolle un relato alrededor de la pregunta clave: qué aprendió del fracaso de la gestión de Cambiemos entre 2015 y 2019.

Mauricio Macri tuvo una oportunidad de oro para hacerlo cuando, a principios de año, lanzó su libro, Primer Tiempo. Pero en sus 304 páginas, no dedicó espacio a imaginar cómo sería un eventual “Segundo Tiempo” en lo económico y político para no volver a fracasar.

Matar al padre

En realidad, buena parte del pesimismo de los argentinos que reflejan las encuestas tiene que ver con la falta de un nuevo relato económico por parte de la oposición. Los votantes piensan: el presente es negro, ya sea por la pandemia o por los errores del gobierno. Pero a diferencia de los que votaron en 2015 y 2017, hoy el electorado no ve alternativa para el mediano plazo.

Mauricio Macri

Para que esa alternativa opositora pueda ser creíble estando demasiado fresco su fracaso, precisa ese relato que explique qué aprendió de sus propios errores.

Como el propio Macri decidió no prestarle a la oposición el servicio de explicar él mismo qué haría distinto para no fracasar si los votantes le dieran una nueva oportunidad, no quedaría otro remedio que desarrollar un relato que, indefectiblemente, tendría que “matar al padre”. Ese parricidio del expresidente llevaría a que sus compañeros de partido y coalición le expliquen a la sociedad qué harían diferente de lo que hizo Macri. Tendrían que descalificarlo.

Y es evidente que ninguno de los compañeros del PRO de Macri, el partido que él fundó y hoy dirige Patricia Bullrich y tiene como máximo exponente al jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, se animó a hacerlo. Tampoco se atrevió ninguno de sus socios del radicalismo o la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Están todos demasiado enfrascados en sus internas que se olvidan que, antes que dirimir nombres, tienen que volver a generar la mística y la esperanza que los llevó al poder con un relato. Bullrich esbozó el año pasado un principio de autocrítica, pero todo quedó en un zoom en Facebook con el líder radical Ernesto Sanz.

Halcones y Palomas de la oposición tendrían que deponer por un rato sus peleas y picoteos para ponerse de acuerdo en una sola cosa: gane quien gane las candidaturas en las primarias previstas para septiembre, todos los opositores precisan un nuevo relato que sea creíble para el electorado, aunque tengan que “matar al padre”, como en la leyenda de Edipo de Tebas, que mató a su padre y se terminó casando con su madre.

Notas de Opinión

El Papa Francisco le avisa al kirchnerismo que se acabó la joda

El Sumo Pontífice se autoinvitó a IDEA para hacer una apenas disimulada autocrítica del pobrismo y celebrar el rol empresario. Una señal que Alberto Fernández desaprovechó en su cierre, pero que puede desalentar más locuras de parte de Cristina y sus seguidores

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Los planes sociales han servido para administrar nuestro empobrecimiento colectivo durante las últimas dos décadas, casi tres. Pero no dan para más. Los empezaron a repartir, en el ocaso de los noventa y de la Convertibilidad, Menem y Duhalde. Luego la Alianza los aumentó y se los empezó a transferir a las organizaciones de desocupados. Y tras el derrumbe del “uno a uno” Duhalde volvió a ampliarlos.

Pero quien sin duda contribuyó más a convertirlos en parte estructural del sistema de poder, y en el mecanismo central para reproducir el control de su fuerza política sobre el territorio y sobre los excluidos, para asegurarse de que no protesten por su condición, y de paso voten a quienes los mantienen en ella, fue Néstor Kirchner.

El actual presidente intentó disculparlo, y disculparse, diciendo que entre 2003 y 2007 los habían reducido a la mitad. Una más de las estadísticas mentirosas a que suele recurrir Alberto Fernández para zafar de todo: no contó ni el “Jefes y Jefas” ni muchos otros programas que siguieron atendiendo a millones de personas hasta que Néstor le pasó la banda presidencial a su mujer. Y Alberto mintió en algo más importante que los números: porque lo esencial que hizo Néstor fue cooptar a las organizaciones de desocupados que no fueran demasiado troskas, convertir a sus dirigentes en legisladores o funcionarios, y premiarlos además con paquetes de planes, que servirían para motivarlos a mantener disciplinados a los pobres, no pasarse a la izquierda, y controlar así “la calle”.

Desde entonces Argentina se volvió un país peor que el de los años noventa, porque puede ser gobernado, bastante establemente, con un piso de 30% de excluidos, que se asume van a seguir siéndolo. ¿Gobernado por quién? Pues por los “representantes de los pobres”, que no tienen problema en representar a más y más gente, al contrario. Así, los planes sociales pasaron de ser transitorios y de incluir contraprestaciones formativas para “mejorar la empleabilidad”, es decir ayudar a volver al mercado de trabajo a sus beneficiarios, a permanentes e ir acompañados de una única obligación, ir a las marchas que convocan sus jefes, para felicidad de los jefes de éstos, los “defensores de los pobres”.

El 12 de septiembre se evidenció el límite de este modelo. Su aceitada organización, de probada eficacia política y electoral, chocó contra el hartazgo de sus supuestos “beneficiarios”, que parece no se conforman con ser mantenidos con vida para votar, ante todo quieren volver o llegar de una buena vez a trabajar. Ese día millones de “planeros” se negaron a hacer su parte en esta tragedia, se quedaron en sus casas o directamente votaron a fuerzas políticas que, de izquierda o derecha, vienen denunciando la perversión del “gobierno de los pobres”.

Desde entonces muchos dirigentes y funcionarios del FdeT se desviven por mostrar que eso es precisamente lo que ellos están haciendo, bajo el lema “convertir planes en empleo” se anunciaron infinidad de medidas, casi ninguna concreta. Y lo peor, ninguna creíble, en parte porque no hay ni una voz ni una idea rectora de todo ese anuncismo, en parte porque el gobierno ha perdido ya demasiada credibilidad, cuando intenta enmendarse le creen aún menos que cuando insiste con su partitura de siempre.

Debió intervenir el Papa Francisco para que quedara en claro la dimensión del problema. Y el hecho de que lo que está en juego es la base misma de la representatividad del peronismo, ya no sólo de un líder u otro (la pérdida masiva de votos se dio en todo el país, hasta en los cotos electorales más protegidos), o la de “los K” a favor de los “históricos” o “moderados” (de ser ese el caso, le hubiera ido más o menos bien a Florencio Randazzo, y no fue lo que sucedió). Su condición de “partido de los pobres” está en el tapete, simplemente porque los pobres se hartaron. Dejaron de ser clientes seguros de todos esos ñatos. Y quieren otra cosa.

Y ¿Qué fue lo que dijo el Papa? Esto fue lo más extraordinario. Porque Francisco ha sido hasta aquí la voz rectora del “pobrismo”, y lo que hizo cuando intervino en IDEA, por propia iniciativa, sin que nadie se lo requiriera, fue repudiar el pobrismo.

Él y sus exégetas, el más conocido Juan Grabois (pero también militan en esa corriente Emilio Pérsico, Milagro Sala, etc.) vienen desde hace tiempo impulsando una vuelta de tuerca más en la conversión de la pobreza y el desempleo, de una condición transitoria, a permanente, con la idea de que ser excluido por el capitalismo no es algo malo en verdad, es hasta una ventaja, pues permite reconstruir virtudes que el mercado destruye, la comunidad de iguales, el sometimiento del individuo a esa comunidad, la administración de bienes según necesidades y no según el ansia egoísta de consumir o de acumular. Todas ideas que suenan entre marxistas y precapitalistas, solidarias y terriblemente opresivas, y están perfectamente traducidas a la práctica en los barrios que solía administrar con mano de hierro la Tupac Amaru.

Lo que dice ahora Francisco es que toda esa gente lo interpretó mal (una excusa que sin esfuerzo toma de Perón, quien la utilizaba asiduamente), y que él nunca tuvo otro ideal que el del trabajo productivo, inserto en una economía donde la contraparte son los empresarios, que “generan los puestos de trabajo”, la maldita “relación patronal” que Grabois, Pérsico y Sala tanto repudian. Habló incluso de la cultura del esfuerzo, por oposición a vivir del subsidio, bordeando el discurso que identifica a los excluidos con la vagancia: cuando apeló a sus antepasados piamonteses para desligarse de cualquier simpatía con el “aliento de la ociosidad” quedó cerca de insinuar que el problema tal vez sean los que no tienen la suerte de contar con genes tan laboriosos.

Como sea, rol empresario, trabajo diversificado y productivo, esfuerzo. Se cuidó, es cierto, de utilizar palabras demasiado extrañas a su léxico, que se le hubieran atravesado en la garganta, como “capitalismo”, “mérito” e “inversión”, pero no dejó ninguna duda de que su bendición al empresariado iba dirigida a cerrar una grieta que, hasta hace poco, no estaba entre sus preocupaciones. Y que está dispuesto a hacerlo yendo a la búsqueda hasta de los interlocutores más difíciles: IDEA sigue siendo para el kirchnerismo territorio enemigo, Cristina no se cansa de despreciar y confrontar con esa y otras entidades semejantes, y sin ir más lejos le había reprochado a Alberto que asistiera al coloquio del año pasado y se expusiera a sus críticas, algo que seguramente alentó al presidente a mostrarse timorato en su intervención, que matizó con defensas abstrusas de los controles de precios y hasta del régimen de indemnizaciones, pese a que él mismo venía de relativizarlo en un acuerdo con la UOCRA. Una pena que el presidente no se avivara de que Francisco le estaba habilitando el terreno para ser un poco más audaz, y tal vez recuperar algo de su dignidad y autoridad perdidas.

¿Cómo caerán este giro y estas palabras papales en las filas del peronismo? Puede que algunos, sobre todo los más duros del kirchnerismo, hagan oídos sordos. O hasta celebren la habilidad del “viejo” para engañar al adversario, también reflotando antiguos malabares justificatorios harto conocidos. Pero es de esperar que una buena porción de la dirigencia de esa fuerza, incluidos simpatizantes de la vicepresidenta, se pregunten si no habrá llegado la hora de repensar las cosas en serio. Y asumir que la fiesta distributiva terminó hace tiempo. Duró muchísimo, mucho más que al propio Perón, pero ya no queda casi nada que repartir. Así que hay que dejarse de embromar y sacarles los pies de encima, aunque sea un poco, para renegociar reglas de convivencia y cooperación, con los que saben y les gusta producir.

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Nacionales

Un baño de peronismo como amuleto anti derrota

La coalición gobernante gana hoy y mañana la calle para intentar devolverle algo de mística a la campaña. En el mientras tanto se busca re componer lazos con el empresariado y apurar con el FMI

Columna publicada originalmente en Infobae

Hubo intento de acercamiento con los empresarios. Hubo reuniones con el FMI. Hubo dos cambios más en el Gabinete. Hubo encuentros con inversores extranjeros en Manhattan. Pero nada pareciera alcanzar.

La sensación de zozobra sigue apoderándose de gran parte del electorado y de la clase dirigente a un mes exacto de las elecciones. La coalición gobernante -hoy más que nunca con Cristina Kirchner como principal Jefa política y Alberto Fernández como Presidente en ejercicio- apuesta a darse hoy un shock de autoconfianza.

La movilización por el Día de la Lealtad que empezó ayer con el encuentro Nacional de Jóvenes de la Cámpora y terminará mañana con el acto convocado por la CGT, es un intento por volver a las fuentes, por dejar de lado, una vez mas, las diferencias internas y por recordarle a la oposición (política y empresarial) que el peronismo nunca se da por vencido.

Después, se verá…

Esta semana hubo también contradicciones y tiros a los propios pies. El propio acto de hoy fue anunciado, desmentido, y vuelto a anunciar. Lo propio pasó con la incorporación de Gabriela Cerruti al Gobierno. Que sí, que no, que renunció a su banca y que finalmente se convirtió en Portavoz. Ambas incongruencias son producto del cambio de época.

Desde que asumió, Fernández por primera vez va en contra de su esencia acaparadora de temas y funciones y delega. O, al menos, lo intenta.

Con Juan Manzur ya no puede ejercer como su propio Jefe de Gabinete. El Tucumano impone respeto. Y el mismo avión de su provincia que lo llevó a Nueva York con tres escalas intermedias (uno de los tiros autoflagelados de esta semana; el otro fue Aníbal Fernández contra Nick) lo puede regresar a la Gobernación si encuentra que la ecuación costo-beneficio no amerita el desarraigo.

Con Cerruti, Fernández empezará a transitar un camino de profesionalismo en, posiblemente, la peor de las áreas del Gobierno: la comunicación. Más temprano que tarde, las conferencias matutinas de la Portavoz en Casa Rosada se trasformarán, de mínima, en un ordenador de la política hacia afuera, pero también hacia adentro. En un gobierno que, a pesar de los cambios, sigue siendo compartimentado y desordenado por doquier, una voz diaria al menos uniforma mensajes.

Las idas y vueltas en reconocer la llegada de Cerruti fueron la resistencia de quienes no quieren que nada cambie. Y esos focos de resistencia están acallados pero aún existen.

La Jefatura política de CFK es tan clara hacia afuera como discutida adentro.

Rememorando ejemplos históricos, y más allá de las lógicas diferencias, cuando Cristina asumió como Presidenta elegida por Néstor, ¿no estaba claro que el Jefe Político era él? ¿Alguien se animaba a decir que esto era perturbador para la autoridad presidencial?

Cristina tuvo, como todo el mundo, costo de aprendizaje al llegar a la cima del poder. Fue ninguneada (un condimento histórico para cualquier presidente argentino), y el tiempo demostró que podía ser cualquier cosa menos un títere.

Hoy el rol se invierte. Ella es la Jefa Política y Alberto el Presidente. No comparten Olivos, está claro. Pero quizás radique ahí otro de los condimentos a rever en esta etapa. La dinámica de comunicación interna y toma de decisiones de fondo en la coalición gobernante. Ese mecanismo que funcionó en lo cotidiano y tan bien en la campaña del 19 (cuando Alberto, Cristina, Massa, Máximo, Cafiero, “Wado” y Larroque se reunían diariamente), una vez asumido el poder se diluyó y generó grandes lagunas por no decir océanos de conflictos.

En ese rol de Jefa, CFK puso ayer norte al nuevo eje discursivo. Nunca se le escuchó a la vicepresidenta un discurso tan peronista, tan abarcativo y con tantos guiños al sector empresarial. Cristina está atenta a lo que pasa en el mundo. Y el corrimiento discursivo a la derecha, las crisis post pandemia, la inflación de los precios de los alimentos y de la energía, no son una originalidad argentina.

De hecho había empezado el día retuiteando a mansalva al Papa. Varias de las frases de Francisco le vinieron como anillo al dedo: “A los medios de comunicación, les pido que terminen con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación y la calumnia. A los organismos internacionales de crédito, pido que permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas de su gente y condonen esas deudas tantas veces contraídas contra los intereses de esos mismos pueblos. La lucha contra el hambre exige superar la fría lógica del mercado, centrada en la reducción de los alimentos a una mercancía más, y afianzar la lógica de la solidaridad…”.

Más papista que nunca, Cristina Kirchner se quedó con varios conceptos para el discurso de ayer a la tarde. Pero sobre todo se encargó de reivindicar al peronismo como un emergente superador de izquierdas y derechas.

Particularmente risueña estuvo al recordar una cena privadísima en el 2018 con, posiblemente, el empresario argentino más importante del sector alimenticio. “Si tu empresa hoy tiene balance negativo (entonces Macri era presidente) y en los 12 años nuestros se cansaron de ganar plata. ¿Me podes decir porqué no nos quieren?”

La misma pregunta podía haber sido formulada el lunes pasado en la Casa Rosada por Alberto Fernández. Ese día recibió con un almuerzo a Marcos Bulgheroni, Jorge Brito, Francisco De Narváez y Marcelo Mindlin, entre otros. Y, si bien las dudas del grupo ya habían sido despejadas una semana antes en la casa de Brito en San Isidro por Máximo Kirchner y Sergio Massa, el paso por Presidencia de los mismos actores le dio el marco institucional que la coalición gobernante pergeña como ideal para un pacto político-sindical-empresarial-social después de las elecciones.

La foto que se difundió del encuentro encuentra a todos muy risueños. No fue para menos. Alberto les pidió de entrada que lo tuteen. Rápido de reflejos, De Narváez contestó: “¿Qué dijo? ¿Tutéenme o putéenme?” .

Claro que por más clima distendido, ahí no estaban sentados todos. El Gobierno piensa en ese puntapié inicial para lo que viene. El gran tema es que el resto del circulo rojo (como se explicó en esta columna la semana pasada) ya no espera nada más que la derrota del Gobierno en las urnas.

La frialdad con que lo recibieron al Presidente en IDEA el viernes y las críticas posteriores a su discurso (donde no dijo nada distinto a lo que viene diciendo la coalición desde que llegó al poder) son muestra del hartazgo y —para el Gobierno— del gorilismo intrínseco de la clase empresarial dirigente.

Otro tanto percibió Juan Manzur en Manhattan con los hombres del Wall Street. El Jefe de Gabinete se movió como pez en el agua al enfrentar el cuestionario. Pero fue enfático en una definición: “Yo soy parte del esta coalición de gobierno, represento a gobernadores y a los sindicatos. Y les aseguro que es nuestra intención cerrar un acuerdo con el Fondo”.

En eso estuvo Guzmán toda la semana. Para la comitiva argentina, Kristalina Georgieva quedó menos herida de lo que se suponía después del intento por desbancarla, la posibilidad de que se rebaje la sobre tasa a los países sobseendeudados sigue siendo una posibilidad que se anunciará —dicen— antes de fin de año. Y la exigencia política de que el FMI haga una especia de mea culpa por haber sido participe de un crédito para la Argentina por fuera de la lógica de los estatutos del Fondo es casi una utopía a corto plazo.

Lo mas probable es que junto con el acuerdo se dé a conocer una evaluación interna, el Ex Program Evaluation, y que recién cuando se cumplan los dos años del préstamo, el fondo decida que la carpeta de Argentina sea analizada por una oficina independiente. Pero así como Alemania en su momento logró diluir el préstamo y programa a Grecia con otros países de la región, es posible que Estados Unidos (gran responsable del sobreendeudamiento argentino) logre que el informe sobre nuestra deuda se dé en un marco mucho más amplio para aplicar la misma técnica de lavandina alemana.

Los guiños históricos siempre son interesantes. El FMI inauguró el programa de revisión independiente a determinados préstamos con nuestro país. El primer programa que se revisó fue el firmado con el gobierno de Fernando de la Rúa. En el fatídico 2001.

Bonus Track

“Ya no se gana ni se pierde por KO. Ahora todas las peleas son a quince rounds. Hay que aguantar, de eso se trata”. La definición del actual momento político pertenece a uno de los referentes de la coalición gobernante. Si bien se pondrá todo para achicar la diferencia, saben que un legislador arriba o uno abajo la realidad del Congreso el año que viene será de negociación permanente.

La cuenta indica que en el Senado el oficialismo pierde cuatro senadores. Y que Cristina Kirchner necesitará los votos de los provinciales (que cotizan al dólar paralelo a esta altura) para conseguir quórum. En Diputados pasará otro tanto.

Pero lo que si esta claro es que el Congreso se convertirá en el ámbito de los acuerdos políticos. El primero será la deuda. Y de ahí en más el resto de los pactos que parte de la coalición están pensando. No solo para asegurar la gobernabilidad de los años que quedan sino porque será negocio para quien vaya a gobernar en el 2023.

Veremos.

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Notas de Opinión

El regreso del expediente en el cual Oyarbide investigó el diploma de abogada de CFK

Solo sobre la base de un analítico “trucho” y una ficha de entrega de título que se demostró adulterada. Pertenecía en realidad a un salteño llamado Valentín Olmos

Columna publicada originalmente en Tribuna de Periodistas

Hace unos días arrancó la locura. Docenas y docenas de colegas, amigos, familiares e incluso seguidores en redes sociales me hicieron llegar la carátula del expediente que investigó en su momento a Cristina Kirchner por su falta de diploma de abogada.

Pretendían sorprenderme, pero a mí eso no me sorprende, porque fui quien hizo la denuncia de marras, junto al letrado Fabián Bergenfeld.

Quiero decir, ¿qué podría asombrarme, si conozco esa causa judicial del principio al fin, casi de memoria?

A pesar de ello, no dejan de llegarme mensajes, la mayoría de ellos públicos, intentando sorprenderme por la existencia de tal expediente.

Ello me obliga a contar un poco de qué se trata aquella cuestión, que vuelve una y otra vez a mi vida. Solo porque alguna vez puse en duda que Cristina fuera abogada.

En realidad, fui bastante más allá: empecé a ofrecer 10 mil dólares a quien me mostrara el diploma de la hoy vicepresidenta o una foto de graduación.

Luego, di un paso más: fui a la justicia Federal. Allí denuncié a Cristina por violar el artículo 247 del Código Penal, que penaliza la usurpación de títulos y honores. Con tan mala suerte que la causa judicial recayó en el juzgado de Norberto Oyarbide.

Como sea, presenté infinidad de prueba y testigos. Pero el magistrado ni siquiera se tomó el trabajo de llamarlos a declarar. Se trataba de testimonios calificados.

Ex funcionarios que habían trabajado con Néstor Kirchner o que lo habían tratado, como Rafael Flores, Domingo Zárate, Daniel Gatti y Eduardo Arnold. Este último supo ser vicegobernador de Santa Cruz y, al igual que todos los demás, admite que Cristina no se recibió jamás.

También pedí que citaran a ex docentes de la Universidad Nacional de La Plata, donde estudió Cristina. Tres de ellos me habían confirmado que la hoy vicepresidenta nunca se había recibido.

Sin embargo, Oyarbide nunca avanzó en ese sentido. Jamás me requirió tampoco la prueba que le anticipé que tenía para aportar.

De hecho, fue más que grosero conmigo. El día que declaré, no me dejaba terminar de responder ninguna de las preguntas que me hacía y pedía al “escribiente” que omitiera algunas cuestiones puntuales que yo mencionaba en mi declaración.

Finalmente, luego de un breve proceso que duró unas pocas semanas, sobreseyó a Cristina. Solo sobre la base de un analítico “trucho” y una ficha de entrega de título que se demostró adulterada. Pertenecía en realidad a un salteño llamado Valentín Olmos.

Si se mira con detenimiento ello se observa claramente… salvo para Oyarbide, quien lo tomó como valedero.

Es un documento coherente con los demás que involucran a Cristina, todos aparecen siempre enmendados o tachados, como la siguiente anotación en el libro de la UNLP. Dicho sea de paso, Oyarbide nunca permitió que este se aportara.

Como era de prever, el juez finalmente archivó el expediente, lo cual dejó en mí un eterno sabor amargo, que solo logro evitar cuando recuerdo que nadie aún ha ganado mi desafío de los 10 mil dólares.

Como solía decir mi abuela, “mal de muchos consuelo de tontos”.

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