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Notas de Opinión

La negativa de Vidal a competir en la Provincia desató un terremoto en Juntos por el Cambio

Eugenia Vidal se reafirmó en un concepto básico: para saber lo que se busca primero hay que reconocer lo que no se quiere

Columna publicada originalmente en Tribuna de Periodistas 

Erich Fromm decía que sólo la persona que tiene fe en sí misma es capaz de tener fe en los demás. La cosmovisión del filósofo humanista judío-alemán se ajusta a la realidad de esta nueva etapa política de María Eugenia Vidal. No le resultó fácil ni rápido procesar la aplastante derrota de 2019 a manos de otro porteño (con aires seudo intelectuales cool) que la desplazó del sillón de mando de la Provincia más grande de la Argentina.

En ese año y medio de silencio mediático e introspección reorganizó su vida afectiva. Blanqueó su romance con Quique Sacco, y cerró de manera razonable la siempre inestable relación con el padre de sus tres hijos, el ex intendente de Morón, Ramiro Tagliaferro. Y en el medio barrió con la especulación “machirula” que, en los tiempos que las encuestas la mostraban como la candidata a presidente de Cambiemos (todavía se llamaba así ese espacio) que más chance tenía de ganar- le atribuyó affaires sentimentales con empresarios poderosos.

Y una vez que tuvo “la casa en orden”, comenzó a escuchar su voz interior para decidir su futuro político. Porque esa sí fue una convicción íntima: Vidal siempre supo que generacionalmente está en el lote de dirigentes que tiene más proyección en el tiempo que pasado. Para ponerle nombre, Ella, Sergio Massa, Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau y Máximo Kirchner, son el recambio inexorable a Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Lilita Carrió entre otros sub 70 todavía influencer.

El tiempo juega a su favor y ella es muy consciente de ese dato.

Por eso resistió la ofensiva sobre su persona desatada desde las barrancas de Acasusso, para que pusiera el cuerpo otra vez en la Provincia. Con elegancia, Vidal pasó la prueba de reunirse con Mauricio (como lo sigue llamando con una cuota de reconocimiento) y no salir con “daños colaterales”.

En su estrategia de bridge, Macri siempre la tuvo (a Vidal) como un as de corazones que le permitiría a Juntos por el Cambio ser competitivo en el estratégico territorio bonaerense. Teniendo en claro que quien se proclame triunfador en la noche del 14N, será el gran triunfador a nivel país. Vale aclarar que no es que Macri la tenga a Vidal en sus oraciones. No. En la intimidad se queja con algo de amargura: “no aprendió nada de economía. Le puse a Lacunza para que le enseñara algo, pero sigue sin entender nada…” Pero la necesitaba para frenar el poderoso aparato camporista en el Conurbano, que con la vacuna contra el Covid en una mano y la tarjeta Alimentar en la otra, tendrá un piso muy alto de votos en setiembre y en noviembre.

Aún sin saber lo que en verdad piensa Macri de su expertise en economía, Vidal ya había tomado una decisión. Después de un riguroso análisis con su equipo chico de colaboradores, María Eugenia Vidal se reafirmó en un concepto básico: para saber lo que se busca primero hay que reconocer lo que no se quiere.

Y ella no quiere volver a la batallar el inmenso territorio bonaerense y en especial volver a meter los pies en el barro – literal- del Conurbano. Sabe que la inmensa mayoría de los intendentes peronistas y varios de Juntos por el Cambio no olvidan que fue en 2016 y durante su mandato como gobernadora, a instancia de Massa, se eliminó la reelección indefinida de intendentes, legisladores y concejales en toda la Provincia.

Por eso horas antes de viajar a Washington – sólo acompañada por Hernán Lacunza (el economista que “le puso” Macri) y Axel Campbell – dio un primer gran paso. Marcó el número de los 3 presidentes de los partidos que conforman la coalición Juntos por el Cambio en la Provincia de Buenos Aires y les dijo, palabras más palabras menos, que no será candidata a primera diputada nacional en la Provincia.

Jorge Macri, Maximiliano Abad y Andrés De Leo (según la fuente consultada puede variar el orden en que Vidal realizó las llamadas) recibieron el mismo mensaje: “Por una cuestión de respeto institucional, quiero avisarles hoy que no voy a ser candidata en la Provincia. Aún no decidí si voy a participar en la Ciudad o si voy transitar desde el llano esta etapa. Todavía hay tiempo para eso”.

Las llamadas provocaron un efecto derrame casi inmediato. El flamante presidente de la UCR bonaerense, Maxi Abad, quedó estupefacto. Al día siguiente del llamado de Vidal, el jueves, los dos caciques radicales del interior, Gerardo Morales y Alfredo Cornejo, ya salieron a agitar la candidatura “puramente radical y sin ningún “elemento” PRO” del neurocirujano, divulgador científico y ahora pre-candidato Facundo Manes. Un terremoto que atenta directamente contra los planes de Larreta, que quiere rodear y proteger la candidatura de Diego Santilli en la boleta opositora bonaerense.

La segunda derivación de la negativa de Vidal a jugar en Provincia, es que por acción refleja el tándem peronista-radical de Emilio Monzó y Gustavo Posse podría cobrar más fuerza y pasar de ser una jugada de posicionamiento en la cartelería callejera a ser una realidad efectiva. ¿Qué hará uno de los principales armadores políticos que tuvo Vidal entre el 2015 y el 2019? Se supone que Joaquín De la Torre – de él hablamos- sabía con anticipación la negativa de Vidal a jugar en la Provincia. En los días previos ya había anticipado que si la ex gobernadora daba un paso al costado él quedaría liberado para armar una “Tercera Posición” peronista por fuera de Juntos por el Cambio. Si esa alternativa no cuajara, tal vez De la Torre podría engordar y mucho el espacio de Monzó-Posse, en especial por el fuerte ascendiente que tiene sobre una masa de dirigentes peronistas no K de la primera sección electoral. Aunque lo más probable es que De la Torre termine orientando ese caudal a una eventual candidatura de Florencio Randazzo.

María Eugenia Vidal, más cerca de la política internacional que de Juntos por el Cambio

El otro al que sacudió la negativa de Vidal es José Luis Espert. “Avanza Libertad” había logrado un acuerdo de palabra con Mauricio Macri y de traslación real con Larreta, para participar en la interna opositora en las PASO de setiembre y después entrar a Diputados por efecto del sistema D ´Hont.

Pero claro, una cosa era una interna Santilli versus Espert, donde éste último casi se garantizaba el ingreso al tiempo que se evitaba el desgaste de los ataques de Juntos por el Cambio por “ser funcional al kirchnerismo”, y otra muy diferente es si esa interna es de cuatro (4) participantes, incluido el poderoso aparato bonaerense de la UCR que hace menos de un mes se mostró muy activo en las internas Abad- Posse.  Y si, además, por afuera finalmente Randazzo se aúpa a la estructura que le armen los díscolos peronistas que no encuentran lugar en el oficialista Frente de Todos, las cuentas no empiezan a cerrar para Espert. El riesgo de volver a quedar último o tercero en esa interna de cuatro, es muy alto.

Igual, quien más ve afectadas sus chances es Diego Santilli. Así planteada, esa interna que en principio estaba pensada para mejorar sus chances y protegerlo, se transforma en una verdadera ruleta rusa, donde nadie puede controlar en qué tambor estará la bala.

Como pequeña conclusión, para Vidal su decisión de no jugar en la Provincia la reafirma en un concepto. Decir que no, muchas veces es muy positivo. Y decirle que no a los deseos de su ¿ex? Jefe puede implicar una liberación sicológica muy importante para el futuro de una dirigente que piensa en el sueño gran de ser Presidente, sea en el 23 o en el siguiente turno.

El jefe de la OEA, Luis Almagro, le ofrece un trabajo muy prometedor: ser jefa de misiones de contralor electoral en América Latina. Tarea que Vidal hizo de manera exitosa en las pasadas elecciones en El Salvador. Después de todo, ella quería ser diplomática cuando se anotó en la UCA para cursar Ciencias Políticas.

Si las horas transcurridas en Washington completan su valija de opciones, lo que suceda en Nueva York tendrá otro peso específico. Allí se verá con Christian Ritondo, el jefe de Juntos por el Cambio en Diputados, y casi con seguridad también con Sergio Massa, el joker de la política nacional.

Esos almuerzos en las cercanías del Ground Zero de Manhattan terminarán de darle forma a su próxima decisión. Si se presta a una interna contra Patricia Bullrich, en la que promete ser de esas donde corre “sangre”, por más que Larreta le meta en la elección a Ricardo López Murphy y deje afuera a Javier Milei, para licuar las chances de Bullrich, o si preserva su imagen hasta la próxima estación en el ´23.

Por estas horas Vidal también tiene otra certeza. No se aplicará ninguna vacuna en territorio americano. Ni la de Pfizer, ni la Moderna y ni la de Jhonson&Jhonson.

 

Notas de Opinión

El Papa Francisco le avisa al kirchnerismo que se acabó la joda

El Sumo Pontífice se autoinvitó a IDEA para hacer una apenas disimulada autocrítica del pobrismo y celebrar el rol empresario. Una señal que Alberto Fernández desaprovechó en su cierre, pero que puede desalentar más locuras de parte de Cristina y sus seguidores

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Los planes sociales han servido para administrar nuestro empobrecimiento colectivo durante las últimas dos décadas, casi tres. Pero no dan para más. Los empezaron a repartir, en el ocaso de los noventa y de la Convertibilidad, Menem y Duhalde. Luego la Alianza los aumentó y se los empezó a transferir a las organizaciones de desocupados. Y tras el derrumbe del “uno a uno” Duhalde volvió a ampliarlos.

Pero quien sin duda contribuyó más a convertirlos en parte estructural del sistema de poder, y en el mecanismo central para reproducir el control de su fuerza política sobre el territorio y sobre los excluidos, para asegurarse de que no protesten por su condición, y de paso voten a quienes los mantienen en ella, fue Néstor Kirchner.

El actual presidente intentó disculparlo, y disculparse, diciendo que entre 2003 y 2007 los habían reducido a la mitad. Una más de las estadísticas mentirosas a que suele recurrir Alberto Fernández para zafar de todo: no contó ni el “Jefes y Jefas” ni muchos otros programas que siguieron atendiendo a millones de personas hasta que Néstor le pasó la banda presidencial a su mujer. Y Alberto mintió en algo más importante que los números: porque lo esencial que hizo Néstor fue cooptar a las organizaciones de desocupados que no fueran demasiado troskas, convertir a sus dirigentes en legisladores o funcionarios, y premiarlos además con paquetes de planes, que servirían para motivarlos a mantener disciplinados a los pobres, no pasarse a la izquierda, y controlar así “la calle”.

Desde entonces Argentina se volvió un país peor que el de los años noventa, porque puede ser gobernado, bastante establemente, con un piso de 30% de excluidos, que se asume van a seguir siéndolo. ¿Gobernado por quién? Pues por los “representantes de los pobres”, que no tienen problema en representar a más y más gente, al contrario. Así, los planes sociales pasaron de ser transitorios y de incluir contraprestaciones formativas para “mejorar la empleabilidad”, es decir ayudar a volver al mercado de trabajo a sus beneficiarios, a permanentes e ir acompañados de una única obligación, ir a las marchas que convocan sus jefes, para felicidad de los jefes de éstos, los “defensores de los pobres”.

El 12 de septiembre se evidenció el límite de este modelo. Su aceitada organización, de probada eficacia política y electoral, chocó contra el hartazgo de sus supuestos “beneficiarios”, que parece no se conforman con ser mantenidos con vida para votar, ante todo quieren volver o llegar de una buena vez a trabajar. Ese día millones de “planeros” se negaron a hacer su parte en esta tragedia, se quedaron en sus casas o directamente votaron a fuerzas políticas que, de izquierda o derecha, vienen denunciando la perversión del “gobierno de los pobres”.

Desde entonces muchos dirigentes y funcionarios del FdeT se desviven por mostrar que eso es precisamente lo que ellos están haciendo, bajo el lema “convertir planes en empleo” se anunciaron infinidad de medidas, casi ninguna concreta. Y lo peor, ninguna creíble, en parte porque no hay ni una voz ni una idea rectora de todo ese anuncismo, en parte porque el gobierno ha perdido ya demasiada credibilidad, cuando intenta enmendarse le creen aún menos que cuando insiste con su partitura de siempre.

Debió intervenir el Papa Francisco para que quedara en claro la dimensión del problema. Y el hecho de que lo que está en juego es la base misma de la representatividad del peronismo, ya no sólo de un líder u otro (la pérdida masiva de votos se dio en todo el país, hasta en los cotos electorales más protegidos), o la de “los K” a favor de los “históricos” o “moderados” (de ser ese el caso, le hubiera ido más o menos bien a Florencio Randazzo, y no fue lo que sucedió). Su condición de “partido de los pobres” está en el tapete, simplemente porque los pobres se hartaron. Dejaron de ser clientes seguros de todos esos ñatos. Y quieren otra cosa.

Y ¿Qué fue lo que dijo el Papa? Esto fue lo más extraordinario. Porque Francisco ha sido hasta aquí la voz rectora del “pobrismo”, y lo que hizo cuando intervino en IDEA, por propia iniciativa, sin que nadie se lo requiriera, fue repudiar el pobrismo.

Él y sus exégetas, el más conocido Juan Grabois (pero también militan en esa corriente Emilio Pérsico, Milagro Sala, etc.) vienen desde hace tiempo impulsando una vuelta de tuerca más en la conversión de la pobreza y el desempleo, de una condición transitoria, a permanente, con la idea de que ser excluido por el capitalismo no es algo malo en verdad, es hasta una ventaja, pues permite reconstruir virtudes que el mercado destruye, la comunidad de iguales, el sometimiento del individuo a esa comunidad, la administración de bienes según necesidades y no según el ansia egoísta de consumir o de acumular. Todas ideas que suenan entre marxistas y precapitalistas, solidarias y terriblemente opresivas, y están perfectamente traducidas a la práctica en los barrios que solía administrar con mano de hierro la Tupac Amaru.

Lo que dice ahora Francisco es que toda esa gente lo interpretó mal (una excusa que sin esfuerzo toma de Perón, quien la utilizaba asiduamente), y que él nunca tuvo otro ideal que el del trabajo productivo, inserto en una economía donde la contraparte son los empresarios, que “generan los puestos de trabajo”, la maldita “relación patronal” que Grabois, Pérsico y Sala tanto repudian. Habló incluso de la cultura del esfuerzo, por oposición a vivir del subsidio, bordeando el discurso que identifica a los excluidos con la vagancia: cuando apeló a sus antepasados piamonteses para desligarse de cualquier simpatía con el “aliento de la ociosidad” quedó cerca de insinuar que el problema tal vez sean los que no tienen la suerte de contar con genes tan laboriosos.

Como sea, rol empresario, trabajo diversificado y productivo, esfuerzo. Se cuidó, es cierto, de utilizar palabras demasiado extrañas a su léxico, que se le hubieran atravesado en la garganta, como “capitalismo”, “mérito” e “inversión”, pero no dejó ninguna duda de que su bendición al empresariado iba dirigida a cerrar una grieta que, hasta hace poco, no estaba entre sus preocupaciones. Y que está dispuesto a hacerlo yendo a la búsqueda hasta de los interlocutores más difíciles: IDEA sigue siendo para el kirchnerismo territorio enemigo, Cristina no se cansa de despreciar y confrontar con esa y otras entidades semejantes, y sin ir más lejos le había reprochado a Alberto que asistiera al coloquio del año pasado y se expusiera a sus críticas, algo que seguramente alentó al presidente a mostrarse timorato en su intervención, que matizó con defensas abstrusas de los controles de precios y hasta del régimen de indemnizaciones, pese a que él mismo venía de relativizarlo en un acuerdo con la UOCRA. Una pena que el presidente no se avivara de que Francisco le estaba habilitando el terreno para ser un poco más audaz, y tal vez recuperar algo de su dignidad y autoridad perdidas.

¿Cómo caerán este giro y estas palabras papales en las filas del peronismo? Puede que algunos, sobre todo los más duros del kirchnerismo, hagan oídos sordos. O hasta celebren la habilidad del “viejo” para engañar al adversario, también reflotando antiguos malabares justificatorios harto conocidos. Pero es de esperar que una buena porción de la dirigencia de esa fuerza, incluidos simpatizantes de la vicepresidenta, se pregunten si no habrá llegado la hora de repensar las cosas en serio. Y asumir que la fiesta distributiva terminó hace tiempo. Duró muchísimo, mucho más que al propio Perón, pero ya no queda casi nada que repartir. Así que hay que dejarse de embromar y sacarles los pies de encima, aunque sea un poco, para renegociar reglas de convivencia y cooperación, con los que saben y les gusta producir.

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Nacionales

Un baño de peronismo como amuleto anti derrota

La coalición gobernante gana hoy y mañana la calle para intentar devolverle algo de mística a la campaña. En el mientras tanto se busca re componer lazos con el empresariado y apurar con el FMI

Columna publicada originalmente en Infobae

Hubo intento de acercamiento con los empresarios. Hubo reuniones con el FMI. Hubo dos cambios más en el Gabinete. Hubo encuentros con inversores extranjeros en Manhattan. Pero nada pareciera alcanzar.

La sensación de zozobra sigue apoderándose de gran parte del electorado y de la clase dirigente a un mes exacto de las elecciones. La coalición gobernante -hoy más que nunca con Cristina Kirchner como principal Jefa política y Alberto Fernández como Presidente en ejercicio- apuesta a darse hoy un shock de autoconfianza.

La movilización por el Día de la Lealtad que empezó ayer con el encuentro Nacional de Jóvenes de la Cámpora y terminará mañana con el acto convocado por la CGT, es un intento por volver a las fuentes, por dejar de lado, una vez mas, las diferencias internas y por recordarle a la oposición (política y empresarial) que el peronismo nunca se da por vencido.

Después, se verá…

Esta semana hubo también contradicciones y tiros a los propios pies. El propio acto de hoy fue anunciado, desmentido, y vuelto a anunciar. Lo propio pasó con la incorporación de Gabriela Cerruti al Gobierno. Que sí, que no, que renunció a su banca y que finalmente se convirtió en Portavoz. Ambas incongruencias son producto del cambio de época.

Desde que asumió, Fernández por primera vez va en contra de su esencia acaparadora de temas y funciones y delega. O, al menos, lo intenta.

Con Juan Manzur ya no puede ejercer como su propio Jefe de Gabinete. El Tucumano impone respeto. Y el mismo avión de su provincia que lo llevó a Nueva York con tres escalas intermedias (uno de los tiros autoflagelados de esta semana; el otro fue Aníbal Fernández contra Nick) lo puede regresar a la Gobernación si encuentra que la ecuación costo-beneficio no amerita el desarraigo.

Con Cerruti, Fernández empezará a transitar un camino de profesionalismo en, posiblemente, la peor de las áreas del Gobierno: la comunicación. Más temprano que tarde, las conferencias matutinas de la Portavoz en Casa Rosada se trasformarán, de mínima, en un ordenador de la política hacia afuera, pero también hacia adentro. En un gobierno que, a pesar de los cambios, sigue siendo compartimentado y desordenado por doquier, una voz diaria al menos uniforma mensajes.

Las idas y vueltas en reconocer la llegada de Cerruti fueron la resistencia de quienes no quieren que nada cambie. Y esos focos de resistencia están acallados pero aún existen.

La Jefatura política de CFK es tan clara hacia afuera como discutida adentro.

Rememorando ejemplos históricos, y más allá de las lógicas diferencias, cuando Cristina asumió como Presidenta elegida por Néstor, ¿no estaba claro que el Jefe Político era él? ¿Alguien se animaba a decir que esto era perturbador para la autoridad presidencial?

Cristina tuvo, como todo el mundo, costo de aprendizaje al llegar a la cima del poder. Fue ninguneada (un condimento histórico para cualquier presidente argentino), y el tiempo demostró que podía ser cualquier cosa menos un títere.

Hoy el rol se invierte. Ella es la Jefa Política y Alberto el Presidente. No comparten Olivos, está claro. Pero quizás radique ahí otro de los condimentos a rever en esta etapa. La dinámica de comunicación interna y toma de decisiones de fondo en la coalición gobernante. Ese mecanismo que funcionó en lo cotidiano y tan bien en la campaña del 19 (cuando Alberto, Cristina, Massa, Máximo, Cafiero, “Wado” y Larroque se reunían diariamente), una vez asumido el poder se diluyó y generó grandes lagunas por no decir océanos de conflictos.

En ese rol de Jefa, CFK puso ayer norte al nuevo eje discursivo. Nunca se le escuchó a la vicepresidenta un discurso tan peronista, tan abarcativo y con tantos guiños al sector empresarial. Cristina está atenta a lo que pasa en el mundo. Y el corrimiento discursivo a la derecha, las crisis post pandemia, la inflación de los precios de los alimentos y de la energía, no son una originalidad argentina.

De hecho había empezado el día retuiteando a mansalva al Papa. Varias de las frases de Francisco le vinieron como anillo al dedo: “A los medios de comunicación, les pido que terminen con la lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación y la calumnia. A los organismos internacionales de crédito, pido que permitan a los países pobres garantizar las necesidades básicas de su gente y condonen esas deudas tantas veces contraídas contra los intereses de esos mismos pueblos. La lucha contra el hambre exige superar la fría lógica del mercado, centrada en la reducción de los alimentos a una mercancía más, y afianzar la lógica de la solidaridad…”.

Más papista que nunca, Cristina Kirchner se quedó con varios conceptos para el discurso de ayer a la tarde. Pero sobre todo se encargó de reivindicar al peronismo como un emergente superador de izquierdas y derechas.

Particularmente risueña estuvo al recordar una cena privadísima en el 2018 con, posiblemente, el empresario argentino más importante del sector alimenticio. “Si tu empresa hoy tiene balance negativo (entonces Macri era presidente) y en los 12 años nuestros se cansaron de ganar plata. ¿Me podes decir porqué no nos quieren?”

La misma pregunta podía haber sido formulada el lunes pasado en la Casa Rosada por Alberto Fernández. Ese día recibió con un almuerzo a Marcos Bulgheroni, Jorge Brito, Francisco De Narváez y Marcelo Mindlin, entre otros. Y, si bien las dudas del grupo ya habían sido despejadas una semana antes en la casa de Brito en San Isidro por Máximo Kirchner y Sergio Massa, el paso por Presidencia de los mismos actores le dio el marco institucional que la coalición gobernante pergeña como ideal para un pacto político-sindical-empresarial-social después de las elecciones.

La foto que se difundió del encuentro encuentra a todos muy risueños. No fue para menos. Alberto les pidió de entrada que lo tuteen. Rápido de reflejos, De Narváez contestó: “¿Qué dijo? ¿Tutéenme o putéenme?” .

Claro que por más clima distendido, ahí no estaban sentados todos. El Gobierno piensa en ese puntapié inicial para lo que viene. El gran tema es que el resto del circulo rojo (como se explicó en esta columna la semana pasada) ya no espera nada más que la derrota del Gobierno en las urnas.

La frialdad con que lo recibieron al Presidente en IDEA el viernes y las críticas posteriores a su discurso (donde no dijo nada distinto a lo que viene diciendo la coalición desde que llegó al poder) son muestra del hartazgo y —para el Gobierno— del gorilismo intrínseco de la clase empresarial dirigente.

Otro tanto percibió Juan Manzur en Manhattan con los hombres del Wall Street. El Jefe de Gabinete se movió como pez en el agua al enfrentar el cuestionario. Pero fue enfático en una definición: “Yo soy parte del esta coalición de gobierno, represento a gobernadores y a los sindicatos. Y les aseguro que es nuestra intención cerrar un acuerdo con el Fondo”.

En eso estuvo Guzmán toda la semana. Para la comitiva argentina, Kristalina Georgieva quedó menos herida de lo que se suponía después del intento por desbancarla, la posibilidad de que se rebaje la sobre tasa a los países sobseendeudados sigue siendo una posibilidad que se anunciará —dicen— antes de fin de año. Y la exigencia política de que el FMI haga una especia de mea culpa por haber sido participe de un crédito para la Argentina por fuera de la lógica de los estatutos del Fondo es casi una utopía a corto plazo.

Lo mas probable es que junto con el acuerdo se dé a conocer una evaluación interna, el Ex Program Evaluation, y que recién cuando se cumplan los dos años del préstamo, el fondo decida que la carpeta de Argentina sea analizada por una oficina independiente. Pero así como Alemania en su momento logró diluir el préstamo y programa a Grecia con otros países de la región, es posible que Estados Unidos (gran responsable del sobreendeudamiento argentino) logre que el informe sobre nuestra deuda se dé en un marco mucho más amplio para aplicar la misma técnica de lavandina alemana.

Los guiños históricos siempre son interesantes. El FMI inauguró el programa de revisión independiente a determinados préstamos con nuestro país. El primer programa que se revisó fue el firmado con el gobierno de Fernando de la Rúa. En el fatídico 2001.

Bonus Track

“Ya no se gana ni se pierde por KO. Ahora todas las peleas son a quince rounds. Hay que aguantar, de eso se trata”. La definición del actual momento político pertenece a uno de los referentes de la coalición gobernante. Si bien se pondrá todo para achicar la diferencia, saben que un legislador arriba o uno abajo la realidad del Congreso el año que viene será de negociación permanente.

La cuenta indica que en el Senado el oficialismo pierde cuatro senadores. Y que Cristina Kirchner necesitará los votos de los provinciales (que cotizan al dólar paralelo a esta altura) para conseguir quórum. En Diputados pasará otro tanto.

Pero lo que si esta claro es que el Congreso se convertirá en el ámbito de los acuerdos políticos. El primero será la deuda. Y de ahí en más el resto de los pactos que parte de la coalición están pensando. No solo para asegurar la gobernabilidad de los años que quedan sino porque será negocio para quien vaya a gobernar en el 2023.

Veremos.

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Notas de Opinión

El regreso del expediente en el cual Oyarbide investigó el diploma de abogada de CFK

Solo sobre la base de un analítico “trucho” y una ficha de entrega de título que se demostró adulterada. Pertenecía en realidad a un salteño llamado Valentín Olmos

Columna publicada originalmente en Tribuna de Periodistas

Hace unos días arrancó la locura. Docenas y docenas de colegas, amigos, familiares e incluso seguidores en redes sociales me hicieron llegar la carátula del expediente que investigó en su momento a Cristina Kirchner por su falta de diploma de abogada.

Pretendían sorprenderme, pero a mí eso no me sorprende, porque fui quien hizo la denuncia de marras, junto al letrado Fabián Bergenfeld.

Quiero decir, ¿qué podría asombrarme, si conozco esa causa judicial del principio al fin, casi de memoria?

A pesar de ello, no dejan de llegarme mensajes, la mayoría de ellos públicos, intentando sorprenderme por la existencia de tal expediente.

Ello me obliga a contar un poco de qué se trata aquella cuestión, que vuelve una y otra vez a mi vida. Solo porque alguna vez puse en duda que Cristina fuera abogada.

En realidad, fui bastante más allá: empecé a ofrecer 10 mil dólares a quien me mostrara el diploma de la hoy vicepresidenta o una foto de graduación.

Luego, di un paso más: fui a la justicia Federal. Allí denuncié a Cristina por violar el artículo 247 del Código Penal, que penaliza la usurpación de títulos y honores. Con tan mala suerte que la causa judicial recayó en el juzgado de Norberto Oyarbide.

Como sea, presenté infinidad de prueba y testigos. Pero el magistrado ni siquiera se tomó el trabajo de llamarlos a declarar. Se trataba de testimonios calificados.

Ex funcionarios que habían trabajado con Néstor Kirchner o que lo habían tratado, como Rafael Flores, Domingo Zárate, Daniel Gatti y Eduardo Arnold. Este último supo ser vicegobernador de Santa Cruz y, al igual que todos los demás, admite que Cristina no se recibió jamás.

También pedí que citaran a ex docentes de la Universidad Nacional de La Plata, donde estudió Cristina. Tres de ellos me habían confirmado que la hoy vicepresidenta nunca se había recibido.

Sin embargo, Oyarbide nunca avanzó en ese sentido. Jamás me requirió tampoco la prueba que le anticipé que tenía para aportar.

De hecho, fue más que grosero conmigo. El día que declaré, no me dejaba terminar de responder ninguna de las preguntas que me hacía y pedía al “escribiente” que omitiera algunas cuestiones puntuales que yo mencionaba en mi declaración.

Finalmente, luego de un breve proceso que duró unas pocas semanas, sobreseyó a Cristina. Solo sobre la base de un analítico “trucho” y una ficha de entrega de título que se demostró adulterada. Pertenecía en realidad a un salteño llamado Valentín Olmos.

Si se mira con detenimiento ello se observa claramente… salvo para Oyarbide, quien lo tomó como valedero.

Es un documento coherente con los demás que involucran a Cristina, todos aparecen siempre enmendados o tachados, como la siguiente anotación en el libro de la UNLP. Dicho sea de paso, Oyarbide nunca permitió que este se aportara.

Como era de prever, el juez finalmente archivó el expediente, lo cual dejó en mí un eterno sabor amargo, que solo logro evitar cuando recuerdo que nadie aún ha ganado mi desafío de los 10 mil dólares.

Como solía decir mi abuela, “mal de muchos consuelo de tontos”.

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