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Consecuencias de una diplomacia sin diplomáticos

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales. Editor en Nexofin y minutocanciller.com Instagram: @minutocanciller_

La falta de personas con formación diplomática en el manejo de Cancillería quedó expuesto, una vez más, en las últimas 36 horas

viernes 11 de junio de 2021 - 11:42 am

La idoneidad al momento de ocupar un puesto de trabajo es el requisito fundamental ya que, de no contar con las capacidades necesarias, el desempeño dejaría mucho que desear. Esto resulta algo obvio en el sector privado, pero es importante resaltarlo porque en la función pública la idoneidad no es más que una recomendación en algunos ministerios como la Cancillería.

El problema allí no es solo de este Gobierno sino que es casi una constante minimizar el trabajo de los diplomáticos formados en el Instituto de Servicio Exterior de la Nación y poner a dedo a personas militantes del partido a manejar el ministerio o a yirar por el mundo como “embajadores políticos”.

Insisto, esto no es nuevo y sucede hace años. Sin ir más lejos, Luis Juez fue embajador en Ecuador durante el Gobierno de Mauricio Macri y en una entrevista acusó a sus habitantes de sucios al sincerase en una entrevista: “Me fui a cambiar la camisa porque no quiero que diga ´este mugriento agarró hábitos ecuatorianos´”.

La Cancillería de Alberto Fernández demostró no ser la excepción y ya fueron reiteradas las ocasiones en las que demostró no estar a la altura. Sin embargo, en las últimas 36 horas esta falencia volvió a salir a la superficie.

En primer lugar, el tema del momento: las repudiables declaraciones del mandatario argentino sobre el origen de los brasileros y mexicanos en una conferencia de prensa con su par español, Pedro Sánchez. La falta de tacto con la que se manejaron las consecuencias de sus dichos demuestra por qué hay un equipo que no está a la altura. Fernández dio unas poco sentidas disculpas a “quien se haya sentido ofendido” y ni siquiera mencionó al pueblo brasilero y mexicano: principal socio comercial y aliado regional importante respectivamente.

La situación es más preocupante con Brasil, país con el que el Gobierno decidió congelar las relaciones por diferencias ideológicas; estos dichos no harán más que cavar aún más la “grieta” entre ambos.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, quien no se caracteriza por tener una actitud diplomática, manejó la situación con mayor delicadeza y criticó a Fernández pero luego aseguró que “con Argentina hay solo rivalidad en el fútbol”.

En segundo lugar, mientras todavía hacía malabares para explicar sus declaraciones, Fernández saludó a Pedro Castillo, candidato a presidente de Perú que lidera el escrutinio final, antes de que las propias autoridades peruanas lo den como flamante ganador o que su rival, Keiko Fujimori, reconozca la derrota.

Es cierto que Castillo tiene prácticamente la elección en el bolsillo con la pequeña cantidad de votos que faltan procesar y que las denuncias de fraude realizadas por Fujimori no prosperarían, pero el hecho de que aún no sea oficial transforma un saludo protocolar en tendencioso al inmiscuirse en cuestiones de política interna al “presionar” dando como ganador a un candidato que no fue reconocido como tal por las autoridades electorales.

Como era de esperarse, desde Perú, el Gobierno local -que nada tiene que ver con ninguno de los candidatos- expresó su reclamo entregando una Nota de Protesta al Embajador argentino en Lima “indicando que los resultados finales de las Elecciones Generales 2021 aún no han sido anunciados por las autoridades electorales de nuestro país”, según sostiene el comunicado de la Cancillería peruana.

El mensaje de Fernández se asimila al de alguien que no tiene ningún rol político de poder y es consciente que su mensaje no generaría ningún tipo de roce diplomático. Un ejemplo es el del ex presidente brasileño Lula da Silva, que también saludo a Castillo sin ningún costo para Brasil.

Incluso, el hecho de que tanto Fernández como Lula hayan expresado sus felicitaciones casi en soledad y con una pequeña diferencia de horas da más lugar a pensar que el saludo era más con tinte ideológico que político. Pero, de nuevo, Fernández ocupa un lugar de poder y esos deslices el país los paga.

Está claro que la decisión del presidente argentino no fue improvista y lo charló con el canciller y sus asesores. El hecho de que esa conversación haya prosperado y que encima lo anuncie por Twitter demuestra la falta de idoneidad entre quienes manejan la diplomacia hoy en día ya que nadie pudo prever los costos de dicho mensaje.

Los errores se van sumando, desde embajadores, pasando por cancilleres o presidente mal asesorados todos demuestran la deriva de la diplomacia argentina y la falta de diplomáticos “tecnócratas” que la pongan nuevamente en el lugar de elite que supo tener.

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