Gabriel Romero

Con Romero caído en desgracia por la Hidrovía, se desata una batalla por la publicidad en vía pública

Matías Ferrari

Jefe de Redacción en Nexofin. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social (UBA).

Los principales competidores de PC -empresa de publicidad de Romero- huelen sangre y planean salir a disputarle los espacios publicitarios en la Ciudad y en todo el país

jueves 29 de abril de 2021 - 11:53 am

“Hay que aprovechar el momentum y él lo sabe, pero no es el único que lo va a intentar”, comentó ante la consulta de NEXOFIN un hombre de peso en el negocio de la publicidad en vía pública. Se refería a su jefe, el dueño de una de las principales empresas dedicadas a la publicidad en las calles, rutas y autopistas de la Argentina.

La certeza de que el dueño de Emepa, Gabriel Romero, no podrá retener la multimillonaria concesión de la Hidrovía, que actualmente mantiene desde hace 25 años junto a la belga Jan De Nul, provocó movimientos en otros sectores en los que este empresario tiene intereses.

Uno de ellos es el negocio de la vía pública, al que Romero logró desembarcar con la empresa PC Vía Pública gracias a los millonarios ingresos que recibió por la concesión de la mencionada Hidrovía. Este constante ingreso de dinero fue el combustible para alimentar su actual grupo empresario, conformado por las firmas Ferrovía, Hidrovía, PC Vía Pública, entre otras inversiones que incluyen la producción de las razas Aberdeen Angus y Hereford, plantas metalúrgicas y compañías de ingeniería y construcción.

Sus lazos con el poder político local comenzaron durante la gestión de Raúl Alfonsín. Este vínculo -forjado a través de su pequeño taller ferroviario en Chascomús que le abrió las puertas a la vecina familia Alfonsín- le permitió unos meses después de la Reforma de la Constitución quedarse con el servicio de dragado y balizamiento de la por entonces recién privatizada vía fluvial. Durante dos décadas, Romero mantuvo buena relación con todos los Presidentes. Sin embargo, en 2018, su decisión de presentarse como “arrepentido” ante el juez Claudio Bonadio -frente a quien reconoció haber pagado 600 mil dólares por el decreto 113/2010 de Cristina Fernández de Kirchner, que le prolongó la concesión de la Hidrovía por diez años- le valió el enojo de la ahora vicepresidenta y un desgaste en su vínculo con el poder, lo que hoy le cuesta su reinado en el Paraná.

Según pudo confirmar NEXOFIN, los competidores en el negocio de la vía pública están dispuestos a avanzar sobre su compañía PC, que hoy mantiene uno de los espacios más caros de la publicidad en vía pública, la Avenida Lugones. Al contar con la concesión del Belgrano Norte, Romero aprovechó los laterales de las vías ferroviarias para ofrecer esos lugares como espacios publicitarios a través de PC.

Pero este negociado, al igual que el de la Hidrovía, se le terminará a Romero. Según confirmó el sitio especializado Enelsubte.coma partir de octubre próximo, la operación de la línea Belgrano Norte quedará en manos de Trenes Argentinos Operaciones (SOFSE), luego del vencimiento de la prórroga otorgada el año pasado a Ferrovías. Con esta decisión, el grupo comandado por Gabriel Romero no sólo perdería la concesión del tren, sino un espacio muy codiciado de publicidad en vía pública.

La gran pregunta es qué va a pasar con toda la publicidad en estaciones de tren y en la cartelería que PC tiene a lo largo de todo el tramo del Belgrano Norte. Fuentes del sector consultadas por NEXOFIN reconocieron que aún no hay una respuesta a esta pregunta. “Eso dependerá del Estado, que va a tener que elegir entre las empresas que hoy juegan fuerte con la publicidad en vía pública para ver quién se queda con esos espacios”, comentó una fuente del sector.

Entre las empresas más interesadas en quedarse con estos espacios destacan Wall Street, Sarmiento, Girola y Víacart. Aquí también hay intereses políticos cruzados: Sarmiento, de la familia Terranova, es un grupo cercano a un sector del macrismo; mientras que Wall Street, de “Pepe” Albistur, juega cerca del PJ. Estas disputas políticas detrás de la cartelería cobran aún más sentido cuando se dan en un año electoral.

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