Salud

Qué diferencias hay entre la grasa corporal blanca, beige y marrón

Qué función cumple cada una de ellas

viernes 30 de abril de 2021 - 7:33 am

La grasa es el llamado tejido adiposo blanco, destinado a acumular energía para hacer frente a situaciones de escasez de alimento. Pero también está el tejido adiposo marrón, que libera energía cuando hace frío o nos ejercitamos.

Los alimentos contienen nutrientes que proporcionan la energía (calorías) que el cuerpo necesita para funcionar. Si ingerimos más calorías de las que gastamos no las desaprovechamos, sino que las convertimos en grasa (triacilglicéridos) que almacenamos en unas células, los adipocitos, que forman el tejido adiposo blanco.

Este reservorio queda disponible para hacer frente a situaciones de escasez de alimentos, en las que podemos movilizar los triacilglicéridos almacenados para obtener la energía que necesitamos, algo útil hace muchos siglos atrás. En estos momentos, la mayoría tiene a su disposición una amplia oferta de alimentos, algunos excesivamente calóricos. Si a eso le sumamos que un estilo de vida sedentario, la consecuencia es que acumulamos grasa en exceso y engordamos.

La grasa subcutánea más característica de las mujeres, es la menos problemática. El mayor riesgo para la salud se asocia a la grasa visceral, que es la que se deposita rodeando a órganos como el hígado, corazón o los intestinos.

El tejido adiposo no solo sirve como reservorio de energía. Los adipocitos blancos son capaces de producir y liberar a la sangre sustancias bioactivas conocidas como adipocitoquinas, con una función reguladora del metabolismo. El problema viene cuando acumulamos demasiada grasa en los adipocitos, porque en ese momento la producción de adipocitoquinas se desregula. Como consecuencia, aumentan los procesos inflamatorios y la resistencia a la insulina, que son el detonante de diversas patologías.

El acúmulo de grasa corporal en forma de sobrepeso u obesidad va asociado a enfermedades cardiovasculares y a una larga lista de patologías, incluyendo diferentes tipos de cáncer e, incluso, un mayor riesgo de daño cognitivo.

Si bien el tejido adiposo blanco es el más abundante, existe otro: el marrón. Se distingue porque, en respuesta al frío y otros estímulos, moviliza las reservas grasas y libera energía en forma de calor. El proceso se conoce como termogénesis adaptativa, y es útil para mantener la temperatura corporal en animales. Además, en pequeños mamíferos, la termogénesis adaptativa se pone en marcha también frente a la ingesta de dietas ricas en calorías, lo cual les ayuda a mantener el peso.

En el caso de los humanos, lo mantenemos en edad adulta y es capaz de activarse para generar calor, usando ácidos grasos y glucosa. Aunque lo ideal es no acumular grasa en exceso, los depósitos de grasa blanca pueden convertirse en lo que ha venido a considerar un tercer tipo, la grasa beige.

La transformación forma parte de un proceso conocido como marronización. Los adipocitos beige son un tipo de células similares a los adipocitos marrones. Como ellos, expresan la proteína UCP1 o termogenina, y por lo tanto pueden realizar termogénesis. Eso sí, están localizados dentro del tejido adiposo blanco.

La marronización del tejido adiposo blanco se puede inducir con estímulos adecuados, como la exposición al frío. Pero también con fármacos, con determinados nutrientes, e incluso con el ejercicio físico. Esta posibilidad es interesante porque con la conversión de grasa blanca en beige se potenciaría la eliminación de los lípidos y glucosa circulantes. Y al incrementar de esta forma el gasto energético contribuiríamos a mantener el peso corporal y la salud metabólica.

Fuente: Tic Beat

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