Seguinos en nuestras redes

Notas de Opinión

La política fuera de foco

Abstraída en sus pleitos y olvidándose de lo importante

Columna publicada originalmente en TN.

La decisión unilateral del presidente Fernández de suspender las clases presenciales en el AMBA generó un foco de conflicto con el gobierno porteño que aún permanece abierto. Esta semana, a pesar del paro convocado por algunos gremios y los intentos del gobierno nacional, que instó a las escuelas privadas a cumplir la suspensión hasta el 30 de abril, se dictaron clases presenciales en la Ciudad. Todos esperan ahora la decisión de la Corte Suprema, que ya se declaró competente y deberá resolver (aunque podría demorarse hasta después de abril).

La Justicia es uno de los tres poderes del Estado y una de sus funciones es resolver conflictos, incluso políticos. Sin embargo, en el marco de la emergencia sanitaria, lo que se pone de manifiesto es que en Argentina los principales actores políticos no pueden, no saben o no quieren prestarse a un diálogo razonable, donde las partes se escuchen y haya vocación de construir acuerdos.

Por estas horas estamos viendo el segundo round de esta contienda entre Nación y Ciudad, con las acusaciones cruzadas entre la titular del PAMI, Luana Volnovich, y los representantes del gobierno porteño. Todo se debió a una serie de inconsistencias en el sistema de asignación de turnos. La discusión, por momentos absurda, parece resumirse en identificar quién generó la nómina con las personas para ser vacunadas, el PAMI o la Ciudad. Nuevamente intervendrá la Justicia, sin que la política pueda ponerse de acuerdo para suministrar cinco mil vacunas. Las diferencias políticas (respecto al uso de los recursos públicos o el orden de prioridades y las decisiones macro del gobierno) son esperables y legítimas, pero la hiperpolitización de absolutamente todos los temas y la contienda electoral constante suprime el diálogo y entorpece la gestión de la pandemia (y la política pública en general, en todas sus dimensiones).

Los elementos discursivos y simbólicos que utilizan nuestros líderes juegan un papel importante en promover este clima de ruptura y descartar todo acuerdo posible. El gobernador Kicillof calificó como “repugnante” el fallo que habilitó las clases presenciales en CABA y el propio Presidente retwitteó una caricatura que lo muestra a él junto al mandatario ruso Vladimir Putin vacunando a un gorila. El clima político también se deteriora con esta clase de adjetivación y agravios que, lejos de generar un entorno para solucionar los problemas, favorecen uno que los agrava cada vez más (lo que efectivamente está ocurriendo).

También ha habido palabras ofensivas desde la oposición que crispan el ánimo social y entorpecen los canales de diálogo, aunque el Presidente de la Nación tiene sin duda una responsabilidad mayor. Si él es el primero en arrojar nafta sobre el fuego, será difícil luego detener las llamas.

La política debe generar certidumbre. En un marco tan complejo como la pandemia, por lo menos acotar la incertidumbre. Pero nuestros líderes están empecinados en hacer precisamente lo contrario. Los gobiernos nacional y porteño gastan sus energías en discutir sobre las clases presenciales o las cinco mil vacunas del PAMI, mientras los padres, en vez de ocuparse de sus obligaciones, deben estar preocupados por la educación de sus hijos y los ancianos esperando su turno para vacunarse. Son costos innecesarios, cuando en vez de focalizar en lo estratégico, la política se encarga de hacer más graves los problemas que ya existen. La obsesión por el hostigamiento político y la diferenciación permanente nos arrastra a una dinámica perversa que impide focalizar en las cuestiones de fondo y alcanzar acuerdos.

Este vicio de nuestro sistema político no solo afecta a la gestión de la pandemia. Tampoco nos permite abordar problemas estructurales como la inflación, la pobreza, el estancamiento y la falta de dólares. Hace solo unos meses, la propia Cristina Kirchner sostenía que, lo que ella llama economía bimonetaria, resultaba de “imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales”. Pero resulta utópico pensar en la construcción de consensos básicos en este entorno de confrontación creado y alimentando por los mismos actores que deberían acordar.

Los sondeos que realizamos en D’Alessio IROL – Berensztein muestran que la inflación es permanentemente (incluso en este momento trágico de la pandemia), el tema que más preocupa a los argentinos. Sin embargo, esta cuestión se elude y no se aborda de manera consistente, de manera amplia y en la dimensión que el tema merece. Por el contrario, el gobierno considera ahora aumentar las retenciones a las exportaciones como mecanismo de contención frente al aumento de la canasta básica. Difícilmente un incremento en las retenciones sirva para reducir el nivel de inflación en los alimentos (en el pasado ya ha fracasado) y seguramente abriría un nuevo conflicto en un área sensible. El gobierno se enreda en una sucesión de hechos que buscan aumentar la confrontación.

Desde hace 10 años que Argentina no crece en términos reales y solo suma pobreza y marginalidad. En vez de buscar romper con esta inercia, la clase política queda encapsulada en disputas de corto plazo que reparten victorias o derrotas pírricas. En la vorágine de la contienda, algunos dirigentes pueden adquirir mayor protagonismo, pero es un arma de doble filo si no se logran resolver los problemas de fondo que afectan a los argentinos. Cuando la política queda atrapada en esta clase de conflictos perdemos todos como sociedad.

Notas de Opinión

Cristina lo hizo, Alberto lo permitió

El Presidente viene protagonizando conatos de independencia, pero nunca ha dado la batalla final para ello. En esos intentos viene dejando no solo su dignidad personal y política sino, además, su gobernabilidad hecha jirones en un proceso acentuado de desgaste

Columna de opinión publicada originalmente en Infobae

Cristina lo hizo. Alberto lo permitió. Donde debía haber más confianza, hay más interrogantes. Todo fue precario. Un ministro que por falta de expertiz política presentó su renuncia por Twitter y dejó demasiado en “orsai” al Presidente, que se desgastó defendiéndolo, defendiéndose hasta naufragar, ambos, en el intento. Debió darle el tiempo suficiente para que el Presidente tras su renuncia, en forma inmediata tuviera un reemplazante. Así se actúa en política.

Alberto Fernández viene protagonizando conatos de independencia, pero nunca ha dado la batalla final para ello (como ocurrió este fin de semana). Y en esos intentos viene dejando no solo su dignidad personal y política sino, además, su gobernabilidad hecha jirones en un proceso acentuado de desgaste.

Alberto Fernández lo hizo en el 2019, cuando Cristina de Kirchner lo permitió. Ganó las elecciones que su ideóloga -entonces- no hubiese podido. Pero después, traba tras traba aceptada por el Presidente en pro de una promesa autoimpuesta –nunca más me voy a pelear con Cristina, fue debilitándose. Surfeó distintas zancadillas y a la propia Cristina, mientras pudo, buscando la Pax interna.

Hasta los inicios de la pandemia el Presidente pudo hacer gala de sus dotes moderadas, pero luego dos hechos precipitaron un desbarranco político: el intento de expropiación de Vicentin y el recorte de la coparticipación a Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La relación dentro de la dupla gobernante fue de tal desgaste que del diálogo se pasó al silencio, del silencio a las cartas y de las cartas a los actos políticos. A esta altura la política argentina debe replantearse seriamente si el país está preparado para ser gobernado por coaliciones.

Esta cronista no logra entender por qué el Presidente que fue posibilitador de aquel triunfo electoral en 2019, piensa que el poder debe compartirse dentro de su gobierno de una manera tan desequilibrada y peligrosa para la gobernabilidad.

Algunas apostillas del fin de semana. En las horas decisivas de búsqueda de un nuevo ministro de Economía, dos veces tocaron el timbre de Marco Lavagna. Su exigencia fue la de cambios en el gabinete. Con respecto a Sergio Massa, Infobae consultó a fuentes allegadas al presidente de la Cámara de Diputados: “Sergio tuvo sugerencias, pero el Presidente nunca le ofreció el ministerio de Economía. Sí le habló de la posibilidad de un enroque con Juan Manzur y Wado de Pedro a Justicia. Pero esa posibilidad era para charlar en un futuro, no para concretar este fin de semana. El domingo Massa no tiró el nombre de un solo candidato. Habló con Cristina y con Máximo varias veces durante la mañana, expresándoles la necesidad de aprovechar la situación para un relanzamiento del gobierno. Massa había hablado una semana atrás con Álvarez Agis, obvio que no para ofrecerle el ministerio, no conversó con ningún otro candidato ayer”.

Infobae consultó sobre si se concretaría finalmente el anunciado congreso del Frente Renovador: “Más que nunca. El mismo está reservado para hacerse en Mar del Plata en agosto. No está en debate la continuidad del Frente Renovador en la coalición, sí los contenidos de la coalición. Una coalición debe ejercitar el diálogo interno. Especialmente de cara al 2023 debemos debatir el rumbo que hay que retomar, buscar el perfil que la coalición debe tener, por ejemplo: la clase media no ha figurado en nuestra agenda, ni siquiera hemos concretado una política para alquileres”.

A la nueva ministra de Economía, Silvina Batakis, se la define como una mujer peronista, con buen vínculo con el kirchnerismo. Al decir de un estrecho colaborador, “este buen vínculo fue bastante post 2015, antes era del riñón de Scioli, con quien igual tiene una excelente relación”. La mañana del lunes, en reunión con el Presidente, ocupó muchas horas en diagramar con balance y equilibrio su equipo de colaboradores.

A propósito de Scioli, Batakis no sólo fue su ministra de Economía. Cuando Scioli candidato a Presidente en el 2015, mencionaba como su futuro ministro de Economía a Miguel Bein, pero las críticas de la entonces presidenta Kirchner hicieron que dejase atrás esa opción por la de Silvina Batakis. Sus pares en economía la definen como una técnica capaz, trabajadora. Menos ortodoxa que Guzmán. Debe enfrentar dos grandes temas: la brecha cambiaria y la inflación. Al cierre de este análisis era un nombre, sin la orientación económica que seguramente dará a conocer en las próximas horas.

Su nombre fue acercado por el ministro Scioli. ¿Podría inferirse que la aceptación de Cristina de Kirchner para con la nueva ministra, conlleva un aval a Scioli 2023?

El campo, en realidad la Mesa de Enlace, no declina su decisión de realizar un paro el próximo 13 de julio. Acción que no será acompañada por el resto de la cadena agroalimentaria, en disconformidad con la decisión de la Mesa tomada cuando la reunión de toda la cadena había concluido.

El grave problema del gobierno es hacia dónde ir.

Continuar leyendo

Notas de Opinión

Batakis se alineó con La Cámpora y el enemigo está dentro del oficialismo

La llegada de la nueva ministra de Economía no calmó las aguas en el Gobierno. Tras la salida de Guzmán, hay desconcierto entre los ministros leales a Alberto Fernández

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

El sentimiento se desparramó por todo el equipo de leales del Presidente como ya pasó otras veces. La resolución de la crisis del Gobierno desatada por la renuncia de Martin Guzmán al ministerio de Economía terminó, una vez más, del mismo modo. Alberto Fernández no pudo imponerse por el sobre el asedio de Cristina Kirchner.

La Vicepresidenta ya no ocultaba sus deseos de que Guzmán dejara su cargo. Ella es hoy la principal sombra que oscurece a los hombres y mujeres de confianza del Jefe de Estado. Ni Mauricio Macri. Ni Elisa Carrió. El “enemigo” está dentro del oficialismo, sienten en la Quinta de Olivos, y otra vez se salió con la suya.

El Presidente tardó dos días en llamarla para consensuar un reemplazante para Guzmán. Silvina Batakis, fue titular de Economía en la gestión bonaerense de Daniel Scioli, aunque en los últimos años se alineó con el ala más radicalizada de La Cámpora. El Presidente cedió a las presiones de sus asesores y finalmente habló con Cristina. Antes de hacerlo organizó que esa comunicación, al menos de su parte, fuera sin testigos: por eso se encerró en una oficina de Olivos.

Ayer trascendió que los Fernández se verían cara a para intentar acordar una verdadera tregua entre ellos. El encuentro llegó después de las 22:00 del lunes, con una cena entre ambos en Olivos. El enojo, mutuo, aunque mermó, continúa.

En la Casa Rosada esperan ahora algunas semanas de paz tras sufrir la acechanza diaria de los Kirchner.

La trastienda de la llamada entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández

El Presidente entendió que debía comunicarse con su Vice después de que varios economistas rechazaran su oferta para reemplazar a Guzmán. Todos coincidieron en sus argumentos, según ratifican las fuentes del oficialismo no K: aquellos a los que se los tanteó de modo serio para ocupar el Palacio de Hacienda explicaron que no aceptarían el desafío sin que antes de solucionara el conflicto interno dentro del oficialismo.

Hay una muralla que fue infranqueable para Guzmán y que también suele ser imposible de esquivar para el resto de los ministros o funcionarios que no se subordinan a los Kirchner: La Cámpora, militando desde el poder, es un ejército que no para un solo día de poner obstáculos contra sus objetivos.

La flamante ministra de Economía, Batakis, se mimetizó con el pensamiento y el accionar radicalizado del “camporismo”, de Cristina y Máximo. Eso, a pesar de que ocupaba su último cargo en la Rosada gracias a una gestión del Canciller Santiago Cafiero.

Quienes lograron persuadir al Presidente para que hablara con la vice fueron el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello; la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra; Cafiero y ministros como el de Desarrollo Social, Juan Zabaleta. También intervino Estela de Carlotto.

Pasado el llamado, no pasó la crisis.

Asumida Batakis, la flamante ministra dejó trascender que continuará con el acuerdo que Guzmán firmó con el FMI y la política fiscalista, pero al mismo tiempo convivirá con los funcionarios ultra K de Energía, como Darío Martínez; el subsecretario de Energía Eléctrica Federico Basualdo; o el interventor del Enargas, Federico Bernal. Son militantes de La Cámpora que le pusieron mil trabas a Guzmán.

Un fin de semana catastrófico para el oficialismo: del “vienen por mí” a las condiciones de Sergio Massa

El ánimo en la Quinta de Olivos pasó de pésimo a expectante frente a un nuevo escenario de alta complejidad. Los Kirchner se impusieron una vez más por sobre el criterio del Presidente. ¿Por qué Alberto Fernández se negaba a llamar a su Vice?

“Vienen por mí. Me quieren dejar pintado. Sacarme el poder. Es injusto”, insistía ayer un funcionario del área presidencial que repite conceptos de su jefe.

El único “socio fundador” del Frente de Todos que parecía buscar una alternativa diferente para reformular el Gobierno fue el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Buscó en vano que el Jefe de Estado transforme el conflicto por Guzmán en una operación para reformular su equipo de Gobierno. Pasados los días de frenesí, se conocerá la verdadera trastienda de un fin de semana catastrófico para el oficialismo. ¿Cuál fue la razón por la que Massa no logró imponer su plan?

Si asumía como jefe de Gabinete, pidió como condición tener control el Banco Central y la AFIP. El Presidente no le concedió esos pedidos.

La decisión de Fernández de “ceder” y consencuar con Cristina tras la caída de Guzmán se suma a escenarios parecidos que se sucedieron en el equipo presidencial. Todavía no pasó un mes de la renuncia de otro funcionario detestado por la Vice que terminó dimitiendo, el exministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. Cayó así un funcionario emblemático, de absoluta confianza del Presidente que no pudo evitar dejar la función pública por defender a su Jefe, aunque el modo pudo ser considerado equivocado. Decir “equivocado” es un decir, de acuerdo al “protocolo” de operaciones toleradas en la jungla del peronismo.

Guzmán aguantó lo que pudo. No solo soportó el acecho diario, constante, sistemático de los voceros de los Kirchner, o de ellos mismos, que declaraban en su contra de modo cotidiano. En la intimidad se lamenta haber sido objeto de un plan de derribo y demolición liderado por Cristina. A eso se le sumaron las trabas ya mencionadas en la gestión del área energética, entre otras.

Tras la salida de Kulfas y de Guzmán, hay desconcierto entre los leales a Alberto Fernández

Ido Guzmán, ido Kulfas, con el Presidente ya de modo definitivo decidido a no “rebelarse” contra la vice, el desconcierto cunde entre otros funcionarios de verdadera confianza del Jefe de Estado. Ellos ya fueron apuntados por los Kirchner, que piden su renuncia.

Entre los más relevantes está el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, alma “gemela” del Presidente desde los tiempos en que ambos compartieron gestión en la Superintendencia de Seguros de la Nación bajo mandato presidencial de Carlos Menem. “No lo quieren por su buena relación con la CGT”, lo defiende un secretario de Estado del sector presidencial.

El titular del BCRA, Pesce, tampoco es buen visto por el ala dura K. Aunque fue él quien propuso a Batakis.

“Cristina ahora está mansa, y si Batakis es también su ministra de Economía no va a poder bloquearla como hacía con Guzmán”, se esperanzan en Olivos.

Los Kirchner son los Kirchner. El tiempo dirá.

Continuar leyendo

Notas de Opinión

Si Silvina Batakis le hace caso a Juan Grabois, la crisis va a ser peor

La nueva ministra puede aprender de las frustradas ilusiones de Alberto, Cristina, Massa y Guzmán para actuar con algo más de realismo. O puede agregar al aquelarre sus propias ilusiones voluntaristas y distribucionistas para naufragar en poco tiempo

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Las demandas de “giro heterodoxo”, de “shock de consumo” y otras por el estilo ya se multiplican en la bandeja de entrada de la nueva ministra. ¿Podrá ella entender la conveniencia, la urgencia mejor dicho, de contenerlas? ¿Entender que es imperioso, en todo caso, equilibrar cualquier paso que dé en esa dirección con otro encaminado a ajustar mejor las cuentas para evitar que todo estalle?¿O esas presiones, y su propio afán por encontrarle un sentido a su designación, marcando la “diferencia con Guzmán”, la van a llevar a agudizar los desequilibrios, acelerar la inflación y la corrida detrás del dólar?

Como es mucho más afín al kirchnerismo que su predecesor, muchos temen que suceda esto último, y la situación se deteriore bien pronto.

Es lo que opinan, en principio, “los mercados”, por eso el dólar escala y las acciones y los bonos caen. Y es, convengamos, lo más probable que suceda por el modo en que Batakis ha llegado al cargo, luego de que su predecesor fuera denunciado como poco menos que un traidor por el sector a la que la nueva jefa de Economía pertenece.

Ahora bien: si ella se detuviera un momento a reflexionar con más detalle en ese proceso que la encumbró, tal vez podría percibir la inconveniencia de dejarse llevar por ilusiones fantasiosas, en un contexto que limita fuertemente el margen de acción de todos los actores. En particular de los funcionarios.

Es que si hay una oportunidad para el realismo, de parte de Batakis y también de sus mandantes, los jefes del Frente de Todos, es porque todos ellos llegaron al fatídico fin de semana último dándole pasto a sus sueños más delirantes. Y el saldo que el episodio arroja complica su disposición, que se ha visto de todos modos es desbordante, a seguir fantaseando.

Alberto llegó a esta situación con la ilusión de gobernar solo. Fue increíblemente terco, infantil e irresponsable en su inclinación a encerrarse en su pequeño círculo y esperar que las cosas funcionen, salgan bien, no pregunten por qué: que la inflación baje, la economía crezca y todos al final le den la razón. Una verdadera locura que Cristina interrumpió, pero llevada por su propia ilusión, no mucho menos delirante y más destructiva.

La ilusión de que podía volverse la principal opositora sin dejar de ser la jefa del oficialismo, y que corroer así la autoridad del gobierno que ella misma forjó le iba a permitir recuperar las simpatías perdidas en el electorado. Su éxito en demoler ministros la condujo, sin embargo, a una situación nueva, en que ya no puede seguir cascoteando al gobierno sin lastimarse a sí misma, queriendo diferenciarse y despegarse se ha comprometido más que nunca antes con la gestión, en su terreno más inconveniente, el de la economía.

En el medio puso su granito de arena la ilusión de Massa, la eterna promesa incumplida: volverse el salvador del peronismo gobernante, el reemplazante de Alberto y, en el futuro, de Cristina. Con esa idea colaboró a serrucharle el piso a Guzmán, aislar al presidente y someterlo a una disyuntiva de hierro: entregarle el gobierno o hundirse. A la que este parece haber escapado, de momento, volviendo a hablar y a acordar con Cristina. Algo de lo que el tigrense debería de una buena vez aprender que hasta los peores enemigos, en caso de necesidad, van a estar más dispuestos a confiar entre sí que en él.

Todas estas ilusiones delirantes han estado entrechocando y contaminando la interna oficial durante el último año. Condujeron a sus protagonistas, incluidos también los gobernadores, sindicalistas y movimientos sociales, a hacer o participar de apuestas alocadas, con muy pocas chances de éxito. Esto terminó en los resultados que estamos viendo: encuestas en mínimos históricos, inflación galopante, dependencia absoluta de actores externos, que parecen ser los únicos capaces de comportarse razonablemente e invertir esfuerzos y recursos para alejar al país del abismo.

¿Aprenderán algo los capitostes del oficialismo? ¿Podrán moderar sus fantasías y acomodarse mínimamente a la realidad? Ojalá Batakis los ayude a hacerlo y no empeore las cosas con sus propias ilusiones.

Los que llegan al Ministerio de Economía suelen venir con esa mochila cargada. Porque asumen el cargo con entusiasmo y animados por la idea que ahora sí van a tener el control, van a estar al mando y podrán moldear las cosas a voluntad.

Ante los riesgos de esa ilusión, de todos modos, tal vez Batakis le lleve alguna ventaja a otros que pasaron por su misma situación. Para empezar, al propio Guzmán, experto en confundir la sarasa con los hechos. El ministro saliente no solo no tenía ninguna experiencia cuando llegó al cargo, jamás en su vida había trabajado en el Estado, ni siquiera con una responsabilidad menor, sino que encima por su formación intelectual y disposición personal se negó a aprender de las experiencias que fue acumulando. Batakis ha estado el tiempo suficiente en oficinas públicas como para saber que una cosa es querer hacer algo y otra que eso suceda, que hablar es fácil mientras que mover la administración en una dirección es endemoniadamente difícil, y que la gobernabilidad de la economía argentina está por regla general atada con alambre. Hoy, en grado sumo.

En contra suyo juegan su escaso talento para la comunicación pública, para la negociación política (con la oposición no parece tener muchos puentes, aunque algunos gobernadores radicales la podrían ayudar, si es que quiere ayuda), y su desconocimiento de asuntos muy específicos que hay que arreglar con urgencia, como la reajuste de metas con el Fondo, el acuerdo con el Club de París, etc.

Más razones para que no se deje llevar por grandes ilusiones. Y para que desoiga los llamados que hacen los más radicalizados del arco oficialista, uno de los más entusiastas y delirantes fue Juan Grabois, para que dé un volantazo con medidas inmediatas de “reparación social”.

Hasta los gobiernos más de izquierda, de izquierda en serio de la región, como el de Boric en Chile y el de Petro en Colombia, se cuidan desde el comienzo por no hacer esas cosas. Saben que no hay mucho margen para volantazos. Y eso que tienen el aval de las urnas todavía fresco, y actúan en países que tienen muchos más recursos, públicos y privados, que la Argentina. Aún así, buscan, y consiguen, ministros de Economía que lleven calma a la sociedad y “los mercados”: en Chile le tocó a un socialista, Mario Marcel, con larguísima carrera en los muy moderados gobiernos de la Concertación, en Colombia directamente a un liberal, José Antonio Ocampo, exministro de Samper y Gaviria.

En ambos casos esa elección de ministros se tradujo en la ampliación de la base de sustentación de los presidentes en el Parlamento: fuerzas de centro y aún de derecha se acercaron a los oficialismos de izquierda, en la expectativa de volverse socios de un eventual éxito.

En Argentina el Frente de Todos no pudo conseguir ni siquiera sus propios economistas agarren la papa caliente del Ministerio. Tuvieron que ir al fondo de la lista para encontrar alguien dispuesto y que no pusiera demasiadas condiciones. Si eso no alcanza para moderar las ilusiones es que ya no tienen remedio.

Continuar leyendo

TE PUEDE INTERESAR