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Notas de Opinión

La peste, la inflación y las cacerolas

Tampoco la solución vendrá de negarles a los jóvenes las clases presenciales, ni de cerrar el interior de los restaurantes, ni de poner a la Gendarmería en la calle

Columna publicada originalmente en La Nación

El 95 por ciento de la capacidad sanitaria privada de la Capital y el conurbano está completa. El colapso del sistema ya no es una hipótesis: simplemente está a la vuelta de la esquina. No es culpa de la Capital, ni de los runners, ni de los que viajan al exterior.

Tampoco la solución vendrá de negarles a los jóvenes las clases presenciales, ni de cerrar el interior de los restaurantes, ni de poner a la Gendarmería en la calle. Al revés que en marzo del año pasado, cuando sucedió la primera ola del Covid-19, ahora la sociedad está cansada de tantas restricciones. Escucha a un gobierno que habla mucho, pero no explica por qué la Argentina tiene solo al 1,7 por ciento de su población vacunada con las dos dosis.

Tampoco explica por qué se le impidió al país el acceso a la vacuna más respetada en el mundo, la del laboratorio Pfizer. La Comisión Europea, la máxima autoridad de la UE, acaba de poner en manos de esa vacuna la solución de la crisis sanitaria en el continente europeo. La única solución al problema sanitario argentino, que es grave, consistiría en vacunar antes de fines de mayo a los restantes 10 millones de personas en situación de riesgo (mayores de 60 años o con enfermedades previas). Se vacunaron solo 3 millones pertenecientes a esos grupos. Es improbable que en 45 días logre lo que no pudo conseguir en cinco meses.

Encorsetado por la necesidad y la impotencia, Alberto Fernández creó de hecho una entidad institucional que no existe, el AMBA (área metropolitana de Buenos Aires), que es una manera de referirse a la región integrada por la Capital y el conurbano bonaerense. Es la descripción de una geografía, no la definición de un territorio político. El conurbano pertenece a la provincia de Buenos Aires. La Capital es la capital del país, autónoma y gobernada por sus propios gobernantes elegidos desde la reforma constitucional de 1994.

Al Presidente le está vedado, por lo tanto, dictar cualquier norma para ser aplicada solo en el AMBA. Tiene las facultades que tiene (y que nadie se las discute) para administrar el territorio nacional, pero no para hacer del AMBA un Estado nuevo bajo la tutela directa del Presidente. Cuando Alberto Fernández cerró las escuelas en el AMBA, violó la Constitución (que pone la educación bajo la jurisdicción de las provincias) y la llamada “ley Cafiero”, porque su autor fue Antonio, el abuelo del actual jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Antonio Cafiero fue reticente en 1995 con el traspaso a la Capital de la Justicia y de la policía (recién Mauricio Macri le transfirió la policía en 2016), pero esa ley estableció que la educación sí era jurisdicción de la Capital. Fue, sin duda, un exceso del poder presidencial sobre la Capital, que el jefe porteño, Horacio Rodríguez Larreta, contestó con retórica enérgica, aunque cedió su poder de decisión cuando recurrió a la Corte Suprema.

La Corte Suprema debería pronunciarse en los próximos días (o, mejor aún, en las próximas horas), porque lo que está en juego es quién decide sobre la educación de los niños y jóvenes. La Procuración General se expidió en el acto: la Corte debe hacerse cargo del conflicto. El tribunal no debería esperar la presión social ni canjear su opinión sobre la jurisdicción de la educación por la resolución de la discordia sobre la coparticipación entre el gobierno federal y el capitalino. No son asuntos canjeables.

Ahora bien, ¿era necesario cerrar las escuelas? Axel Kicillof dice que sí; por eso, el conflicto con Rodríguez Larreta no se trasladó a la provincia de Buenos Aires. La ciencia dice que no. De hecho, los únicos tres sanitaristas serios que el Presidente convocó como asesores (el resto son científicos que siguen las cosas por los diarios) no aconsejaron cerrar las escuelas. No las cerraron ni Angela Merkel, el ejemplo predilecto de Alberto, ni Macron cuando instauró en Francia un toque de queda desde las 18 hasta las 6.

Por el contrario, los científicos más respetados señalan que la escuela es un ámbito de contención emocional y psicológica para los niños. Los niños pobres (que significan más del 50 por ciento de los niños argentinos) cuentan en la escuela, además, con comida segura. No hay ninguna razón para clausurar la educación.

¿Las clases movilizan a los padres, los maestros, los no docentes y los transportistas? Sí, pero así es la vida. La opción que tiene el Presidente es declarar otro confinamiento estricto. El pico de contagios del año pasado sucedió en octubre; el país estaba confinado desde marzo. ¿De qué sirvió? Hace poco, el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, dio un consejo sabio: los gobiernos no deben pedirle a la sociedad lo que la sociedad no está dispuesta a cumplir.

El cierre de escuelas es una idea de Kicillof, que cuenta con el aval de Cristina Kirchner, porque está asustado ante la eventual inminencia de un “tsunami” de coronavirus en el conurbano, según su propia definición. Sea tsunami, maremoto o huracán, lo cierto es que sería muy complicado para el gobernador controlar la epidemia en el conglomerado más numeroso y pobre del país si las cosas se desmadraran. Es, además, el feudo de Cristina.

Los ministros Nicolás Trotta y Carla Vizzotti estaban convencidos de que las escuelas no se cerrarían, pero Alberto Fernández se inclinó otra vez por la línea Cristina-Kicillof. “Alberto está tan asustado o más que Kicillof. Eso es lo que explica todo”, dice un ministro que conoce al Presidente.

“También es evidente que falta coordinación. El Presidente no puede disentir en público con sus ministros”, agrega otro ministro. Coordinar es la tarea de Cafiero. ¿Esa frase es un mensaje? Quién lo sabe. Solo un presidente extremadamente tensionado pudo decir que el sistema sanitario estaba relajado. Hay muertos entre médicos y enfermeros contagiados. Un 4,5 por ciento de los que perdieron la vida antes de la vacunación, y más de un 2 por ciento después de la inmunización pertenecen al sistema sanitario.

La cercanía del colapso ocurre cuando el país alcanzó uno de sus picos inflacionarios más altos. Es la inflación importada por el precio de los alimentos, dicen en el Gobierno. En rigor, la educación aumentó más que los alimentos. No importa. El argumento de los precios de los alimentos sirve también para repetir las fórmulas guillermomorenistas que significaron la derrota de Cristina Kirchner. El kirchnerismo creyó siempre que la inflación se combate discutiendo con las góndolas.

Pero es un argumento mentiroso. Los alimentos aumentaron en todo el mundo, no solo en la Argentina, y, sin embargo, la inflación del resto de los países no es ni remotamente la que se registra aquí. Más aún: en muchos países la inflación anual es la que aquí se estableció en un mes. Si hubiera existido un acuerdo con el Fondo Monetario, postergado por razones electorales, habría al menos un ancla, una hoja de ruta (Martín Guzmán dixit). ¿Puede haber mayor vector de malhumor social que encierro e inflación compartiendo espacio y tiempo?

El Presidente no habla de la vacunación. El país está a punto de quedarse sin vacunas. La de AstraZeneca tiene problemas en el mundo. La oposición está dispuesta a votar una ley modificatoria de la que alejó a Pfizer por el agregado de una palabra. El Gobierno no hace nada al respecto; solo impulsa restricciones a una sociedad fatigada.

A ese paisaje de enfermedad y desolación se le sumó la amenaza del Presidente, luego rectificada, de que mandaría fuerzas de seguridad federales para controlar la disciplina social en la Capital. Aventó el fuego de las cacerolas, que ya habían salido por el cierre de las escuelas. La rebelión de las ollas es la peor compañía cuando sucede la adversidad. La gente en las calles es la refutación del encierro. Las cacerolas son la negación del silencio.

Notas de Opinión

Cómo se gestó la renuncia de Martín Guzmán

El ministro de Economía anunció su salida a través de su cuenta de Twitter, cuando Cristina Kirchner encabezaba un acto en Ensenada.

Totalmente sorpresiva la renuncia de Martín Guzmán porque no pensaba hacerlo, por lo menos, hasta mañana porque tenía previsto viajar a Francia el martes próximo y tenía todo preparado para ese viaje. En consecuencia, estuvo trabajando hasta ayer a la noche.

Por esta razón, la renuncia está precipitada. Y como dice el texto: “Con la profunda convicción y la confianza en mi visión sobre cuál es el camino que debe seguir la Argentina, seguiré trabajando y actuando por una Patria más justa, libre y soberana”.

El ministro hasta el día de ayer, por lo menos, no pensaba renunciar y por eso es inesperada en este contexto. Por supuesto que hace bastante tiempo que se viene hablando de la renuncia de Guzmán y estaba pedida por Cristina Kirchner hace bastante tiempo.

Sabemos que la propia vicepresidenta, en los últimos contactos que tuvo con Carlos Malconian, manifestó que con la renuncia de Matías Kulfas no alcanzaba y que tenía que haber una renovación total del equipo económico. Cristina venía presionando por esta salida hace bastante tiempo.

También se sabía que los resultados de la política económica no fueron los deseados con inflación y dólar alto en los últimos tiempos. Todo un marco para la salida del ministro de Economía.

Pero Alberto Fernández el miércoles a la noche hizo declaraciones haciendo una ratificación muy fuerte de Guzmán. Es decir, que la decisión de salir del Gobierno se estaba madurando, pero se precipitó en las últimas 12 horas, entre la tarde de ayer y el mediodía de hoy.

Una de las cuestiones que pudo haber precipitado la salida de Guzmán es que le había pedido al Presidente el desplazamiento de los funcionarios del área energética que dependen de la vicepresidenta. Y aparentemente, Fernández no habría aceptado. Así que puede haber sido uno de los motivos que precipitaron su salida. Es lo que se está especulando ahora.

También se está evaluando en la Quinta de Olivos su reemplazante. A lo largo de este tiempo se especularon muchos nombres. Pero los que se manejan en este momento son: la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca, y los economistas, Marcos Lavagna y Emmanuel Álvarez Agis.

En este momento, Guzmán se encuentra en el ministerio de Economía con todo su equipo y podemos confirmar que van a renunciar todos: el secretario de Hacienda, el secretario de Finanzas y el resto de los funcionarios que Guzmán había colocado en distintos puntos de la administración pública.

 

Columna publicada originalmente en TN.

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Notas de Opinión

La Cámpora amenaza y Alberto Fernández dicta una clase escolar de peronismo

El Presidente se puso a explicar en la CGT quién fue Perón y esquivó una respuesta directa a Cristina. El camporismo había dicho que se acabó la moderación. ¿Y qué viene?

El Cuervo Larroque, que es La Cámpora y es Cristina, porque piensa como ella o dice cosas que son las que ella piensa, corrió al Presidente de la primera línea de los memes con su casi insuperable “la economía crece mucho”. Fernández es así. Tiene un impulso incontenible a sacar conclusiones sin datos o sin datos suficientes. Pero igual hay que animarse a decir que el país sufre una crisis de crecimiento.

¿Y qué dijo Larroque? Que se acabó “la fase de la moderación”. Se supone que lo dijo por Fernández. La Cámpora y el cristinismo han tenido que soportar la etapa de la moderación. No tenían más remedio. Pero advierten: ya no más. Dicen: gobernar es enfrentar el poder económico y Cristina es la única que puede hacerlo.

De paso, cargan de nuevo contra el presidente que no llama ni se sienta con la vice, que en cambio va y llama y se sienta con Melconian, que también dice que Guzmán no va más. Después hay quienes tienen la esperanza, o sólo la declaran, de que la política tiene posibilidades de ponerse de acuerdo.

El miércoles Fernández ve en la tapa de Página 12 la internación de Milagro Sala y suspende todo para ir a verla. Al volver, pasa por C5N y denuncia como si nada que “nos quieren dar un golpe de mercado”. No explica cómo es que entran juntos un golpe del mercado, que se supone una medida defensiva del sector financiero, con una crisis de crecimiento. Es una explicación de alguien que no puede explicar. Lo culpa a Macri, por supuesto aunque si hay algo que pone nervioso a todo el mundo, y no sólo a los mercados, son amenazas como la de Larroque. O que el gobierno sean dos gobiernos y que una parte sacuda cada vez más fuerte al árbol para que Guzman se caiga.

Había empezado mal Fernández esa entrevista por televisión. No bien llegó al estudio, le dice a una de las periodistas:

-Puedo tutearte? Porque tratarte de usted no me sale. Te conozco hace muchos años, los conozco a todos hace muchos años, no se sientan ofendidos si los tuteo.

-No, por favor.

Y dirigiéndose a otra periodista:

-Hola, Nora. No te había visto. ¿Cómo andás?

-Irina, me llamo Irina.

-Irina, perdón, Irina. Nora es la socia, perdón. Este… claro, claro, claro. Este… te decía. Eh …. ¿qué te decía?

Alberto Fernández el miércoles por la noche en los estudios de C5N. Allí recogió el discurso del golpe de mercado.

Fernández está en problemas y apareció Scioli, ahora flamante ministro, para decir que estamos en “una etapa de reindustrialización fenomenal”. Scioli y Fernández comparten esa rarísima versión de la economía que el riesgo país, por hablar sólo de un dato nada más, se empeña en deshacer. El 1° de junio: 1. 914 puntos. 30 de junio: 2.428 puntos. Habría que considerarlo un éxito como el inmoderado dólar que también crece a destajo. Dólar blue 1° de junio, vendedor: $ 206. El 30 de junio: $ 239. Otro éxito: depreciación de apenas $ 33, sólo un 16%. Pesce, el jefe del Central, desenterado de que “la economía tiene una crisis de crecimiento” ,va y pone cepo sobre cepo para evitar “una devaluación brusca”. ¿Un 16% en un mes no será brusco?

También apareció el canciller Cafiero, esforzándose por quedar bien con Fernández y declarar que “lo paró en seco” a Boris Johnson. Fue al revés: Johnson lo paró en seco a Fernández al recordarle que la guerra de Malvinas “terminó hace 40 años”. Fernández improvisó un reclamo de soberanía en un pasillo. Está claro que Malvinas no es un tema para improvisar y que Cafiero, queriendo ayudar, la embarró un poco más.

Gobierno y cristinismo arman una frívola comedia de actos y contraactos, como los homenajes a Perón. Para refutar a Cristina, Fernández en la CGT se puso en exegeta de Perón, como si fuera peronista de la primera hora. Se inventó una vida que no tuvo y dictó una clase escolar de peronismo. Lamentable. El presidente y la vice hace largos dos años y medio que están en el gobierno. Ahora hablará Cristina: el contrapunto continuará. Pero va quedando para entrecasa, sólo para peronistas. Fernández podrá irse pensando en que tendrá su busto en La Rosada y sintiendo que se dio el gran gusto. Muchos de quienes creyeron en él sentirán una enorme desilusión.

 

Columna publicada originalmente en Clarín.

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Notas de Opinión

Dólar vs inflación desde que asumió Alberto Fernández

El dólar salió volando y superó los $250, medido a través del Contado con Liquidación. ¿Cómo viene el dólar vs. la inflación? ¿Qué medidas tomó el Banco Central? ¿A dónde puede llegar? Quedate hasta el final que te cuento todo.

Las últimas semanas fueron muy conflictivas en lo económico. Frente a esto, el gobierno no tuvo otra alternativa que apretar aún más el cepo. Algo interesante para destacar es que el dólar sigue atrasado si uno lo comparara con la evolución de la base monetaria.

A pesar de la suba reciente, ¿el dólar le viene ganando a la inflación en este año? Por el momento no, aunque todo parece que ocurrirá pronto.

Desde que asumió Alberto Fernández, ¿cómo fue esa carrera entre el dólar “libre” y la inflación?
Si analizamos el acumulado desde que asumió Alberto Fernández, el dólar subió aproximadamente un 240%. En cambio, la inflación totalizó un 178%, teniendo en cuenta la estimación de junio.

En este gráfico se puede observar claramente la dinámica del 2022. La distancia entre ambos se fue acortando en la medida en que el dólar iba cayendo y la inflación se aceleraba. Sin embargo, en las últimas semanas se puede ver cómo la línea verde (dólar) tomó impulso y sacó ventaja nuevamente.

Medidas del Banco Central

Ante la imposibilidad de engrosar las reservas internacionales y en el marco de altos costos de importación de energía, el BCRA no tuvo otro remedio que tomar medidas drásticas. Como es costumbre, se sumaron nuevas restricciones y prohibiciones.

Básicamente, el objetivo es que las empresas financien sus importaciones con dólares propios, de manera de “cuidar” los pocos dólares que tiene el país. Se busca evitar que las empresas importen de manera especulativa, aprovechando el valor del dólar oficial, que vale menos de la mitad que los dólares “libres”.

Se trata de un nuevo cepo, medida venerada por el oficialismo. Obviamente, tuvo consecuencias inmediatas: como prácticamente nadie pudo acceder al dólar oficial para importar, el BCRA pudo acumular más reservas. Compró USD 150M el martes 28 y USD 580M el miércoles 29, lo que implica un récord desde 2016.

¿Es para festejar? Claramente no, ya que aplicaron un “torniquete”, en el que casi nadie puede acceder al dólar oficial. Pan para hoy, hambre para mañana. Sin duda, este nuevo cepo tendrá consecuencias negativas en lo económico, más allá de que, en lo inmediato, el BCRA pueda recomponer sus reservas.

¿Qué sucedió en los mercados libres, luego de esta medida? El riesgo país marcó un nuevo récord y el precio del dólar se disparó.

¿Puede calmarse el dólar? Es una posibilidad, claro está. Podría tomarse una pausa en el corto plazo, pero luego seguirá subiendo. Tan solo basta con ver las cifras de inflación y emisión.

Vale remarcar el siguiente dato: en junio el BCRA emitió $825.000M, lo que implica mayor inflación futura y dólar al alza asegurado. Además, el stock de pasivos remunerados (principalmente Leliq) superó los $6 billones, por lo que tendrá que devengar casi $4 billones de intereses anuales. Linda bola de nieve, ¿no?

¿A cuánto podría llegar? Como mínimo, y para igualar la inflación de este año, el dólar Contado con Liquidación podría llegar a los $275 en el corto plazo. Y para fin de año debería superar los $300 fácilmente, si tenemos en cuenta la inflación proyectada.

El panorama es aterrador desde todos los frentes: el económico, el financiero y el político. El dólar se está recalentando y están todos los condimentos dados para que siga volando.

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