Opinión

Cancillería, cooptada por el Instituto Patria

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en minutocanciller.com Instagram @minutocanciller_

La salida del Grupo de Lima terminó de sellar el aterrizaje del kirchnerismo duro en el mando de control del Ministerio de Relaciones Exteriores, que mientras tanto, continúa con el festival de designaciones a dedo de embajadores políticos y diplomáticos con nula experiencia en el puesto

viernes 26 de marzo de 2021 - 10:41 am

Durante los meses anteriores y posteriores a la toma de posesión, el presidente, Alberto Fernández, se ocupó de hacer malabares y mantener un doble discurso para disfrazar su apoyo a la dictadura de Nicolás Maduro. Sin embargo, poco a poco, esa posición falsamente “neutral” y de no interferencia fue mutando en favor del Gobierno chavista. Una demostración más de que el kirchnerismo duro, en representación del Instituto Patria, comenzaba a ganar peso en las decisiones diplomáticas.

La salida del Grupo de Lima fue la frutilla del postre de la verdadera posición ideológica de la Cancillería y la confirmación de que su encargado, Felipe Solá, es solo una marioneta ejecutora de lo que se decide en el instituto fundado por Cristina Kirchner.

La presencia de Argentina en el Grupo de Lima siempre fue un punto de discordia en el Frente de Todos, ya que allí Estados Unidos tiene una fuerte presencia, a la vez que hay un consenso en reconocer a Maduro como un dictador y exigir que deje el poder, no con una intervención militar como fabulea el Kirchnerismo, sino, en paz y de una forma institucionalizada.

El tema ya no pasa por irse del Grupo, algo que virtualmente Argentina ya había hecho hace meses, sino entender hacia dónde vamos. Es cierto, la participación de Argentina en el Grupo de Lima fue prácticamente nula desde que el Kirchnerismo volvió al poder y, a su vez, en agosto del 2020, Casa Rosada viró hacia el Grupo de Contacto Internacional, el cual busca una salida más consensuada de la situación en Venezuela donde todas las partes estén presentes. Sin embargo, cuando todos los países que componen esta alianza condenaron las elecciones fraudulentas celebradas en el país caribeño en diciembre, Argentina no suscribió el comunicado. ¿Cuál es la salida entonces si la Cancillería no es capaz de realizar una mera acción testimonial? Una cosa es no querer interferir en los asuntos internos de un país, otra distinta es hacer la vista gorda y mirar para otro lado cuando en Venezuela están probadas las violaciones a los derechos humanos, desapariciones forzadas, torturas y asesinatos a manos del Gobierno chavista.

Del avance del cristinismo en el Gobierno la Cancillería no está exenta por lo que la salida de Argentina del Grupo de Lima sella la victoria de un sector que en este ministerio siempre ganó en lo discursivo, pero no tanto en los hechos concretos. Desde su asunción al Gobierno, este grupo fue conquistando de a poco todo el Palacio de San Martín para implantar una ideología fanática y combativa que rompe con todos los principios que reinan en la diplomacia, con el diálogo como principio fundante.

El dejar la política exterior en manos de fanáticos y que sean ellos quienes tomen estas decisiones tiene un costo alto. En primer lugar la imagen que da el país puertas adentro: seguramente no se percataron que sellaron su apoyo a una dictadura que viola derechos humanos un 24 de marzo, aniversario del  golpe de estado en Argentina y fecha en la que tomó el poder un gobierno dictatorial que también violaba derechos humanos. De este sí se habla y se lo cataloga como tal, como debe ser, pero lo que sucede en Venezuela pareciera ser “más complejo” a sus ojos.

La imagen también se percibe en el exterior. No solamente porque nos termina por ubicar en el selecto grupo que apoya a Venezuela -entre los que están Rusia, China e Irán- sino también porque el enceguecimiento de su fanatismo no los percató de que tomaron una medida en contra de los intereses de Estados Unidos, cuando el país se encuentra en medio de la renegociación de la deuda con el FMI. Incluso el propio ministro de Economía, Martín Guzmán, está ahora en Washington en reuniones con autoridades del organismo.

¿Cuáles son los pasos a futuro entonces? Por lo pronto es probable que Ecuador tenga un nuevo presidente correísta afín a los intereses de Argentina y que, junto con México y Bolivia, se forme una nueva alianza de países para tratar la situación en Venezuela, en oposición al Grupo de Lima, de una forma prácticamente testimonial, porque para poder accionar contra un gobierno dictatorial hay que reconocerlo como tal, algo que ni Argentina ni ninguno de estos países lo ha hecho (Ecuador, con el cambio de Gobierno, adoptaría la misma postura).

Ya al margen de Venezuela, la política exterior argentina continuará virando hasta que el Kirchnerismo duro tenga el control total de la Cancillería que reemplace a la comisión de Política Exterior del Instituto Patria. Los ojos quedaron centrados en lo sucedido respecto al país caribeño, pero mientras tanto continúa el festival de designaciones a dedo de embajadores políticos y diplomáticos con nula experiencia en el puesto y que su único mérito es estar alineado con los intereses del partido, a la vez que remueven a embajadores de carrera, coaccionando a algunos para que se jubilen mientras otros siguen esperando en sus casas que les asignen una nueva misión.

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