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Notas de Opinión

Un romance que crece: Cristina y Guzmán en El Calafate

El ministro de Economía viajó al sur hace 15 días. Las tensiones internas y la discusión por los vaivenes económicos de acá a fin de año

Columna originalmente publicada en Infobae

Axel Kicillof y Martín Guzmán tienen un chat permanente. Hablan el mismo idioma en términos técnicos —el keynesiano— pero uno lleva ya 10 años en el pantano de la política y el otro se siente cómodo reconociéndose un recién llegado. Sin embargo, aprende fácil. Tanto, que ante la inusual invitación, no dudó un instante en tomarse un avión para pasar un fin de semana debatiendo el corto y largo plazo con Cristina Fernández de Kirchner nada menos que en El Calafate.

El viaje del ministro fue hace quince días pero estalló en el mundillo mediático y de la política esta semana. Y por el lugar más inoportuno: fue un periodista tildado por el kirchnerismo como ideólogo de la derecha el que dio la primicia televisiva. Con el tradicional hermetismo siempre reinante alrededor de la Vicepresidenta quedaba claro que la garganta profunda en esta oportunidad habitaba en el Palacio de Hacienda.

Obvio que los hombres de Guzmán desmintieron haber sido ellos. Pero ya era tarde. La desconfianza ya estaba instalada y justo en el momento en que el ministro tiene que recibirse de equilibrista. Está transitando el camino de cornisa entre su cuidado permanente de las variables macroeconómicas -una postura casi blasfema en el universo político en un año electoral- y las necesidades del Frente de Todos de que los votantes lleguen a octubre o noviembre sin los bolsillos vacíos.

En sus planes originales Guzmán tenía previsto a esta altura estar anunciando el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Pero pasaron cosas. Y muchas. Si bien no pierde la confianza en lograrlo y para eso emprende un viaje multifacético en los próximos días que empezará en Washington y tocará varios continentes, no descarta fórmulas alternativas que aletarguen los plazos hacia fin de año. Parte de estas especulaciones se reflejaron en la disparada del riesgo país durante los últimos días de esta semana.

Pero el frente más complicado del ministro hoy es el local. Los mismos sectores del círculo rojo que hasta no hace mucho tiempo desconfiaban de él -y hasta lo criticaban- hoy lo retratan casi como el “único sensato en el gobierno”. Las caricias del exterior desatan cachetadas internas.

La historia es conocida. Guzman tiene hoy la difícil tarea de generar un camino distinto a sus antecesores destacados que no lo haga chocar con la misma clase política que le está dando el poder. Domingo Cavallo y Roberto Lavagna deberían ser la antítesis de posicionamiento de Guzman. Representan hombres que generaron fortaleza política desde sus puestos técnicos pero que terminaron eyectados por sus propios padrinos políticos.

Obvio que para repartir cualquiera de esas trayectorias a Guzman le faltan años y cucardas, pero la velocidad de los acontecimientos hace que ya haya quien a su alrededor piense en los siguientes pasos.

Mientras hacia afuera el Gobierno se embandera en una nueva gesta cinematográfica, “de los autores de vamos por las corporaciones mediáticas ahora llega vamos por la Justicia”, hacia adentro la discusión más volcánica está relacionada con los vaivenes económicos de acá a fin de año.

Conversación entre Infobae y un ministro con poder:

— ¿Quién está “ubicando” a Guzmán? Digo por las “operaciones” en su contra que se está comiendo del frente interno…

— Los 3 sectores de la coalición le estamos pidiendo resultados más que palabras en el tema precios.

— ¿Pero “precios” no depende de Kulfas más que de Guzmán?

— A ambos (cuac)

Anoche volvió del sur otro de los cinco integrantes del poder, Maximo Kirchner. Esta semana ¿se activará? el Congreso después del baño de paralización legislativa que significó el discurso inaugural de sesiones de Alberto Fernandez. Anunciar que quiere criminalizar las decisiones económicas de Mauricio Macri, alentar una comisión bicameral de investigación del funcionamiento de la Justicia y crear un mecanismo de recorte al poder de la Corte Suprema con una nueva Cámara de Apelaciones no parece ser el marco ideal para ningún tipo de acuerdo parlamentario o político.

Pero está claro que el objetivo del Presidente estuvo más allá del Congreso. Para mal o para bien volvió a generar agenda política propia. Los medios dejaron de hablar del vacunatorio VIP para pasar a debatir cuestiones tan alejadas del sentir cotidiano como las causas judiciales. “Es cierto que tenemos que trabajar mucho más ahora para conseguir consenso en leyes difíciles. Pero ganamos en discurso electoral. La Justicia está peor que la política en las encuestas”, era el consuelo de los legisladores del oficialismo post discurso de Alberto.

Y si algo faltaba para que al mundo le quedara claro que cada vez hay menos fisura entre la fórmula presidencial, lo que inicio Alberto el lunes lo terminó Cristina el jueves.

Sentada en el banquillo de los acusados en una causa donde también se judicializaron decisiones político económicas -la del dólar futuro- CFK profundizó y completó el trabajo.

Sin eufemismos y apelando a situaciones concretas, Cristina empezó a transitar el camino que más le gusta. Sostener un enemigo público que la suba al ring sin contemplaciones.

En su gobierno el “otro” eran los medios. Hay que reconocerle un logro. Si bien no logró destruir -al contrario, en los hechos reforzó los multimedios con quienes se enfrentaba-, sí consiguió que las tapas de los diarios fueran objeto de análisis semiótico hasta en las barriadas más pobres del conurbano. La tapa del diario dejó de ser la verdad revelada para pasar a ser objeto de desconfianza.

El mismo método quiere aplicar hoy con la Justicia. Y va por todo. Está claro que las encuestas no mienten. El hombre de a pie se siente desencantado con la Justicia porque No llega o llega tarde. Si no, que lo cuenten las víctimas de femicidio que fueron asesinadas este año a pesar de sus denuncias previas o de sus botones antipánico. Pero el debate que hoy el Gobierno empieza a dar no está relacionado con esa justicia. Sino con la parcialidad de jueces y fiscales ante los delitos económicos o de corrupción de la clase política.

CFK fue lapidaria con un solo ejemplo. Graciela Ocaña logró que se investigara en Comodoro Py su denuncia por una supuesta reunión entre la entonces presidenta Fernandez de Kirchner y el juez Casanello. La Justicia indagó y terminó desestimando la denuncia. Mauricio Macri se reunió mientras fue Presidente cinco veces y en la Casa de Gobierno —recordó la vicepresidenta— con el juez Gustavo Hornos. Los encuentros no fueron aún tomados por ningún fiscal como objeto siquiera de investigación. ¿Hijos y entenados para los Jueces Federales?

Bonus Track 1

Mientras las aguas empiezan a tranquilizarse en la emblemática Torre de YPF en Puerto Madero al ritmo que le impone su nuevo Presidente, Pablo González, las balas opositoras siguen apuntando contra la conducción política de la empresa. Lo insólito es que quien lanza los misiles por la “politización de YPF”, Emilio Apud, recorriendo cuanto programa lo invita como si fuera un técnico especializado, fue también director de la empresa con cargo político representando en el directorio ni más ni menos que a la acción Clase A, la que tiene poder de veto. Estos dias en YPF recordaban que durante la gestión de Apud como representante del radicalismo macrista, la inversión en YPF se derrumbó en un 48%. Los tuertos se asustan de los degollados.

Bonus Track 2

Agustin Rossi está analizando con el Estado Mayor Conjunto medidas tendientes a combatir las posibilidades de que miembros de las Fuerzas Armadas terminen involucrados en situaciones de violencia de género. Si bien aún la medida no fue aprobada, la idea del ministro de Defensa es generar un protocolo que termine invirtiendo la carga de la prueba en los casos en que algún militar termine acusado por una situación de violencia de género. La idea es que mientras se sustancie la investigación el uniformado sea apartado de su puesto hasta demostrar su inocencia.

Notas de Opinión

El crecimiento del PBI es un resultado, no una meta

En la Argentina, los desequilibrios económicos hacen que los empresarios, a la hora de invertir, deban consultar más a su contador que a sus ingenieros

Columna publicada originalmente en La Nación

No conozco país que se haya propuesto lograr el estancamiento secular de su economía, y luego de verificar que durante 10 años seguidos el PBI total no creció, haber festejado por haberlo logrado. De manera que el estancamiento económico siempre es un fracaso, y la cuestión referida a qué tiene que ocurrir para volver a crecer, pertenece al plano de los instrumentos.

El economista que afirma que si durante una década el PBI total creciera 5% anual, al terminarla “la torta” aumentaría 63%, y que si la deuda permaneciera constante, pero el PBI se duplicara, la relación deuda/PBI caería a la mitad, está haciendo aritmética, no economía. Porque el análisis económico usa la aritmética, el álgebra, la geometría, pero también la historia, la psicología, la geografía, etcétera; pero no es ninguna de ellas.

El análisis económico reflexiona sobre un aspecto de la decisión humana, el que tiene que ver con el hecho de que el PBI no cae del cielo, como el maná, sino que resulta del esfuerzo concreto, y la asunción de riesgos, por parte de los seres humanos.

En todo proceso de crecimiento, la inversión es clave. La decisión de inversión es instrumental: nadie compra una heladería porque le gusta comer helados. La fabricación y venta de cualquier producto requiere mano de obra, maquinarias, energía, pero por sobre todo, la decisión empresaria.

Si les exigimos a los empresarios que sean tan inteligentes como Einstein y tan buenos como la Madre Teresa, estamos en problemas. Afortunadamente esto no es necesario. Pero entendamos que la Argentina es un caso de energías distraídas, no de energías inexistentes.

Lo que hoy ocurre en nuestro país es que, para decidir la compra de una nueva máquina, el empresario consulta menos a su ingeniero que a su contador y a su abogado, y encima tiene que procesar las advertencias de los economistas, los analistas políticos y los intelectuales.

Algunos por ingenuidad, otros por ejercicio de poder, creen que están en condiciones de determinar qué y cuánto debe producir cada fabricante. Prefiero reglas de juego generales, con la menor cantidad de excepciones posibles, dentro de las cuales cada empresario elegirá qué hacer.

Luego de lo cual, los funcionarios del Indec recogerán la información y la sistematizarán, creando sectores, regiones, etc.

Capaz que existe algo mejor que esto, lo que sé es que esto es mucho mejor que lo que existe ahora.

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Notas de Opinión

Con los peores violadores de DD.HH.

Columna de opinión publicada originalmente en La Nación

Los gobiernos de la Argentina y México se merecen el escándalo en el que se encuentran tras desafiar el boicot de las democracias occidentales y asistir a la nueva toma de posesión del dictador nicaragüense Daniel Ortega, el 10 de enero. Resulta que compartieron la ceremonia con uno de los sospechosos de terrorismo más buscados del mundo. La Argentina y México participaron en la ceremonia inaugural de Ortega con un alto funcionario iraní buscado por Interpol como uno de los autores intelectuales del atentado de 1994 contra el centro comunitario judío AMIA de la Argentina que dejó 85 muertos y más de 300 heridos.

Mohsen Rezai, vicepresidente para asuntos económicos de Irán y excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán, fue uno de los invitados de honor de Ortega en la ceremonia, junto con el dictador venezolano Nicolás Maduro, el dictador cubano Miguel Díaz-Canel, el presidente saliente de Honduras y funcionarios de China y Rusia. Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea (UE) y la mayoría de las democracias occidentales no enviaron representantes a la ceremonia, como una forma de protestar por la farsa electoral del 7 de noviembre en Nicaragua.

Estados Unidos y la UE también impusieron nuevas sanciones a la dictadura nicaragüense el mismo día de la nueva toma de posesión de Ortega para un cuarto mandato consecutivo. Ortega arrestó a los siete principales candidatos de la oposición antes de las elecciones del año pasado y luego se proclamó ganador. También es responsable del asesinato de por lo menos 317 manifestantes opositores durante las protestas callejeras de 2018, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. A pesar del boicot de las democracias occidentales, la Argentina y México enviaron a los encargados de sus respectivas embajadas en Nicaragua a la ceremonia, reconociendo de hecho el régimen ilegítimo de Ortega. Horas después, luego de que la oposición argentina denunciara la presencia de Rezai en el evento, el gobierno del presidente Fernández emitió un comunicado condenando la asistencia del funcionario iraní, señalando que la Argentina tiene una orden de arresto pendiente contra Rezai por el ataque terrorista de 1994. Pero la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, exige que el gobierno de Fernández “explique por qué el embajador argentino (en Nicaragua) no se retiró de la ceremonia”.

El congresista opositor Waldo Wolff me dijo que planea presentar una denuncia penal contra el canciller argentino por “incumplimiento de sus deberes de funcionario público” al no exigir el arresto inmediato de Rezai. “La obligación del gobierno argentino era de denunciar y procurar la detención de Rezai”, me dijo Wolff. “Emitir una declaración de condena no es suficiente”.

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo horas antes de la toma de posesión de Ortega que, en ausencia de un embajador mexicano en Nicaragua, enviaría al encargado de negocios de la embajada mexicana a la ceremonia. “Lo mínimo que podrían haber hecho era abandonar la sala en señal de protesta”, me dijo José Miguel Vivanco, director del departamento de las Américas de Human Rights Watch, refiriéndose a los diplomáticos argentinos y mexicanos.

Dina Siegel Vann, directora de la división de América Latina del Comité Judío Americano, AJC, me dijo: “Es vergonzoso que no solo la Argentina, sino también México, que dice ser un adalid de los derechos humanos, de hecho hayan respaldado con su presencia a un individuo buscado por la Argentina e Interpol por actos de terrorismo”. Una alta funcionaria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, Tammy Rahamimoff-Honig, tuiteó que es “indignante” que Rezai “viaje por el mundo con impunidad”.

Nadie debería sorprenderse por la presencia de las peores dictaduras del mundo en la asunción de Ortega, porque los tiranos se apoyan entre ellos. Pero los gobiernos democráticamente elegidos de la Argentina y México merecen una condena especial por haber abandonado la defensa mundial de la democracia. Ambos gobiernos no pueden ser tomados en serio cuando dicen que la presencia de Rezai en la ceremonia los tomó por sorpresa. Si Fernández y López Obrador se codean con los peores violadores de derechos humanos, era obvio que tarde o temprano iban a quedar manchados. Se merecen una fuerte condena de todos los defensores de la democracia, los derechos humanos y la dignidad.

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Notas de Opinión

Volnovich, otro sapo que traga la debilidad del Presidente

La jefa del PAMI es intocable, muy cercana a Cristina y Máximo Kirchner

Columna publicada originalmente en Clarín

Existieron dos mojones que establecieron límites férreos a la autoridad del Presidente en su gestión de gobierno y el manejo político en el Frente de Todos, la coalición oficial. El primero y más importante fue aquella renuncia inconsulta de Eduardo De Pedro, luego de la derrota en las PASO, que obligó a Alberto Fernández a realizar un cambio de gabinete que no estimaba conveniente.

No se fue ningún funcionario cercano a Cristina Fernández ni a La Cámpora. Incluso el ministro del Interior permanece hoy en su sillón.

El otro episodio fue una grave mentira presidencial. Mantenida oculta casi un año: la celebración del cumpleaños de la primera dama, Fabiola Yañez, en Olivos. Realizada de modo clandestino mientras la Argentina atravesaba el trance más severo de la cuarentena (julio del 2020) a raíz de la pandemia que pervive.

A la inicial delimitación política que trazó De Pedro se añadió entonces otra de carácter ético y moral que horada a Alberto. Aunque la atención pública esté colocada ahora en la potencia de contagio de la variante Òmicron, del Covid, la inflación, o la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), las secuelas del capítulo de la pareja presidencial no dejan de hacer daño.

Antes que el juez federal de San Isidro, Lino Mirabelli, hiciera alguna consideración sobre el llamado Olivosgate, Alberto consideró que no había cometido ningún delito. Ofreció como reparación donar parte de su salario al Instituto Malbrán.

Luego su mujer propuso la donación de un respirador artificial (utilizado en tratamientos graves contra el Covid) para intentar algún acuerdo con la Justicia. Las ofertas se desmoronaron cuando Mirabelli dispuso la continuidad de la causa y la investigación por violación a las disposiciones de prevención por la pandemia.

El panorama permite comprender las dificultades internas que debió atravesar el Presidente para abordar un conflicto en el Gobierno que, en otras circunstancias, pudo saldarse fácilmente. Fue el desafío que planteó la titular del PAMI, Luana Volnovich, de La Cámpora, cuando decidió pasar sus vacaciones en una isla mexicana. Junto a su pareja y también autoridad de la entidad, Martín Rodríguez. Alberto había pedido con énfasis a sus funcionarios que no salieran del país.

Volnovich no fue la única. Jorge Ferraresi, el ministro de Vivienda, optó por descansar en Cuba. Claudio Moroni, de Trabajo, en Uruguay. Ninguno de ellos, a diferencia de la titular de PAMI, se expuso a la mirada pública. Quizás Luana no lo hizo provocativamente: fue filmada, sin embargo, en la barra de un bar isleño conversando atentamente con su pareja, Rodríguez. Situación que, dado lo avanzado del siglo XXI, debió haber tenido en cuenta.

Hubo algo que agravó aquel desenfado. Volnovich y Martínez son la conducción del PAMI. Directora y Subdirector. En el mismo momento de sus paseos por México, la Secretaría Administrativa de la entidad también quedó vacante por vacaciones. Un vacío temporario pero muy inoportuno. Fueron los días del calor agobiante que impacta siempre sobre las personas de mayor edad. También días en los cuales se afianzó la inflación elevada (50,9% en 2021) y siguió creciendo el valor del dólar blue. Las magras jubilaciones y pensiones sufrieron otra pérdida.

Los hombres más cercanos al Presidente, sólo un puñado, entendieron la necesidad de un gesto firme de su parte. Después de ocho días de iniciado el escándalo prevalece la indefinición. El Presidente carecería de alguna dosis de autonomía política para proceder.
Volnovich es intocable. Muy cercana a Cristina Fernández y al titular de La Cámpora, Máximo Kirchner. Vale recordar algo para comprender de qué se trata: Luana acompañó a De Pedro con aquella renuncia después de la derrota en las PASO. Nunca se le pasó por la cabeza a Alberto aceptársela.

La historia se repite. El Presidente indagó la posibilidad de una señal a la sociedad apartando a Rodríguez. Conjeturó la chance de un traslado a otro organismo del Estado. Para no dejarlo sin conchabo ni salario. Hasta este martes a la noche tampoco parecía lograrlo. En los pliegues de todas las conversaciones está el diputado Máximo. No desea ninguna baja entre sus filas.

El caso de Volnovich y su pareja se asemeja a otro sapo que estaría forzado a tragar la fragilidad de Alberto. Tampoco parece sería el único infortunio condenado a padecer en estas horas. Basta para entenderlo con reponer a De Pedro en la escena. Empeñado, sin dudas, en complicar más de lo que están las relaciones con la oposición de Juntos por el Cambio.

El ministro del Interior hizo un viaje repentino a Jujuy junto a la ministra de la Mujer, Elizabeth Gómez Alcorta. Fue para realizar una visita a la piquetera Milagro Sala, con condena judicial y prisión domiciliaria. El gobernador de la provincia, Gerardo Morales, se enteró cuando el hecho había sido consumado.

Morales fue, hasta ahora, el principal interlocutor del Presidente en medio de las opacas negociaciones con el FMI. Fue quien resolvió, para disgusto del PRO, que los tres mandatarios radicales (también Rodolfo Suarez de Mendoza y Gustavo Valdes, de Corrientes) enviaran delegados a la reunión que Martín Guzmán mantuvo hace 10 días con los gobernadores del PJ.

Se estableció, entre ambos, como una condición para que, posteriormente, el ministro de Economía se juntara con los mandatarios de Juntos por el Cambio, incluido el titular de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, y los jefes parlamentarios a fin de rastrear algún consenso en la negociación con el FMI. Ese encuentro fue desgajado de a poco por el Gobierno.

El Presidente construyó con Morales una relación basada en una premisa: que no tendría injerencia sobre la situación de Sala. Cuya detención significa probablemente el mayor aval social a la gestión del gobernador de Jujuy. Parece claro que Alberto posee demasiadas dificultades para cumplir con cada palabra. No habla sobre Sala. No puede impedir que La Cámpora y el Frente de Todos hagan del encarcelamiento de la mujer una campaña pública.

Tampoco el Presidente logró garantizar aquella reunión prometida sobre el FMI. Tal vez Morales, en pocos días, haya recibido una inmersión política: el profundo baño de realismo.

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