Economía Argentina

¡Cristina corazón, acá tenés al pibe para la moderación!

Diego Sehinkman

Periodista. Psicólogo. Conductor del programa Sólo una vuelta más en la señal Todo Noticias

Increíble, pero real. Un ministro de Economía de un gobierno con mayoría accionaria kirchnerista aceptó la hipótesis monetaria de la inflación, aunque sea en parte

sábado 13 de febrero de 2021 - 4:31 pm

Columna publicada originalmente en TN.

En el medio de la reunión que el gobierno armó para convencer a los empresarios “formadores de precios” de que colaboren para bajar la inflación, Martín Guzmán tomó la palabra y produjo un hecho inesperado cuando dijo cosas como éstas: “La apertura al diálogo con los empresarios y los gremios es una tarea colectiva que pretende avanzar en una dirección coordinada, con ´premisas sensatas´ y evitando ´promesas rimbombantes´”.

¿Qué hecho inesperado se produjo?
Los empresarios empezaron a aplaudirlo. En verdad, lo aplaudieron porque lo habían visto la noche anterior en A Dos Voces, por TN: “la economía argentina tiene algunos controles de precios pero ésa no es la parte central del programa para reducir la inflación. Hay inflación porque no se resolvieron los problemas macroeconómicos. Durante mucho tiempo, las exportaciones quedaron estancadas y eso hace que empiece a haber tensiones sobre la balanza de pagos porque no hay divisas suficientes. Si a esto se le agregan los problemas fiscales, completamos una figura compleja para los precios y para la inflación porque la emisión monetaria es uno de los factores que alimenta la inflación”.

Increíble pero real. Un ministro de economía de un gobierno con mayoría accionaria kirchnerista aceptaba la hipótesis monetaria de la inflación, aunque sea en parte. Y hablaba de bajar el déficit. Por eso en el Museo del Bicentenario, a metros del patio de las palmeras donde hace algunos años la militancia cantaba “Cristina, Cristina, Cristina, corazón, acá tenés los pibes para la liberación”, el empresariado aplaudió a Guzmán. Solo les faltó cantar: “Cristina corazón, acá tenés al pibe para la moderación”.

De la liberación a la moderación, hay un mundo de distancia
Cuando Guzmán dice “hay que ir poniendo las cuentas en orden y reducir año a año el financiamiento que hace el Banco Central al Tesoro”, ¿se le puede creer? No pasa de la liberación a la moderación el que quiere sino el que lo dejan. ¿Lo dejará el Instituto Patria o pronto veremos un tuit de Cristina en forma de torpedo a la línea de flotación del centrismo?

En diciembre del año pasado, en La Plata, la expresidenta había enunciado su plan para ganar las elecciones de 2021: “Hay que alinear salarios y jubilaciones, precios y tarifas. Porque la Argentina es ese extraño lugar donde mueren todas las teorías económicas. Aquí, a la actividad económica la mueve la demanda. Y a la demanda no hay otra manera de hacerla que a través de salarios y jubilaciones y con precios de alimentos accesibles. No estoy diciendo nada que no se puede hacer. Durante 12 años y medio, lo hicimos y por eso, además de por la unidad, volvimos. Si uno no sabe cómo llegó es probable que tampoco sepa cómo ir”.

¿Se puede bajar el déficit como pide Guzmán y a la vez tener estimulada la demanda, como pide Cristina, para lo cual habrá que “poner plata en el bolsillo de la gente”? Son dos agendas que tensionan entre sí. Por ese camino finito, anda el ministro de economía.

¿Cristina es determinante? Lo es. Pero también es cierto que Juntos por el Cambio se fue con el 41 por ciento de los votos y la sociedad está parejamente dividida, con un sector no peronista dispuesto a movilizarse. Por eso, ya no hay más posibilidades de “ir por todo”. ¿Y cuál es consecuencia de esta configuración política y social? Que más por impotencia que por convicción, este cuarto gobierno kirchnerista viene con reversa. Los anteriores modelos eran con caja de sexta. Frente al conflicto, aceleraban a fondo. Esta versión muestra que retrocedieron con Vicentín, con el cierre de las exportaciones de maíz y ahora con la amenaza de subir retenciones y cerrar la exportación de carne.

Ni el coronavirus, ni la falta de vacunas, ni el regreso presencial a clases, ni la inseguridad, ni el dólar que por ahora está planchado. La amenaza máxima que sufre el gobierno en este año eleccionario es que se le cronifique el 4 por ciento de inflación que dio el Indec para enero. Si así fuera, tendría que ir a pedir el voto en octubre –si finalmente se vota en octubre- con un 35 o 40 de inflación acumulada y con el 50 acechando en diciembre. Muy difícil decir que volvieron mejores.

Por eso, mientras Guzmán habla de equilibrio fiscal y de los peligros de la emisión, también su gobierno apela a viejas fórmulas: vigilar y castigar. En la cadena de formación de un precio, ¿cuál es el eslabón envenenado que recarga excesivamente los costos y genera inflación? Si bien Guzmán reconoce que la suba de precios es en parte un fenómeno monetario, el Frente de Todos que él integra persiste en la idea de encontrar al malo de la película.

Primero fue el campo y la amenaza a los productores. Ahora, preparan a miles de integrantes de movimientos sociales para controlar precios máximos en supermercados y comercios. A propósito: ¿puede un señor que pide alimentos en diciembre frente a un supermercado, ir en febrero a controlar sus precios? ¿Cuándo un manifestante se convierte en un inspector del estado? Límite difuso.

¿Existen vivos y especuladores en Argentina? Claro que sí. Pero no causan el 40 por ciento de inflación. ¿Y qué pasa con el eslabón invisible, la alta carga impositiva? ¿Y la logística? Por ahora, no se habla o se habla poco. Eslabones propios o aliados, intocables.

Los resultados de vigilar y castigar están a la vista. Cuando se aprieta al comercio o supermercado, góndolas vacías. Y cuando se apretó al campo en 2006 cerrando las exportaciones de carne, se pasó de un rodeo de 60 millones a uno de 50. Guillermo Moreno fue el Búfalo Bill argentino. Liquidó a 10 millones de cabezas.

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