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Notas de Opinión

El Presidente, en su laberinto

El próximo desafío político de Alberto Fernández serán las elecciones legislativas de octubre. Si ganara, hasta podrá hablarle de igual a igual a Cristina

Columna publicada originalmente en La Nación

Sabe que le tocó conducir el gobierno de una coalición heterogénea. Están desde Cristina Kirchner hasta Sergio Massa. La lideresa de la izquierda y el referente de la derecha kirchnerista. Nunca todos estarán conformes. Se acostumbró a convivir con la impaciencia de los otros.

La pandemia y la consiguiente profundización de la crisis económica lo sorprendieron cuando todavía no había aprendido a manejar la botonera del poder.

Alberto Fernández cree, además, que la política es injusta cuando lo considera un simple títere de Cristina. ¿Cristina se queja, patalea y critica en público? “Es porque no controla el Gobierno”, dicen al lado del Presidente. “¿Por qué se quejaría si el Gobierno se limitara a cumplir lo que ella quiere?”, agregan. ¿Hay disidencias entre ellos? Las hay, aceptan todos. Fundamentalmente en cuestiones referidas a la Justicia y a la economía. Cristina sabe cómo jugar en el espacio mediático, esa esfera que ella dice despreciar. Solo hacen falta una carta o un discurso suyos para que la política se erice.

El Presidente queda en un segundo plano. A ella le gusta ese protagonismo. “Alberto sigue su camino. A veces, la escucha. Otras veces, él reconoce que no hay modo de coincidir en una posición común”, explican los amigos presidenciales.

La Justicia es el capricho de Cristina. Ya sea para que la salve o para que ejecute la venganza contra sus enemigos. El Presidente acaba de nombrar a dos jueces en una cámara clave (la Federal Penal): en ella se juzgan los delitos de corrupción de los funcionarios nacionales. Un juez, Eduardo Farah, volvió a esa Cámara. Farah se debió ir de la Justicia cuando dio un reportaje para desmentir que había cobrado un soborno a cambio de liberar a Cristóbal López y Fabián de Sousa. Esos empresarios fueron denunciados por la AFIP por quedarse con más 8000 millones de pesos que retuvieron cuando cobraban las naftas en su compañía Oil Combustibles.

En lugar de renunciar, Farah pidió en su momento el traslado al tribunal oral de San Martín. Ahora, cuando los tiempos son más amables, la Corte Suprema lo respaldó indirectamente. En el fallo sobre los casos de los jueces Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, la Corte ordenó que los trasladados se presenten a un concurso para retener el cargo que tienen o que vuelvan al lugar donde estaban. Ni lerdo ni perezoso, Farah pidió volver a donde estaba; es decir, a la mucho más influyente Cámara Federal Penal. Volvió. ¿Es culpa del Gobierno o de la Corte? El máximo tribunal no pensó en Farah cuando dictó aquella sentencia, pero benefició a Farah. Con él, vuelve a esa instancia decisiva de la Justicia el ascendiente de personajes de los servicios de inteligencia y de las operaciones peronistas. Nombres y apellidos: Jaime Stiuso y Javier Fernández.

El otro juez que irá a la decisiva Cámara Federal es Roberto Boico. Alberto Fernández respalda su decisión en un hecho cierto: Boico ganó el concurso para ser miembro de esa cámara. Su problema es otro. Fue abogado defensor de Cristina Kirchner y de Oscar Parrilli, el fiel lugarteniente de la expresidenta. Los concursos terminan siempre con una terna de candidatos. Boico era solo el primero (había dos más), pero existe un obstáculo ético que no debió soslayarse.

El abogado defensor de la actual vicepresidenta y de su principal vocero (senador también) no debería ser el juez que podría juzgarlos. De todos modos, los cambios en la Cámara Federal no tienen tanto que ver con el proyecto de impunidad de Cristina, porque ella ya pasó por esa instancia judicial. Salió mal parada. Todas las causas por supuesta corrupción de Cristina Kirchner están ahora en la instancia del juicio oral o de la Cámara de Casación Penal o, en última instancia, de la Corte Suprema. Ella no volverá a la Cámara Federal. Por las causas ya abiertas, al menos. Su obstinación con la designación de esos jueces está más relacionada con la venganza contra sus opositores. Son los culpables de sus desventuras judiciales, asegura.

Versiones en círculos de Juntos por el Cambio aseguran que ella dio la orden de denunciar a todos los exfuncionarios de Macri. Hay semillas de verdad. Hasta Fernando Iglesias, que solo fue diputado, o Fernando de Andreis, que nunca fue sospechado de nada, son macristas acusados formalmente de enriquecimiento ilícito por el perpetuo denunciador kirchnerista Rodolfo Tailhade. La propia familia de Macri acaba de presentar un duro cuestionamiento a la fiscal Gabriela Boquín y al procurador del Tesoro, Carlos Zannini. A Boquín la acusa de haber tratado a Cristóbal López y a Fabián de Sousa de manera exactamente diferente que a los Macri en el caso del Correo. En detrimento de los Macri, desde ya. Amigos son los amigos.

El proyecto de impunidad va por otro camino. “No habrá ni indulto ni amnistía”, dice el Presidente. La amnistía es un sueño imposible. Debe pasar por el Congreso, y no habrá ni diputados ni senadores dispuestos a sancionar una amnistía por causas de corrupción. El indulto es un perdón por los delitos cometidos. ¿Está dispuesta Cristina a ser perdonada? No. Ella quiere ser declarada inocente. Que la Justicia sea otra Justicia. Que los jueces se arrepientan de lo que hicieron. Ese objetivo es otro sueño imposible. Los papeles, los testimonios, las pruebas se amontonan en Comodoro Py. “Habrá condena, aunque sea en el año 2050”, dice un juez federal. ¿Será así?

Cuando Alberto Fernández levanta la mirada de esos conflictos se encuentra con la economía. El problema es más complejo. O más imperativo. La inflación es el tema que lo absorbe. De ella, que está mal, depende su estabilidad política y las elecciones de la próxima primavera. Es una inflación importada, dicen sus colaboradores. Mala referencia. Brasil, Chile, Perú o Colombia son también exportadores de materias primas, cuyos precios aumentaron en los mercados internacionales, y la inflación anual que tienen esos países es la que la Argentina registra en un solo mes. El Presidente coincide con su funcionaria Cecilia Todesca. Esto es: el Gobierno tiene solo dos herramientas para impedir que los precios internacionales se trasladen a los precios internos de los alimentos. O fija cupos de exportación o sube las retenciones. ¿Está dispuesto a hacerlo, justo él que vivió la guerra con el campo de 2008? “Prefiero que los productores me acerquen un plan que solucione el problema. Se lo he pedido”, asegura. No descarta las medidas extremas. Tal vez se trate solo de una estrategia de negociación. O no. Otra guerra con el campo podría suceder.

La economía se está reactivando, dice Alberto Fernández. Después de la profunda caída de 2020 (que él considera que será un poco menor que la prevista), la reactivación es predecible. Un poco menor significa que la caída del año pasado podría ser del 9 o del 10 por ciento en lugar del 11 o el 12. Si todo le saliera bien, y si la pandemia no provoca otra parálisis de la economía, terminará su actual mandato en 2023 con la economía previa a la devastación del virus Covid-19. No puede esperar mucho más después de la destrucción generalizada que provocó la peste.

De todos modos, la reactivación depende de la pandemia y de las vacunas. “No es cierto que me abracé a una sola vacuna. Me anoté en todas. Pero al mundo le faltan vacunas. Miren Europa”, suele decir el Presidente. Solo espera que el 31 de marzo, cuando esté comenzando el otoño, se hayan vacunado los 13 millones de argentinos que son personas esenciales o en riesgo. Espera. Ya no promete. Los rusos tienen sus limitaciones. Los chinos cargan con una burocracia interminable. El presidente de Moderna le dijo que estará en condiciones de venderle vacunas, pero solo en el segundo semestre del año. Todo es lento.

El próximo desafío político de Alberto Fernández serán las elecciones legislativas de octubre. Si ganara, hasta podrá hablarle de igual a igual a Cristina. Si perdiera, hasta correría riesgo su proyecto de reelección en 2023. ¿Los candidatos a legisladores los elegirá Cristina, como en 2019? Gobernadores e intendentes no quieren repetir esa experiencia. Aquella presión de Cristina no puede volver, repiten. “Los candidatos serán elegidos por los gobernadores y los intendentes”, zanja el Presidente. Pero ¿él dejará solos a los alcaldes y los gobernadores o se pondrá al frente de ellos? La respuesta se demora. Llega tarde, cansina. “La coalición es compleja”, repite y vuelve al principio, justo antes del final.

Notas de Opinión

Cómo se gestó la renuncia de Martín Guzmán

El ministro de Economía anunció su salida a través de su cuenta de Twitter, cuando Cristina Kirchner encabezaba un acto en Ensenada.

Totalmente sorpresiva la renuncia de Martín Guzmán porque no pensaba hacerlo, por lo menos, hasta mañana porque tenía previsto viajar a Francia el martes próximo y tenía todo preparado para ese viaje. En consecuencia, estuvo trabajando hasta ayer a la noche.

Por esta razón, la renuncia está precipitada. Y como dice el texto: “Con la profunda convicción y la confianza en mi visión sobre cuál es el camino que debe seguir la Argentina, seguiré trabajando y actuando por una Patria más justa, libre y soberana”.

El ministro hasta el día de ayer, por lo menos, no pensaba renunciar y por eso es inesperada en este contexto. Por supuesto que hace bastante tiempo que se viene hablando de la renuncia de Guzmán y estaba pedida por Cristina Kirchner hace bastante tiempo.

Sabemos que la propia vicepresidenta, en los últimos contactos que tuvo con Carlos Malconian, manifestó que con la renuncia de Matías Kulfas no alcanzaba y que tenía que haber una renovación total del equipo económico. Cristina venía presionando por esta salida hace bastante tiempo.

También se sabía que los resultados de la política económica no fueron los deseados con inflación y dólar alto en los últimos tiempos. Todo un marco para la salida del ministro de Economía.

Pero Alberto Fernández el miércoles a la noche hizo declaraciones haciendo una ratificación muy fuerte de Guzmán. Es decir, que la decisión de salir del Gobierno se estaba madurando, pero se precipitó en las últimas 12 horas, entre la tarde de ayer y el mediodía de hoy.

Una de las cuestiones que pudo haber precipitado la salida de Guzmán es que le había pedido al Presidente el desplazamiento de los funcionarios del área energética que dependen de la vicepresidenta. Y aparentemente, Fernández no habría aceptado. Así que puede haber sido uno de los motivos que precipitaron su salida. Es lo que se está especulando ahora.

También se está evaluando en la Quinta de Olivos su reemplazante. A lo largo de este tiempo se especularon muchos nombres. Pero los que se manejan en este momento son: la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca, y los economistas, Marcos Lavagna y Emmanuel Álvarez Agis.

En este momento, Guzmán se encuentra en el ministerio de Economía con todo su equipo y podemos confirmar que van a renunciar todos: el secretario de Hacienda, el secretario de Finanzas y el resto de los funcionarios que Guzmán había colocado en distintos puntos de la administración pública.

 

Columna publicada originalmente en TN.

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Notas de Opinión

La Cámpora amenaza y Alberto Fernández dicta una clase escolar de peronismo

El Presidente se puso a explicar en la CGT quién fue Perón y esquivó una respuesta directa a Cristina. El camporismo había dicho que se acabó la moderación. ¿Y qué viene?

El Cuervo Larroque, que es La Cámpora y es Cristina, porque piensa como ella o dice cosas que son las que ella piensa, corrió al Presidente de la primera línea de los memes con su casi insuperable “la economía crece mucho”. Fernández es así. Tiene un impulso incontenible a sacar conclusiones sin datos o sin datos suficientes. Pero igual hay que animarse a decir que el país sufre una crisis de crecimiento.

¿Y qué dijo Larroque? Que se acabó “la fase de la moderación”. Se supone que lo dijo por Fernández. La Cámpora y el cristinismo han tenido que soportar la etapa de la moderación. No tenían más remedio. Pero advierten: ya no más. Dicen: gobernar es enfrentar el poder económico y Cristina es la única que puede hacerlo.

De paso, cargan de nuevo contra el presidente que no llama ni se sienta con la vice, que en cambio va y llama y se sienta con Melconian, que también dice que Guzmán no va más. Después hay quienes tienen la esperanza, o sólo la declaran, de que la política tiene posibilidades de ponerse de acuerdo.

El miércoles Fernández ve en la tapa de Página 12 la internación de Milagro Sala y suspende todo para ir a verla. Al volver, pasa por C5N y denuncia como si nada que “nos quieren dar un golpe de mercado”. No explica cómo es que entran juntos un golpe del mercado, que se supone una medida defensiva del sector financiero, con una crisis de crecimiento. Es una explicación de alguien que no puede explicar. Lo culpa a Macri, por supuesto aunque si hay algo que pone nervioso a todo el mundo, y no sólo a los mercados, son amenazas como la de Larroque. O que el gobierno sean dos gobiernos y que una parte sacuda cada vez más fuerte al árbol para que Guzman se caiga.

Había empezado mal Fernández esa entrevista por televisión. No bien llegó al estudio, le dice a una de las periodistas:

-Puedo tutearte? Porque tratarte de usted no me sale. Te conozco hace muchos años, los conozco a todos hace muchos años, no se sientan ofendidos si los tuteo.

-No, por favor.

Y dirigiéndose a otra periodista:

-Hola, Nora. No te había visto. ¿Cómo andás?

-Irina, me llamo Irina.

-Irina, perdón, Irina. Nora es la socia, perdón. Este… claro, claro, claro. Este… te decía. Eh …. ¿qué te decía?

Alberto Fernández el miércoles por la noche en los estudios de C5N. Allí recogió el discurso del golpe de mercado.

Fernández está en problemas y apareció Scioli, ahora flamante ministro, para decir que estamos en “una etapa de reindustrialización fenomenal”. Scioli y Fernández comparten esa rarísima versión de la economía que el riesgo país, por hablar sólo de un dato nada más, se empeña en deshacer. El 1° de junio: 1. 914 puntos. 30 de junio: 2.428 puntos. Habría que considerarlo un éxito como el inmoderado dólar que también crece a destajo. Dólar blue 1° de junio, vendedor: $ 206. El 30 de junio: $ 239. Otro éxito: depreciación de apenas $ 33, sólo un 16%. Pesce, el jefe del Central, desenterado de que “la economía tiene una crisis de crecimiento” ,va y pone cepo sobre cepo para evitar “una devaluación brusca”. ¿Un 16% en un mes no será brusco?

También apareció el canciller Cafiero, esforzándose por quedar bien con Fernández y declarar que “lo paró en seco” a Boris Johnson. Fue al revés: Johnson lo paró en seco a Fernández al recordarle que la guerra de Malvinas “terminó hace 40 años”. Fernández improvisó un reclamo de soberanía en un pasillo. Está claro que Malvinas no es un tema para improvisar y que Cafiero, queriendo ayudar, la embarró un poco más.

Gobierno y cristinismo arman una frívola comedia de actos y contraactos, como los homenajes a Perón. Para refutar a Cristina, Fernández en la CGT se puso en exegeta de Perón, como si fuera peronista de la primera hora. Se inventó una vida que no tuvo y dictó una clase escolar de peronismo. Lamentable. El presidente y la vice hace largos dos años y medio que están en el gobierno. Ahora hablará Cristina: el contrapunto continuará. Pero va quedando para entrecasa, sólo para peronistas. Fernández podrá irse pensando en que tendrá su busto en La Rosada y sintiendo que se dio el gran gusto. Muchos de quienes creyeron en él sentirán una enorme desilusión.

 

Columna publicada originalmente en Clarín.

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Notas de Opinión

Dólar vs inflación desde que asumió Alberto Fernández

El dólar salió volando y superó los $250, medido a través del Contado con Liquidación. ¿Cómo viene el dólar vs. la inflación? ¿Qué medidas tomó el Banco Central? ¿A dónde puede llegar? Quedate hasta el final que te cuento todo.

Las últimas semanas fueron muy conflictivas en lo económico. Frente a esto, el gobierno no tuvo otra alternativa que apretar aún más el cepo. Algo interesante para destacar es que el dólar sigue atrasado si uno lo comparara con la evolución de la base monetaria.

A pesar de la suba reciente, ¿el dólar le viene ganando a la inflación en este año? Por el momento no, aunque todo parece que ocurrirá pronto.

Desde que asumió Alberto Fernández, ¿cómo fue esa carrera entre el dólar “libre” y la inflación?
Si analizamos el acumulado desde que asumió Alberto Fernández, el dólar subió aproximadamente un 240%. En cambio, la inflación totalizó un 178%, teniendo en cuenta la estimación de junio.

En este gráfico se puede observar claramente la dinámica del 2022. La distancia entre ambos se fue acortando en la medida en que el dólar iba cayendo y la inflación se aceleraba. Sin embargo, en las últimas semanas se puede ver cómo la línea verde (dólar) tomó impulso y sacó ventaja nuevamente.

Medidas del Banco Central

Ante la imposibilidad de engrosar las reservas internacionales y en el marco de altos costos de importación de energía, el BCRA no tuvo otro remedio que tomar medidas drásticas. Como es costumbre, se sumaron nuevas restricciones y prohibiciones.

Básicamente, el objetivo es que las empresas financien sus importaciones con dólares propios, de manera de “cuidar” los pocos dólares que tiene el país. Se busca evitar que las empresas importen de manera especulativa, aprovechando el valor del dólar oficial, que vale menos de la mitad que los dólares “libres”.

Se trata de un nuevo cepo, medida venerada por el oficialismo. Obviamente, tuvo consecuencias inmediatas: como prácticamente nadie pudo acceder al dólar oficial para importar, el BCRA pudo acumular más reservas. Compró USD 150M el martes 28 y USD 580M el miércoles 29, lo que implica un récord desde 2016.

¿Es para festejar? Claramente no, ya que aplicaron un “torniquete”, en el que casi nadie puede acceder al dólar oficial. Pan para hoy, hambre para mañana. Sin duda, este nuevo cepo tendrá consecuencias negativas en lo económico, más allá de que, en lo inmediato, el BCRA pueda recomponer sus reservas.

¿Qué sucedió en los mercados libres, luego de esta medida? El riesgo país marcó un nuevo récord y el precio del dólar se disparó.

¿Puede calmarse el dólar? Es una posibilidad, claro está. Podría tomarse una pausa en el corto plazo, pero luego seguirá subiendo. Tan solo basta con ver las cifras de inflación y emisión.

Vale remarcar el siguiente dato: en junio el BCRA emitió $825.000M, lo que implica mayor inflación futura y dólar al alza asegurado. Además, el stock de pasivos remunerados (principalmente Leliq) superó los $6 billones, por lo que tendrá que devengar casi $4 billones de intereses anuales. Linda bola de nieve, ¿no?

¿A cuánto podría llegar? Como mínimo, y para igualar la inflación de este año, el dólar Contado con Liquidación podría llegar a los $275 en el corto plazo. Y para fin de año debería superar los $300 fácilmente, si tenemos en cuenta la inflación proyectada.

El panorama es aterrador desde todos los frentes: el económico, el financiero y el político. El dólar se está recalentando y están todos los condimentos dados para que siga volando.

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