Opinión

¿La violencia narco puede convertir a Rosario en Sinaloa?

La suba de homicidios y el desmembramiento de dos hombres, remitieron a la ferocidad de los cárteles que operan en México y Colombia

lunes 11 de enero de 2021 - 10:45 am

Columna publicada originalmente en La Política Online

Rosario cerró el 2020, el año de la pandemia, con 214 crímenes y en la cumbre de la brutalidad, el despedazamiento de dos hombres vinculados a bandas barriales de narcomenudeo cuyos trozos fueron encontrados en distintos puntos del barrio obrero de Saladillo. El hecho, conmocionó a Rosario por la saña extraordinaria que marcó un nuevo nivel de violencia jamás vivida en la ciudad.

En fiscalía investigan por el hecho a Brandon Bay, cabecilla de uno de los tantos clanes que se abrió camino en la venta de drogas a lo tiros, un negocio donde las disputas no tienen otra instancia de resolución que la ferocidad extrema y que explican la mayoría de los 214 homicidios que se produjeron durante el año.

Semanas atrás, en una de las audiencias judiciales a la banda de Los Gorditos que comanda Brandon, la acusación presentó un audio donde el joven jefe le ordena a un lugarteniente desde la cárcel de Piñero, donde cumple condena: “de paso, matamos a un par de zombis. Te mando un video con una motosierra, fíjate cómo lo voy a cortar en pedazos, bien a lo mexicano le voy a dar”, publicó La Capital.

El interrogante que quedó suspendido en el aire es si los crímenes por encargo, el sicariato, la disputa territorial por la venta de drogas para consumo interno o la impiedad de los descuartizamientos “a lo mexicano”, dan cuenta de la cartelización del narcotráfico como ocurre en Colombia o México. Los especialistas y funcionarios de Seguridad provincial coinciden en que ese fenómeno es imposible que se replique en Rosario.

En principio, por una cuestión geográfica y de dimensión del mercado. Siendo Estados Unidos el principal consumidor de drogas en el mundo, secundado por Europa, convirtió a la extensa frontera con México en la ruta ilegal de uno de los negocios más redituables a nivel internacional que permitió a los narcotraficantes levantar verdaderos imperios, con organización militar y presencia paraestatal en el territorio.

El país azteca es el segundo productor de opio después de Afganistán con 586 toneladas de producción anual mientras que el país de medio oriente, genera 6.400 toneladas destinados al consumo de Estados Unidos y Europa mientras que Colombia produce el 70 por ciento de la cocaína del 100% de pureza, según un informe del año pasado de la oficina de Drugs and Crime de la ONU.

Por el contrario, en Rosario no hay producción en escala y tampoco existen estructuras sólidas y sistematizadas como los grandes cárteles sino todo lo contrario, la violencia barrial extrema se produce por la disputa de pequeños segmentos del mercado destinado al consumo interno y entre bandas atomizadas con liderazgos vehementes y fidelidades muy endebles, describió a LPO una fuente del Ministerio de Seguridad de Santa Fe.

“Las alianzas entre estos grupos son temporarias y en reiteradas ocasiones se tornan enemigas con los primeros malentendidos. Esta ausencia de estructuras sólidas, con poca organicidad hace que el narcomenudeo sea más violento que en otras metrópolis argentinas”, agregó el funcionario.

Un documento reservado del Observatorio de Seguridad Pública, al cual accedió LPO, compara en este punto con lo que sucede en Santiago de Chile o Brasilia, donde “las bandas callejeras manejan la distribución de drogas con poca violencia y los principales homicidios y riesgos de seguridad derivan de robos y asaltos” y señalan que estos grupos delictivos no compiten con el Estado por el dominio del territorio como suceden en otras ciudades como Río de Janeiro y São Paulo, donde las tasas de homicidios son considerablemente más altas.

Por el contrario, en Rosario la provisión de droga a los consumidores internos está en manos de bandas territoriales en disputa y lideradas por las segundas y terceras líneas desde que los grandes capos narcos están presos como el “Pollo” Bassi, Esteban Alvarado o el mismo Brandon Bay o fueron aniquilados como Luis Medina, Claudio “Pájaro” Cantero o Ema “Pimpi” Sandoval.

Los que están en prisión, logran mantener cierto manejo del negocio desde los penales gracias a la poca rigurosidad en los controles cuando no la complicidad del Servicio Penitenciario. Desde allí, encargan sus venganzas o saldan cuentas pendientes.

Con la crisis por la pandemia, como pasó con el resto de la economía formal, el narcomenudeo sintió los coletazos. Los consumidores sociales dejaron de frecuentar los bunkers o lo hicieron más espaciadamente y además, la situación de confinamiento tampoco generó un medio propicio para el consumo de cocaína, la más redituable en dinero, y aumentó el consumo de marihuana. Por ende, cada boca de expendio se convirtió en un objeto de discordia por su control, explicaron a LPO.

En ese contexto, los jóvenes soldaditos “hacen cola para salir a tirar tiros”, describió con crudeza una autoridad policial en diálogo con este portal. Por ello, en el Ministerio de Seguridad insisten en que para resolver la situación, es necesaria la presencia estatal, con una muy fuerte inversión en la transformación social y condiciones dignas de vida y laboral.

Por su parte, el diputado provincial y periodista Carlos del Frade, uno de los que más investigó sobre el tráfico de drogas y sus implicancias sociales y políticas, afirmó a La Política Online que “la declaración de Brandon Bay que le dice a sus sicarios que corten en pedazos a sus enemigos y les manda un video de narcos mejicanos, copia una metodología para eliminar rivales”.

Pero coincide en que en Rosario no operan cárteles, solo a nivel nacional para la exportación desde Medellín a Europa como un punto de tránsito del mercado internacional. “Lo que sucedió en el Gran Rosario, el primer cordón industrial, cuando se quedó sin las fuentes de trabajo, fue un proceso parecido al de São Paulo, pero nunca se puede comparar con lo que sucede en Colombia o México”.

“Esos agujeros negros producidos en los polos industriales fueron reemplazados por dos grandes negocios clandestinos que tiene el capitalismo; el narco y el contrabando de armas”, agregó del Frade.

Además, sostiene que en Rosario existen pandillas narco-policiales cuyos liderazgos operan desde las cárceles y están en permanente renovación, donde las nuevas generaciones son cada vez más brutales, se lamentó el diputado quien lo describió en el año 2.000 en su primer libro sobre el tema: cada vez más jóvenes y más despiadados, aventuraba el legislador.

Como eslabones de una misma cadena, el ministro de Seguridad de Perotti, Marcelo Saín, está convencido que detrás de los bunkers, las balaceras barriales y los muertos a tiros, se benefician sectores financieros de renombre en la ciudad que son los encargados de mover el dinero en la city rosarina, además de la connivencia de elementos policiales, puertos secos y también políticos. El crimen de un tal Coto Medrano puso en evidencia ese entramado. El ministro asegura que en la provincia comenzó un Mani Pulite.

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