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Notas de Opinión

Alberto Fernández y Cristina Kirchner juegan con la salud

Alberto Fernández se definió siempre como un reformador y no como un revolucionario, algunas frases suyas de los últimos días, ciertas decisiones sobre la libertad de la economía y la repetición de restricciones a la producción privada de bienes, indican que cambió ese paradigma.

Nota publicada originalmente en La Nación

 

Ninguna revolución es posible si no se cambia el sistema político y económico. A pesar de que Alberto Fernández se definió siempre como un reformador y no como un revolucionario, algunas frases suyas de los últimos días, ciertas decisiones sobre la libertad de la economía y la repetición de restricciones a la producción privada de bienes, indican que cambió ese paradigma. O podría haberlo cambiado.

Algunos protagonistas de la economía se aferran a una conclusión refrendada por médicos y psicoanalistas. Lo que sucede, dicen, son golpes de poder de Cristina Kirchner, decepcionada porque no puede alcanzar el objetivo de la impunidad judicial. Esos actos brutales de poder son mensajes cifrados a los jueces para notificarlos de quién tiene el mando de la nación política. Puede ser que consiga por la vía de los hechos, y con jueces atemorizados, lo que no logra con las parapléjicas reformas legales.

El último y asombroso vaivén de la administración fue con un aumento magro de la medicina prepaga. El ministro de Salud, Ginés González García, firmó en la mañana del 31 de diciembre una resolución que autorizaba un incremento del 7 por ciento en las cuotas de las prepagas a partir del primer día de febrero. Esa resolución se respaldaba en varios y serios argumentos sobre el aumento del costo de la medicina durante 2020, según se leyó en el documento oficial. En la tarde del mismo día 31, González García firmó una resolución que decía todo lo contrario: simplemente derogaba la anterior. El argumento fue uno solo: borraba el incremento por disposición del presidente de la Nación.

Como se supone que el aumento del 7 por ciento fue conversado por el ministro con el Presidente (las tarifas son asuntos muy sensibles para el jefe del Estado), la deducción más frecuente en el universo de la medicina es que fue Cristina la que ordenó ese inexplicable y vergonzoso salto atrás. “Es la resolución 125 de la salud”, se enfureció el director de un conocido sanatorio de la Capital. Los sorprendió, sobre todo, el zigzag de González García; lo conocen desde hace más de 40 años. El ministro no llamó a los prestadores de salud, no les explicó nada y no mandó emisarios. Tal vez no sabía qué decirles. Ni siquiera podía explicarles la influencia del costo de la medicina prepaga en la inflación anual: es de solo el 0,7 por ciento.

Puede ser que aquel retroceso signifique una 125 en sus consecuencias económicas, pero difícilmente lo sea en su repercusión social y política. Al revés de lo que hicieron los productores agropecuarios en 2008, las empresas de medicina prepaga no pueden sublevarse ni parar. Trabajan con la salud. Un muerto como consecuencia de sus rebeldías podría destruir el prestigio que tienen y debilitarlas frente al Gobierno.

Deben analizarse dos planos. Uno es el económico. La inflación de 2020 fue de alrededor del 40 por ciento. Las prepagas tuvieron solo un aumento del 10 por ciento en un año en el que debieron lidiar con la pandemia del coronavirus. Pero la inflación del Indec no es la única variable que se tiene en cuenta para estimar los costos de la medicina. También influyó la devaluación, porque muchos de los insumos médicos son importados. O lo que la medicina llama la innovación, que son nuevas drogas que reemplazan a anteriores medicamentos y que son mucho más caras. O las prestaciones que se agregan por ley, como la práctica del aborto o la financiación de remedios carísimos para enfermedades muy raras. Las consecuencias las pagan los médicos, a los que no se les actualizan los honorarios, y los sanatorios, que deben facturar sin aumentos el costo de sus prestaciones.

En tales condiciones, el propósito del Gobierno puede ser la asfixia del sistema privado de salud o directamente la estatización del sistema, que es el segundo plano, más político que económico, en el que se deben analizar las recientes decisiones. Esta última variante es el presagio más asiduo entre médicos y prestadores de salud. La escucharon a Cristina Kirchner en su discurso de La Plata, cuando retó al gabinete de Alberto Fernández y promovió una reforma del sistema de salud. No dijo nada más, pero fue suficiente.

El sistema privado de salud, que atiende a las prepagas, a las obras sociales y al Pami, se hizo cargo del 70 por ciento de la atención de los contagiados por la pandemia. El resultado no fue malo: casi 44.000 muertos entre más de un millón y medio de contagiados mal contados. El porcentaje de muertos sobre infectados es bajo. La falta de testeos sugiere que podría haber habido el doble de contagiados, según fuentes privadas de la salud. ¿Qué conseguiría el Gobierno con la estatización del sistema de salud? Solo movilizar a los sectores sociales críticos del kirchnerismo, que son precisamente los que más usan los beneficios de las prepagas. Un escándalo político innecesario. Mucho más grave y enorme que el de la anunciada y abortada expropiación de Vicentin. El cuidado de la salud forma parte de la vida cotidiana de la gente; Vicentin, no.

¿Por qué el Gobierno haría mejor lo que los prestadores privados hacen bien? ¿Por qué, si ni siquiera pudo administrar con eficacia la vacunación contra el coronavirus? Cuando casi todos los países occidentales han iniciado campañas masivas de vacunación, la Argentina tiene solo 300.000 dosis (en un país de 44 millones de habitantes) de una vacuna, la rusa, que no se puede aplicar a los mayores de 60 años; es decir, a la franja etaria con mayor riesgo. La vacuna que se está aplicando en casi todos los países del mundo es la de la empresa norteamericana Pfizer, pero las negociaciones aquí se estancaron y nadie explicó por qué.

Tres diputados nacionales opositores, Graciela Ocaña, Alfredo Cornejo y Claudia Najul, les enviaron una carta a la representación argentina de Pfizer y a la casa central de la farmacéutica. La casa central les contestó que la respuesta se las daría la oficina argentina de la empresa.

La respuesta de Pfizer a los legisladores es solo clara y enfática en una sola afirmación: nunca le reclamó a la Argentina condiciones que no hubiera pedido al resto de los países del mundo. ¿Por qué, entonces, el resto de los países (o gran parte de ellos) están vacunando con Pfizer y la Argentina no puede hacerlo? Alberto Fernández contó públicamente que Pfizer pide condiciones que las otras vacunas no piden. Según la carta de ese laboratorio a los legisladores argentinos, las condiciones de almacenamiento y distribución de la vacuna son iguales para todos los países, incluidos, desde ya, los que empezaron a vacunar. La vacuna debe mantenerse en una temperatura de 70 grados bajo cero, pero lo puede hacer durante 30 días cambiando el hielo seco que lleva cada contenedor. Una vez descongelada la vacuna, se puede almacenar hasta cinco días en condiciones de refrigeración; es decir, entre 2 y 8 grados. Cada contenedor tiene un sensor térmico, para controlar que la temperatura sea la correcta, y un GPS para rastrear la ubicación durante todo el día y la noche; esa información va directamente a la casa matriz de Pfizer. Las condiciones no son de imposible cumplimiento para cualquier sistema sanitario más o menos eficiente y moderno. Esa vacuna la están aplicando México, Chile, Colombia y Costa Rica, entre muchos otros países.

La otra vacuna seria que comenzó a aplicarse es la del laboratorio británico AstraZeneca, que ya cuenta con la autorización de la autoridad sanitaria de Gran Bretaña y de la Anmat. El gobierno argentino firmó un acuerdo con esa compañía y con su socio argentino, el empresario farmacéutico Hugo Sigman, pero las investigaciones se demoraron.

El Presidente se preguntó públicamente por qué se desvaloriza aquí la vacuna rusa. No se respondió, pero la explicación es sencilla: porque no tiene la autorización de los entes autónomos de Europa y los Estados Unidos ni de ningún otro país serio de Occidente; porque la autorización aquí fue un comunicado del Ministerio de Salud, que es una autoridad política y no técnica, y porque los informes científicos de la vacuna son vagos. De hecho, solo los publicó la agencia Reuters; ninguna de las más prestigiosas publicaciones científicas del mundo pudo difundir nada de ella. Solo cuatro países en el mundo la aplican: Rusia, Bielorrusia (una vieja república soviética), Venezuela y la Argentina. La pregunta del Presidente tiene una sola respuesta: la gente necesita la certeza de que el remedio será mejor que la enfermedad.

Quizá se trate solo de una opción geopolítica. Otro contrato que el gobierno firmó es con China para la provisión de un millón de dosis de la vacuna producida por la empresa estatal china Sinopharm. El Presidente acaba de decir que es necesario “meter mano en la Justicia”, que es exactamente lo que le está prohibido hacer por la Constitución argentina. Esas cosas se hacen en la Rusia de Putin o en la China de un autoritario Partido Comunista con un sistema económico capitalista. Si esos son los aliados de Cristina Kirchner o de Alberto Fernández, significa que ella hace bailar al Gobierno con su melodía o que el viejo reformador se convirtió en un revolucionario.

Notas de Opinión

Cómo se gestó la renuncia de Martín Guzmán

El ministro de Economía anunció su salida a través de su cuenta de Twitter, cuando Cristina Kirchner encabezaba un acto en Ensenada.

Totalmente sorpresiva la renuncia de Martín Guzmán porque no pensaba hacerlo, por lo menos, hasta mañana porque tenía previsto viajar a Francia el martes próximo y tenía todo preparado para ese viaje. En consecuencia, estuvo trabajando hasta ayer a la noche.

Por esta razón, la renuncia está precipitada. Y como dice el texto: “Con la profunda convicción y la confianza en mi visión sobre cuál es el camino que debe seguir la Argentina, seguiré trabajando y actuando por una Patria más justa, libre y soberana”.

El ministro hasta el día de ayer, por lo menos, no pensaba renunciar y por eso es inesperada en este contexto. Por supuesto que hace bastante tiempo que se viene hablando de la renuncia de Guzmán y estaba pedida por Cristina Kirchner hace bastante tiempo.

Sabemos que la propia vicepresidenta, en los últimos contactos que tuvo con Carlos Malconian, manifestó que con la renuncia de Matías Kulfas no alcanzaba y que tenía que haber una renovación total del equipo económico. Cristina venía presionando por esta salida hace bastante tiempo.

También se sabía que los resultados de la política económica no fueron los deseados con inflación y dólar alto en los últimos tiempos. Todo un marco para la salida del ministro de Economía.

Pero Alberto Fernández el miércoles a la noche hizo declaraciones haciendo una ratificación muy fuerte de Guzmán. Es decir, que la decisión de salir del Gobierno se estaba madurando, pero se precipitó en las últimas 12 horas, entre la tarde de ayer y el mediodía de hoy.

Una de las cuestiones que pudo haber precipitado la salida de Guzmán es que le había pedido al Presidente el desplazamiento de los funcionarios del área energética que dependen de la vicepresidenta. Y aparentemente, Fernández no habría aceptado. Así que puede haber sido uno de los motivos que precipitaron su salida. Es lo que se está especulando ahora.

También se está evaluando en la Quinta de Olivos su reemplazante. A lo largo de este tiempo se especularon muchos nombres. Pero los que se manejan en este momento son: la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca, y los economistas, Marcos Lavagna y Emmanuel Álvarez Agis.

En este momento, Guzmán se encuentra en el ministerio de Economía con todo su equipo y podemos confirmar que van a renunciar todos: el secretario de Hacienda, el secretario de Finanzas y el resto de los funcionarios que Guzmán había colocado en distintos puntos de la administración pública.

 

Columna publicada originalmente en TN.

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Notas de Opinión

La Cámpora amenaza y Alberto Fernández dicta una clase escolar de peronismo

El Presidente se puso a explicar en la CGT quién fue Perón y esquivó una respuesta directa a Cristina. El camporismo había dicho que se acabó la moderación. ¿Y qué viene?

El Cuervo Larroque, que es La Cámpora y es Cristina, porque piensa como ella o dice cosas que son las que ella piensa, corrió al Presidente de la primera línea de los memes con su casi insuperable “la economía crece mucho”. Fernández es así. Tiene un impulso incontenible a sacar conclusiones sin datos o sin datos suficientes. Pero igual hay que animarse a decir que el país sufre una crisis de crecimiento.

¿Y qué dijo Larroque? Que se acabó “la fase de la moderación”. Se supone que lo dijo por Fernández. La Cámpora y el cristinismo han tenido que soportar la etapa de la moderación. No tenían más remedio. Pero advierten: ya no más. Dicen: gobernar es enfrentar el poder económico y Cristina es la única que puede hacerlo.

De paso, cargan de nuevo contra el presidente que no llama ni se sienta con la vice, que en cambio va y llama y se sienta con Melconian, que también dice que Guzmán no va más. Después hay quienes tienen la esperanza, o sólo la declaran, de que la política tiene posibilidades de ponerse de acuerdo.

El miércoles Fernández ve en la tapa de Página 12 la internación de Milagro Sala y suspende todo para ir a verla. Al volver, pasa por C5N y denuncia como si nada que “nos quieren dar un golpe de mercado”. No explica cómo es que entran juntos un golpe del mercado, que se supone una medida defensiva del sector financiero, con una crisis de crecimiento. Es una explicación de alguien que no puede explicar. Lo culpa a Macri, por supuesto aunque si hay algo que pone nervioso a todo el mundo, y no sólo a los mercados, son amenazas como la de Larroque. O que el gobierno sean dos gobiernos y que una parte sacuda cada vez más fuerte al árbol para que Guzman se caiga.

Había empezado mal Fernández esa entrevista por televisión. No bien llegó al estudio, le dice a una de las periodistas:

-Puedo tutearte? Porque tratarte de usted no me sale. Te conozco hace muchos años, los conozco a todos hace muchos años, no se sientan ofendidos si los tuteo.

-No, por favor.

Y dirigiéndose a otra periodista:

-Hola, Nora. No te había visto. ¿Cómo andás?

-Irina, me llamo Irina.

-Irina, perdón, Irina. Nora es la socia, perdón. Este… claro, claro, claro. Este… te decía. Eh …. ¿qué te decía?

Alberto Fernández el miércoles por la noche en los estudios de C5N. Allí recogió el discurso del golpe de mercado.

Fernández está en problemas y apareció Scioli, ahora flamante ministro, para decir que estamos en “una etapa de reindustrialización fenomenal”. Scioli y Fernández comparten esa rarísima versión de la economía que el riesgo país, por hablar sólo de un dato nada más, se empeña en deshacer. El 1° de junio: 1. 914 puntos. 30 de junio: 2.428 puntos. Habría que considerarlo un éxito como el inmoderado dólar que también crece a destajo. Dólar blue 1° de junio, vendedor: $ 206. El 30 de junio: $ 239. Otro éxito: depreciación de apenas $ 33, sólo un 16%. Pesce, el jefe del Central, desenterado de que “la economía tiene una crisis de crecimiento” ,va y pone cepo sobre cepo para evitar “una devaluación brusca”. ¿Un 16% en un mes no será brusco?

También apareció el canciller Cafiero, esforzándose por quedar bien con Fernández y declarar que “lo paró en seco” a Boris Johnson. Fue al revés: Johnson lo paró en seco a Fernández al recordarle que la guerra de Malvinas “terminó hace 40 años”. Fernández improvisó un reclamo de soberanía en un pasillo. Está claro que Malvinas no es un tema para improvisar y que Cafiero, queriendo ayudar, la embarró un poco más.

Gobierno y cristinismo arman una frívola comedia de actos y contraactos, como los homenajes a Perón. Para refutar a Cristina, Fernández en la CGT se puso en exegeta de Perón, como si fuera peronista de la primera hora. Se inventó una vida que no tuvo y dictó una clase escolar de peronismo. Lamentable. El presidente y la vice hace largos dos años y medio que están en el gobierno. Ahora hablará Cristina: el contrapunto continuará. Pero va quedando para entrecasa, sólo para peronistas. Fernández podrá irse pensando en que tendrá su busto en La Rosada y sintiendo que se dio el gran gusto. Muchos de quienes creyeron en él sentirán una enorme desilusión.

 

Columna publicada originalmente en Clarín.

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Notas de Opinión

Dólar vs inflación desde que asumió Alberto Fernández

El dólar salió volando y superó los $250, medido a través del Contado con Liquidación. ¿Cómo viene el dólar vs. la inflación? ¿Qué medidas tomó el Banco Central? ¿A dónde puede llegar? Quedate hasta el final que te cuento todo.

Las últimas semanas fueron muy conflictivas en lo económico. Frente a esto, el gobierno no tuvo otra alternativa que apretar aún más el cepo. Algo interesante para destacar es que el dólar sigue atrasado si uno lo comparara con la evolución de la base monetaria.

A pesar de la suba reciente, ¿el dólar le viene ganando a la inflación en este año? Por el momento no, aunque todo parece que ocurrirá pronto.

Desde que asumió Alberto Fernández, ¿cómo fue esa carrera entre el dólar “libre” y la inflación?
Si analizamos el acumulado desde que asumió Alberto Fernández, el dólar subió aproximadamente un 240%. En cambio, la inflación totalizó un 178%, teniendo en cuenta la estimación de junio.

En este gráfico se puede observar claramente la dinámica del 2022. La distancia entre ambos se fue acortando en la medida en que el dólar iba cayendo y la inflación se aceleraba. Sin embargo, en las últimas semanas se puede ver cómo la línea verde (dólar) tomó impulso y sacó ventaja nuevamente.

Medidas del Banco Central

Ante la imposibilidad de engrosar las reservas internacionales y en el marco de altos costos de importación de energía, el BCRA no tuvo otro remedio que tomar medidas drásticas. Como es costumbre, se sumaron nuevas restricciones y prohibiciones.

Básicamente, el objetivo es que las empresas financien sus importaciones con dólares propios, de manera de “cuidar” los pocos dólares que tiene el país. Se busca evitar que las empresas importen de manera especulativa, aprovechando el valor del dólar oficial, que vale menos de la mitad que los dólares “libres”.

Se trata de un nuevo cepo, medida venerada por el oficialismo. Obviamente, tuvo consecuencias inmediatas: como prácticamente nadie pudo acceder al dólar oficial para importar, el BCRA pudo acumular más reservas. Compró USD 150M el martes 28 y USD 580M el miércoles 29, lo que implica un récord desde 2016.

¿Es para festejar? Claramente no, ya que aplicaron un “torniquete”, en el que casi nadie puede acceder al dólar oficial. Pan para hoy, hambre para mañana. Sin duda, este nuevo cepo tendrá consecuencias negativas en lo económico, más allá de que, en lo inmediato, el BCRA pueda recomponer sus reservas.

¿Qué sucedió en los mercados libres, luego de esta medida? El riesgo país marcó un nuevo récord y el precio del dólar se disparó.

¿Puede calmarse el dólar? Es una posibilidad, claro está. Podría tomarse una pausa en el corto plazo, pero luego seguirá subiendo. Tan solo basta con ver las cifras de inflación y emisión.

Vale remarcar el siguiente dato: en junio el BCRA emitió $825.000M, lo que implica mayor inflación futura y dólar al alza asegurado. Además, el stock de pasivos remunerados (principalmente Leliq) superó los $6 billones, por lo que tendrá que devengar casi $4 billones de intereses anuales. Linda bola de nieve, ¿no?

¿A cuánto podría llegar? Como mínimo, y para igualar la inflación de este año, el dólar Contado con Liquidación podría llegar a los $275 en el corto plazo. Y para fin de año debería superar los $300 fácilmente, si tenemos en cuenta la inflación proyectada.

El panorama es aterrador desde todos los frentes: el económico, el financiero y el político. El dólar se está recalentando y están todos los condimentos dados para que siga volando.

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