Opinión

Con tantos condicionantes, el pronóstico económico para 2021 se transformó en adivinanza

Enrique Szewach

Periodista y escritor.

Los efectos de la evolución de la pandemia, el gasto público, las exportaciones, el acuerdo con el FMI y la campaña electoral tendrán una influencia decisiva en el futuro económico

domingo 3 de enero de 2021 - 3:18 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

Los economistas profesionales hacemos pronósticos sujetos a que se cumplan ciertas condiciones. A veces las explicitamos y otras, con cierta picardía, nos guardamos las condiciones para el momento de justificar los desaciertos.

El pronóstico económico para la Argentina del 2021 apunta a un rebote en el PBI, una inflación subiendo al escalón del 3-4% mensual, un tipo de cambio oficial indexado y empleo y salarios con suave recuperación.

Pero este pronóstico, como mencionara, está condicionado por varios sucesos.

Por ser ustedes, paso a explicitarlos.

El primero, obviamente, se vincula con la evolución de la pandemia del COVID-19 y de la velocidad con que se logre tener a la mayoría de la población inmunizada, con una vacuna efectiva, no sólo aquí, sino en el resto del Mundo. Mientras esto no pase, la recuperación de la economía estará concentrada en la producción de bienes esenciales, de productos del sector agroindustrial, y de servicios que admitan el trabajo a distancia. Es decir que seguirán en problemas las actividades intensivas en trabajo, en especial las que lideran los rubros de empleo informal. A la demanda de esos bienes y servicios tenemos que agregarle, en nuestro país, la demanda de “bienes brecha”, es decir aquéllos cuyos precios de venta se conforman con un mix entre el precio del dólar oficial y el precio del dólar libre, pero que los consumidores calculan al precio del dólar libre, y por lo tanto los utilizan como sustitutos imperfectos del ahorro en dólares (construcción y refacciones particulares, automóviles, artículos para el hogar). Puesto de otra manera, sin un avance contundente en la lucha contra el virus, la actividad económica es lo que tenemos hoy, que comparada con el promedio del año 2020, en donde hubo meses de actividad nula en muchos sectores, mostrará un crecimiento estadístico del PBI, pero no mucho más.

Y esto me lleva al segundo condicionamiento. El gobierno calculó su presupuesto, con una fuerte reducción en el gasto destinado a compensar el desempleo y el cierre de actividades por la pandemia. Si el 2021 avanza sin una solución definitiva en materia sanitaria, parte de ese gasto reducido volverá a aumentar y con éste, el déficit fiscal y la emisión monetaria del Banco Central. En ese contexto, un manejo del gasto público no COVID, con el mismo descuido con que se hizo en el 2020, alterará sin dudas los pronósticos sobre inflación, tipo de cambio y brecha. Repasando hasta aquí, hay dos condicionamientos al pronóstico inicial. La duración e intensidad de la pandemia y el manejo que se haga del gasto público y su financiamiento, ante la eventualidad de tener que reponer o incrementar subsidios compensatorios del problema sanitario.

El tercer condicionante se enfoca en el sector externo, además del tipo de cambio y la brecha, resultará clave el monto de las exportaciones que efectivamente se liquiden en el mercado oficial de cambios. Este monto, a su vez, dependerá, no sólo de la brecha. También hay que considerar los precios de las materias primas que exportamos (y la libertad para hacerlo), el efecto del clima sobre las cantidades producidas y cómo traccione Brasil (que también depende de la evolución de la pandemia). Esto lleva a una especie de círculo vicioso. Menos exportaciones liquidadas, es más brecha, y más restricciones a las importaciones. Más brecha y más restricciones a las importaciones es menos oferta y más demanda de bienes, con problemas de abastecimiento y precio, menor rebote del PBI y más inflación.

El cuarto condicionante será el tipo de acuerdo, al que se llegue para evitar el default con el FMI. ¿Será un acuerdo light para salir del paso y estirar las decisiones al 2022? ¿O será un acuerdo “potente” capaz de brindar un marco de política económica creíble de mediano plazo, en reemplazo de la falta de credibilidad de la política económica oficial? En el primer caso, el acuerdo jugará en contra del pronóstico enunciado. En el segundo, podría incluso mejorarlo, reduciendo la brecha y mejorando el precio de los bonos de la deuda argentina.

Pero estos cuatro condicionantes se desarrollan bajo el paraguas del “padre de todos los condicionantes”, la campaña electoral. Porque el oficialismo, pretenderá ignorar las leyes de la macro, aumentando el gasto en obra pública “federal” y en subsidios económicos (con menor incremento de los precios de los servicios públicos regulados). Pretenderá algo de crédito dirigido con tasas negativas y aumentará el estatismo de amigos. Pero, claramente, ignorar la realidad macro, puede ser un tiro en los pies, si dicha política, acelera el desorden nominal y la falta de confianza ya existente, y provoca una crisis, antes de agosto (momento de las PASO) o antes de octubre. Para evitarlo e intentar postergar el problema, tratará de utilizar la “policía” no sólo para “disipar” aglomeraciones. Pero como los mercados se anticipan, así como se anticiparon en agosto del 2019, postergar las soluciones ordenadas puede dar lugar a soluciones desordenadas, aún con controles, regulaciones e intervenciones.

El amable lector y la amable lectora se habrán dado cuenta, a estas alturas, por qué el pronóstico económico del 2021 con cuatro condicionantes y un Gran Condicionante, resulta tan complicado. Más que el resultado de un análisis, parece una adivinanza.

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