Coronavirus

En Rusia aumenta la desconfianza por la Sputnik V: los hospitales desechan las vacunas que pierden la cadena de frío

Una investigación muestra las dudas de los rusos por la Sputnik V. Tras dos semanas desde el inicio del programa de vacunación, los centros se encuentras vacíos

miércoles 23 de diciembre de 2020 - 11:27 am

La vacuna contra el Coronavirus es una realidad y algunos estados ya han comenzado a inmunizar a su población. Ante estos sucesos es común encontrar grupos escépticos a la aplicación del antídoto, sin embargo, en Rusia el grupo no es minúsculo lo que sorprende teniendo en cuenta que han producido su propia vacuna, la Sputnik V.

Una investigación elaborada por la cadena estadounidense CNN, revela que “la participación en las dos primeras semanas de vacunación ‘a gran escala’ ha sido menos que entusiasta“.

La campaña de vacunación en Rusia comenzó con la prioridad de recibirla para quienes sean trabajadores de la salud y otros grupos “cruciales”, para lo que se dispusieron en su capital, Moscú, setenta centros vacunatorios. Desde su inicio solamente 15.000 personas accedieron a ser inmunizadas de acuerdo a lo informado por el alcalde de la ciudad, Sergei Sobyanin. Los números son preocupantes ya que implican que en dos semanas cada centro vacunó solamente a 15 personas.

La falta de voluntarios para vacunarse comienzan a alertar a las autoridades por el desperdicio de dosis: una vez que un vial se abre y descongela -cada uno de ellos contiene cinco dosis- deben utilizarse todas. Eso no está ocurriendo. Al faltar gente en las filas para inocularse, las que no son inyectadas en los hombros de los moscovitas deben ser desechadas.

Los formularios de registro en línea para nueve clínicas de Moscú revisados por CNN mostraban muchos espacios libres, incluso al registrarse para recibir la inyección al día siguiente. En dos clínicas visitadas por el mismo medio la semana pasada, no había cola para la vacuna, y ambas instituciones solo habían llenado un espacio, con cinco personas llegando al mediodía.

“Cuando estaba recibiendo mi inyección, solo aparecieron dos de cada cinco personas que se inscribieron para ese horario. Las otras tres vacunas descongeladas tuvieron que ser desechadas”, tuiteó la periodista Nikita Sologub.

Para evitar el desperdicio de vacunas, las autoridades rusas han comenzado a ampliar la posibilidad de vacunarse a mas grupos de personas que no son esenciales ni de riesgo.

Los informes de los medios independientes locales también sugieren que prácticamente cualquier persona podría inscribirse para recibir la vacuna si cumple con los criterios de salud, ya que los controles de papeleo para la elegibilidad aparentemente han sido laxos.

Lo que está ocurriendo en Rusia es consecuencia de todo un proceso de desarrollo de la vacuna poco transparente. Según reporta CNN, en la medida que el programa de vacunación se expande por el país también lo hace la desconfianza por la Sputnik V.

Esto se debe principalmente al uso político que le ha dado el Kremlin a la vacuna: La noticia de la aprobación del Sputnik V antes de los ensayos de Fase 3 a gran escala necesarios para probar la seguridad y eficacia de la vacuna generó críticas considerables de los círculos científicos y médicos a quienes les preocupaba que Rusia estuviera atacando un proceso establecido para obtener ganancias políticas y de relaciones públicas.

A su vez, también están en juego intereses geopolíticos y el prestigio del país a nivel internacional: Sputnik V mostró más del 90% de eficacia en los ensayos, según sus creadores en el Centro Nacional de Epidemiología y Biología de Gamaleya. Pero los datos que proporcionaron también han sido cuestionados, y algunos críticos dicen que pueden haber sido apresurados en un esfuerzo por mantenerse al día con los anuncios de otros productores de vacunas que estaban más adelante en los ensayos de Fase 3, como la vacuna Pfizer / BioNTech.

Quizás en dos años”, dice Viktoria Alexandrova, una médica general basada en San Petersburgo, durante una entrevista con la cadena de noticias CNN cuando fue consultada respecto a cuándo se vacunaría con la Sputnik V. “En esta etapa, no estoy lista para vacunarme, ya que la vacuna rusa no es transparente y su efectividad no ha sido probada”, añadió.

“Recientemente me recuperé de COVID-19, por lo que todavía tengo anticuerpos. Ninguno de mis colegas planea vacunarse ahora. Puede que la tengan más tarde, pero primero debemos ver cómo se las arregla la gente”, dijo Natalya Romanenko, enfermera de la región de Chelyabinsk, a la cadena de noticias norteamericana.

El escepticismo de ambas personas entrevistadas es un reflejo de algo que ocurre a nivel nacional. Una encuesta publicada por la agencia de noticias estatal ROA Novosti reportó que el 73 por ciento de los rusos no tenía planeado vacunarse en el corto plazo con la Sputnik V. Otra muestra, esta vez del Levada Center, colocaba ese número en 59 por ciento.

Los costos que puede pagar el gobierno ruso son muy altos si su plan de vacunación fracasa, mayor aún si sus rivales occidentales (Union Europea, Reino Unido y Estados Unidos) tienen éxito en los suyos. Los números comienzan a hablar: en Estados Unidos ya fueron vacunadas al menos 271.000 personas y el numero crece todos los días.

El presidente ruso, Vladimir Putin, no puede permitirse una derrota y habría dado la orden de coaccionar sobre ciertos grupos para que acepten recibir la Sputnik V. Según documentos internos compartidos con CNN por un sindicato independiente llamado Alliance of Doctors, al menos dos hospitales en Moscú han ordenado que todo su personal se vacune, y los jefes de departamento están obligados a mantener conversaciones “explicativas” con sus equipos sobre la seguridad de las vacunas.

“En un país donde el sistema de salud es en gran parte estatal y donde los jefes de las instituciones estatales tienen una autoridad tremenda, ese tipo de presión es significativa”, concluye la periodista Mary Ilyushina, autora del reporte.

En los próximos días desembarcará en Argentina la vacuna Sputnik V, la misma que es rechazada por los propios rusos. El gobierno deberá asumir la tarea de generar confianza respecto al antídoto, algo que por el momento no ha logrado.

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