Opinión

La vacuna del Covid no llega: ¿impericia o exceso de geopolítica?

Con lo politizada que está la pandemia, la situación actual respecto del acceso a las vacunas le puede permitir al Gobierno elaborar una retórica discursiva interesante: del coronavirus nos salvarán los rusos y en una segunda parte nosotros con la producción local de la vacuna. Un discurso para apuntalar la soberanía nacional y darse una relevancia geopolítica que no compra nadie más allá de su electorado. El costo puede ser alto.

viernes 18 de diciembre de 2020 - 2:21 pm

La llegada de la vacuna contra el coronavirus ya es una realidad y la expectativa por su aplicación masiva está en su punto máximo.

En Argentina hubo promesas de que en diciembre ya habría comenzado la campaña de vacunación más importante de la historia, pero a 18 del mes corriente todavía no hay certezas: todos los días surge una situación nueva que acerca o aleja la posibilidad de que el antídoto desembarque en estas tierras en el cortísimo plazo y eso tiene un único responsable, el Gobierno. La pregunta es por qué sucede eso: ¿es impericia o se debe a un exceso de geopolítica?

Nadie podrá negar que las intenciones del Gobierno -al menos en lo discursivo- en una primera etapa fueran buenas. Desde Casa Rosada anunciaron con bombos y platillos que Argentina fabricaría junto con México la vacuna británica de Oxford y Astra Zeneca, luego se comenzaron a realizar pruebas en el país de la dosis elaborada por Pfizer y la china Sinovac, y para principios de noviembre se anunciaba la intención del Gobierno de comprar más de 25 millones de dosis de la vacuna Sputnik V. Hasta ese momento, geopolíticamente el Gobierno no se dio el lujo de rechazar ninguna vacuna como sí lo hicieron las grandes potencias -EEUU no compraría jamás una vacuna de China o Rusia, y viceversa- y trató de abarcar todos los polos: EEUU, China, Rusia y Gran Bretaña.

Hoy, a mediados de diciembre, mientras las principales potencias comienzan con su calendario de vacunación, Argentina, que parecía que correría en ese mismo sentido, todavía es una incógnita. La única realidad recae en la esperanza de que efectivamente llegue la Sputnik V lo antes posible, una vacuna a la que aún le falta publicar ciertos reportes que sean avalados por la comunidad científica. En las últimas horas nos enteramos de que, hasta el momento, la vacuna comprada para inmunizar, entre otros, a los mayores de 60 años no es apta para ese rango etario.

Este problema se pudo haber evitado si el país lograba cerrar un acuerdo con la vacuna de Pfizer, algo que estaba encaminado. Así lo hizo saber el ministro de Salud, Ginés González García, en una conferencia de prensa: “Yo hablaba de que íbamos a tener algunas vacunas en diciembre. Era la vacuna de Pfizer, para diciembre, enero y febrero”.

Argentina logró que se hagan pruebas en el país de dicha vacuna, lo que nos daría prioridad para tener acceso a las mismas, pero hasta la fecha no hay noticias. Desde el gobierno sostuvieron que se debe a que pedían requisitos inaceptables que sí fueron aceptados por el resto de los países que recibirán la vacuna y hasta por Chile. Se trata, en todos los casos, de países con una institucionalidad fuerte y de los que nadie asumiría que hay intereses secundarios. Algo que sí se sospecha de Argentina.

¿Acaso esconde algo no cerrar con Pfizer? ¿O es simplemente impericia?

De las negociaciones con Pfizer no hubo mucha divulgación, mientras que de la Sputnik V trascendieron los viajes realizados por funcionarios argentinos para evaluar la vacuna. Incluso hasta la propia vicepresidente, Cristina Kirchner, recibió al embajador de Rusia. Si bien no trascendió la agenda tratada en ese encuentro, es imposible no sospechar que la vacuna fue uno de los temas abordados.

En el Gobierno hubo una necesidad de mostrar el proceso de negociación con Rusia por la Sputnik V: reuniones, viajes y un avión de Aerolíneas Argentinas yendo a buscar las vacunas; todo para alimentar la frase marketinera “te cuida el Estado”. Al respecto se expresó el diputado radical Alfredo Cornejo: “Han ideologizado el tema como si se tratara de un tema más de geopolítica que de ciencia”.

Con lo politizada que está la pandemia, la situación actual respecto del acceso a las vacunas le puede permitir al Gobierno elaborar una retórica discursiva interesante: del coronavirus nos salvarán los rusos y en una segunda parte nosotros con la producción local de la vacuna. Un discurso para apuntalar la soberanía nacional y darse una relevancia geopolítica que no compra nadie más allá de su electorado. El costo puede ser alto.

COMENTARIOS