Psicología

Siete claves para poner límites a los niños

De qué trata la "disciplina positiva" y cómo aplicarla

sábado 12 de diciembre de 2020 - 7:24 am

Poner límites a los niños es fundamental y necesario para el bienestar emocional suyo y de quienes les rodean. Pero en contra de lo que muchos creen, pueden ponerse sin necesidad de recurrir a los premios y castigos o el chantaje.

Los límites son necesarios para educar a los niños y guiarles en el camino de la vida, acerca de lo que está bien y lo que está mal. Además, a través de ellos entienden cómo deben comportarse y relacionarse sanamente con otros para ser felices.

La Disciplina Positiva no se basa en criar con límites impuestos por el adulto, sino que se trata de una filosofía educativa basada en la enseñanza profunda y consciente, para que sea el niño quien reflexione sobre las consecuencias de sus actos y busque soluciones para reparar el posible daño causado.

Es importante ser pacientes y confiar en los resultados, pues se trata de un trabajo con objetivos a largo plazo. Estas son siete claves:

1) Hacelo partícipe de los límites

Si tenemos en cuenta su opinión a la hora de poner ciertos límites, se sentirá respetado, escuchado y valioso, y esto generará un sentimiento de bienestar que le llevará a aceptarlos de mejor manera.

Los padres serán quienes establezcan una pauta coherente, además de tener en cuenta que hay ciertos límites que no son negociables, como los relativos a su seguridad y el respeto a los demás.

Un niño va a mostrar mayor interés en aceptar un límite si él ha colaborado en establecerlo. Cuando tiene un desarrollo madurativo que le permite razonar los actos que desencadenan en consecuencias positivas y negativas , a través de juntas familiares pueden acordarse límites que afecten a toda la familia en general y a cada miembro en particular.

2) Poner límites proporcionados y justos

La Disciplina Positiva es una filosofía educativa que no resulta humillante, ni para el niño ni para el adulto. Lo que pretende es que aprenda a actuar bajo su autocontrol, pero para ello es importante poner límites equilibrados y respetuosos para todos.

Una de las claves para garantizar que los límites sean proporcionados y justos, es que no sean humillantes ni para el niño ni para el adulto.

3) Respeto mutuo y cooperación

La Disciplina Positiva evita dos cosas: por un lado, caer en el excesivo control adulto y el autoritarismo, y por otro, caer en la permisividad, es decir, dejar al niño hacer lo que quiera. Para ello, los límites deben ser puestos basándose en el respeto, la empatía y la cooperación.

De esta forma además de garantizar al niño su sentido de pertenencia e importancia, estaremos colaborando en la adquisición de habilidades para la vida, y acompañando en el desarrollo de su sentido interno de control.

4) Actuar con amabilidad, no permisividad

No es lo mismo criar con cariño y amabilidad que sobreprotección excesiva, evitando que viva una decepción o aprenda a gestionar la frustración.

Es importante el respeto y de validación de sus sentimientos. De este modo, a través de nuestras palabras estaremos poniendo en valor lo que siente y capacitándole para encontrar una solución, al tiempo que maneja su enfado, por ejemplo: “entiendo que estés enfadado, pero seguro que sos capaz de encontrar la forma de solucionarlo”.

5) Hacer que el niño reflexione acerca de su conducta

A menudo, cuando no sabemos cómo hacer para que los límites sean respetados, podemos caer en los premios y castigos, los gritos, el chantaje emocional, la retirada de cariño, amenazas… Es decir, somos los adultos quienes queremos controlar la situación a través de nuestras imposiciones, sin permitir que el niño reflexione acerca de su conducta y sus consecuencias.

Para poder castigar o premiar, el adulto tiene que enganchar al niño en la situación, de manera que este solo experimentará consecuencias positivas o negativas cuando le vean. Mientras no lo atrapen en plena acción, no aprenderá a ser responsable de su propia conducta, ya que no se le ha ofrecido la oportunidad de poder experimentar la consecuencia de sus actos sin el control del adulto.

6) Involucrarlo en la búsqueda de una solución

La firmeza no está basada en castigar, dar sermones, ni que el adulto asuma el control de la situación, sino en actuar con amabilidad para modular el comportamiento o la conducta del niño, haciéndole partícipe de sus actos y consecuencias.

Normalmente, son los padres quienes deciden los límites a seguir, y quienes los refuerzan continuamente con castigos y sermones. Esto suele provocar la aparición de rebeldía y otras consecuencias negativas. Así pues, cuando un niño traspasa un límite, antes de castigarlo o darle un sermón en el que el adulto le haga ver lo que ha pasado, podemos hacerle preguntas que le involucren en sus actos y que le ayuden a razonar: ¿qué ha pasado? ¿de qué manera podrías solucionarlo?”

A pesar de que el castigo pueda parecernos más efectivo por lo inmediato de su resultado, si es capaz de reflexionar sobre sus actos y colaborar en la solución, comenzará a crear las bases de un comportamiento responsable.

7) Ayudarle a reparar lo que ha hecho

La Disciplina Positiva visualiza el error como una oportunidad de aprendizaje, pues todos los fallos se pueden reparar. Para ello, hay que involucrarlo en la búsqueda de una posible solución, y hacerle responsable de sus actos y de las consecuencias que éstos tienen para los demás.

En lugar de hacerlo sentir mal por lo que ha hecho, sería más recomendable enfocarlo de la siguiente manera: hacer que piense en cómo se hubiera sentido si se lo hubieran hecho a él; es decir, trabajar la empatía.

Por otro lado, es importante que encuentre la manera de reparar lo que ha hecho, en la medida de sus posibilidades. Lo primero, es pedir disculpas por lo ocurrido, pero además, dependiendo de la edad que tenga y del hecho en concreto, podría ayudar a encontrar una solución válida que contribuya a reparar el error.

Fuente: Bebés y más

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