Opinión

Alberto necesita un megáfono para que lo escuche Cristina

Fernando González

Periodista. Es prosecretario general de Redacción del diario Clarín desde agosto de 2016. Antes fue director Periodístico de El Cronista (2008-2016)

La Vicepresidenta cambió en el Senado la fórmula jubilatoria y se agiganta la desconexión entre los Fernández

viernes 4 de diciembre de 2020 - 7:45 am

Columna publicada originalmente en Clarín

El coronel no tenía quien le escriba. Y Alberto Fernández no tiene quien lo escuche. Y eso que habla, y habla mucho. En cientos de entrevistas por televisión y por radio. En las inauguraciones de planes, con palabras optimistas.

O subiéndose a las motos, como esta semana, cuando apareció en la fábrica Corven y se montó en una Kawasaki. Sonreía el Presidente, acompañado por el ministro de Economía, Martín Guzmán, y por el de Producción, Matías Kulfas. Todos sonreían como si tantos discursos de bonanza y armonía fueran ciertos.

Pero la única verdad, como decía Perón, es que la armonía con Cristina brilla por su ausencia. Veinticuatro horas antes de que el Presidente y sus ministros económicos se subieran a las motos, la Vicepresidenta les cortó las piernas. Habló con los senadores kirchneristas, que son mayoría en el bloque peronista que lidera y controla, y de un solo golpe destruyó la fórmula jubilatoria que Guzmán había llevado al Congreso y le había mostrado como ofrenda de buena voluntad al Fondo Monetario.

Hay que decirlo. La fórmula jubilatoria de Guzmán es una fórmula de ajuste. En vez de aumentar los haberes por inflación, como se hacía con el sistema anterior de Mauricio Macri, se ajustan en forma semestral por la recaudación y por la evolución de los salarios del Indec o los del ministerio de Trabajo. El que estuviera mejor. Una forma de equilibrar las jubilaciones hacia abajo para no seguir cargando la cuenta del déficit fiscal como lo reclama el FMI para acordar por la deuda.

En uno de sus muchos discursos, Alberto había anunciado que las jubilaciones iban a tener una suba del 5% en diciembre. Lo que no dijo es que se iba a descontar después con el aumento de marzo. Por suerte, el que avisó hace una semana fue Ismael Bermúdez en la crónica reveladora que publicó en Clarín. Sin aquel anticipo y con una fórmula perdedora frente a la inflación, en el 2021 sólo podían esperarse malas noticias para los jubilados.

Ahí fue donde se disparó la estrategia de Cristina. De cara a las elecciones del año próximo, aceleró los planes de su hijo, Máximo, para que le apunte a las finanzas del porteño Horacio Rodríguez Larreta. Y, en el mismo movimiento, instruyó a los senadores peronistas para que cambiaran de un plumazo la fórmula jubilatoria de Guzmán. El 5% de diciembre ya no se descontará en marzo y los ajustes serán trimestrales en vez de semestrales. Un retoque que, de todos modos, no evitará la derrota de los haberes ante la suba del costo de vida. Si el ministro de Economía pudiera definir con libertad esa modificación, seguramente diría “sarasa”.

Después de que la Vicepresidenta hiciera trizas sus planes jubilatorios, Alberto salió apurado a tratar de justificar lo injustificable. “Con Moroni y Raverta se nos ocurrió volver a la fórmula original de Cristina y hacer actualizaciones trimestrales”, improvisó el Presidente en una radio kirchnerista. En el ojo del huracán que azota a la economía argentina, está la relación inestable entre los Fernández. En ochenta y tres días, su único diálogo consistió en el breve y tenso intercambio que tuvieron en la Casa Rosada durante el velatorio volcánico de Diego Maradona.

Fue el día en que el Presidente tomó un megáfono para convencer a los barrabravas que no treparan las rejas de la Casa de Gobierno y, a los que estaban adentro, para que no se metieran a chapotear en la fuente del patio interior ni rompieran más bustos de antiguos mandatarios. Una imagen delatora del despoder que recorrió en forma cruenta las redes sociales y contra la que tiene que batallar Alberto Fernández cada vez con mayor frecuencia.

Queda claro que quien está dejando de escucharlo a Alberto es justamente Cristina. Desde aquella carta crítica sobre su gestión, se agigantó la desconexión entre ambos y ella toma decisiones de gobierno sin consultarlo como pasó con las contradicciones jubilatorias. Tal vez el Presidente necesite un megáfono que amplifique sus palabras para que lleguen por fin a los oídos de la Vicepresidenta. Oídos que están ocupados ahora por la más maravillosa música, que es el canto de las próximas elecciones.

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