Entrevistas

Entrevista a Maximiliano Tomas: la aventura de los libros y un análisis de la literatura argentina

Joaquín Vega

Periodista deportivo, Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UADE) y Redactor en Nexofin

En diálogo con Nexofin, el periodista, crítico literario y conductor del programa Bibliómanos recordó su primer recuerdo como lector, los escritos que lo marcaron y opinó sobre la actualidad de la industria editorial.

viernes 4 de diciembre de 2020 - 2:15 pm

Se puede decir que un libro es mucho más que una simple historia. Y hablar sobre ellos es transformarlos, dotarlos de un significado preciso y al mismo tiempo darles una apertura hacia nuevos análisis de sus futuros lectores. Bajo esa premisa, Maximiliano Tomas ingresó en TEA y al poco tiempo ejercía el oficio periodístico en muchas de sus variantes.

El protagonista nació en el año 1975 en Buenos Aires y cuenta con un gran currículum: estudió Periodismo e Historia en la Argentina y España, y al mismo tiempo es crítico cultural y literario.

Fundó el suplemento literario del diario Perfil, que dirigió durante ocho años, y fue columnista en La Nación entre 2012 y 2016. Además, escribe regularmente en la revista Quid.

Editó antologías de cuentos clásicos (“Cuentos breves para leer en el colectivo”) y de nueva narrativa argentina (“La joven guardia”), entre otros. También coordina desde 2013 el Área de Letras del Centro Cultural San Martín. En 2015 publicó “¿Qué leer?”, libro que reúne los artículos y columnas que publicó entre 2005 y 2015 en medios de prensa.

En diálogo con Nexofin, el periodista, crítico literario y conductor del programa Bibliómanos recordó su primer recuerdo como lector, los escritos que lo marcaron y opinó sobre la actualidad de la industria editorial.

Nexofin (N): ¿Cuándo fue que comenzó tu vínculo con los libros?

Maximiliano Tomas (MT): Suelo decir que la biblioteca de mis padres fue el protector de pantalla de mi infancia: los libros estaban siempre ahí, a mano, de punta a punta de la pared, y aunque no los agarrara ni leyera llamaban mi atención los lomos, los colores, algunos títulos que me parecían completamente herméticos.

El primer recuerdo de lector que tengo es una vez que mi madre me asoció a una librería de barrio, en la que se podían tocar y leer los libros sin necesariamente comprarlos; tendría unos 5 o 6 años y en esas precoces lecturas infantiles sentí por primera vez el gusto por los relatos de detectives.

N: ¿Se pierde “objetividad”, por ser crítico y escritor a la vez?

Se puede escribir ficciones y nunca crítica. Se puede ser crítico y jamás ensayar ficciones. Y se pueden hacer ambas cosas. Hay ejemplos ilustres para cada caso.

Solo hacen falta lecturas, voluntad, inteligencia, honestidad, algo de talento y dedicación. Dios nos guarde de la objetividad a la hora de evaluar una obra de arte, si es que alguien sabe de qué se trata eso.

N: Durante varios años estuviste al frente del suplemento de cultura de Perfil, ¿qué recuerdos te dejó esa experiencia?

Más que recuerdos esa fue una experiencia fundante en todo sentido: si bien ya tenía años de trabajo periodístico en redacciones, fue durante esos siete y pico cuando, acompañado de un equipo que fue variando a lo largo del tiempo, leí como nunca, trabajé como nunca, aprendí como nunca, discutí y me peleé como nunca, y conocí y trabé amistad con casi toda la gente a la que sigo admirando intelectualmente hoy.

Hacer un suplemento literario y no de Cultura y trabajar con absoluta libertad ideológica, sin que nadie se metiera en las decisiones editoriales, creo que fue una situación en verdad excepcional, y también creo que es algo que no se va a repetir nunca.

Editar semana a semana textos de colaboradores como Sarlo, Gandolfo, Link, Spregelburd, Fogwill, Kohan, Echevarría, Sebreli, Fogwill, Chitarroni, Serra Bradford, Quintín y Tabarovsky, entre muchos otros, tampoco. De ellos aprendí, como dice una famosa canción infantil actual.

N: ¿Cómo afecta tu ser crítico a tu ser lector?

No me resulta igual leer sin la necesidad de escribir después y sin tiempos de entrega, por puro placer, que hacerlo profesionalmente. En ese sentido son lecturas distintas, como si analizaras un objeto con anteojos de diferente graduación.

Siempre se hacen marcas, siempre se subraya, muchas veces los textos disparan ideas, pero cuando se lee críticamente hay que estar atento a cada palabra, cada frase, cada página, cada detalle, porque en el momento menos pensado surgen las asociaciones necesarias para la escritura ensayística posterior.

Trato de no perder del todo la inocencia y la ingenuidad, y a veces lo logro, y puedo leer una novela o un cuento como si quisiera caer presa del engaño de los trucos de la ficción.

Con lo que no existe tolerancia después de leer durante años profesionalmente es con la falta de talento y la banalidad: es como si uno tuviera encendida la máquina de detectar basura, y el mecanismo no pudiera apagarse nunca.

N: ¿Cuáles son tus géneros favoritos?

No tengo, si es que los géneros realmente existen. Solo distingo entre invención y realidad (ficción y no ficción), y entre buena y mala literatura.

N: Pasando a la actualidad, ¿cómo ves que se reinventará la industria literaria en los próximos años, en términos de negocio?

“Industria literaria” es un oxímoron. O un animal demasiado extraño, como el ornitorrinco. Quizá te refieras a la industria editorial, o a la industria del libro, y en ese caso no sé por qué tendría la necesidad de “reinventarse”.

¿Por la pandemia? Intuyo que la gente que ya leía leyó durante la cuarentena más que nunca. Y alguno que no era lector quizá agarró un libro de puro aburrimiento.

Al libro, como a la novela, lo han matado decenas de veces, y al menos desde Guttenberg para acá, goza de buena salud. Quizá se edite demasiado, tal vez haga falta formar mejores lectores, pero esos me parece que son problemas del sistema educativo y de los núcleos familiares.

Creo que lo que hay que mejorar es la situación económica en general, porque eso suele hacer que el excedente de los ingresos se vuelque en industrias del ocio y el entretenimiento, entre ellas la del libro.

En 2017 debutó como conductor televisivo junto a Eugenia Zicavo, en el programa de libros “Bibliómanos”, que la Televisión Pública Argentina emitió entre los años 2017 y 2020.

N: Hasta hace poco estuviste conduciendo el programa #Bibliómanos junto a Eugenia Zicavo, ¿qué balance hacen del ciclo?

Que nuestro destino parece ser el de habernos convertido en un programa de culto. Como esas bandas que sacan dos o tres discos y luego se separan y quedan ahí flotando, en la memoria de algunos fans.

O esos jugadores de fútbol que tienen una o dos temporadas fulgurantes y después uno se pregunta dónde está el tipo que hizo aquel gol tan lindo. Y que no sé si eso está mal.

Claro que la decisión de discontinuar el programa, que además de televidentes y seguidores muy atentos tenía un buen rating para la pantalla de la TV Pública, no fue nuestra.

Supongo que no tendrán remordimientos con la idea de levantar un programa cultural que estaba muy bien hecho desde lo estético y que en lo intelectual se hizo siempre en completa libertad.

Que estarán encantados con seguir financiando el formato de un helecho, una mesa y dos sillas que no cambia desde mediados del siglo XX.

La única incomodidad que tengo es el hecho de haber grabado más de 60 programas, y que la gente pueda acceder (a través de YouTube o la plataforma que sea) a apenas un tercio de todo ese trabajo.

Al fin y al cabo es una emisión que pagamos entre todos con nuestros impuestos, y que debiera estar al servicio de quien lo desee.

Maximiliano Tomas también fue columnista del programa Todo tiene un porqué que se emitió por la Televisión Pública Argentina, con la conducción de Juan Di Natale

N: Vamos con un pequeño ping-pong, ¿tres libros que te marcaron como lector?

“Contra la interpretación”, de Susan Sontag. “Mitologías”, de Roland Barthes. “Crítica y ficción”, de Ricardo Piglia.

N: ¿Una recomendación?

Si un libro no te convence en las cinco primeras páginas, pasá al siguiente. Y así. De un libro a otro. Es una idea liberadora, lo sé. Es de Borges.

N: ¿A qué escritor/a te gustaría entrevistar?

Me gustaría haber conocido a Osvaldo Lamborghini y a John Cheever, entre muchos otros. Me gustaría conversar en serio, largamente, con César Aira.

N: ¿Autores argentinos que destaques?

Hace algunos años publiqué un libro que se llamaba “¿Qué leer?”. No se consigue fácilmente, ni siquiera creo que sea un gran libro, pero uno puede encontrar en Internet el índice de ese tomito sin muchas dificultades. Ahí hay una lista bastante completa de los autores argentinos que me interesan.

Dicho esto, creo que la literatura argentina de los últimos 40 años está entre las más destacadas de la cultura occidental.

Lástima que también exista un caudal bastante impresionante de libros intrascendentes que equilibran la balanza de esa apreciación tan optimista.

N: Para cerrar en un concepto, ¿Maximiliano Tomas es…?

Un sujeto incierto.

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