Estados Unidos

El canciller Solá inventó un diálogo entre Alberto Fernandez y Joe Biden y complicó la negociación con el FMI

En una entrevista radial, el Canciller aseguró que Alberto Fernández se mostró a favor de un cambio de director en el FMI, algo que nunca ocurrió

miércoles 2 de diciembre de 2020 - 11:10 am

El último lunes 30 de noviembre el presidente, Alberto Fernández, mantuvo una conversación con quien será su par en los Estados Unidos a partir del 20 de enero, Joe Biden. La conversación fue bastante amistosa, duró más que lo establecido por por protocolo. La conversación versó sobre las futuras negociaciones de Argentina con el FMI, el vinculo que ambos comparten con el Papa y el rol de Estados Unidos en la región.

En dicha conversación acompañaron al presidente el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el ministro de Economía, Martín Guzmán, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, y el secretario de Medios de Comunicación, Juan Pablo Biondi. Sin embargo un funcionario en esa reunión, quizás el mas importante después de Fernandez, estuvo ausente: el canciller Felipe Solá no fue de la partida por una insólita razón: según pudo consignar Infobae, el ministro se hizo presente en la quinta de Olivos pero la conversación con Biden se llevaría a cabo en Casa Rosada y nadie le había avisado.

Para cuando el Canciller logró hacerse presente en Balcarce 50, el dialogo Fernandez-Biden ya había ocurrido y Solá no había escuchado nada.

La situación pudo haber quedado como una anécdota que incluso podría no haber trascendido en los medios. Sin embargo, la impericia de Solá le compró un problema al país cuando el debe ser quien los solucione. Tras abandonar la Casa Rosada aceptó un reportaje de los periodistas Diego Iglesias y Gisela Busaniche, que conducen El mejor país del Mundo, un programa de Radio con Vos. Allí se le hizo una pregunta que cuya respuesta no paso desapercibida.

-¿ Y cuáles fueron los ejes centrales de la conversación (entre Alberto Fernández y Biden)?-, preguntó Iglesias al canciller.

-El presidente (Alberto) Fernández le pidió dos o tres cosas. En forma medio general, pero muy importantes para la Argentina. Una es el visto bueno, la ayuda, la buena fe, la buena voluntad, del director de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional. Porque actualmente no estamos teniendo mucha suerte en este sentido con el director que deberá cambiar, que tendrá que cambiar después del 20 de enero. El gobierno que se va no está teniendo las mejores actitudes, en ese sentido, en el Fondo. Y el presidente Biden le dijo que él iba tratar de liberar, saldar, esa es la palabra que usó, los problemas financieros de América Latina.

Alberto Fernández nunca mencionó al representante de Estados Unidos en el board del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando dialogó con Biden. El presidente sí hizo referencia al FMI, y a la ayuda del papa Francisco en la negociación de la deuda externa, pero Solá inventó toda la conversación que le contó a los periodistas Iglesias y Busaniche, según lo reconstruido por Infobae.

Rápidamente las declaraciones de Solá fueron replicadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores que envió una gacetilla a todos los medios asegurando que Alberto Fernández había exigido el desplazamiento del director de los Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional.

En Washington, adonde están los cuarteles generales del FMI, la noticia firmada en la Argentina causó un inesperado estruendo diplomático.

En cuestión de minutos, la Argentina se había metido en un problema diplomático. Mark Rosen, quien detenta actualmente el cargo de director en el FMI, se sintió traicionado cuando leyó el cable con las declaraciones de Solá. Nunca había operado en contra de la Casa Rosada y siempre tuvo buen trato con Sergio Chodos, director del Cono Sur ante el Fondo Monetario Internacional.

Chodos es un funcionario con experiencia y no se sorprendió cuando Rosen llamó desde Washington a Buenos Aires. El director de los Estados Unidos en el FMI estuvo calmo, planteó su protesta formal, y Chodos se comprometió a ejecutar un rápido control de daños.

Chodos cumplió con su palabra. Apoyado por Guzmán logró que el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, se comunicara con la agencia internacional e hiciera una desmentida soft de la inesperada exégesis que hizo Solá sobre la conversación reservada entre Alberto Fernández y Biden.

El ministro de Economía, que no puede permitirse una mala relación con el director del FMI también le hizo saber su apoyo para bajar las tensiones: “Nosotros valoramos tu trabajo”, sostuvo.

Las declaraciones de Solá no solamente fueron polémicas porque no eran ciertas, sino también, porque no es posible que suceda: Un director de Estados Unidos en el FMI necesita una aprobación parlamentaria que se obtiene después de pasar una rigurosa audiencia en la Cámara de Senadores que hoy se encuentra en mano de los republicanos. Y ello implica que Biden, aún si quisiera, no podría reemplazar a Rosen por un director más afín al programa del Partido Demócrata porque la oposición no se lo permitiría.

Lo que ha ocurrido con el Canciller no puede pasar desapercibido. Un error como estos puede echar por la borda negociaciones diplomáticas de cualquier tipo. No es habitual que un ministro de Relaciones Exteriores invente una conversación entre su presidente y un presidente electo. Menos aún si hablamos del mandatario de Estados Unidos, con la importancia que tiene para los intereses políticos, económicos y diplomáticos del país.

Tras el revuelo ocasionado Alberto Fernández le aseguró a Clarín este miércoles que “no” estaba enojado con Felipe Solá por unas declaraciones radiales del canciller, consideradas por el Presidente y su equipo como “totalmente imprudentes“. Y señaló que el episodio “no era tan grave” y que ya estaba cerrado, aunque muestra los desmanejos en política exterior y la falta de coordinación con la Casa Rosada.

No obstante, en Economía están molestos porque Solá se excedió en sus declaraciones sobre los temas que no son de su competencia.

El Presidente, por ahora, no evalúa pedir ni la renuncia, ni en Cancillería tampoco.

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