Alan Abud

Incertidumbre política en Perú y Argentina tiene mucho por aprender

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

viernes 20 de noviembre de 2020 - 11:26 am

Durante las últimas semanas Perú ha atravesado una delicada situación política: en septiembre hubo un primer intento fallido de destituir al mandatario, Martin Vizcarra, seguido por otro que, finalmente, logró el pasado 9 de noviembre derrocar al presidente. En la última semana, el país ubicado en la costa del Pacífico tuvo tres mandatarios y cuatro si contamos desde las últimas elecciones. En el periodo que le corresponde a un solo presidente, Perú ya tuvo cuatro.

Cuando la situación parece encontrar relativa calma, queda demostrado que la incertidumbre política se queda en eso, en incertidumbre política. La economía siguió su marcha tal como lo venía haciendo, como si esta área estuviera aislada de cualquier alteración que no sea estrictamente económica, algo que no debería sorprender, salvo que uno sea argentino.

Martín Vizcarra

Una primera variable que expone la diferencia entre los países es el valor de su moneda en plena incertidumbre. Tras dos semanas de protestas, la cotización del dólar se encuentra en los mismos números. Tuvo un aumento, ante la acefalia presidencial, pero retornó a sus cifras anteriores una vez que Francisco Sagasti tomó las riendas del ejecutivo.

¿Y Argentina? Bueno, no hace falta recordar que mientras en Perú la estabilidad política fue severamente lesionada, acá, el simple hecho de celebrar un acto democrático y de demostración de estabilidad política como las elecciones de 2019, disparó el dólar más de un 30% de un día para el otro. Hoy, un año después, su cotización libre subió más de un 200%.

Otra variable contundente es la inflación. Desde que Pedro Pablo Kuczynski fuera destituido de la presidencia en 2017 y se diera comienzo a una grave crisis política, los precios al consumidor aumentaron durante ese año un 1,36% y los años siguientes 2,19% (2018) y 1,9% (2019). Hasta octubre del corriente año la inflación acumulada se ubica en la escandalosa suma de 1,4%. En Perú, parece ser que la política no mata a la economía.

Pedro Kuczynski

La envidia es total. Con una democracia estable, los gobiernos en Argentina no logran mantener la macroeconomía de la misma forma. Si el país estuviera en la delicada situación de Perú, ni el economista más pesimista podría imaginar las consecuencias que tendría eso para el país.

Lo más insólito de la situación es que no existe la magia, no hay un hecho divino con el cual el país inca fuera bendecido con una estabilidad económica envidiable. La receta es, incluso, bastante simple: reglas claras y largo plazo. El economista, Diego Macera, presidente del Instituto Peruano de Economía, en dialogo con Infobae lo explicó de manera simple: “La macroeconomía es muy sólida y eso siempre se ha respetado desde inicios de los ’90. Ni la inflación ni la deuda pública ni el déficit son un tema de preocupación, independientemente del gobierno”.

Hace 30 años que en Perú no importa si gobierna el fujimorismo, la derecha anti Fujimori o el socialismo de Ollanta Humala, ya que las reglas no cambian. Mientras, en Argentina, seguimos debatiendo quién es el empresario culpable de la inflación y de disparar el dólar desde una cueva del microcentro, al mismo tiempo que el BCRA emite moneda “a lo pavote” o el Gobierno toma deuda insostenible para continuar con el festival del gasto público como ocurrió durante el macrismo.

“Perú no ha tocado sus fundamentos económicos: apertura al mundo, libertad de mercado, un estado no empresario, etcétera”, agrega Macera. Acá debatimos la subjetividad de la propiedad privada y si están bien las tomas de tierras o si la persona con “grandes fortunas” tiene que pagar un impuesto sobre otro que ya pagó en vez de generar las condiciones para que siga invirtiendo y genere más trabajo. Los resultados están a la vista.

Entonces ¿por qué ellos pueden y nosotros no? ¿Acaso es inoperancia o connivencia de la política? ¿Será muy difícil pensar un plan de crecimiento económico sostenible en el largo plazo? Reglas claras que den un mínimo de previsibilidad y que no se esté barajando y dando de nuevo cada cuatro u ocho años.

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