Sociedad

La grieta de las vacunas

Como no podía ser de otra manera, la vacuna contra el Covid-19 es la nueva grieta con la que canalizar pasiones oscuras

sábado 14 de noviembre de 2020 - 2:06 pm

Columna publicada originalmente en Perfil 

“Nací en una polis, y voy a morir en una tribu. Tenemos las tribus de los abortistas, de los antiabortistas; las de los terraplanistas, de los subsidiados, de las madres, de los hijos, de los primos, de los indios. Se quebró la idea de pueblo como mayoría. Hicimos lo contrario de los griegos”, expresó el filósofo argentino Alberto Buela Lamas en una entrevista realizada por Jorge Fontevecchia y publicada en este medio la semana pasada. La reflexión venía a cuento de la definición de Platón: “La diferencia con los bárbaros es que nosotros tenemos polis y ellos no”, cotejada con la innegable fragmentación social que Argentina transita desde hace algunos años. El fenómeno de la proliferación de grupos y subgrupos no es, por supuesto, un invento nacional –alcanza con recordar la palabra “balcanización”–, pero podemos adjudicarnos el mérito de imponer nuestro propio estilo a los modos sociales que importamos de distintas regiones del mundo. El fervor rayano a la ceguera, el encarnizamiento con un enemigo casi idéntico a uno mismo pero percibido como alguien muy distinto, y otros condimentos igual de viscerales componen nuestra impronta única e irrepetible.

Como no podía ser de otra manera, la vacuna contra el Covid-19 es la nueva grieta con la que canalizar pasiones oscuras como el conspirativismo, la opinología científica amateur y otras yerbas carentes de solidez y/o lógica. El comunismo en forma de inyección proveniente de Rusia se pelea con el imperialismo británico de la versión desarrollada en Oxford, mientras el tándem yanqui-alemán Pfizer BioNTech augura más posibilidades de enfrentamiento y división. Poco importa que la vacuna no haya sido una noticia tan top en los grandes medios extranjeros que amamos consultar exclusivamente cuando nos dan la razón: acá decidimos ponerle todas las fichas al tema, en consonancia con un ministro de Salud que aseguró querer comprar dosis a “norteamericanos, europeos, chinos y rusos”. Para sumar más a la fanfarria vacunatoria, ya tenemos celebridades ofreciéndose a primerear las aplicaciones y locos grupos antivacunas que despuntan el arte de la performace disfrazándose de miembros del Ku Kux Klan. Mientras asistimos a nuestro endogámico show, países, lobbys y laboratorios hacen sus respectivos negocios. Después, y más allá de los resultados, hallaremos otro motivo para eternizar nuestras reyertas y hacer de la idea de polis un mito definitivo.

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