Opinión

¿Trump o Biden? Nada va a cambiar en Argentina

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

viernes 13 de noviembre de 2020 - 11:45 am

En las últimas dos semanas, a raíz de las elecciones en Estados Unidos, se comenzó a instalar el tema acerca de quien convenía que gane las elecciones ¿Donald Trump o Joe Biden?

Lo cierto es que esta pregunta maniquea se plantea como si los dos candidatos fueran los extremos, como si con la victoria de uno de ellos (en función de la línea ideológica de quien presente el análisis) el país tuviese ganado el cielo y todos nuestros problemas se solucionarán el 20 de enero cuando el ganador tome las riendas de la Casa Blanca. Pensar de esta manera implica suponer que todos los sistemas políticos son exactamente idénticos al de Argentina y, peor aún, creer que el país tiene la importancia suficiente para EEUU como para que un resultado electoral altere el porvenir del país.

Estados Unidos no es Argentina. El país del norte no corre el riesgo de resetearse y comenzar de cero cada vez que la presidencia cambia de demócratas a republicanos o viceversa, existen  instituciones, y muy sólidas, que marcan el rumbo del país. El presidente es solo un jugador más en un sistema de frenos y contrapesos de poder. Las bases se mantienen y cada candidato construye sobre el anterior. En EEUU existe el largo plazo y las “políticas públicas”. En este caso, los temas en la agenda de política exterior no cambian, continúan.

Aunque todavía restan resolverse varias denuncias de fraude, realizadas por Donald Trump y el Partido Republicano, todo indicaría que Joe Biden será el nuevo presidente de Estados Unidos. Como bien se mencionó, a grandes rasgos, nada cambiará para el país: las principales amenazas para Estados Unidos seguirán siendo Rusia y China a nivel global y en la región su principal preocupación sigue siendo Venezuela. La posición sobre la situación democrática de dicho estado no cambiará: para Biden, Nicolás Maduro, mandatario del país caribeño, “es un dictador, simple y llanamente”. Quienes creían encontrar en el demócrata el aliado perfecto para la estrategia ambigua y tibia de Argentina se han equivocado.

El principal aliado en la región seguirá siendo Brasil. Tendrán rispideces en las formas o acerca de la política medioambiental de Biden. Sin embargo, nada de eso será un impedimento para que continúen colaborando.

¿Y Argentina? A la fila. El país puede beneficiarse con una apertura económica de Estados Unidos que le abriría al país el mercado de algunos productos agrícolas, poco mas. Respecto a las negociaciones con el FMI no habrá diferencias: Trump se mantuvo al margen y se espera que Biden, en caso de confirmarse su victoria, también lo haga. Ambos saben que si Argentina no logra cerrar un acuerdo y se encuentra en aprietes financieros recurrirá al “jugoso” dinero chino que le permitirá aumentar su influencia en el país. Algo que Estados Unidos quiere evitar a toda costa.

Si bien la Argentina no es una prioridad, desde Washington monitorean los vínculos de Buenos Aires con Beijing y Biden también lo hará: el Régimen Comunista ya tiene una base espacial en Neuquén y está próximo a incorporar a Argentina a su suntuoso programa de inversiones “Ruta de la Seda”. Aquí puede haber alguna mínima diferencia respecto a cómo los demócrata intentarán repeler el avance chino en la región. Donald Trump deja dos puntas para empezar a tejer: la presidencia del BID en manos del norteamericano Mauricio Claver-Carone y la creación de una iniciativa rival de la Ruta de la Seda, el América Crece. En este último se verá en los próximos meses si Biden continúa fomentando inversiones desde el sector privado (como lo ideó Trump) o si pretende una mayor presencia estatal. Nuevamente, los cambios serán mínimos. Ambos pretenden aumentar la dependencia de la región mediante inversiones y contrarrestar el rol de China.

Trump o Biden, Argentina tiene que mantener un balance inteligente entre sus relaciones diplomáticas con las dos mayores economías del mundo.  La victoria del demócrata no cambiará nada en el porvenir de las principales cuestiones que afectan al país.

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