Salud

Epilepsia y maternidad: cómo llevar a cabo un embarazo sin riesgos

Cómo debe ser la gestación para evitar complicaciones tanto para la madre como para el feto

jueves 19 de noviembre de 2020 - 7:41 am

Cuando una mujer con epilepsia quiere ser madre tiene que planificarse conjuntamente y con antelación, al menos con un año si hace falta cambiar el tratamiento para controlar las crisis, y manteniendo un diálogo permanente con el neurólogo o el epileptólogo.

La epilepsia es una actividad eléctrica cerebral excesiva que propicia ataques repentinos con convulsiones y pérdidas de conocimiento que tienen consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas, incluso sociales.

Algunos tratamientos antiepilépticos para evitar las crisis son teratogénicos (podrían provocar defectos congénitos y retraso intelectual en el feto), pero hay que evaluar numerosos factores que tienen que ver con el tipo y gravedad de la enfermedad, así como con las características de cada candidata a ser madre.

Con una adecuada planificación lo que se busca es un control óptimo de las crisis y una exposición mínima del feto a los medicamentos. Pero no toda mujer con epilepsia tiene los mismos riesgos y en sus posibilidades de ser madres juegan muchos factores, como el tipo de enfermedad, la gravedad, el historial de tratamientos, la carga genética, su historial obstétrico, la educación, el estatus social y la actitud, así como el entorno sanitario en que se desenvuelve y los factores individuales que le afectan.

El mejor momento para intentar ser madre es cuando tiene controladas las crisis epilépticas, toma un tratamiento con los menores riesgos posibles para el feto y una suplementación adecuada de ácido fólico, además de contar con el apoyo familiar y del médico durante el embarazo, según el portal Cuidate Plus.

El embarazo planificado se asocia con menor frecuencia de crisis epilépticas durante la gestación, menos cambios de fármacos antiepilépticos (se ajustan en el periodo prenatal) y un mejor cumplimiento de la medicación. Además alerta de algo que no es infrecuente, como el hecho de que ante un embarazo inesperado interrumpa su medicación por temor a dañar al feto, pero eso jamás debe hacerse sin antes consultar con el neurólogo porque podrían aparecer complicaciones muy graves para ambos.

Para planificar, por empezar hay que revisar su historia clínica con pruebas de imagen y electroencefalograma para confirmar el diagnóstico de síndrome epiléptico. Hacer el balance de riesgo/beneficio de sus crisis y el tratamiento antiepiléptico que toma, considerando el tipo de fármacos y sus dosis ante la posibilidad de malformaciones fetales o retraso en el desarrollo.

Evitar el tratamiento con valproato siempre que sea posible y revisar si se habían probado otras opciones. Además, considerar si podría mantenerse con un solo fármaco y a la dosis más baja posible.

En algunos casos podrían retirarse los medicamentos antiepilépticos cuando la epilepsia está en remisión y hay alta probabilidad de éxito. Si fuera posible, controlar las crisis antes del embarazo. La mayoría que no tienen convulsiones en la etapa previa tampoco las tienen durante la gestación.

Si se cambia la mediación antiepiléptica para reducir los riesgos para el feto podrían empeorar las crisis convulsivas. Por ello el cambio debe hacerse con suficiente antelación al inicio de la gestación y con controles muy frecuentes. Cualquier cambio de tratamiento debería iniciarse al menos un año antes del embarazo planificado para asegurar que la situación clínica es estable y poder llegar a la dosis más baja de tratamiento que garantiza eficacia.

Una vez allanado el camino para disminuir los riesgos, se recomienda que tomen ácido fólico, antes de la concepción y durante los tres primeros meses de embarazo, para reducir el riesgo de defectos en el tubo neural.

En el caso de un embarazo inesperado debe seguir tomando su tratamiento habitual y contactar cuanto antes con un especialista. Una retirada brusca de la medicación no reducirá el riesgo de malformaciones en el feto y podría provocar crisis extremadamente graves (que pueden acabar en muerte súbita) y dañar al feto (traumatismo con riesgo de pérdida fetal, heridas, desprendimiento de placenta, pérdida de oxigenación,  distrés fetal etc…).

Neurólogos, obstetras, médicos de atención primaria, farmacéuticos clínicos y enfermeras juegan un rol importante en el manejo de la epilepsia mediante asesoramiento y educación sobre beneficios y riesgos de abordar la maternidad. Lo ideal es que las decisiones que se tomen sean conjuntas y con evaluación del riesgo individual.

Fuente: Cuidate Plus

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