Salud

Humificadores: para qué sirven, qué tipos hay y cómo usarlos correctamente

Para qué casos se recomienda su uso

martes 27 de octubre de 2020 - 7:50 am

Nuevas investigaciones sugieren que el uso de humidificadores puede ayudar limitar las infecciones durante los momentos en que la ventilación de la ventana no es posible.

Es un dispositivo compuesto por un recipiente de agua que mediante diferentes sistemas, se evapora y pasa a formar parte del aire del lugar en el que lo tenemos colocado. Con él vamos a mejorar la humedad y a favorecer que el aire que respiramos sea menos agresivo para las vías respiratorias.

Ayuda a mantener niveles adecuados de humedad en el ambiente, siendo especialmente útiles en invierno, cuando el ambiente se reseca por el uso de la calefacción y se renueva menos el aire en casa. Lo que también se traduce en un menor riesgo de que los microorganismos causantes de infecciones respiratorias proliferen. Además, conseguimos que el aire no sea tan seco, lo que evita que produzca irritaciones en la garganta y la piel. Por último, el paso de los resfriados se hace más llevadero si la humedad está entre el 40 y el 60 por ciento.

Aunque hasta hace poco lo habitual era diferenciar entre vaporizadores y humidificadores, vamos a considerar los dos como humidificadores:

– Humidificadores de vapor frío: funcionan mediante ultrasonidos que evaporan el agua del recipiente de forma muy eficiente. Sus ventajas son básicamente tres: no suponen un peligro por fuente caliente, podemos usarlos en verano ya que no aumentan la temperatura ambiente y el vapor de agua que producen es más fino y fácil de inspirar. En algunos modelos recomiendan usar agua destilada ya que el equipo no la hierve antes y podría llevar microorganismos infecciosos.

– Humidificadores de vapor caliente: usan la evaporación por calor como método, con lo que podemos usar agua de la canilla. Son más baratos que los ultrasónicos pero suponen un peligro por funcionar calientes y además elevan la temperatura ambiente.

Un tipo especial de humidificadores son los que llevan ionizador, con lo que se gana un extra que es la generación de iones negativos que atacan las partículas contaminantes del aire y lo mantiene más limpio y puro.

En general, de los humidificadores debemos vigilar:

– Limpieza, de manera que no provoquemos que ellos mismo sean una fuente de microorganismos no beneficiosos. Importante no usar detergente o enjugarlo muy bien porque los restos se integrarán en el ambiente cuando activemos el equipo. El agua también debe cambiarse a diario.

– Usarlo cuando sea conveniente, es decir, cuando haya problemas respiratorios, en invierno por la sequedad del aire o cuando la combinación temperatura-humedad no sea la correcta.

– Cuidado dónde lo ponemos, que no esté al alcance de los más pequeños.

El humidificador contribuye a elevar la humedad de la habitación donde duerme el bebé siendo beneficioso cuando hay enfermedades respiratorias, pero su uso no está siempre recomendado.

En casos de tos seca porque el ambiente sea seco y en caso de mocos, podrían ayudar a que las secreciones sigan siendo líquidas y el niño las pueda sacar mejor. Sin embargo, hay que limpiarlo y secarlo bien todos los días para evitar que se contamine de bacterias o moho. Además, un uso excesivo puede provocar humedades y moho en las paredes y techo de la habitación, y podría ser contraproducente para la salud del bebé.

Por otro lado, si la tos tiene como causa una bronquitis o es de origen asmático, el uso de un humidificador está contraindicado. Su uso está limitado al tratamiento sintomático de enfermedades respiratorias como los resfriados comunes y las laringitis. Se desaconseja su uso en niños asmáticos y con rinitis alérgica por la posibilidad de desencadenar su sintomatología.

Fuente: Bebés y más

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