Opinión

¿Quién toma las decisiones en Cancillería?

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

Meses atrás escribí una columna en la que realicé una crítica a la gestión que estaba llevando adelante el Canciller, Felipe Solá, y en la actualidad la situación no ha cambiado; incluso podemos decir que ha empeorado.

viernes 9 de octubre de 2020 - 10:31 am

Lo ocurrido en estos días sobre la situación en Venezuela arroja una sola y contundente conclusión: en la Cancillería reina el caos. En tan solo siete días hemos visto como el mismo ministerio dice y se desdice. No logra establecer una plan de acción, de hecho se le impone la agenda desde afuera.

El disparador de estos eventos fue el repudiable discurso en defensa de las violaciones de DDHH del embajador ante la OEA Carlos Raimundi. Luego de quedar el país en el centro de las críticas, Solá tuvo que salir a aclarar la situación y sostuvo que Raimundi “decidió decir lo que pensaba y un embajador tiene que decir primero lo que le instruyen”. Las declaraciones fueron completamente desafortunadas, el propio Canciller reconoce su falta de autoridad, un embajador declaró lo que pensaba y no lo que le instruyeron. Raimundi se olvidó, o no le importo, tener en cuenta que representa los intereses de un país, no a una ideología ¿Por qué no fue removido de su cargo al día siguiente si cometió una falta gravísima? ¿O acaso Solá no tiene la autoridad y las decisiones las toman de “más arriba”? Sobre el tema, el Presidente, Alberto Fernández, aseguró: “estamos conformes con su tarea y no está bajo estudio su funcionamiento ni su cargo”. Después de los problemas que causó están conformes, lo que plantea que la vara con la que esta gestión evalúa el desempeño del cuerpo diplomático es bajísima o fue una frase para “atajarse” porque sabe que no puede removerlo del cargo.

La falta de autoridad continúo con las declaraciones de Alicia Castro, quien había sido seleccionada como Embajadora en Rusia aunque sus pliegos no habían sido aprobados en el Senado aun. La funcionaria, antes de renunciar a ser elegida para ocupar su cargo en Moscú, repudió el accionar de la Argentina en Ginebra que condenó el accionar de Venezuela. No es la primera vez que esto sucede, en julio ya había criticado en Twitter a Solá cuando sostuvo que Maduro era autoritario. ¿Por qué no fue removida en ese momento o luego de sus declaraciones del día de ayer? Si hoy no sigue formando parte del cuerpo diplomático es porque decidió renunciar, no porque haya sido removida. De hecho, Alberto Fernández le pidió que revea su renuncia.

Luego de votar contra Venezuela y con la polémica ya instalada en el país, salió a la luz que Alberto Fernández iba a mantener una conversación telefónica con el dictador Nicolás Maduro para explicarle el por qué de su voto en ginebra, algo insólito. ¿Desde cuándo el país tiene que dar explicaciones sobre su posición respecto a los diversos hechos que ocurren en el mundo? Y menos con un país como Venezuela, ¿qué vinculo/interés estratégico tiene con la nación caribeña para que corresponda una rendición de cuentas? El país reconoce que el gobierno venezolano viola sistemáticamente los DDHH y después llama para explicarle el por qué. La contradicción de los hechos invita a pensar que la llamada fue solucionada por un tercero aunque desde Cancillería desmintieron la existencia de la misma.

A la polémica se agrega que la primicia de la comunicación entre mandatarios la tuvo Luis D´elia, un hombre con ningún cargo en la cancillería, ni siquiera en el gobierno, pero que tenía la información y la hizo publica en su cuenta de twitter ¿en un intento de marcarles la cancha al Presidente y al Canciller? Los antecedentes del Kirchnerismo y sus vínculos con la diplomacia paralela con Caracas no son un buen augurio de esto. ¿Qué rol tiene el líder piquetero en la política exterior argentina para manejar esa información? En su programa radial, D´elia aseguro que “Si hoy [en referencia al día miércoles] hay un llamado telefónico de Maduro y Alberto, seguramente atrás están las manos de Cristina Fernández de Kirchner y de Cuba, esa Cuba revolucionaria que ilumina el continente. Algo conozco de estos temas…”. Las sospechas tienen fundamento, de hecho, el exvicecanciller en el último gobierno de Carlos Menem, Andrés Cisneros, aseguró que “hay un ministro de Relaciones Exteriores que opera en las sombras, contrapuesto a Alberto Fernández”.

Hoy la Cancillería demuestra no tener un orden y eso repercute en la política exterior argentina. ¿Como se explica entonces que un embajador dice lo que piensa en la OEA, otro declara en Ginebra lo que en teoría se le instruye de Cancillería pero acto seguido tiene que dar explicaciones ante el afectado?

A Solá lo están corriendo por los costados mientras le erosionan su poder y capacidad de mando. Desde afuera ya le demostraron que tienen el poder para hacer el lobby suficiente para que se vea obligado a recalcular decisiones. De hecho, también quedó en claro que la diplomacia la ejercerán con él o a pesar de él. Tendrá el desafío en los próximos meses de armarse políticamente para resistir los embates de un sector que no acepta contradicciones en el área diplomática.  Declaraciones vacías no serán suficientes.

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