Opinión

Alberto, Cristina y la conocida canción del relanzamiento

Fernando González

Periodista. Es prosecretario general de Redacción del diario Clarín desde agosto de 2016. Antes fue director Periodístico de El Cronista (2008-2016)

Los tiempos y los nombres que el Presidente evalúa para un cambio que revitalice su gestión. ¿Será en diciembre?

viernes 9 de octubre de 2020 - 7:30 am

Columna publicada originalmente en Clarín

Todos hablan de relanzamiento. En algunos despachos de la Casa Rosada. En las oficinas del Instituto Patria. La palabra resuena también entre los pocos legisladores que van al Congreso. Y en todos los zooms donde se cruzan empresarios, economistas y consultores. Cuándo, cómo y con quienes el Gobierno podría hacer un replanteo que le devuelva oxígeno y la iniciativa política perdida.

“Esto es al revés de lo que decía el viejo Alsogaray; ahora hay que pasar el verano”, explica un ministro preocupado por la pérdida de credibilidad que el Presidente y el Gobierno vienen sufriendo desde la explosión del caso Vicentin. Tiene la suficiente edad como para recordar aquello de “pasar el invierno”, que patentó el ingeniero Alvaro Alsogaray mucho antes de fundar la Ucedé y cuando la Argentina empezó a padecer el mal de la inflación crónica. Albertistas y kirchneristas coinciden en que los cambios de nombres deberían producirse antes de que termine diciembre. El mes bravo que hay que pasar.

La pregunta inevitable es si habrá tiempo hasta diciembre. Y esa respuesta la tiene, como tantas veces en la Argentina, la evolución del dólar. La necesidad imperiosa del ingreso de divisas y la brecha entre el oficial y el blue, que pasó el 100%, apuran el ritmo de las complicaciones. Por eso es que algunos funcionarios marcan la fecha peronista del 17 de octubre como una alternativa posible. Demasiado cerca, aún para los ansiosos.

A diez meses de su asunción, Alberto Fernández evalúa que la cantidad de ministerios es excesiva, disfunción que la pandemia dejó a la intemperie. Podría haber algunas fusiones que ubiquen a Vivienda dentro de Infraestructura o a Cultura dentro de Educación. En este caso, claro, debería haber una negociación con Cristina para no eclipsar a un ministro kirchnerista como Tristán Bauer.

Las fusiones pueden ayudar también a bajar los gastos, ahora que el Fondo Monetario pide gestos. Pero el verdadero dilema pasa por los nombres de recambio. ¿Alcanza la negociación entre Alberto y Cristina para que Sergio Massa se convierta en jefe de Gabinete? ¿Resignaría su lugar el presidente de la Cámara de Diputados para dejarlo en la línea de sucesión presidencial a Máximo Kirchner? Las preguntas que sobrevuelan al Gobierno no terminan allí.

¿Es tanto el fastidio de Martín Guzmán como para abandonar el ministerio de Economía y volver a los claustros de la Universidad de Columbia? ¿Y si se va Guzmán, también se va Miguel Angel Pesce del Banco Central? ¿Hay margen para que Cristina acepte al fin que Martín Redrado pueda ser ministro? ¿O será Cecilia Todesca la que dará un paso al frente, sobre todo ahora que sus opiniones son cada vez más escuchadas por el Presidente y muchos le reconocen una ejecutividad de la que carecen otros colegas del gabinete?

Mientras todas estas preguntas encuentran sus respuestas, Alberto Fernández busca revitalizar su gestión con algunos gestos de autonomía que lo devuelvan a aquellos días del primer semestre en el que las encuestas le sonreían.

Arrancó la semana reuniéndose con los empresarios y los jefes de la CGT. Gordos pero siempre despiertos, a los muchachos de los gremios notaron dos ausencias: la del ministro del Interior, Wado de Pedro, y la de la titular de la Anses, Fernanda Raverta. “¿Qué pasa General, nos estamos distanciando del camporismo?”, se preguntó divertido uno de ellos. Pero el chiste no causó mucha gracia.

Después vino el episodio diplomático con Venezuela y la decisión de Alberto, que eligió el informe condenatorio de la socialista chilena Michelle Bachelet para ganarse las iras del chavismo y los ataques de la segunda línea del kirchnerismo. Rápido echaron a rodar las versiones de reemplazo del canciller Felipe Solá por el senador cristinista Jorge Taiana. A esa ofensiva le respondió el albertismo con los moderadísimos tuits de Roberto Lavagna. El juego de intrigas se mantiene y siempre será soportable mientras Cristina mantenga el silencio.

La canción del relanzamiento la han entonado casi todos los gobiernos, cada vez que el suelo comenzó a temblar. Tal vez la diferencia con los anteriores es que la gestión de Alberto Fernández lleva muy poco tiempo. El arte de gobernar incluye saber el momento exacto para cambiar al aire. Es posible que todavía sea demasiado temprano. Pero el verdadero problema es que no termine siendo demasiado tarde.

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