Opinión

Empezó el operativo “Rescate a su Alberto”, ¿a quién le va a funcionar?

Marcos Novaro

Investigador principal del CONICET, profesor de Teoría Política Contemporánea en la UBA, dirige el Centro de Investigaciones Políticas y el Archivo de Historia Oral de Argentina Contemporánea. Colabora en distintos medios gráficos y audiovisuales.

En su hora de mayor debilidad, el gobierno necesita que el Frente de Todos le inyecte nuevas energías. Varios lo están intentando. Pero todo depende de Cristina

lunes 5 de octubre de 2020 - 7:45 am

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Operativos de rescate ya hay varios en marcha. Cada uno con su idea de lo que debe ser Alberto, en qué hay que convertirlo, ahora que está claro que si es por él, lo más probable es que se convierta en la nada misma y bastante pronto.

El más intrascendente es el más publicitado: ungirlo presidente del PJ. De poco va a servir para insuflarle autoridad a quien por sus propios medios se esmeró en perderla. Incluso puede que agrave las cosas de cara a la sociedad. Ya lo sabían Néstor, para quien empezaron los problemas justo cuando se hizo del cargo, en 2008, y Cristina, que por algo lo rechazó y delegó en el servicial e intrascendente José Luis Gioja, que todavía anda por ahí penando.

En segundo lugar viene marchando el de la CGT. Que plantea entornarlo y darle calor de masas este 17 de octubre, aunque sea vía zoom, para alejarlo de Cristina, relegar a segundo plano su agenda judicial y reemplazarla por una agenda reactivadora.

No parece una mala idea, pero tiene pocas chances de prosperar. Justamente porque de la señora depende que un cambio de rumbo económico, o incluso uno de nombres en los ministerios del ramo, tenga algún efecto reanimador. Si ella no lo respalda abiertamente, va a ser como darle shocks eléctricos a un fiambre. Nadie va a creer que la cosa es en serio, pues seguirá presente su veto, y el de todos los funcionarios con que ha poblado la administración, a una toma de decisiones más articulada y ordenada en ese terreno. Nadie sabrá a ciencia cierta quién manda ni qué quiere el que manda, y los privados y los propios integrantes del oficialismo seguirán haciendo la suya.

Conclusión: de Cristina depende que Alberto pueda hacer algo un poco más consistente en materia económica. ¿Ella seguirá alimentando la desconfianza y la descoordinación, o intervendrá para ponerle coto al desmadre? ¿Cuándo lo hará? ¿Cuánto hay que esperar para que haya algo que se pueda llamar política económica?

Mientras no cambie de actitud, lo más que puede esperarse es lo que se vio este jueves: anuncios de parches para un bote que hace agua por los cuatro costados. Con los que Alberto tal vez gane algo de tiempo, pero sigue perdiendo apoyos, y al final del día esto último termina siendo más determinante en el balance. Y para contestar la pregunta que está dando vueltas: si llega con lo que tiene a las elecciones de medio término, para las que falta un año tan escabroso como el que está terminando, o antes de eso tendrá que enfrentar problemas inescapables, protestas descontroladas, una multiplicación de lo que se vivió hace unos días con la bonaerense, una devaluación con aceleración inflacionaria, en suma, un ajuste caótico a todo trapo. Nadie sabe.

Y nadie sabe porque, en verdad, la pregunta hay que hacérsela a otra persona. Volvamos entonces a la cuestión crucial: es Cristina quien tomará la decisión sobre cuándo y cómo hacer algo más en el frente económico; y ¿de qué depende esa decisión?; de cuándo perciba que seguir poniendo distancia con estos asuntos, al menos en público, ha dejado de convenirle para lavarse las manos del empobrecimiento colectivo y dedicarse a lo suyo, pues el abismo está cerca.

No deja de ser curiosa la situación reinante: ella es, para los actores externos, los empresarios en general y buena parte de la sociedad, la mayor fuente de desconfianza en la capacidad de las autoridades de sacarnos del pozo; pero es a la vez la única que puede disciplinar a los kirchneristas dentro y fuera del gobierno, y promover y sostener a un ministro con mínima autoridad para que fije un rumbo, con un plan de estabilización o algo parecido. Es el problema, pero puede ofrecerse como la solución. ¿Cuándo puede pasar de una cosa a la otra? Si actúa razonablemente, lo intentará cuando la situación haya tocado fondo sin que haya estallado. Entonces habrá más chances de que un shock de confianza reanimador funcione, y el crédito sea todo de ella. Así que pueda aleccionarnos: “Vieron, soy el remedio para las enfermedades que injustamente me atribuyen”. Perón del 71-72, digamos. Ojalá con más suerte que él.

El asunto es que aún no hemos llegado a esa situación. Y es difícil decir cuándo habrá madurado y existirán las condiciones para que el rescate funcione, o nos habremos pasado de largo y ya la oportunidad se habrá perdido. Flor de lío tiene Cristina. ¿Estará perdiendo el tiempo, a la espera de contar con la ayuda china?, ¿podrá detectar el momento justo en que sindicatos y empresarios estén tan aterrados que se dispongan a rendirse ante la evidencia de que ella es la única opción al caos, y aún el caos pueda evitarse? De eso depende que pueda conducir al Frente de Todos a un nuevo triunfo electoral. Que será de nuevo suyo, tan suyo como el del año pasado, porque habrá sido su “genial inventiva” la que salvó de nuevo al país. Y Alberto se lo agradecerá, claro, porque ya sabe que no puede hacer más de lo que hizo. Qué ha sido bastante.

Por de pronto, la señora seguirá guardando respetuoso y religioso silencio sobre todo lo que desvela a los argentinos, y ocupada en lo suyo. Y como lo suyo también se complica, se suman a cada paso más incertidumbres sobre cuánto tiempo llevará resolverlo, no tiene apuro, y sigue dejando los asuntos mundanos en manos de Alberto. Que se arregle. Llegará el momento de sacarle las papas del fuego, pero no es este: aún la economía tiene varios tumbos que dar por el barranco, con el presidente al volante y rogando “¡¡¡no se vayan, hay un país para construir!!”. Pero, ¿cómo?, ¿no era que el país ya lo habían construido y andaba joya hasta que vino Macri a descomponerlo? En la desesperación se dice cualquier cosa.

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