Alimentación

Cómo diferenciar el hambre física de la emocional

Cómo evitar comer cuando es producto de tus estados de ánimo

domingo 4 de octubre de 2020 - 7:07 am

En muchas oportunidades, confundimos con hambre la necesidad de suplir algún malestar emocional. En general, los estados de ansiedad y estrés son los principales detonantes del “hambre emocional”, aunque puede haber otros motivos: discusiones, males de amor, malestar en general.

El hambre real es una señal de tu cuerpo de que necesita alimentos. Si por el contrario, comés sin hambre, acumulás grasa. Si con esto aumentás de peso, seguramente te invadan sentimientos negativos. Culpa, resentimiento, angustia y entres en un círculo vicioso. O, incluso a tener actitudes autodestructivas.

El problema es que muchas veces se confunden. Entonces, ¿cómo diferenciar el hambre emocional de la real?

Hambre real

La mejor forma de detectar si tenés hambre física es escuchar a tu cuerpo. La sensación de hambre es el mecanismo que usa para avisar que le falta energía y que necesitas nutrirte.

Comer no siempre es nutrirse. Por eso, el hambre física es muy distinta de un antojo. Si tenés hambre, cualquier comida te resultará atractiva. Además, tiene síntomas como crujidos en el estómago, debilidad, sensación de vacío estomacal.

Si se te antoja comer algo especial pero no tenés ningún síntoma de hambre, hay varias opciones. Una muy común es que, en realidad, necesites hidratarte. Muchas veces la sed se confunde con hambre. Probá beber un vaso de agua y esperá un rato, puede que se te pase.

Otra opción es que tu cuerpo esté pidiendo algún nutriente en concreto. Si ese es el caso, intentá identificar qué es.

Hambre emocional

Generalmente se relaciona con la ansiedad o el estrés. También puede tener otros factores desencadenantes, como conflictos en las relaciones, problemas laborales o demasiada exigencia, fatiga, presiones financieras y problemas de salud.

Por lo general, al hambre emocional también se la conoce como “síndrome del picoteo”. Se trata de comer por comer, en cualquier momento, y casi sin prestar atención. Esa es una manera de distinguirlo: cuando se come casi sin darse cuenta. Cuando se trata de las emociones, se usa la comida igual que otros malos hábitos, como el tabaco o el alcohol. Por inercia, por hábito.

Otra forma de distinguir si estás comiendo de modo emocional es preguntarte hace cuánto comiste por última vez y cómo lo hiciste. Si has comido en abundancia y de forma nutritiva hace apenas una hora, lo más probable es que no tengas hambre de nuevo.

También hacer un pequeño ejercicio de visualización. Pensá en comer algo, pero imaginate comiéndolo. ¿Te produce una sensación de verdadero placer? ¿Podés imaginar ahora cómo te sentirás después de comerlo? ¿Son imágenes agradables? Si la respuesta es que no, lo más probable es que no tengas que comer eso ahora.

Cómo evitar comer de forma emocional

1. Bebé agua

Muchas veces comemos por deshidratación. Ante cualquier antojo, bebé antes un vaso de agua.

2. No te prives

Las dietas restrictivas no sirven. Si comés ensalada una semana seguida, los antojos serán más violentos y difíciles de evitar. Y sumará un factor de estrés a tu vida. Mejor llevá una dieta equilibrada, comé muy variado y, si querés, date un gusto de vez en cuando.

3. Aprovechá el aburrimiento

A veces, se come por puro aburrimiento. ¿Qué tal si aprovechás esa inercia para hacer algo mejor? Salí a dar un paseo u ordená tu cuarto. Y si se te antoja hacer algo con comida aprovechá para cocinar snacks saludables. Poné tu atención en alguna actividad que te genere placer, pero placer saludable.

4. Eliminá la tentación

Es menos probable que comas algo por inercia si no tenés nada que comer. En cambio, si tenés hambre verdadera, te las ingeniarás para procurarte comida, sea como sea.

5. Aprendé de los errores

No pasa nada si un día te descuidás y te encontrás comiendo un bocadillo a deshora. Nadie es perfecto, y todos tenemos nuestro punto débil. Pero cuando eso pase, usá la oportunidad para aprender.

¿Qué estaba pasando justo antes de que decidieras ir por ese bocadillo? ¿Acaso un llamado de tu jefe o una discusión con tu pareja? ¿Estabas aburrido o tenías la sensación de que nada sale como deseás? Cada vez que te descubras comiendo sin hambre, piensa qué te llevó hasta allí. Con el tiempo, eso te ayudará a buscar nuevas maneras de enfrentar esas situaciones.

Fuente: Mentes curiosas

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