Opinión

Cristina y Máximo, en el país de las maravillas

Miguel Wiñazki

Periodista y escritor

El Presidente afirma, en simultáneo, que hay cuarentena... y que no hay cuarentena. Cristina no menciona a la palabra pandemia, la plaga no está presente en su proyecto

sábado 5 de septiembre de 2020 - 10:11 am

Columna publicada originalmente en Clarín

 

Es así y quedó muy claro. Quien está presente está ausente. Y quien está ausente está presente. No cabe ninguna duda. Se trata de no estar allí, para garantizar la requerida presencia, y para brillar por su notable ausencia los diputados argentinos entonces deben asistir a la cámara.

De ese modo se concreta el proyecto y el concepto posmoderno y progresista de la deconstrucción.

Es una transformación educativa, política y cultural acentuada. En esa sintonía se ha inscripto el Primer Magistrado que en simultáneo afirma que hay cuarentena y que no hay cuarentena. Y la ministra Frederic que primero dictamina que las usurpaciones son legales, y subsiguientemente que son ilegales.

¿Cuándo es más creíble, cuando afirma que sí o cuando sentencia que no?

La regla básica es formular acertijos sin respuestas.

El teorema de la deconstrucción argentina parte de un nuevo axioma que revolucionó la lógica de raíz: lo que es, no es. Y lo que no es, es.

Todo fue plasmado en la última reunión en diputados para tratar la reforma judicial (que tampoco es, según la vicepresidenta, la Reforma Judicial), Asistir a la sesión era desistir de la misma, y desistir de la presencia era asistir.

Y todos se alinearon con esa nueva manera de “pensar”.

La omisión es la regla. El Primer Magistrado aseguró que no conoce el caso de Solange que murió sin ser abrazada por su padre al que le impidieron llegar hasta ella que se despedía de la vida aguardando, tan triste, urgente y en vano. Los ordenanzas de la obediencia debida de las rutas argentinas cumplieron con su función inhumana.

Los derechos humanos son y no son según los alineamientos políticos. Pablo Musse y su hija, ajenos al ideologismo, fueron excluidos de los mismos.

En el sur una familia, los Colhuan, se convirtieron de un día para el otro, de mormones en mapuches. Una “machi” de la familia, una augur sacerdotisa y venerable por su consanguíneos, soñó que ciertos terrenos paradisíacos en el lago Mascardi eran de su propiedad por atributo ancestral. Y los suyos los tomaron sin réplica estatal. La familia Colhuan acaudilla junto a algunos asociados la avanzada locataria. Sus aliados continúan profetizando visiones que no son. Matías Santana, el capitanejo que vio con sus binoculares cómo la gendarmería se llevaba a Santiago Maldonado, aunque no fue así ni vio eso, es el novio de Betiana, la machi mágica. Ahora él se manifiesta muy activo en las tomas, muy encaballado con la lógica del No Ser aunando la irrealidad de los hechos con el realismo de los sueños su querida pitonisa.

Cristina y su hijo Máximo operan juntos y por derecho dinástico la deconstrucción e ingresan al apasionante mundo del País de las Maravillas: La Argentina de hoy, cuyo guión escribió Lewis Carroll.

Al virus del coronavirus le ganamos, pero vamos perdiendo.

La economía se arregla, pero no se arregla.

La tierra es para quien la trabaje, pero es para quien la toma.

Se cruzaron a pantalla abierta Sergio Berni, el ubicuo Chino Navarro, y Juan Grabois respecto de las batallas políticas de los tomatierras. Máximo levantó su voz en silencio, como corresponde a estos tiempos. Expresó su enojo claramente pero sin que nadie lo escuche, y procedió a impedir que esas internas beligerantes sean conocidas por la opinión pública.

Todos saben ya lo que ocurrió pero que no ocurrió según Máximo: las peleas que escalan y se multiplican son tan fantasmales como el altavoz que no se escucha del hijo pródigo pero que todos escuchamos.

Cristina no menciona a la pandemia, que no transcurre en su discurso, porque la plaga no está presente en su proyecto lingüístico, y eso anonada al virus.

¿O no lo anonada nada?

La moneda argentina es el peso, que por cierto no existe.

Nisman fue asesinado pero en simultáneo se suicidó.

La corrupción fue comprobada y verificada, pero una reforma de la justicia que no es una reforma de la justicia la convertirá en inverificable e incomprobable.

O eso no importa.

Lo importante no importa.

“Los libros contaminan”, señaló un funcionario aludiendo al plomo que contienen sus páginas y otras inexistencias.

– A mí no me gusta tratar a gente loca, protestó Alicia ante un gato que reía y se desvanecía deambulando entre el ser y el No ser.

-Oh, eso no lo puedes evitar -repuso el Gato-. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.

Estamos todos locos.

La sensatez se evapora. El Congreso se acalla mientras los ausentes reclaman a los gritos de cuerpo presente.

Y los susurros altisonantes de la sociedad confinada son gritos sordos y desesperantes, que no inmutan a los que tienen la sartén por el mango y el mango también.

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