Ciencia

Científicos descubren la colisión más potente de agujeros negros jamás observada

Se trata de una enorme onda gravitacional que no debería existir y fue captada por una antiquísima colisión violenta ocurrida 7.000 millones de años atrás.

miércoles 2 de septiembre de 2020 - 12:10 pm

El observatorio de Ondas Gravitacionales LIGO ha anunciado este martes el descubrimiento de la fusión de agujeros negros más grande que se ha detectado hasta la fecha.

La señal fue captada el 21 de mayo de 2019 y duró apenas una décima de segundo. Tras más de un año de estudio, el patrón que esta característica vibración produjo en los haces de luz láser de los detectores LIGO, en EE UU, y Virgo, en Italia, ha permitido reconstruir cómo se produjo este fenómeno.

La onda viene de la fusión de dos agujeros negros y sería la mayor captada hasta la fecha, según explican este miércoles en dos estudios los casi 2.000 científicos de 19 países que trabajan con los datos de ambos detectores. El choque se produjo hace unos 7.000 millones de años —antes que la formación del sistema solar y la Tierra— cuando un agujero negro con una masa 85 veces superior a la de nuestro Sol chocó con otro equivalente a unas 66 estrellas solares.

Los astrofísicos han estado usando detectores de ondas gravitacionales desde 2015 para detectar señales que puedan ayudarlos a decodificar colisiones masivas. En esta ocasión, los científicos identificaron un nuevo tipo de sonido que podría contribuir a la develación secretos cósmicos.

Hasta el momento, la NASA ha clasificado los agujeros negros en dos tamaños “radicalmente diferentes”. Por una parte, los agujeros negros estelares que son de 10 a 24 veces más masivos que el Sol y, por otra, los agujeros negros supermasivos, que son millones o miles de millones de veces la masa del Sol.

La explicación del fenómeno

Los agujeros negros son objetos tan densos que su fuerza de gravedad atrae cualquier cosa que caiga en sus fauces, incluida la luz, por eso son invisibles. Tras el choque, estos dos monstruos se devoraron uno a otro y formaron un agujero negro con una masa de 142 soles. El resto de masa se transformó en energía que salió despedida en todas direcciones como la onda expansiva de una bomba que viajó a la velocidad de la luz curvando a su paso el espacio y el tiempo.

Este es probablemente el descubrimiento más importante en este campo desde que en 2016 se descubriera la primera onda gravitacional y los impulsores de LIGO ganasen el Nobel de Física tan solo un año después.

Según la física estelar y la relatividad de Einstein, una estrella de entre 65 y 120 masas solares que se muere, explota como una bomba sin dejar ningún rastro. Por eso los dos agujeros negros intuidos por los detectores, de 85 y 66 masas solares, y su producto final, no pueden ser resultado de una muerte estelar: deben de tener un origen alternativo que permite múltiples explicaciones.

En dos estudios publicados hoy en Physical Review Letters y Astrophysical Journal Letters, aseguran que la explicación más probable es que se trate de una fusión: “O bien la teoría de evolución estelar que manejamos es incompleta y tenemos que reescribirla, o bien los dos agujeros negros involucrados no provienen de estrellas que murieron, sino que se formaron por fusiones anteriores de agujeros negros más pequeños”, explica Toni Font, físico teórico de la Universidad de Valencia y colaborador de Virgo.

COMENTARIOS