Opinión

Fichar a Lionel Messi se volvió una cuestión de Estado

Alan Abud

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales y estudiante de Dirección de Negocios Globales. Escribe artículos de opinión sobre política nacional e internacional en su página de Instagram @minutocanciller_

viernes 28 de agosto de 2020 - 10:50 am

Pese a estar atravesando un año atípico en todos los ámbitos, quizás la noticia más rimbombante del 2020 no sea la pandemia que estamos sufriendo sino la salida de Lionel Messi de Barcelona. Si bien se podría pensar que el hecho sacudió exclusivamente al mundo del fútbol sería muy ingenuo ignorar las repercusiones políticas. Más precisamente en los asuntos exteriores de China, Qatar y Emiratos Árabes Unidos cuyos capitales son dueños de los tres equipos que están pujando por adquirir los servicios del astro del futbol: Inter de Milán, Paris Saint Germain y Manchester City respectivamente.

Que los capitales de estos estados sean propietarios de algunos de los equipos de fútbol más importantes del mundo no es una cuestión de azar. China, Qatar y Emiratos Árabes se caracterizan por ejercer una ambiciosa diplomacia deportiva. Esto es, utilizar el deporte como herramienta de política exterior. En el caso de los países de Medio Oriente responde a una necesidad de lavar su imagen en occidente y hacerse relevantes y visibles a nivel mundial. Ambos países han estado invirtiendo petrodólares en deporte. La adquisición de equipos de fútbol es solo una de las tantas aristas de esta diplomacia deportiva. Gracias a esta, los emiratíes pudieron celebrar Mundiales de Clubes y Gran Premios de Fórmula Uno, mientras que los qataríes fueron anfitriones del Mundial de Atletismo y lo serán de la próxima Copa Mundial de Fútbol.

Respecto a los chinos, los intereses difieren un poco ya que la adquisición de equipos de fútbol como el Inter de Milán y el Atlético Madrid se da en el marco de una política del Partido Comunista Chino de transformar a su país en una potencia futbolística. El actual Primer Ministro Xi Jinping ha elaborado un millonario proyecto que tiene como objetivo final que la selección de fútbol masculino de China sea campeona del Mundial 2050. Si bien también busca acercar su imagen a occidente, por medio del fútbol, la compra de escuadras las realizan entidades privadas, por lo que no funcionan como “embajadas”, como sí lo son el caso de los países árabes, sino, principalmente, para tomar el know how y replicarlo en tierras asiáticas.

Retornando a Lionel Messi, su incorporación se ha transformado en una cuestión de estado para estos países. Los gobiernos se metieron a fondo en la disputa por el futbolista. En los últimos días los medios se han hecho eco de que la familia Zhang, dueña del Inter, cuenta con el aval del mismísimo Xi Jinping para contratar a Messi. Diversos portales de noticias aseguran que hay conversaciones con Pekín para encontrar la llave financiera que permita mudar a Messi a Milán. El mandatario chino se habría comprometido a encontrar los sponsors, públicos y privados, para hacer frente a la inversión millonaria.

A diferencia de lo que sucede con el Inter, cuyo dueño no tiene una participación directa o destacable en la política china, tanto el PSG como el Manchester City si tienen propietarios que pertenecen o responden a la Corona de sus respectivos países. El PSG es propiedad del gobernante multimillonario de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani y el City pertenece a Sheikh Mansour, miembro de la familia real de Abu Dhabi.

La disputa por comprar a Lionel Messi tiene un capitulo adicional entre estos estados. A la búsqueda de Influencia se suma que ambos países son rivales en la arena política luego de que en 2017 los emiratíes rompieran todo tipo de relación diplomática con los qataríes tras acusarlos de financiar al terrorismo islámico. Si uno de estos países árabes logra contratar a Messi será visto como una victoria diplomática incluso por encima de la deportiva.

La noticia de la partida de Messi del Barcelona puso a trabajar a las dirigencias de los clubes para incorporar al futbolista rosarino, aunque con el teléfono siempre a mano ante cualquier llamado desde sus respectivas “casas matrices” para dar indicaciones o ponerse al tanto de las negociaciones. Poseer a Messi en las filas de sus equipos calza justo con sus intereses de política exterior englobados en sus lineamientos de diplomacia deportiva. La gloria futbolística futura de estos equipos está en juego, la diplomática de sus dueños también.

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