Opinión

Los dichos de Duhalde

Carlos Mira

Periodista. Autor de Asi somos y Asi Nos Va y de La Idolatría del Estado

Hay que recordar que los totalitarismos siempre son imposiciones de una minoría que se cree iluminada sobre una mayoría silenciosa y avasallada

jueves 27 de agosto de 2020 - 7:45 am

Columna publicada originalmente en The Post

El ex presidente Duhalde dijo que el año que viene es muy probable que no se celebren las elecciones de medio término que prevé la Constitución. Dijo que podría haber un golpe de Estado, aunque aclaró que conoce a la oposición y que no son enemigos sino gente que, simplemente, tiene otra postura.

También dijo que podría haber una guerra civil porque lo que se está viviendo socialmente “tiene olor a sangre”. “Se van a matar no por una bicicleta, sino por un bizcocho”.

Los dichos son gravísimos y ya han tenido repercusión en gran parte del mundo. Pero intentemos analizarlos.

Duhalde es un viejo zorro de la política. Podrá estar un poco más grande ahora, pero cuando habla generalmente lo hace porque conoce el paño. Si las mismas cosas hubieran sido dichas por algún dirigente opositor no quiero imaginar las respuestas que habría recogido.

Cuando hace la salvedad de que conoce a la oposición y de que no son enemigos, sino gente que tiene posiciones diferentes, ¿qué está queriendo insinuar? ¿Qué el golpe que él mismo presupone podría venir de las mismas filas del oficialismo? ¿Un autogolpe para instaurar, ya sin disimulos, a la vicepresidente en el ejecutivo?

No se trata de un delirio. Hay que recordar que los totalitarismos siempre son imposiciones de una minoría que se cree iluminada sobre una mayoría silenciosa y avasallada.

Cristina Fernández tiene muy claro que no volverá a ganar una elección en la Argentina. Su paso por el poder fue tan desastroso y generó tanta división que ella tiene asumido que los votos no le dan para alcanzar el sillón de los presidentes por las vías naturales.

En eso consistió su jugada de mayo de 2019, cuando ungió a Alberto Fernández y se reservó para sí el lugar de los agazapados.

Su entorno duro, el fanatismo castrocristinista del Instituto Patria y La Cámpora, sabe lo que es ser una minoría iluminada. O mejor dicho creerse una minoría iluminada. Los que hoy militan en ese círculo áulico son descendientes directos de la minoría que también se creía iluminada y que sumió a la Argentina en un mar de sangre en los ’70.

Conscientes de que la pantalla electoral generada por ellos mismos para encaramarse de nuevo en el poder ya cumplió su rol (fundir al país productivo, profundizar los resentimientos sociales, avanzar sobre la justicia, despejar el camino de la impunidad para los ex funcionarios que estaban presos, allanar el camino de la impunidad para la comandante de El Calafate, generar una base amplia de pobreza y miseria que profundiza la dependencia estatal de más cantidad zombies que nunca antes en la historia argentina) podrían llegar a la conclusión de que ahora sí están dadas las condiciones para un asalto final al poder.

Ese gambito podría comenzar tranquilamente por el desconocimiento del cronograma electoral que marca la Constitución para 2021. Luego, efectivamente, podrían enviar a la calle a grupos afines de agitación (son profesionales en eso) para generar disturbios que desborden los ya casi inútiles mecanismos de control. En ese marasmo, mezcla de miseria económica, descontento social callejero, inseguridad rampante, riesgos crecientes de la salud pública y parálisis completa del aparato productivo, se podría generar las condiciones para comunicarle al presidente-regente que la simulación a la que se prestó ha terminado y que debe hacerse a un costado para que Su Majestad asuma la suma del poder público.

¿Ustedes creen que este escenario es demasiado fantasioso? No lo es.

El kirchnerismo es una fuerza de naturaleza esencialmente antidemocrática, totalitaria, fachocomunista que tiene un objetivo muy concreto: tomar el poder total de la Argentina y someter a su voluntad a toda la sociedad. Sin libertad de expresión, sin derechos civiles, sin libertades públicas y sin garantías constitucionales.

Es muy posible que el nuevo gobierno surgido de ese golpe que Duhalde teme y preanuncia, suprima sin más trámite la Constitución hasta que una asamblea amañada, al estilo bolivariano, la derogue y la sustituya por un estatuto nazional-socialista que termine de instaurar un régimen de servidumbre.

Venimos previniendo esto en estas columnas hace mucho tiempo. Solo el resentimiento que anida en muchas almas incautas de la sociedad se ha negado persistentemente a ver el peligro que esta gente significa para todos.

Muchos, en 2019, han seguido el camino del “voto castigo” como si Macri se fuera a mosquear porque un resultado electoral no lo respaldó. Macri tiene su vida resuelta. Puede haber tomado en un momento de su vida la decisión de querer jugarse para hacer algo por el país, dejando de lado por un rato su comodidad personal. Pero ese “castigo” que muchos idiotas útiles creyeron infligirle, no le ha hecho, a él personalmente, ninguna mella.

Los únicos castigados han sido los propios argentinos que hoy se enfrentan a una destrucción completa de su economía y a una diseminación de la miseria como nunca antes había ocurrido en la Argentina.

¡Qué irán a decir ahora estos “vivos” castigadores! Si las predicciones de Duhalde son ciertas quizás muchos de ellos queden en el camino, víctimas de las calles rabiosas y de la miseria galopante. Si aún les queda algo de espacio mental para pensar con claridad deberían replantearse lo que van a hacer y de qué lado se van a poner. Es la mezcla de fanatismo, ignorancia y resentimiento lo que nos ha traído hasta aquí.

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