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Entrevista | De vivir en una carnicería abandonada a marcar a Ronaldinho: José Shaffer, la historia del futbolista que fundó un club en honor a Racing

Por: Jorge Britos

“Nunca hay que perder la humildad”, repite a cada instante. Y no es falsa modestia. Lo aplica en el día a día. José Shaffer es uno de los pocos jugadores en el mundo que disputó todas las competencias a nivel de clubes. “Me faltó la B Metropolitana”, avisa al revisar sus estadísticas.

A un año de su retiro en Victoriano Arenas y ya lejos de los flashes del Estadio Da Luz que fue testigo del Bayern Munich como nuevo campeón de Europa, Shaffer decidió fundar un club al que llamó “La Academia FC”. “La idea surgió con dos amigos y le puse el nombre en honor a Racing, que es el club que me dio todo”, suelta el ex marcador de punta izquierdo que llegó al Predio Tita Mattiussi con tan solo 13 años.

La cancha se ubica en Camino General Belgrano y Barcelo, en el corazón de Villa Domínico. Allí juegan 115 jóvenes distribuidos en Primera, Reserva, Sub-17, Sub-15 y Femenino. “Yo quiero sacar a los chicos de la calle y evitar que tengan que pasar por lo que yo pasé. Hubo situaciones en donde antes de un partido o de un entrenamiento tuve que traer a 7-8 jugadores a desayunar o almorzar a mi casa”, relata.

¿La pasaste mal en tu infancia en Córdoba?

Y mira yo soy de Villa Urquiza, que es un barrio humilde de Córdoba Capital. A mis viejos les costaba comprarme un par de botines o pagar la cuota para que pueda seguir en el club donde empecé a jugar a la pelota.

¿Siempre estuvo en tu cabeza ser futbolista profesional?

Ya de chico sabía que tenía condiciones para aspirar a algo. En mi casa, en vez de mirar dibujitos, miraba fútbol. Me miraba los mundiales y me hacía el Batistuta, el Juampi Sorín, je.

¿Y cómo llega Racing a tu vida?

Yo era enganche en la cuarta división de Presidente Roca y una tarde nos tocó jugar un clásico barrial contra Unión San Vicente, y fue gente de Racing a ver el partido. Ganamos 3 a 0 e hice dos goles. Estaban Miguel Micó y Claudio Cristofanelli que enseguida se contactaron con mi familia. Para mi era un sueño ir a Buenos Aires, era como ir a otro país.

Y de ahí te fuiste a Racing sin dudarlo, con apenas 13 años…

Si y me mandaron a entrenar directamente. La verdad que nada que ver a lo que pensé. Yo imaginé que en los clubes grandes de Buenos Aires te ibas a encontrar con unas comodidades únicas. Lo cierto es que cuando llegué no tenía ni para comer y nuestros padres nos tenían que mandar encomiendas con todo tipo de alimentos. No teníamos sábanas ni colchas, los colchones eran muy finitos. El club estaba pasando por una instancia muy complicada.

¿Y no se te pasó por la cabeza volver a Córdoba?

¡Si!, me la pasaba llorando en la pensión. Pero mi viejo me dijo una palabras claves que me mantuvieron firme. Recuerdo su advertencia textual: “No te creas que si volves a Córdoba vas a estar de vacaciones y vas a salir de joda. Te vas a levantar todos los días a las 6 de la mañana para salir a laburar como hago yo”. Esas palabras me hicieron un click y hasta el día de hoy las agradezco. Fue un lavado de cabeza muy bueno.

Te la bancaste y se te dio, ¿cómo fue el debut?

Me hizo debutar el Cholo Simeone. Que ya lo había tenido como compañero. Fue contra Independiente, perdimos 2 a 0 con goles del Kun Agüero.

¿Cómo era el Cholo? ¿Te imaginabas que le iba a ir tan bien como técnico?

Si, ya de joven marcaba la diferencia, estaba en todos los detalles. A la noche en las concentraciones, nosotros comíamos un alfajor o un chocolate y él venía a las habitaciones, una por una, a darnos cereales, bananas o yogures. Son cosas que en la Argentina viví solo con él. Vive al cien para el jugador y eso termina influyendo.

Luego de disputar un puñado de partidos en la primera de Racing, Shaffer emigró a Suecia donde jugó un año a préstamo en el IKB Göteborg. En su vuelta a Avellaneda y con la llegada del Chocho Llop al banco académico, se ganó un lugar en el once titular que debió afrontar uno de los momentos más difíciles de la historia del club: la promoción ante Belgrano. Empate 1 a 1 la ida en el Chateau. El desquite en el Cilindro fue para La Acadé, que se quedó en primera gracias al gol tempranero de Maxi Morález.

¿Qué recordás de aquel domingo 29 de junio?

Pasaron más de doce años y la gente me lo sigue recordando. Yo soy hincha y a eso sumale que era muy pibe, estaba muy nervioso. Me pasaban muchas cosas por la cabeza. Yo me tomaba el 247 para llegar a cada entrenamiento y vivía en una carnicería abandonada. Pero siempre rescato la ayuda de los grandes. Para pasar esos dos partidos fue clave tener gente experimentada en el plantel.

Vos ya estabas en la primera de Racing y jugaste uno de los partidos más importantes de la historia del club, ¿viviendo en una carnicería abandonada?

Claro yo vuelvo de estar un año en Suecia y seguía teniendo un contrato mínimo. Entonces alquilaba. Ahora con un primer contrato te alcanza para vivir cómodo, en ese entonces no y me las arreglaba con lo que tenía.

¿Qué se te pasó por la cabeza cuando Bustos quedó solo contra el arco?

Se sorprendió de que le quede la pelota. Pensó que era del arquero o que la rechazaba el central. Pero te digo la verdad, fue la gente que con los movimientos en la tribuna lo paró. ¡Con lo que era la cancha ese día!, en especial detrás de ese arco.

¿Pensaste que descendían?

Si nos hacían ese gol se venía el mundo abajo. Pero estábamos bien. Todos se quedan con los goles que erró Belgrano. Olave después del partido dijo que nos cagaron a pelotazos. Pero yo le digo a Olave que se acuerde que en Córdoba merecimos ganar por tres o cuatro goles. Hicimos un gran partido allá y por un error nuestro nos empatan.

Superado el trauma y con el objetivo cumplido de haber dejado a Racing en Primera, Shaffer llegó al clímax de su carrera. Y como todo producto genuino nacional se convirtió en un diamante en bruto a exportar. A tal punto que en junio del 2009 lo compró el Benfica dirigido por el multicampeón Jorge Jesus. Aimar, Saviola, Di María, Tacuara Cardozo, David Luiz, Ramires, Luisao, eran algunos de los “nenes” que lo esperaban en el vestuario lisboeta.

¿Qué te encontraste cuando llegaste a Benfica?

Un grupo bárbaro. Me sorprendió la humildad que tenían esos muchachos. Pablo Aimar me agarró un día y de la nada me dijo: “José mirá hasta que te acomodés, yo tengo tres autos, te puedo dar uno, lo único que te pido es que me pases a buscar para a ir a entrenar, después hacé lo que quieras”. Y me dio un BMW, ¡sin conocerme! Esa confianza me dejó muy tranquilo.

Entre tantas estrellas, ¿quién fue el que más te llamó la atención?

Pablo. Entiende el fútbol como pocos. Jugaba sin pelota. Y es un técnico dentro de la cancha. Jorge Jesus cuando quería cambiar algo del equipo, y quizás no se escuchaba nada por el ruido del público, iba a hablar con él directamente para que nos dé las indicaciones. Era muy claro con los conceptos, no tengo duda que va a ser un gran entrenador.

Y te tocó marcar a Ronaldinho, ¿cómo fue la experiencia?

En un Benfica-Milan entramos los dos en el segundo tiempo. Para ellos jugaban Kaka, Pirlo, Pato, pero a mi no me interesaba. Yo quería ver a Ronaldinho. Yo ese día fui al banco y él también. Los dos entramos en el segundo tiempo. Una vez en cancha no veía la hora de que venga para mi lado. Para hablarle, molestarlo un poco o aunque sea para que las cámaras tomen alguna imagen. Hasta que en una jugada se cruza y le digo: “Ronaldinho, ¿no me das tu camiseta?, que juego con vos en la Play desde los seis años”.

¿Y qué te dijo?

Me contestó que ya se la había prometido a David Luiz y el pantalón a Luisao. Pero bueno, por suerte tengo la foto marcándolo. Y además en ese partido me salió todo redondo: tiré el centro de gol a Tacuara Cardozo, vamos a penales y yo convierto y Ronaldinho no.

¿No te pudiste llevar ninguna camiseta del Milan?

Cuando estábamos festejando en el vestuario que les habíamos ganado, veo que a lo lejos un negro me hace seña como para cambiar la camiseta. Y yo fui chocho porque nadie había querido cambiar conmigo. Entonces se la cambié. Cuando llego a mi casa veo que era la 10 de ¡Seedorf!. Te juro que no lo podía creer, en el momento no me había dado cuenta que era él.

Jugaste con todos monstruos. Ronaldinho, Kaka, Pirlo, Saviola, Aimar, pero el único que se mantiene vigente es Di María. Forjaste una linda relación con él…

El Fideo es un fenómeno. Mirá cuando Di María estaba en el Real Madrid y yo en el Leiria (União Desportiva de Leiria) tuve una semana de vacaciones. Lo llamé porque quería conocer España. Le digo: “Mira Ángel estoy acá en un hotel haciendo el check-in”. Y me dice: “¿qué hotel? ¿Estás loco?, ya voy para allá”. Vino y me llevó a la casa que tenía en Madrid. ¡Una semana ahí adentro me tuvo! No sabés lo que era la casa, no me quería ir más.

¿Y con los entrenamientos cómo hacía? Porque vos estabas de vacaciones, él no…

Me llevaba con él. ¡Me presentó a Cristiano!

Le pediste una foto, me imagino…

Obvio. En uno de esos entrenamientos Fideo me lo presenta y él me dice: “¿Hola todo bien?”. Y al instante nos sacamos la foto. Él estaba con unas gafas negras. Entonces veo que después de la foto, hace unos pasos como para irse y de repente se frena. Se da vuelta y se me acerca de nuevo. Y me pregunta: “disculpa, ¿podemos sacarnos otra pero sin las gafas?”. Y yo le dije que sí, ¡qué problema iba a tener!. Así que tengo dos fotos con Cristiano, una con anteojos y la otra sin. Un fenómeno. Después Fideo me presentó a Kaka, al Pipa, a Diarra, todos unos cracks.

En 2010 “el peladito” retornó a la Argentina para jugar la Libertadores en el Banfield campeón de Falcioni y James Rodríguez. Sin embargo, meses más tarde su amigo “Fideo” le pidió personalmente que vaya a Rosario Central a dar una mano. El Canalla había descendido tras 24 años y el equipo comandado por Mostaza Merlo necesitaba un lateral izquierdo para afrontar la dura B Nacional.

Luego de sus aventuras criollas, Shaffer decidió volver a Portugal donde tuvo un corto pero fructífero paso como capitán del UD Leiria que tenía bajo los tres palos a un tal Jan Oblak. Ya en 2013 le picó el bichito de la infancia y optó por desembarcar en la provincia que lo vio nacer.

Jugaste en Talleres, ¿cómo fue la experiencia de jugar en tu provincia?

Quería darme el gusto de jugar en Talleres. Nos fue mal, ese año nos tocó descender.

¿Tuviste problemas con la barra?

Sí, una vez dos barras entraron a un entrenamiento, por supuesto que liberaron la zona, y me vinieron a buscar a mí. Quizás porque era el que más recorrido tenía. Estaban ensañados conmigo. Me dijeron “a vos te conocemos de chico y te dimos de comer”.

¿Los conocías?

Yo la verdad que jamás tuve trato con ellos. En su momento a mis familiares, allá en Córdoba, les dijeron que me querían traer a Talleres. Y yo les envié un mensaje diciéndoles que no tenía que negociar con ningún barra, que con ellos no tenía nada que arreglar. Quisieron hacer una movida conmigo cuando estaba en el Benfica y yo les cerré las puertas.

Consumada su estadía en la T, Shaffer se fue a Chile para vestir los colores de Unión la Calera. Luego pasó por Gimnasia y Esgrima de Mendoza y el Porvenir para finalmente terminar su carrera jugando la Primera C en Victoriano Arenas.

¿Te retiraste como vos querías? Todavía sos joven (34) y estás en plenitud.

Me retiré porque me encontré con situaciones que me remitieron a mi pasado. Llegar a cada entrenamiento y no encontrarte con las herramientas necesarias. Traerte la ropa del club para lavarla en mi casa. Son cosas que después de lo que viví me mal acostumbré. Prefiero quedarme en mi casa o hacer otra cosa, no quiero volver a sufrir lo que sufrí antes de llegar a primera. Ya pasé esas cosas, y no quise volver a vivirlas de grande.

Viviste todas, jugaste con estrellas y en todas las categorías, ¿qué es lo más lindo que te dejó el fútbol?

Salvar a Racing del descenso, salvar al club en donde me formé como jugador y como persona. No hay sensación más linda que esa.

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